Vacaciones calientes
La playa es solo el escenario; la verdadera tentación está en la habitación. Con el pretexto de una botella de champán, el narror invita a un joven camarero a su intimidad, sabiendo que su esposa no podrá resistirse a la oportunidad de humillarse y complacerlo.
Las horas posteriores a nuestra primera experiencia (ver relato anterior) fueron pura adrenalina. Cuando llegamos a nuestro hotel después de que mi mujer le hiciera una paja a un chico holandés que acabábamos de conocer y de que se dejara manosear y comer las tetas estábamos los dos cachondisimos. Yo llegué con el rabo durisimo y los calzoncillos empapados, más o menos como ella. Sobra decir que follamos como leones. Nada más entrar se puso a chuparme la polla mientras yo le decía que como había podido ser tan puta. Ella no contestaba, chupaba con más ganas. No hizo falta que mamara mucho para que me corriera en su boca sin avisar (algo que nunca había hecho) y después follamos como leones porque ella seguía estando guarrisima. Luego ella cayó rendida, fruto del cansancio y el alcohol, aunque a mí me costó un poco más. No podía quitarme de la cabeza la imagen de mi mujer con sus tetones al aire en la calle y el tío ese chupandolos como un niño pequeño mientras ella le ordeñaba la polla... pese a la borrachera era plenamente consciente de lo que había pasado y no podía pensar en otra cosa.
Por la mañana bajé a la piscina del hotel y a desayunar y cuando regresé a la habitación ella se había despertado. Tenía mala cara y dolor de cabeza, fruto de una resaca tremenda. Me preguntó de dónde venía y se fue a la ducha. Me dejó un poco frío. Yo no quería sacar el tema de lo que había pasado y le dejé espacio. Le dije si quería salir a comer y aceptó de mala gana. Y cuando era inevitable hablar de la noche anterior lo hizo. Me pidió perdón y dijo que estaba muy arrepentida porque probablemente alguien la había visto. Yo intenté quitarle importancia y le dije que aunque no esperaba verla asi tampoco había hecho nada malo. Ella estaba cerrada en banda y no se terminaba de creer que a mi me gustara que se hubiera comportado como una auténtica guarra. Intenté aparcar el tema aunque al salir del hotel ella mi hizo pasar por el lugar donde había pasado todo. Vestida con mucha más ropa que unas horas antes y con sus gafas de sol pasó avergonzada por el sitio y yo ya vi que si se arrepentía era de haber llamado demasiado la atención, no de haber pajeado a otro hombre en mi presencia. Tampoco vimos al holandés, algo que a mí me habría encantado aunque no se lo dije.
Pensé que lo mejor era no hablar del tema y así lo hice en las semanas siguientes aunque yo era consciente de lo que había gustado y no quería que quedara ahí. De hecho, empecé a maquinar para que se repitiera.
Unos meses después planeé otro viaje. Hable con un antiguo compañero y le pedí si podía conseguirme alguna oferta en algún lugar turístico lejano para ir con mi mujer y entre lo que me ofreció me llamó la atención un paquete para ir a República Dominicana. Mi cabeza echaba humo. Le conté a mi mujer que me habían hecho una oferta para ir allí a un precio de risa y que debíamos aceptarla. Ella, tras consultar fechas, me dijo que genial sin saber que yo ya hacía planes para que se portara mal.
Días antes de irnos yo ya estaba cachondisimo pensando en verla paseando por la playa sin apenas ropa frente a turistas y lugareños. Y un día, follando y bien calientes los dos y mientras me cabalgaba, empecé a bromear un poco.
-Oye imagino que en la maleta solo meterás la braguita del bikini, no?
-Si hombre, jajajaja. No nos hemos ido y ya quieres que enseñe las tetas por ahí???
-Solo quiero que aproveches para bronceartelas jajajajaja. O vas a tener miedo de que allí te conozca alguien?
No contestó pero siguió cabalgando con más fuerza.
-Además, le dije yo, igual allí también puedes seguir con tu afición por hacer pajas...
-Idiota, respondió ella, que no se esperaba el comentario. Pero aunque al principio parecía enfadada, siguió con más fuerza hasta que los dos nos corrimos al momento.
Como ya estaba abierto otra vez el camino seguí con las bromitas los días siguientes e incluso a veces la llamaba pajera. Ella se hacía la enfadada, pero yo sabía que hasta la gustaba.
