Mi vecina Inma, la mujer de mi mejor… Parte 5
Inma tiene un secreto que arde más que el deseo que siente por Antonio. Mientras él se toca al escuchar su voz, ella revela cómo su exnovio y su esposo se turnaron para poseerla en una casa llena de espejos. ¿Podrá Antonio aguantar hasta el final de la historia sin perder el control?
Capítulo 9: Un fin de semana bien aprovechado. Parte I
Puede que a Inma le hubiera bajado el calentó tras acabar de masturbarse y el posterior baño en la piscina, pero Antonio tenía una erección que ni la temperatura fría del agua pudo bajar.
Mientras se secaban con la toalla, Inma se dio cuenta de la circunstancia y le propuso a Antonio subir a casa a tomar una cerveza para enfriar un poco los ánimos, a lo que este respondió afirmativamente.
Por su mente pasaba la idea de reventarla a pollazos, en la misma entrada de su casa si era necesario, pero… veamos que sucedió.
Una vez en casa de Inma y Jack, Inma le pidió a Antonio que se sentara en el sofá y que se relajara, ya que tenía que contarle una cosa, un pequeño secreto.
Así lo hizo. Su bañador ya estaba seco, pero no dejaba de ser un bañador de tipo boxer ajustado, por lo que su bulto destacaba extraordinariamente en esa posición.
Inma llegó con las cervezas triple malta y dándole una a su vecino chocaron la botella a modo de brindis.
Inma: Bueno, Antonio. Ya que tú me has contado algo tan íntimo como lo del entrenamiento anal que le estás haciendo a Vero y la verdad es que me has puesto tan cachonda que me he corrido como una perra en la piscina, yo voy a contarte ahora una historia muy íntima también y me gustaría que mientras te la cuento, te pajees también, así que ya puedes quitarte el bañador, que estás a punto de reventar, y te saques ese pedazo de polla que estoy deseando ver.
Antonio obedeció inmediatamente. Se puso lentamente de pie, llevó sus manos a los laterales de su bañador y tirando para abajo se quitó la prenda totalmente, dejando a la vista su polla en toda su gloria, hinchadísima, gruesa y pidiendo guerra.
Durante unos segundos, mientras Inma no retiraba sus ojos de polla de su amigo y con la boca entreabierta, pasando la lengua por sus labios, se hizo el silencio, roto por la voz entrecortada de Inma pidiéndole a Antonio que se sentara a lo que añadió, “por favor, que polla tan bonita”.
Cada uno en el extremo del sofá en forma de L, enfrentados, ambos apuraron un buen trago de su cerveza, dando comienzo Inma a su narración:
Inma: Lo que te voy a contar es algo que llamo para mi un “Fin de Semana bien aprovechado”. Me encantaría ver cómo te masturbas lentamente delante de mí, pero que no te corras hasta el final de la historia. Me pone supercachonda, pero yo también prometo aguantar hasta el final.
Antonio: Perfecto. Va a ser una gozada hacerme una paja escuchando tu voz y viendo como se marcan cada vez más tus pezones en el bañador. Empieza cuando quieras, cariño - Dijo Antonio mientras se recostaba el tiempo que llevaba su mano derecha a la base de su polla.
Inma: Vale, empiezo – mientras bajaba también sus dos manos a la altura de su coño.
Hace cosa de un año, Jack y yo salimos de una boda fuera de Madrid. La noche era fría y húmeda y, por un problema con una reserva en un hotel que habíamos tramitado por Internet, nos vimos obligados a pasar la noche en la casa de un amigo mío, que fue mi novio en el pasado. Se llama Mario.
Mario nos recibió en su nueva casa, un estupendo chalet en las afueras de Segovia. La situación era bastante peculiar porque yo venía de una fiesta tras la ceremonia, iba cocidita y Jack mucho más, que ya sabes que a veces el alcohol no le sienta muy bien. Estaba en una casa de lujo, con mi marido y mi ex, dos tíos a los que me había follado muchísimas veces.
La tensión sensual entre Mario y yo, apenas era disimulada por ninguno de los dos, ni siquiera delante de las narices de Jack. Para serte sincera, yo tenía las bragas húmedas desde que nos sentamos en el coche camino a casa de Mario.
