Xtories

Solo la puntita

La casa está vacía y el estudio es solo una excusa. Cuando Jordi deja de acariciar su espalda y sus manos bajan más allá, Adela sabe que la disciplina escolar ha terminado. Sin condones y con la regla recién pasada, la tentación de cruzar la línea final es demasiado fuerte para resistirse.

adiirios199740K vistas8.4· 10 votos

Hola, saludos a todos,

Como en los relatos anteriores, empiezo con una breve descripción sobre mí. Me llamo Adela, tengo 26 años, soy morena, de cabello largo y mido 1,58 m (soy más bien bajita). Hago ejercicio para cuidarme y estar en forma, gracias a hacerlo puedo enorgullecerme de mi culito respingón. Mis tetas, aunque no son enormes, son bastante grandes (Talla 95C-D). También me gusta ir completamente depilada por comodidad.

Para este relato tenemos que remontarnos a mi adolescencia. En aquella época yo tenía novio, Jordi, el cual es el único que he llegado a tener y terminamos porque ambos nos pusimos los cuernos por ser unos críos y querer experimentar con más gente, así que terminamos la relación al ver que en realidad queríamos tener libertad. Jordi era un compañero de clase con el que empecé a salir, porque fue con quien perdí la virginidad y sin pensarlo mucho, empezamos a salir bajo la creencia adolescente de que por tener sexo ya teníamos que ser pareja. Nuestra relación fue bastante sexual, éramos dos adolescentes que acababan de descubrir las maravillas del sexo y cuando quedábamos solos, a la mínima acabábamos haciéndolo, por lo que aprovecho la ocasión para relataros una de esas experiencias.

Un sábado, mi familia se fue a pasar el día fuera y yo me quedé en casa para poder estudiar, ya que tenía algún examen cerca. Aprovechando que tenía la casa para mí sola, le dije a Jordi que viniese a pasar el día conmigo para que estudiásemos juntos. Cuando mi familia se fue, avisé a Jordi y en nada estaba llamando a la puerta de mi casa.

- Buenos días - le dije con una sonrisa, abriendo la puerta e invitándole a pasar.

- Muy buenas, bichito - me saludó él como siempre.

Jordi era un chico unos 10 cm más alto que yo, con el cabello corto y bastante fino. Era bastante delgado, aunque algo fibrado y junto a su estatura hacía que tuviera una complexión que le daban un aspecto de parecer más pequeño de lo que era. Llevaba unas gafas redondeadas que le daban un toque intelectual. También solía vestir con sudadera y pantalón de chándal, y aquel día no fue una excepción. Consigo traía su mochila de clase. Por mi lado yo iba vestida con unos shorts negros de algodón y la típica camiseta ancha que muchas chicas usamos para estar cómodas por casa.

Al entrar en casa y pasar por mi lado, como siempre que estábamos solos, Jordi me saludó con un breve beso en los labios y una palmada en las nalgas.

- Bueeeno, ¿dónde nos pondremos a estudiar? - me preguntó tras la palmada.

- Hoy podemos estudiar en el salón, como estamos solos nadie nos molestará.

Estuvimos un buen rato estudiando, pero a la mínima Jordi aprovechaba para poner su cálida mano en mi muslo y acariciármelo suavemente de arriba a abajo, haciendo que me desconcentrase por el placer. Él lo sabía y al notarlo soltaba una suave risita de satisfacción. Llegó un punto en que necesitaba un descanso.

- ¿Te apetece que nos tomemos un descanso y vayamos al sofá a ver algo en la tele? - le pregunté, así yo también me despejaba un poco de estudiar y de sus caricias furtivas.

- Claro bichito, como quieras - me respondió y acto seguido me dio un beso en la mejilla.

Él se sentó en el sofá y yo me recosté sobre sus piernas. Encendimos la tele y nos pusimos a ver La que se avecina, que prácticamente la daban a todas horas. Al principio Jordi solo me acariciaba el pelo, pero poco a poco se fue animando y pasó de acariciarme el pelo a colar su mano por el cuello de mi camiseta y acariciarme la espalda. Al notar su mano, tocando suavemente mi espalda desnuda, se me erizó la piel. Mientras me acariciaba la espalda, podía notar como bajo mi cabeza, tras la tela de sus pantalones, su miembro empezaba a hacer un amago de despertarse. Es entonces cuando lentamente, mientras me acariciaba la espalda, fue bajando hasta llegar al inicio de mis nalgas. Sus tentadoras caricias hicieron que me recolocase ligeramente, subiendo ligeramente mi cuerpo para que llegase mejor a mis nalgas. Casi como si fuese lo que él estaba esperando, coló su mano bajo mis bragas y mi pantalón y empezó a acariciarme el culo. Poco a poco sus caricias dejaron de ser suaves para ser más agresivas, empezando a agarrarme firmemente del culo. Aquello me excitó e hizo que me humedeciese.

