Ventas de seguros
La visita rutinaria para vender seguros se transforma en una cita prohibida cuando la clienta, insatisfecha y provocativa, decide tomar el control. Lo que empieza como una negociación comercial se convierte en un juego de deseos ocultos, donde el riesgo de ser descubierto por el marido solo intensifica la pasión.
Ventas de seguros
Estos hechos, me ocurrió un par de años antes de la cuarentena, cuando aún ni me había comprometido, y aunque esto no viene al trapo, sí que vendría que vino a raíz de haber bajado el ritmo de trabajo, y por un conocido, me metí en el mundo de vender seguros.
Oficio que dependiendo de cómo te desenvuelvas, compruebas que puedes tener éxito o no, gracias a mi labia, comencé a realizar seguros sencillos, convenciendo a las personas que tenemos las mejores coberturas. Y vez como a final de mes, me llevaba esas comisiones calentitas en ‘negro’ (forma de cobrar sin nominal de por medio).
Y otra cosa que compruebas que aquellos chismes sobre vendares son verdad, refiriéndome a las aventuras que llegan a encontrarse, no permitiendo en muchas ocasiones caer, pero en otras tantas, como que no te resistes.
Y recuerdas tantas, como aquella en que me abrió la puerta una señora madura, mujer que apareció en camisón negro de encaje, y que bajo esta prenda se podía ver perfectamente que no llevaba nada más que un tanguita... uuuffff!!. Oportunidad que tuve que perder, pues pude escuchar a mi compañero llamarme, compi que ese día precisamente me acompañaba.
Pudiendo afirmaros que, tras aquellas puertas de viviendas me habría el ochenta por ciento eran mujeres, y de estas el sesenta o setenta eran casadas, no es solo un hecho sino pura realidad.
O como aquella, una experiencia de tantas, no saliéndote todas, aunque si la gran mayoría, no es un bulo ni nada parecido, también es verdad que dependiendo del tiempo en que estés, te das cuenta que se da más o menos. Pero vamos a la experiencia, recuerdo que había quedado con un cliente en su casa a eso de las cuatro de la tarde, hora no muy normal, perro que fe precisamente el quien lo había fijado.
Donde llegas, y tras llamar al timbre de la puerta, me abre una mujer, cuyas facciones di por hecho que debía de estar entorno a los cincuenta años, siendo ella quien me invita a pasar, sabiendo bien a lo que vengo. Y darle por disculpar a su marido, pues una reunión de última hora le ha impedido estar, sugiriendo que este ella en su lugar.
Cosa que, por mí no hay objeción, y es ella quien camina delante, conduciéndome hacia el interior, donde pudiéramos estar más cómodo, recuerdo a esa mujer pues estaba bastante bien, mujer metida en carnes, pero no muy rellenita (estaría en los 57 kg.). De cabellos cortos, especificare de melenas hasta el cuello, rubia con aojos azules, no muy alta, mediría el metro setenta, una buena delantera, y lo cierto es que no estaba nada mal de retaguardia.
Creo recordar que, iba vestida con un vestido corto blanco con estampados, llevaba un escote palabra de honor, y era amplio, y en los pies unos zapatos veraniegos. Bueno sigo, recuerdo que nada más entrar en esa salita, fue ella quien antes de invitarme a sentarme, me propuso quitarme la chaqueta, pues le dio por decirme...
“Anda, quítese la chaqueta que le va a dar un sopapo”.
Cosa que hice, y nos pusimos a conversar, explicándole los seguros que su marido estaba interesado, y las coberturas, precios y lo que abarcaba estos, llegándole a preguntar por su edad. Y esta decirme...
“Eso nunca se le pregunta a una mujer”.
Y entre risas, y con cierta picardía, responderle...
“Si usted está en la flor de la vida, lástima que esté casada, sino le piropearía”.
Siendo la que de primera me dijo...
“Por favor, no me hable de usted, me llamo Sofía”.
Y segundo, decirme...
“No creo que, por estar casada, una mujer no tenga derecho a ser piropeada”.
“Aun así, no creo que te convenga, pues por mi edad podría ser hasta tu madre”.