Cuando llegamos a nuestro primer destino en Dominicana (íbamos a dividir nuestras vacaciones en dos) estábamos agotados por el viaje pero con ganas de playa y diversión. Teníamos un apartamento precioso en un resort y nada más llegar yo me encargué de calentarla para que estuviera bien activa.
Fuimos a la playa y pese a mi insistencia en que estuviera en topless desde el principio ella se vistió con sus dos piezas. Me decía que no fuera tonto, que igual alli nadie lo hacía y que a lo mejor no estaba permitido. Eso sí, se había comprado un bikini nuevo y muy colorido. Que apenas le tapaba el culo y con el que se le desbordaban las tetas. De esos que con un poco movimiento se le sale parte del pezón. Cuando la vi casi empalmo al momento y ella lo notó.
-Que pasa cariño, no te gusta? Lo compré pensando en ti, para que luego digas.
-Joder amor... va a ser imposible que no llames la atención, jajajajaja, dije yo nervioso de la calentura.
-Bueno, ya me dijiste tu que aquí nadie me conoce, no?, se reía ella. Si quieres me lo cambio por otro.
-Noooo, le dije yo.
-Jajajajaja, que cochino eres.
-No cariño, si te lo has comprado por mi quiero que lo luzcas. Aunque espero que la parte de arriba no la lleves mucho tiempo puesta.
-No empieces, dijo ella haciéndose la interesante.
Cuando llegamos a la playa nos colocamos en una hamaca que había cerca de un chiringuito y ella se fue enseguida a dar el primer baño. Yo también lo necesitaba porque estaba acalorado pero preferiría observar el terreno.
Habia varios grupos de turistas, muchos norteamericanos, pero se notaba que todavía era pronto. Me fijé que no había ninguna mujer en topless y que en el bar estaban trabajando tres chicos, uno en la barra y dos atendiendo a la gente que se repartía por la playa. Nadie parecía haberse fijado en nosotros pero cuando mi mujer salía del agua dio una breve carrerita hacia donde estabamos y ya atrajo las primeras miradas. La verdad es que hasta yo babeaba mirándola. Con la carrerita las tetas se le movían como si se le fueran a salir de un momento a otro y desde mi gafas oscuras vi como uno de los chicos le hacia un comentario al otro entre risas que no pude escuchar. Ese mismo chico no tardó ni medio minuto en venir a atendernos cuando mi mujer se secaba. El creía que éramos americanos y cuando le hablamos en español se sorprendió un poco, como temeroso de que le hubiera escuchado antes. Era un chico joven, negro y alto y aunque era muy respetuoso a mí me pareció que miraba a mi mujer con deseo, aunque no sabía si eran cosas mías. Pedimos dos zumos y antes de que nos los trajera mi mujer dijo que iba a la habitación a buscar una crema que se había olvidado. Yo me hice el despistado y ahí si que vi como los tres del bar se fijaban claramente en ella. También alguno de los del grupo que había cerca.
Cuando el camarero trajo los zumos mi mujer aún no volvía y aproveché para entablar un poco de conversación con el camarero. Le pregunté algunas cosas sin importancia y el a mi que donde éramos, cuanto tiempo íbamos a a estar allí y si habíamos estado alguna vez antes.
Estaba animado y sin muchos rodeos le pregunté si se podía hacer topless en la playa porque a mí mujer le gustaba hacerlo. El no se esperaba la pregunta y ademas de sacar una amplia sonrisa me explicó que las mujeres de su país no hacían topless y aunque en muchas playas en teoría no estaba permitido muchas extranjeras lo hacían y no les decían nada porque sabían que sobre todo en Europa era muy habitual.
-Algunas de las mas desvergonzadas que vienen en grupo y buscando diversión lo hacen incluso en la piscina o por las instalaciones del hotel y salvo que se molesten otros clientes se les permite, me contó.
-Ah ok, a mi mujer le gustará saberlo, le dije. A lo que él me dedicó una gran sonrisa.
-Lo único que aquí hay gente que no está muy acostumbrada a eso y hay muchos mirones, me avisó.
-Ah bueno, a mi no me importa eso.
-Entonces sin problema, me dijo con un guiño. Pásenlo bien.
En cuanto llegó mi mujer con sus tetas bamboleandose me preguntó que de qué hablábamos y le dije que el camarero le daba permiso para ponerse en topless.
-Ya estás otra vez? Pero si aquí nadie va en tetas y estamos al lado del chiringuito.
-Tranquila, me ha dicho no hay problemas, que están acostumbrados a ver tetas a diario.
