Xtories
Intercambiossept 2023

Verano en Formentera

La brisa del mar no es lo único que agita sus cuerpos. En la inmensidad azul de Formentera, el límite entre el placer y el riesgo se desvanece, y la presencia de un extraño cerca los convierte en el escenario perfecto para una libertad que no tienen en casa.

Takkbok23K vistas9.1· 9 votos

CAPITULO I.

La brisa golpea mi cara, mientras el sol tuesta con fuerza mi piel, haciéndome sentir vivo y libre. La sensación de libertad que te provoca el navegar solo ayudado por el viento es increíble; paradójicamente, cuanto más condicionado estás por algo tan voluble y variable como es el viento, más capaz te sientes de lograr cualquier objetivo, de alcanzar toda meta, como si nada en el mundo pudiese detenerte. Aunque no haya libertades absolutas, si es cierto que en aquel momento tenía la sensación de poder hacer cualquier cosa, sin apenas límites, cuando realmente solo bastaba con que amainase el viento para que el barco se detuviese, sin que nada pudiéramos hacer.

Es realmente maravillosa la sensación de navegar en un lugar tan privilegiado como son las Baleares, a comienzos del mes de Junio, cuando todavía no se ha masificado la zona y cuando ya hace tiempo casi de verano. Cuando me planteé como celebrar mi cumpleaños pensé en varias opciones: Rio de Janeiro, Nueva York, París, Bali……. Sin embargo, en el último momento opté por algo distinto, opté por alquilar un barco de vela con un patrón y recorrer durante varios días las Baleares, parando en sitios estratégicos eso sí, para cenar o divertirnos en la noche, pero pasando la mayor parte del día en el Barco, de cala en cala, solo junto a la persona que más quiero en el mundo: Gemma, mi mujer desde hace más de treinta años.

Maravillosa decisión –pienso, mientras apuró la enésima bebida, porque el sol aprieta de verdad. A mi lado Gemma, mi mujer, duerme plácidamente tostándose al sol. Lleva solo la parte de abajo del bikini, un pequeño triangulo de color azul, mientras el resto de su cuerpo se relaja al sol; ella parece disfrutar, seguro que lo hace, con la misma sensación de libertad que siento yo, relajada sintiendo el delicioso efecto que el sol produce sobre su piel, a esa hora de la mañana donde todavía no quema tanto como hará por la tarde, con una suavidad sensual, casi erótica, similar a la sensación que se siente en la piel cuando juntas tu cuerpo desnudo al de la mujer que deseas y la acaricias.

Yo, por mi parte, no puedo, ni quiero, negar que disfruto tanto, o más que ella, viendo su cuerpo desnudo, sus piernas largas y torneadas, sus apetitosas caderas, sus tetas firmes y redondas, coronadas por deliciosos pezones oscuros, su boca…… ummmmmmmm, que delicia tengo por mujer –pienso sintiendo como mi polla comienza a tensar el bañador, recordando como la follé por detrás anoche, lanzándola una y otra vez contra el cabecero del camarote, hasta hacerla correrse como hacía tiempo que no lograba. No hay imagen más potente que la del culo de Gemma delante mío, mientras la penetro……………………. No hay duda, soy un hombre muy afortunado, porque como definir si no a quien tiene la suerte de disfrutar de la compañía de la mujer que más quiere y que más desea sexualmente. No es algo muy común esta unión de deseo y amor……..

“Estamos llegando a Cala Dór” –oigo que grita a mi espalda Carlos, el patrón del barco. Es un hombre de mi edad, rubio, con el rostro muy moreno, fruto de días y días navegando en aquella zona. Solo le conocemos desde ayer, pero nos ha causado muy buena impresión. Es un tipo divertido y culto, ameno conversador, con el que pasamos anoche una velada graciosa, tomando copas hasta casi las tres, divirtiéndonos especialmente con las historias que cuenta de viajes y viajeros. Además, no cocina nada mál y seguro que no vamos a tener problema al respecto durante todo el viaje.