Acabamos en risas, quitando hierro a la edad, viendo como ella se ponía mas cómoda, cuando así a bote pronto le da por descalzarse, e invitarme a tomar algo. Preguntándome...
“Jose... me dijiste que te llamabas Jose, verdad”.
“Dime... ¿Qué quieres tomar, un café helado, coca cola, o una copa de licor?”.
Me pregunta, mientras se levanta y camina hacia la cocina, colocándose tras una barra americana, que es el separamiento con esa salita, y volverme a preguntar qué voy a tomar. Mientras ella, me dice...
“Pues yo, ya que estamos me voy a tomar un lingotazo”.
Soltar, y ver como a los pocos minutos, la veo acercarse con dos, uno por mano, dejándolo sobre la mesa, y dejarse caer en el mismo sofá donde yo estaba, quedándose ella sentada a mi izquierda (creo recordar).
Volvimos a la conversación inicial, mientras ella introducía alguna que otra pregunta personal, pregunta que me hacía cambiar de tema, llevando esta la conversación a su terreno. Preguntas personales como...
“Te gustan las mujeres”.
“Estas casado”.
“Tienes novia”.
Y que tras responderle un ‘si, un no, y un sí’, voy viendo sus intenciones, sobre todo cuando desliza la tela que cubre su muslo hacia sus nalgas, mostrándome las buenas piernas que posee... uuuffff!!. Dándome por preguntarle por ella y su marido, contestándome...
“Tu pregunta por ¿dónde va?, por la convivencia, o en la cama”.
Callo, no sabiendo que contestar, y ella seguir...
“Si es por la convivencia, debo decirte que vamos tirando, cuando uno de los dos trabaja, digamos que si el que no trabaja no se busca algo, como que esto puede acabar con la relación”.
“Y digamos que, en la cama, es algo parecido, ya que al principio era hacerlo todos los días, luego va decreciendo a hacerlo una o dos veces a la semana, pasando a uno solo, y luego cada un par de semanas”.
Dice, recalca...
“Yo creo que se está empezando a cansar de mí, eso o ya no le pongo, y seguro que se ha buscado a otra más joven”.
Y aunque me da por hacerle ver que seguro que no, dejándole claro que es un hombre responsable y comprometido. Volver Sofía a decirme...
“Como ya me ha follado todo lo que quería, seguro que sea buscado a otra que, le da lo que yo me niego”.
Y darme por volver a la conversación, y volviendo al tema de ‘follar cada fin de semana’. Teniendo por mi parte la metedura de pata, cuando me da por preguntarle...
“Y con eso te basta”.
Donde recuerdas esa mirada, cuyo rostro en esos momentos me encandila, baja la mirada, fijándolo en un solo punto, como si pensara antes que contestar, y finalizar por soltarme...
“Pues la verdad es que no, pero tengo unos juguetes que me sirve para satisfacerme, no es lo mismo, pero no me queda otra”.
Acabando, y sorprenderme, pues ni lo esperaba, cuando le dio por posar su mano sobre mi entrepierna, y decir...
“No es de carne, y músculos, pero no me queda otra”.
Mano que no deja de magrearme la entrepierna, sintiendo como esta dura, y empalmada, y darle por decirme...
“No crees que te sobra algo”.
No haciendo falta nada más, comprendiendo lo que esta mujer quería decir, darme por descalzarme, quitarme el pantalón, y sentarme, siendo ella quien le dio por bajarme los calzoncillos. Soltándome aquello con rintintín...
“No me digas que aun te avergüenzas”.
Decir, y darle a ella misma por tirar de mi prenda hacia abajo, y acabar por volver a colocar esa mano sobre mi miembro, tomándola y masturbármela... ooohhh!!. Y lo cierto es que mi mirada la había fijado en sus pechos, deseando tocárselo, cosa que está mujer lo había deducido, y darle por bajarse la parte superior de su vestido... uuuffff!!.
Pensando para mí mismo... ‘menudas peras’, dándome por acariciarle los senos, dedicándome principalmente a sus mamas, y pezones... uuuffff!!. Y ver, como esta misma se me acercaba, colocando sus pechos a la altura de mi boca, y darme de amamantar, mientras no dejaba de masturbarme... uuummm!!.