Mi mujer no dijo nada pero se mantuvo con el bikini puesto. Le puse crema, tomamos el sol y nos bañamos y cuando ya había pasado un buen rato le hice una seña al camarero para que nos trajera unos cócteles que nos sirvió con mucha educación, sobre todo a mi mujer. Yo quería que Eva empezara a animarse y cuando a lo lejos vimos a dos chicas extranjeras paseando y una de ellas iba en topless aproveché la ocasión. Se lo hice notar y unos minutos después, en cuanto ella se incorporó un poco fui por detrás y le desabroché el bikini
-Ehhh que haces???
-Venga va, que no hemos venido aquí a que te vuelvas a España con las tetas blanquitas.
Y aunque al principio se tapaba cruzando los brazos poco a poco los fue dejando caer y se liberó del todo. Ahí la tenía ya como quería. Vestida solo con una pequeña braguita y unas gafas de sol y sus tetones al aire.
Nuestro camarero no se dio cuenta hasta que regresaba de atender a otros clientes y cuando la vio le cambió la cara. Yo no le perdía de vista y el no pasaba la oportunidad de mirarla disimuladamente una y otra vez.
Ella tomaba el sol despreocupada y medio adormilada y le hice una señal al camarero para que viniera. Se le notaba mucho más nervioso que antes y yo desperté a mi mujer para ver si quería otro cóctel. Dijo que si pero se sorprendió de ver al camarero justo delante de nosotros.
-Cari podías haberme avisado para que me tapara un poco, me dijo.
-Te crees que no te había visto las tetas desde donde staba o que?
-Ya, pero bueno. Por poco le saco un ojo con las tetas.
-Jajaja ahora te da vergüenza o qué? Además, creo que a él tampoco le ha molestado.
Ella se giró buscando el bikini antes de que nos trajera los cócteles porque además quería ponérselo para meterse en el agua. Pero no lo encontraba.
-No importa que busques porque te lo he escondido, le dije.
-En serio???
Justo en ese momento llegó el camarero y ella hizo el amago de taparse un poco las tetas.
-Mi mujer está preocupada, le dije al chico. Se siente mal por estar así delante de vosotros, añadió sonriendo.
Ella me fulminó con la mirada y el chico sonrió.
-Tranquila señora, por nosotros no hay problema, lo importante es que ustedes estén cómodos, dijo
-Lo que si me molesta es que me llames señora, dijo ella ya un poco menos tensa.
-Somos Juan y Eva, dije yo.
-Ok, yo soy Dan, para servirles. Dejó las copas sin perder de vista el espectáculo que le daba mi mujer con sus tetotas en libertad y se fue sonriente.
-Te voy a matar, me dijo Eva mientras yo me reía a carcajadas.
-No te ibas al agua?
Dio un trago a su bebida, se levantó, dejó las gafas y se fue hacia el mar sin decir nada, con las tetas al aire y sonriendo tímidamente al pasar junto al chiringuito. Dan y su compañero le devolvieron una sonrisa educada y siguiéndola discretamente con la mirada en su camino. La verdad que era una espectáculo verla caminar sobre la arena con sus curvas, la melena suelta y sus grandes melones en movimiento.
Yo estaba a mil viendo a mi mujer exhibida ante ellos. Y no quería perder el tiempo. Solo íbamos a estar dos días en ese hotel y quería aprovecharlo. Estuvimos hasta mediodía en la playa, le devolví el bikini, que se puso sin que Dan y sus compañeros perdieran detalle y fuimos a comer algo ligero y a descansar. Bueno, más bien a desfogarnos. Llevábamos un par de cócteles encima y el hecho de estar desnuda toda la mañana delante de unos jóvenes también la había calentado a ella.
-Creo que al negrito le has gustado, le solté en plena faena.
-Tambien quieres que le haga una paja?, me contestó caliente como una perra.
-Pues no estaría mal, dije antes de correrme a chorros.
-Joder, le has pillado el gusto a que tu mujer vaya por ahí meneando rabos, no??
Por la tarde y tras dormir un poco estuvimos en la piscina donde ella no se atrevió a hacer topless aunque llamaba la atención igualmente y yo bromeaba diciéndole que era la más deseada del jardín cada vez que la miraban. Alguno no se cortaba demasiado pero ya andaba desinhibida y no le importaba ser el centro de atención de vez en cuando. Una de las veces que salió del agua lo hizo con media teta fuera y cuando se dio cuenta se hizo la ofendida conmigo por no avisarle.