Aunque anoche llegamos a la cama bastante perjudicados, el mar tiene algo especial que te hace desear el sexo como casi ya no lo recordabas, por lo que nos dieron las cuatro follando con fuerza, de tal modo que Carlos tuvo que escucharnos desde su camarote, porque nuestro escándalo fue de primer nivel, sobre todo cuando me corrí en sus tetas, después de que masturbara contra sus pezones……………………, no creo que pueda haber algo mejor que ver como los chorros de semen se estrellan contra las tetas de mi mujer, mientras ella me mira morbosa y divertida, viendo cómo me estremezco a cada brote. Esta vez no me mando callar, como suele hacer en casa, ni ella se cortó un pelo en expresar también su placer de modo sonoro, porque, en el fondo, a ambos nos excita la idea de saber que Carlos nos escucha desde su camarote.

¿Vamos a atracar aquí?, pregunto girando la cabeza hacía él.

¡Qué va! No merece la pena, hay demasiada gente para la época que es. Vamos mejor hacia Formentera, que estará casi vacía y el agua allí tiene un verde muy especial. Os va a encantar.

¿Qué pasa cariño?, pregunta Gemma desperezándose…..

Nada, nada, sigue durmiendo, vamos hacia Formentera……………….. añado dándola un suave beso en los labios, mientras no evito acariciarla levemente los pezones que rápidamente reaccionan ante mi gesto.

La semana promete……………………….. No sé porqué tengo la impresión que va a ser el mejor cumpleaños de mi vida.

CAPITULO II.

El barco acaba de fondear en una de las calas más bonitas que he visto en mi vida. Es muy pequeña, de aguas muy cristalinas, por lo que es fácil ver el fondo de blanca arena, los peces de diferentes colores. Al fondo hay una pequeña playa de arenas maravillosas, de las que mi me gustan: solo se puede llegar en barco, porque el acceso desde tierra es imposible, dado que lo escarpado del terreno hace imposible bajar, salvo que seas un alpinista muy avezado.

En el Caribe no hay mejores lugares para bañarse –dice Carlos, preparando la escala para bajar del Barco.

Es alucinante –contesto, mientras salto y me zambullo en una de las aguas más limpias en las que haya podido nadar en toda mi vida.

Gemma hace lo mismo y se tira detrás mío;

- Que sitio es maravilloso –dice Gemma, surgiendo del agua y agarrándose a mi.

- Tu si que eres maravillosa, contesto, dándola un beso, mientras siento su piel contra la mía, bajo el agua. No se ha puesto la parte de arriba del bikini y es una delicia sentir como sus pezones enhiestos por el frio, se clavan contra mi piel.

- ¿Nadamos hacia la playa?

- Vamos……………………………..

Nadamos con fuerza los 150 metros que nos separan de la playa, a donde llegamos jadeando, no exhaustos ni mucho menos, pero si con la respiración alterada por el esfuerzo. Nos echamos sobre la arena, de una suavidad pasmosa, cercana a la arena fina del Caribe. Dejamos que la respiración vuelva a su cauce, mientras el sol seca nuestros cuerpos, haciendo que el frescor inicial del agua de paso a un suave calor que pronto inunda nuestros cuerpos, haciendo que las primeras gotas de sudor caigan por nuestra frente, por el pecho……..

Me levantó y miro hacia el barco, cuya imagen cuando, estamos tumbados, queda tapada por unas rocas, de tal modo que ni vemos nada, ni desde el navío nos ven a nosotros. Me quito el bañador y vuelvo a tumbarme desnudo. Sonríes y, sabiéndote cubierta por las rocas, haces lo mismo. Nos besamos y, antes de darnos cuenta, mi boca se ha apoderado de uno de sus pezones, mientras mi mano explora la humedad de su sexo. Me encanta oírla gemir, es delicioso saber que estás dando placer. Bajo la boca, recorriendo su cuerpo desnudo, hasta llegar a su sexo donde sumerjo mi cara, haciendo que mi lengua explore cada pliegue de piel que encuentra.