- Bichito... No sabes lo que me encanta tu culo... - me dijo aparentando fuertemente mis nalgas.

- Ay... Pues no sabes lo que me encanta eso... - le respondí.

Casi como si le hubiera animado, al decirle eso, su miembro se despertó del todo y notaba su dureza escondida bajo el pantalón. Me enderecé y empecé a darle besos por el cuello mientras yo colaba mis manos bajo su ropa para acariciarle el pecho. Jordi, por su parte, siguió magreándome el culo. Pasé de su cuello a su boca y nos fundimos en un ferviente beso, donde nuestras lenguas se buscaban y deseaban con ganas.

- Bichito... ¿Sigues aún con la regla? - me preguntó cogiendo aire después del beso.

- No, al fin ya no - dije sonriente casi celebrándolo.

- ¡Al fin! - exclamó alegre y excitado.

Justo hacía un día que había parado. En aquella época, que todavía no tomaba la píldora para regular la regla, podía estar más de una semana con ella. Cuando menstruaba nunca teníamos sexo con penetración, aunque eso no implicaba que yo no pudiera hacerle otras cosas, pero sí hacía que yo luego estuviese un poco necesitada de atención.

Jordi, animado al saber que al fin iba a poder metérmela, empezó a acariciarme los labios vaginales.

- Ahh... - gemí casi como un suspiro.

- Bichito... me encanta cuando me la comes, pero no sabes las ganas que tengo de follarte ese coñito... - declaró deseoso introduciendo uno de sus dedos dentro de mí.

Lentamente, su dedo índice empezó a colarse dentro de mi humedad. Su dedo, ávido y ya conocedor de mi sexo, empezó a palpar mis adentros.

- Ahh... - se me escapó un leve gemido.

Como si ese gemido fuese un reclamo para él, se separó de mí para colocarse delante de mí, introducirme ahora no solo su dedo índice, sino también. Sus dedos ejercían presión y frotaban la parte superior de mi vagina, haciendo que aún me empapase más. Para acallar mis gemidos me volvió a besar, introduciendo completamente su lengua dentro de mi boca. Mis manos recorrían su espalda, mientras mi respiración se aceleraba por la excitación. Para terminar de acelerarme del todo, Jordi usó su pulgar para frotar mi clítoris sin sacar los dos dedos que ya tenía en mi vagina. No tardé mucho empezar a temblar mientras mi vagina se contraía, avecinando un orgasmo, cuando estuve a punto de tenerlo, él se detuvo.

- Je, je, je... Quiero que te corras cuando te folle. - me dijo con una sonrisa pícara.

Su deseo me calentó aún más, sin decir nada y casi con urgencia por tener ese orgasmo interrumpido, le cogí de la mano, nos levantamos del sofá y nos dirigimos a mi habitación. De camino a mi habitación, cuando pasamos por al lado de la mesa donde hacía un rato, habíamos estudiado, Jordi agarró su mochila. Nada más llegar a mi habitación, me quité la camiseta, dejando mis pechos al aire y Jordi me tumbó en la cama, quedándose él de pie para quitarse la parte de arriba mientras yo le observaba. Acto seguido, se inclinó encima de mí y me besó con la misma fogosidad que en el sofá, pero ahora a la vez, sobando uno de mis pechos con una mano mientras con la otra se sostenía en la cama. Antes de separarnos succionó y me mordió mi labio inferior.

- Bufff... Vas a ver... - dijo casi como una amenaza.

Empezó a bajar hasta mis piernas y tiró de ellas para colocarme al borde de la cama, allí me bajo los shorts y las bragas, para liberar mi sexo.

- Es precioso... - dijo contemplando mi sexo.

Acto seguido, vorazmente pasó su lengua por mis labios vaginales. Inconscientemente, mi mano derecha se colocó sobre su cabeza, casi empujándolo hacia mi vagina. Seguidamente, su lengua pasó a mi clítoris, lamiéndolo en círculos, asimismo, introdujo otra vez sus dedos en mi sexo y volvió a frotar por la parte superior, como si estuviera buscando mi clítoris desde dentro. Aquello me volvió loca, mis gemidos se volvían desenfrenados y cuando Jordi volvió a notar que me iba a correr se detuvo.