Dedicación que en minutos, me dio por completo, sobre todo cuando veía como ahora con ambas manos, le daba por dedicarse a magrear mi tronco, y la base de mi miembro, y la zona del perineo... ooohhh!!. Llegando a soltarme con ese lenguaje no propio de ella, decirme...
“Tienes una buena polla, y muy gruesa, eso me gusta mucho mas, y si tiene venas, como que muchos mejor”.
Y mientras tanto, esa cabrona no dejaba de masturbarme, llevándose ya al menos cinco minutos, ofreciéndome de vez en cuando ese pecho a amamantar, cuando para esos momentos, yo deseaba algo más... aaahhh!!. Y viendo que no iba a correrme, le da por pregúntame...
“No piensas correrte, ¿verdad?, tu deseas algo más... eeehhh!!, pillín”.
Soltar, y ver como la muy cabrona, coge y se inclina sobre el mismo sofá, no soltando mi tronco, y acabar por llevárselo a la boca, introduciéndoselo hasta la mitad, soltando por mi parte una ‘bufonada’, y sentir como retrocede, sacándosela de su boca al tiempo que arrastra sus labios por mi tronco, y capullo... ooohhh!!.
Viendo, como alza mi vista, me mira y sonríe, y vuelve al tajo... uuuffff!!. Observando como chupa, como traga, como se la introduce por completo en su boca, mientras acaricia la base, y comenzar a moverse, como si se estuviera follando la boca... aaahhh!!.
Momento que me da por mirar hacia su trasero, y darme por tirar de la tela de su falda hacia arriba, dejando sus nalgas a la vista, mostrándome esas braguitas beige, mientras mueve el culo... uuummm!!.
Movimientos que tomo como una invitación, comenzando por acariciar esas nalgas, cuya mano mía me da por abarcar todo su glúteo, y acabar por introducirse bajo sus braguitas, dándome por deslizar mis dedos por entre sus glúteos, hasta esa cálida rajita empapada... ooohhh!!. Soltándome una vez que se saca mi polla de su boca, soltar...
“Que malo que eres cabron”.
Dice, y veo como se incorpora, dándole por quitarse esa prenda interior, y colocarse a horcaja sobre mí, colocando sus piernas a cada lado de las mías, y ser ella misma quien se la encaja... uuummm!!. Comenzando a moverse, gimiendo, suspirando, y jadeando, soltando nuevamente insultos, y borderías, diciéndome...
“Joder que gorda la tienes, ¡me gustan así... uuummm!!”.
Sintiendo como entra y le sale, como sus hinchados labios vaginales se aferra a mi miembro, o como sus jugos me empapan, dando por hecho que mancharíamos ese sofá, dándome por advertirle...
“No voy a poder cumplir, ¡me has dejado por la mamada a puntito... ooohhh!!”.
Escuchándole decir a esa mujer, decirme aquello de...
“No te preocupes lo había previsto, pero que tú sepas que, no te vas hasta que cumplas”.
Soltar, y escucharme avisarle, dándole a ella por sacarla con rapidez, y verla como a pocas, darle por metérsela en la boca, tragando hasta la última gota, y tras sentarse en el sofá con las piernas separadas. Decirme...
“Pocas he mamado, pero tragado solo las de mi marido, pero en tú caso, no me quedaba otra si quería evitar manchas”.
Dice, y le da por darme un piquito, cuyo sabor a semen aún perdura en su boca, separándome de ella, y ver en esa posición que ha quedado sentada, darme por pensar lo que deseaba. Me acerque, colocándome entre sus piernas arrodillado, mientras ella me soltaba...
“No... no”.
Inclinándome, y comenzar por besar sus muslos por la parte interna, cada vez más cerca de su entrepierna, mientras Sofía, volvía a dirigirse a mí, advirtiéndome...
“No por favor, que lo tengo ahora muy sensible, y por experiencia no me va a gustar”.