Se estremece de placer y, pasados unos momentos, tiembla de un modo increíble, mientras jadea gozosamente; no tengo dudas, parece que va a correrse y la sensación de gozo me inunda. Quiero muchísimo a mi mujer y además me excita como si acabáramos de conocernos, como si fuera un adolescente que se excita de ver el reborde un sujetador. Por eso, disfruto viéndola gozar, viendo como se estremece, como comba su cuerpo tratando de retener el orgasmo.

Para, para, no quiero correrme todavía –dice, mientras se incorpora, se coloca de rodillas a un lado y, de un modo natural, deja caer su cabeza sobre mi pene, introduciéndola en su boca fresca, hasta casi estrellarse contra “la empuñadura” de tal modo que el que comienza estremecerse soy yo.

Eres increíble…………………………….

Calla y disfruta…………………………

Es impresionante la forma en Gemma sabe chupármela, como si supiera exactamente que deseo en cada momento, pasando su lengua de los testículos hasta la cabeza, recorriendo cada milímetro del tronco. Nota que mi polla está como una autentica roca, entrando y saliendo de su boca, mientras su mano acaricia mis huevos, supongo que notando lo llenos que están de semen, de leche caliente deseando ser ordeñada…… La doy la vuelta y sin mucho artificio la ensarto la polla por detrás, comenzando a cabalgarla con fuerza. Me encanta poseerla así, como a una yegua, por detrás, metiendo y sacando mi polla de su sexo, viendo como se introduce entre sus nalgas, hasta estrellarse contra su pubis. Se corre una primera vez entre jadeos, gritando de placer, con entera libertad, sabiendo que allí nadie nos escucha, ni nos ven……………. Y si eso pasase, tampoco importaría, porque nos sentimos como dos salvajes en la polla. Solo mi mujer, yo……………… y unas ganas enormes de sexo, de sol y de placer.

La folló por detrás durante un buen rato, deleitándome con el bamboleo de sus tetas y el estremecimiento de todo su cuerpo. La doy la vuelta y la penetro nuevamente, dejándome caer entre sus piernas que se agarran a mi cintura, mientras vuelve a correrse ruidosamente.

Dame mas fuerte, más, mas………………………

Nada más delicioso pueden oir mis oídos que mi yegua pidiéndome que la monte más fuerte y eso hago, intensificando mi penetración, como si quisiera atravesarla con mi polla, dura como una piedra, a punto de estallar, pero todavía lista para hacerla llegar una vez más al orgasmo.

- ¿Quieres mi leche?, pregunto sabiendo de antemano la respuesta, mientras noto como comienzo a estremecerme ante la inminencia de la corrida.

- Siiiiiii, lléname, lléname…….

Me estremezco violentamente gritando mi placer, mientras los chorros de semen caliente la llenan;

- Te quiero gorda, te quiero, exclamo, mientras la corrida se hace casi dolorosa de su intensidad- ahhhhhhhhhhhhhhhh

- Si, si, dámela, dámela toda –gimes, apretando con fuerza tus piernas en torno a mi, hasta que la ultima gota de leche caliente se deposita en tu interior.

Caigo sobre ti, mientras te como a besos, dejando que mi polla permanezca en su interior. Deliciosamente va perdiendo su dureza dentro de ti, mientras nos recuperamos de la sesión. Nos levantamos, nos ponemos el bañador, más que nada por comodidad al nadar, y nos dirigimos hacia el barco.

Carlos nos espera en la borda, mirando como nadamos hacia él, mientras vigila la barbacoa encendida, en la unos pescados de la zona se van asando lentamente; su mirada irónica deja bien a las claras que sabe lo que ha pasado en la playa, aunque no haya visto nada. Mientras te da la mano para ayudarte a subir a bordo, veo que sus ojos se fijan en tus pezones duros, erguidos y enormes, al mismo tiempo que pregunta:

Una playa deliciosa verdad. A todo el mundo le encanta.

Ha estado muy bien, contestas, mientras me miras con picardía, lo hemos pasado de miedo.

Ya me imagino……………… contesta Carlos,- ya me imagino-,sin dejar de mirarte de arriba a abajo, al mismo tiempo que te acerca una toalla, que suavemente coloca sobre tus hombros.