- Noo... Estaba a punto... - le dije con un quejido.

- Ya te lo dije, no te vas a correr hasta que no te la meta... - sentenció firmemente.

Se separó y fue a su mochila, al principio miró en un bolsillo, pero empezó a ponerse nervioso y a rebuscar por toda la mochila.

- Mierda... No me jodas - dijo inquieto

- ¿Qué ocurre? - le pregunté empezando a preocuparme.

- Me he dejado los condones en casa... - dijo con voz triste.

Aquello me dejo helada, después de que hubiese parado dos veces cuando estaba a punto de correrme, casi era ya una necesidad para mí.

- No... - dije frustrada.

- Oye... ¿Y si lo hacemos sin? Yo voy con cuidado... - me planteó.

- ¿Qué? ¿Pero qué dices? - respondí sorprendida e incorporándome en la cama para sentarme contra el respaldo.

- Sí, yo voy con cuidado, la saco antes - dijo con tono de voz tranquilizador y acercándose para sentarse junto a mí.

- Uff... No se... Creo que mejor no... - dije dubitativa.

- Bueno, pues entonces nos vestimos y lo dejamos así, ya otro día seguimos

- Pero tampoco me dejes así... - solté casi implorándole.

- Oye que yo también me estoy quedando con las ganas eh... - se quedó pensando unos segundos y me dijo - ¿y si te meto solo la puntita?

Al principio dudé, pero en aquel momento yo estaba tan caliente y con ganas de terminar, así que finalmente le respondí

- Bueno, pero solo la puntita y vas con cuidado eh... No te corras dentro...

Al decirle eso Jordi me dio un beso breve y se colocó encima de mi. Yo abrí mis piernas dejándole vía libre a mi sexo, Jordi agarró su pene y empezó a restregar su glande contra la entrada de mi sexo. Ese simple roce, con lo excitada que yo ya estaba, me produjo un placer indescriptible. Poco a poco se empezó a aventurar a introducir el glande dentro de mí y siguió metiéndolo y sacándolo lentamente. Si ya el roce me dio un gran placer, aunque solo fuese el glande, me deleitaba como pocos lo han hecho. Mi vagina rodeaba su glande y se aferraba a él, pidiendo más. La velocidad con la que su glande entraba dentro de mí aumentó, nuestra respiración cada vez más era más agitada y yo no podía parar de gemir. En el frenesí sexual, hubo un momento en el que su pene entró completamente dentro de mí.

- ¡AAAAHH! - Grité extasiada.

- Lo-lo siento... Es que estás tan mojada que entró...

Nunca había follado a pelo, aquello era nuevo para mí. Sentir como me llenaba sin barreras con lo encendida que estaba me llevó a decirle:

- Sigue... Sigue... - le exigí.

Jordi, sin pensárselo ni una sola vez, empezó a follarme con energías. De fondo se oían nuestros gemidos, nuestra respiración acelerada, el ruido de las acometidas cuando nuestras pelvis chocaban y un leve sonido producto de mi lubricación al entrar y salir su polla de dentro de mí. Al poco rato los temblores volvieron y mi coño aún se contrajo más.

- AAAHH... ¡SII! - Grité al tener un orgasmo.

Noté como mi vagina al correrme se contraía espasmódicamente alrededor de la polla de Jordi. De repente él también soltó un gemido y noté como algo caliente inundaba mis adentros. Por alguna razón que no entendía aquello, aún me hizo sentir más placer e inconscientemente abracé a Jordi contra mí.

- Joder... Lo siento, me corrí dentro.. Pero es qué… Es que… - dijo sin aire.

- Ha sido nuestro mejor polvo... - le dije antes de besarle.

Al separarnos, nos echamos sobre la cama y me recosté sobre su pecho.

- Joder... Tu coño sin condón se siente genial... Era... Era...

- Tu polla sí que se sentía genial - le interrumpí. - Hasta cuando te has corrido se sentía increíble.

Estuvimos un rato alabándonos y dándonos arrumacos. Y al cabo de un rato repetimos la experiencia, esta vez conmigo a cuatro patas y él agarrándome de las caderas. No logramos aguantar mucho rato sin corrernos otra vez y yo volví a sentir el placer de notar el semen inundándome.

Al día siguiente fuimos los dos a una farmacia algo apartada de dónde vivíamos porque nos daba vergüenza pedir la píldora del día después. A pesar de que aquella experiencia fue genial, no lo repetimos más por miedo a las consecuencias que podía haber, y yo solo lo volví a dejar que se corrieran dentro a partir de empezar a tomarme las píldoras anticonceptivas.