-Si no fueras tan guarra irías con otro bikini que te tapara más y esto no te pasaría.
-Pero si a ti por lo visto te encanta que sea así de guarra...
-Pues sí, le dije acercándome a darle un beso y a acariciarle la teta que acababa de taparse como podía.
En esas apareció Dan por allí, con otro tipo de uniforme. Nos saludó desde lejos y cuando iba a acercarse le reclamaron desde la otra punta de la piscina.
Eva ya había empezado a recoger porque me había dicho que quería darse un baño relajante en el hidromasaje de la habitación antes de prepararse con calma para la cena. Le dije que como era pronto yo me quedaría un rato más.
-¿Ahora que viene el negrito te vas?
-Jajaja, pero que tonto eres. Me voy a poner guapa por si está noche quieres que le haga su paja, me soltó de repente empezando a caminar.
A mí se me puso el rabo como una piedra. Y obviamente me quedé ahí para ver si podía seguir intimando con Dan. No iba a dejar pasar la ocasión y se me acababa de ocurrir una idea.
Tuve que esperar un rato hasta que volvió Dan.
-Le dejaron solo?, dijo cuando por fin de acercó.
-Si, mi mujer ha ido a ponerse guapa.
-Mas todavía? dijo él. Al momento intentó rectificar por si me había molestado pero ya le hice ver que no, a lo que el se relajó. Le dije que estaba acostumbrado a que le miraran y que le dijeran cosas y que incluso me gustaba.
-Entonces aquí lo pasarán bien, respondió.
Hablamos diez minutos, en los que él aprovechó para traerme una bebida y acabó contándome que allí iban muchas parejas buscando diversión con gente local. Tras un rato de conversación cada vez más abierta siguió trabajando y yo seguí maquinando.
Cuando apareció otra vez le pedí si sería posible que nos trajera una botella a la habitación y el me dijo que ese tipo de pedidos tenían que hacerse de otra forma a lo que yo respondí que a mi me gustaría que nos la trajera él mismo. Después de lo que habíamos hablado creo que se le encendió la bombilla. Estaba algo nervioso y ante mi insistencia me dijo que iba a ver si podía hacerlo de alguna forma que no llamara mucho la atención. Le dije que yo le esperaría porque si finalmente podía vendría conmigo directamente para saber dónde nos alojabamos.
En cuanto se fue llamé a mi mujer y le dije que estuviera atenta porque no tenía la tarjeta de la habitación y tendría que abrirme. Ella se molestó porque estaba metida en la bañera y me dijoque no tardara.
Pasaron dos minutos que se me hicieron eternos y la fortuna me sonrió. Desde un lateral apareció Dan con una botella de champán como la que le dije que quería y me dijo que ok, que me la llevaba a la habitación pero que tenía que ser rápido y discreto. Yo estaba a punto de estallar. Me levanté rápido y fui abriéndole camino discretamente.
Al llegar a la habitación llamé a la puerta con Dan y la botella a mi espalda. Mi mujer abrió sin mirar y cuando entramos ella ya estaba de espaldas, yendo de vuelta hacia el baño totalmente desnuda sin darse cuenta de que yo entraba acompañado. Dan si que la había visto y estaba claramente nervioso. Cerré rápido la puerta y avisé a mi mujer.
-Un momento Eva.
Ella se giró y se quedó de piedra, casi tanto como él.
Estaba totalmente desnuda, con sus grandes tetas aún cubiertas por algo de espuma y su coñito bien rasurado a la vista.
Se quedó paralizada. Y mientras Dan no sabía bien que hacer. Fui yo quien intervino para relajar la situación.
-Quería que tomáramos una copita antes de cenar, espera a que Dan nos la sirva.
Ella estaba sorprendida y un poco avergonzada. Hizo el amago de ir a por una toalla pero no le dejé. La agarré de la mano y la acerqué.
-Ya no importa que te tapes, que Dan ya te había visto antes en la playa y hay confianza, dije para tranquilizarla.
-Hola Dan, balbuceo ella.
-Ho... hola señora, dijo el. Bueno perdón, señora no, añadió sonriendo tímidamente.
Ella también sonrió mientras yo le ofrecía que se sentara en el borde de la cama, conmigo al lado. Le hice una seña a Dan para que nos sirviera unas copas.
Mientras lo hacía me giré a darle un beso en la boca a Eva y empecé a tocarle las tetas. Ella estaba en fuera de juego pero se dejaba hacer y ya empezaba a darse cuenta de que todo eso tenía un fin.