Siento una punzada de celos, viendo como te “degusta” con la vista, pero al mismo tiempo me parece muy excitante la escena…….. El verano se presta a ello, pienso y, además, ¡Como para no mirarte, de lo guapa que estás!. Yo haría lo mismo………………………………………

CAPITULO III.

Cenamos tranquilamente, sintiendo como los rayos de sol dejan de chocar contra nuestra piel y como la noche cae poco a poco. El sol se apaga y la sangre se enciende, mientras la barca auxiliar, con Carlos al mando, nos acerca al puerto de La Sabina, donde desembarcamos para tomar una copa.

Cuando terminéis llamadme por el móvil y vendré a buscaros.

Ok, puede que sea tarde

Sin prisa, no necesito dormir demasiado y seguramente estaré despierto.

Te doy la mano y caminamos por las blancas calles de La Sabina, uno de los puertos más bonitos de Baleares, donde, pese a lo temprano de la fecha, hay un ambiente muy interesante. En general se trata de parejas, pues la avalancha single del verano aún no ha llegado y no lo hará hasta mediados de Julio. Los restaurantes están bastantes llenos y por eso nos cuesta encontrar mesa para tomar una primera copa. Mientras pedimos dos rones con coca cola y corteza de naranja, te miro lo guapa que estás. Te has puesto unos zapatos de tacón, pantalón y camiseta de tirantes todo blanco. No llevas sujetador, por lo que se te marcan deliciosamente los pezones contra la tela; tu culo firme está remarcado por el contorno del tanga que te has puesto, a modo de marco que resalta una obra de arte. Llevas el pelo suelto, con una diadema muy ligera y muy poca pintura, ya que no la necesitas porque el moreno ya se ha apoderado de tu rostro.

A la segunda copa, la risa hace tiempo que se ha apoderado de nosotros, mientras nos criticamos a tos nuestros conocidos, amigos o no, desde los más odiados a los más queridos; como solemos decir, “ellos harían lo mismo”. La noche y las copas caldean el ambiente y a las 12, hora bruja pòr excelencia, decidimos ir hacia Les Illetas, una discoteca junto a la playa que nos han aconsejado como una de las mejores de la isla. Parece que todos hemos tomado la misma decisión y así dos o tres mesas se levantan casi al mismo tiempo y nos dirigimos hacia el mismo lugar. Nos viene bien, porque lógicamente no conocemos bien el camino y por ello decidimos seguir a los ocupantes de la mesa que estaba al lado nuestro en la terraza del bar y a los que hemos oído decir que van hacia la Discoteca. Son un hombre y dos mujeres de aspecto nórdico, de entre 40 y 45 años, con un nivel de alcohol apreciable en la sangre. El hombre va abrazado a una de ellas, una rubia muy pechugona y con algún kilo de más, mientras la otra, bastante más delgada, camina junto a ellos.

La discoteca no nos defrauda ni mucho menos: pegada a la playa, es más un chiringuito elegante que una construcción, pero de ambiente está fenomenal, música estupenda y dos tercios de capacidad cubiertos, lo justo para estar animados y cómodos al mismo tiempo. La tercera y cuarta copa caen entre sesión y sesión de baile (no decías que no bailaba, pues esa noche lo hago y con ganas, orgulloso de juntar mi cuerpo junto a la mujer más guapa de la fiesta). A las tres estamos agotados y con una semi-borrachera de primera división, así que decidimos ir hacia la playa; buscamos un sitio discreto y no sentamos, comenzando a besarnos con pasión “Esta claro que el verano y el mar nos sienta muy muy bien”. Acarició tus tetas sobre la camisa y, sin pensar lo que digo, te susurro al oído “Sácamela y hazme una mamada”, Me miras, sonríes dulcemente y, tras bajarme la cremallera, extraes mi pene, comenzando a chupármela de un modo delicioso, tarea a la que dedicas los siguientes treinta o cuarenta segundos………. Casi nos caemos del susto, cuando los nórdicos que hemos visto antes aparecen frente a nosotros, con una borrachera mucho peor que la nuestra. Interrumpes la mamada, mientras confirmamos que, gracias a nuestra situación y al brillo de la luna, no nos ven, mientras que nosotros les vemos a ellos con toda nitidez.