Suelta, y ver como se estremecía, cuando me da por lamer desde la parte inferior hasta su clítoris, ayudándome con mi mano izquierda, cuyos dedos me dio por separar sus labios vaginales... uuuffff!!. Ella comenzó a gemir y sollozar, mientras empecé primero poco a poco, rozando con la punta de la lengua por sus labios vaginales... ooohhh!!.
No dejo de estremecerse, e incluso de arquearse, cuando me dio por chupar y absorber su clítoris, lamidas que fui comenzando al tiempo que, me dio por introducirle uno de mis dedos, ¡sacándoselo y volver a metérselo lentamente... ooohhh!!
Seguí lamiendo cada vez más rápido succionando, y chupando, alterne lamidas en círculos con de palas (de arriba hacia abajo), recorriendo todas su vagina al completo, comenzando a gritar ante un inminente orgasmo... uuummm!!. Dándole por aprisionar mi nuca, no dejándome que llegara ni a tomar aire, y entre convulsiones, comenzara tener su primer orgasmo... ooohhh!!. Entre comentarios obscenos...
“¡Me corro... me corro!... aaahhh!!”.
Y aunque sea había venido, no soy de los que deja pasar esta oportunidad, pues me dio por continuar, mientras está mujer gemía, y sollozaba, suspiraba y me insultaba, y al mismo tiempo no dejaba de jadear... uuummm!!.
Dándole a ella misma por ayudarme, comenzando a dedearse su vulva, mientras yo chupaba y lamia ya sea está, como sus labios vaginales, todo esto, mientras le follaba con dos de mis dedos... uuuffff!!. Dándome por soltarle ese cumplido a modo de...
“Sabes, me lo estaría comiendo toda la vida, pues esta delicioso”.
Digo, y me da por descender, dirigiendo mi lengua hacia su culo, notando que para nada se apartaba, menos aun cuando con la yema de mi lengua, comencé a lamer su orificio anal... ooohhh!!. Darle esto por explotar en un nuevo orgasmo, momento que con rapidez, darme por volver a su coño, aprovechando por lamer y chupar una y otra vez... uuummm!!. Soltándome agradecida...
“Dios, ¡qué maravilla!!”.
Dijo, poniéndose derecha, y tras darle un sorbo a su cubata, darse cuente de cómo estaba mi miembro, pues estaba de nuevo empalmada. Preguntándome...
“Y supongo que, desearías hasta repetir, verdad”.
Soltar, y creo recordar que fue en esos precisos momentos, cuando tras levantarse, le dio por decirme...
“Vas a tener que perdonarme, pero voy a tener que dejarte así, pero no te preocupes que ya tendremos tiempo para recompensarte”.
Acabar, mientras se reponía el vestido, sugiriendo que yo hiciera lo mismo con mis ropas, ya que podría venir su marido en cualquier momento, y ante mi aspecto, darme al final por marcharme, pues lo cierto es que apestaba a sudor, y a sexo.
Y días más tarde, como buen comerciante, darme por ponerme en contacto con esta persona, dándome por preguntarle si su mujer le había puesto al tanto de lo hablado, y saber en que habían quedado.
Donde Juan, marido y esposo de Sofía, me conto que habían hablado, y que, tras conversar durante unos días, llegando a la conclusión de cerrar algunos seguros con mi compañía de Seguros. Proponiendo que me pusiera en contacto con su mujer, y que viendo su disponibilidad quedar con ella, sugiriéndome que me llevara toda la documentación que deben de rellenar, pues su esposa se encargaría de todo, ya que él debía de salir de viaje.
Y aunque os suene a coña (broma), debo deciros que para nada lo fue, también es verdad que al principio si me lo pareció a mí mismo, pero para nada lo fue, acabando por ponerme en contacto con ella, y que, quedamos tras entablar una nueva cita. Y claro está que tuve un par de encuentros, alargando todo lo posible la tramitación de los seguros, pero bueno eso será otras historias.
Bueno, toca despedida, espero que, os haya gustado, tanto como a mí recordarla. Decir que mi email, no es otro que: jhosua 1974 @ Gmail. com (obviamente todo junto), aquí os lo dejo por si deseáis decirme algo.
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