-Sientate y toma una copa con nosotros Dan, le dije ofreciéndole que se pusiera al otro lado de mi mujer.
-No puedo beber, señor y ya le dije que tengo que darme prisa.
-No te preocupes, mi mujer será rápida.
Eva, aún nerviosa, ya solo le miraba a él, que sentó despacio a su lado.
-Ya sabes lo que tienes que hacer, no?, le dije a Eva.
Me miró nerviosa sin decir nada y mordiéndose el labio.
-Sí?, me dijo bajito
-Claro cariño, le dije sin dudar. Y esfuérzate que ya has oído que Dan tiene prisa.
Dan nos miraba expectante y cuando mi mujer se giró hacia el empezó a acariciarle la pierna. El agachó la cabeza para mirar que le hacía y ella se liberó. Con la otra mano le levantó la barbilla y le dio un beso para romper el hielo del todo. El también se soltó y en unos segundos ya estaban jugando con sus lenguas mientras mi mujer empezaba a acariciarle el paquete y a manipularle como podía el pantalón. El dejó un momento de besarla para ponerse de pie y ayudarla bajarse el pantalón. Ya se le veía un enorme bulto bajo el slip que mi mujer seguía masajeando. Le metió la mano por debajo y le sacó la polla, ya totalmente dura y tiesa.
-Uffff, se le escapó a Eva al ver aquel polla libre que era más grande que la mía. Sin ser algo exagerado era de muy buen tamaño y estaba totalmente depilada. Mi mujer empezó a pajearsela como buena experta que es y el cerró los ojos disfrutando del manoseo de mi señora.
-Tu también puedes tocar, le dijo ella llevándole sus manos a las tetas.
Yo me moría viendo aquel espectáculo que era como el de aquel holandés con el que se estrenó. Pero esta vez ella se levantó y sin soltar la polla se puso delante de él, dejándole las tetas a la altura de la cara. El negrito empezó a comerse sus tetotas blancas con ansia. Cuando ya llevaba un rato lamiendole y succionando los pezones fue mi mujer la que me sorprendió a mí. Le quitó las tetas de la boca y se arrodilló ante él. Yo no daba crédito. El se acomodó abriendo un poco las piernas y mi mujer, que con la mano seguía pajeando, empezó a lamerle las pelotas ante mi asombro.
Como conté en el primer relato, a mi mujer le encanta mamar y disfruta como una cerda con una polla en la boca. Pero es que además le vuelve loca comerse los huevos y con los de Dan, bien depiladitos, estaba fuera de si. Se los metía casi enteros en la boca y les pasaba la lengua de arriba a abajo sin dejar de menearle el rabo. Después de un rato comiéndole las bolas se centró por fin en su polla. Primero lamiendola por todo con la lengua y después metiendosela en la boca.
El espectáculo me tenía trastornado. Mi mujer desnuda, con sus tetones colgando, arrodillada y comiéndole la polla a un negrito como una auténtica puta. El tenía los ojos en blanco y aunque intentaba tocarle las tetas como podía mientras ella mamaba como si no hubiera mañana, enseguida le agarró la cabeza para ayudarla a tragar más. Era como una escena porno interracial en vivo y con mi mujer como protagonista.
Se notaba que estaba a punto de derramar y como era tan evidente yo creía que ella se le sacaría de la boca para se corriera en sus tetas, pero ella en cambio siguió comiendo con más ganas para que disfrutara más de la corrida y dejó que se viniera en su boquita mientras el gemía como un bicho y tenia espasmos de placer. No se lo tragó y dejó caer toda la leche de su boca hacia sus tetas. Y siguió limpiandosela con la boca hasta que no quedó nada mientras el se dejaba caer sobre la cama. Le dio un último repasito a los huevos y se levantó a buscar una toalla.
Mientras se limpiaba la corrida que le quedaba de la boca y el cuello él se levantó, se puso rápido el pantalón y le dio las gracias con un beso en la frente. Me dio un abrazo y las gracias y como no podía ni levantarme de la empalmada que llevaba mi mujer le acompañó hasta la puerta. Le dio una palmadita en culo y ella, buscando su boca para un beso de despedida, le dijo que le gustaría repetir con más calma.
Verdad que si amor?, dijo mirándome a mí.
El sonrió y se fue feliz a seguir con su trabajo, mientras ella volvía hacia mí aún con restos de leche en las tetas y una cara de zorra satisfecha que no podía con ella.
-Entonces, que? Nos tomamos esa copita aquí o en la bañera?
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