Si algo caracteriza a mi ex, Mario, es que es un tío que tiene una gran capacidad de erección. Cuando éramos pareja, follábamos con mucha frecuencia, porque el tío es muy caliente, está empalmado siempre que quiere, al menor estímulo y especialmente cuando su chica va “bien vestida”. Y claro, esa noche yo iba, saliendo de una boda, con mi traje de noche ajustado, medias y tacones. Desde que penetramos en el umbral de su casa, Mario tenía un paquete abultadísimo, como, por cierto, el tuyo, Antonio, cuando te has sentado en ese sofá.
Mario no dudó en emplear todas sus artes, incluyendo sus manos de masajista, su lenguaje insinuante y los recuerdos de la época vivida conmigo como pareja para llevar la situación al extremo, en lo que él denomina de pasada “hotwife training weekend”.
Tienes que saber que Mario no ha perdido los lazos con mi familia. La amistad nacida durante la fase en que era mi novio con su hermana Eva no ha desaparecido y de hecho, Eva (recientemente divorciada de su marido y con nuevas y exuberantes tetas) ya ha estado en el chalet de Mario y conoce de primera mano la habitación especial de éste, que será el escenario en el que Mario tenía reservado para Jack y para mi esa primera noche, donde, un poco borracha recibí mi primer rabo este fin de semana.
Sobre ese polvo, solo merece la pena que te cuente que Jack se tumbó en la cama redonda, en aquella habitación teñida de luz roja, con espejo en el techo, yo me quité las bragas nada más dar las buenas noches a Mario y cerrar la puerta de la habitación con llave, se las tiré a Jack para que sintiera lo mojadas que estaban y acto seguido me menté sobre Jack, todavía con mis tacones puestos.
Buscando el tacto de su polla con mi lubricado coño, me la metí entera y empecer a mover mis caderas, saboreando cada penetración.
Dada la posición de Jack, que justo encima tenía el espejo, me dijo, “Mira es como si estuviera viendo una peli porno en la cual te estuvieran follando… vaya zorra estás hecha, follando en esta peli con esos tacones, medias y ese traje ajustado tan provocador”, mientras alcanzado mi culo con ambas manos me lo abría para profundizar más dentro de mi coño.
En ese momento, viendo como excitaba la idea a Jack, me corrí sin reprimir para nada los gemidos (recuerdo que le dije algo así como, “si, que bien, me están abriendo el culo”, por lo que estoy segura de que Mario me oyó. Jack también se corrió y en 30 segundos se quedó dormido. Yo me desnudé y descalcé y tampoco aguanté ni 5 minutos despierta.
El sábado, comencé el día muy cansada, sin imaginarme que a lo largo del día recibiría un masaje reparador a cuatro manos… y dos pollas.
Antonio, no te me corras todavía, que lo mejor está todavía por llegar. Espera y verás.
A mi ex Mario, siempre le gustó que yo y sus novias en general y seguramente, mi hermana Eva, se vistieran con ropa sexy que deje bien marcado el cuerpo, sobre todo el culo y las tetas. Y por lo visto, es costumbre no había cambiado.
Mario: Hola Inma. ¿Que tal la noche? ¿Ha dormido bien mi niña? ¿Tomó su biberón con lechita anoche? Bueno… resulta que la última vez que estuvo aquí tu hermana se dejó este bañador -dijo, señalando. Si quieres pruébatelo por si bajamos luego a la piscina.
Inma: ¿Es de mi hermana? Entonces seguro que me valdrá. Tenemos la misma talla.
Mario: Bueno, tu tienes más tetas y tu hermana un culo más respingón, si me permites la matización, aun en presencia de Jack, que sabe que hablo por experiencia.
Inma: Miedo me da este bañador, seguro que es muy poco recatado. Voy a probármelo de todas formas, porque no me he traído otro.
Me lo probé y comprobé que efectivamente, el bañador era super sexy. Negro, con transparencias en casi la mitad del bañador, muy alto de caderas y tanga por detrás… vamos que más que un bañador, era un body, pero eso sí, con un tacto y una calidad máxima.
Salí del baño y me dirigí al salón donde estaban los dos hombres y, dando un giro de 360 grados, despacio para que pudieran recrearse, le dije “¿Qué? ¿Qué tal me queda?”, a lo que Jack sonrió de oreja a oreja y Mario contestó “Wow, Inma, estás para empotrarte…” La cosa se ponía caliente y el día no había hecho más que empezar…
(Continuará)
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