No veo tu cara, pero supongo que estás tan sorprendida como yo, cuando ves como las mujeres y el hombre comienzan a besarse con pasión, sin reparar en el sexo de cada uno. Pronto caen al suelo, donde la tetona saca la polla de su pareja y comienza a chupársela, mientras la otra mujer se sitúa tras de ella, la levanta la falda y, separando el tanga, mete su lengua bien dentro de su sexo palpitante. Cuando cambian de postura y son las dos mujeres quienes se turnan en chupar la polla del hombre, siento como tu boca vuelve a situarse en torno a mi pene y reinicias tu deliciosa mamada, excitante como nunca ante la escena que contemplamos.

Mientras siento como tu boca me está llevando muy cerca del final, contemplo, como sé qué haces tú, pues tu cara mira hacia la escena, como el hombre monta primero a una y luego a otra de las mujeres, colocándolas a cuatro patas en la arena, haciéndolas gritar de un modo que debe estar enterándose hasta el DJ de la Discoteca. Por último, ambas mujeres, se turnan en chupar al unísono el pene, hasta que un primer chorro se estrella contra el rostro de la más delgada, al que seguirán otro y otros más. Por último, la más gordita exprime entre sus tetas hasta la última gota que queda en el interior del hombre; en ese momento, no puedo más y tratando de hacer el menor ruido posible dejo que todo mi semen se desparrame hacia a ti, sintiendo como no apartas tu boca y que uno tras otro mis chorros se depositan en tu boca. Una vez que el trío se ha ido hacia la disco, tras recolocarse la ropa, volvemos a hablar con normalidad:

Ha sido increíble peque, que pedazo de mamada.

Estabas muy salido con la escena y he pensado que en mi boca harías menos ruido.

Me ha encantado…….

Mi mamada o la escena….. preguntas sonriendo.

Las dos cosas……………….

Te hubiera gustado ser él…….

Si……….. pero solo si una de ellas fueses tu. Y a ti, ¿te hubiese gustado ser una de ellas?

Si, pero solo si el hombres fuese tu…….

Como me pones, nena, como me pones………………..

Tomamos la quinta copa, a modo de recuperación de las emociones pasadas y decidimos volver hacia el barco. Aviso a Carlos cuando estamos a medio camino del puerto y al llegar está allí esperando con la barca.

¿Qué tal lo habéis pasado?, pregunta mientras te ayuda a subir a bordo.

Muy bien, contesto, hay un ambiente increíble para ser junio.

Si es cierto, la noche en Formentera siempre está bien. Por cierto, estás llena de tierra, -añade, pasando su mano por tu espalda, para limpiarte la arena que efectivamente llevas pegada.

No se si son imaginaciones mías o el alcohol intensifica las sensaciones, pero tengo la sensación que la mano más que limpiarte te acaricia la espalda hasta la cintura y que, además, tarda demasiado en su labor. Nos e si es verdad o no, pero el caso que los celos me ponen cachondo y esa noche me espero en que el cabecero suene más aun que la noche anterior y que tus jadeos se conviertan casi en gritos en la noche de Baleares. Quiero que en todo el barco no quede duda alguna de que te estoy follando y que además estás disfrutando mucho con ello. Mientras te monto con fuerza, me siento como deben sentirse los ciervos en la berrea, peleando por las mejores hembras, demostrando a otros ciervos quienes son los reyes de la manada. ¡Dios, que afortunado soy!, pienso mientras veo como mi polla choca una y mil veces contra tu culo firme. Se que no te gusta, pero hoy quiero hacerlo y por eso no me cortó en azotarte con mi mano, sin demasiada fuerza, pero si con ruido, el suficiente para que en todo el barco se escuche los golpes de mi mano contra tu culo, tus jadeos y mi respiración acelerada. Nunca me he sentido así y me encanta: ¡Quiero que se sepa que eres mía! ¡Que eres mi hembra y que tu macho te está montando