Y los sueños, sueños son. - Cap. 14
Un video en el móvil destruye la imagen que su hijo tenía de ella. Ahora, la vergüenza y la rabia lo ciegan, y él está decidido a hacerla pagar por cada segundo de humillación.
Joan – septiembre 2009 – (Ídolos caídos)
Después del incidente en la fiesta de Francisco y Esther, mi relación con Marta volvió a enfriarse y evitaba el contacto incluso en eventos con los chicos, alejándome de ella todo lo posible. Evidentemente los chicos se dieron cuenta, pero solo Paula mostró su disconformidad lanzándome algún que otro reproche por mi actitud distante hacia su madre, pese a sus 8 años, mi hijita tenía muy claro cómo debían de ser las relaciones afectivas entre los padres y desde luego, yo no aprobaba el examen según sus parámetros.
Pol, había empezado 1º de bachillerato y el primer día volvió a casa con una noticia sorprendente. En su clase estaba matriculado Edgar, el hijo de Pilar y Toni, al que no veía desde que ambos eran muy pequeños. Lo reconoció por su nombre y apellidos ya que apenas recordaba nada de aquella época de la infancia. Pol me dijo que cuando se acercó a él para saludarlo, le recibió con desprecio y chulería, por lo que mi hijo lo dejó al poco rato, ya que no quería perder el tiempo con alguien tan desagradable.
Lo que Pol me contó como una anécdota del primer día de clase, a mí me revolvió el estómago al recordar como sus padres fueron colaboradores necesarios que ayudaron a causar un daño irreparable a mí familia. No acababa de entender como Edgar había ido a parar a un instituto público que, aunque era muy bueno, no podía rivalizar con las entidades privadas de gran prestigio y exclusivas para familias pudientes en los que Edgar acostumbraba recibir su educación desde pequeño. No sé si me estaba volviendo paranoico en lo referente a Pilar, pero aquello no era normal. ¿Su hijo en un instituto público y precisamente en el de mi hijo? Casualidades las justas, tenía que averiguar qué estaba pasando para anticiparme a cualquier movimiento de esa arpía ausente de nuestras vidas desde hacía tres años. Hice algunas llamadas para averiguar que terreno estaba pisando.
A principios de diciembre me encontraba en el asiento del copiloto del coche que Katy conducía por la autopista, a punto de cruzar la frontera para entrar en España de regreso de un corto viaje de trabajo en Toulouse. Recordé que había silenciado mi smartphone y pude comprobar que tenía varias llamadas perdidas, así como mensajes de texto desde el instituto de mi hijo. En todos ellos requerían mi presencia en el instituto por un incidente relacionado con Pol y otros alumnos, y que Marta ya estaba informada. Le pedí a Katy que me llevara al instituto de mi hijo lo más rápido posible y ella respondió pisando el acelerador de su Aston Martin DB9 para obtener toda la potencia de su motor.
Pol – diciembre 2009 -
Desde el inicio de curso Edgar y sus cuatro amigos de bachillerato, los típicos abusones que pululan en cualquier clase, no habían parado de buscarme las cosquillas para que perdiera el control y reaccionara a sus provocaciones. No sabía exactamente porqué Edgar hacia eso ya que no tenía ningún motivo para ello, pero estaba claro que iba a por mí. Estuve tentado de partirle la cara en más de una ocasión, cosa que no me hubiese costado el mayor esfuerzo, pero gracias a Xavi, mi mejor amigo que se esmeraba en calmarme, pude evitar meterme en problemas ignorando los intentos de Edgar para desquiciarme. Pero a pocos días de que llegaran las vacaciones de Navidad todo estalló.
Estaba en la biblioteca intentando acabar unos ejercicios de matemáticas que se me resistían cuando llegó Xavi hasta mi mesa. Su cara era de franca preocupación y me miraba como si tuviese dolor de estómago.
- Joder Xavi, vaya cara que traes… ¿te pasa algo?
- Pues estoy jodido y lo peor es que lo que está pasando no te va a gustar… para nada.
- ¿Cómo que no me va a gustar, de que estás hablando?
- Pol, mejor vamos a un sitio donde podamos estar solos.
- En el gimnasio a esta hora no hay nadie, vamos, pero tío, dime algo que me estas asustando.
- Aquí no… vamos.
Llegamos al gimnasio y nos aseguramos de cerrar la puerta para que nadie nos molestase. Xavi no sabía por dónde empezar de lo nervioso que estaba y tuve que tranquilizarlo para que empezase a hablar.
- Mira tío, lo que te voy a contar es muy fuerte, pero quiero que sepas que no ha salido de mí, y prométeme que no harás nada de lo que puedas arrepentirte después.
- Xavi, ya sabes que yo controlo, suéltalo ya de una vez.
- Vale. Como sabes tengo un primo en 2º de bachillerato y me ha enviado un video porno al móvil. Lo primero que he pensado es ir a los lavabos para hacerme una paja viendo el video, pero… joder, esto es muy difícil…
- Venga ya, déjate de hostias y continua…
- El caso es que me he encerrado en el cagadero y he empezado a ver el video y… bueno eran 3 tíos y una tía buena que se encuentran en un piso para follar, pero cuando he escuchado como hablaban en español, he alucinado con lo que decían, y al fijarme mejor en la tía… la polla se me ha caído al suelo de golpe…
- ¿Y eso? – pregunté expectante -.
- Pues… la mujer… es… es tu madre.
- ¿Queeeé?... te voy a partir la cara cabrón, con mi madre ni una broma…
Me levanté para zurrarlo por la broma de mal gusto, pero él extendió los brazos mostrándome su teléfono.
- Por favor Pol, te juro que es verdad, míralo tú mismo – me tendía su móvil -.
Lo cogí incrédulo y furioso, posponiendo el momento para matarlo por esta gilipollez, convencido de que vería un video donde aparecería una mujer que se parecía a mamá y que a Xavi le sería gracioso ver mi cara de imbécil. Pero no entendía que Xavi preparase una cosa así con tal mala baba, éramos los mejores amigos desde primaria y habíamos pasado por momentos difíciles como el divorcio de mis padres, la terrible muerte de su madre hacia poco más de un año, y siempre habíamos estado el uno para el otro. Empecé a preocuparme de verdad cuando observé su cara y ver que estaba a punto de llorar.
- Ponte los auriculares – dijo Xavi – no quiero volver a oírlo.
Cuando pulsé la pantalla táctil del teléfono y empezó el video, mi mundo se desplomó en ese momento. Reconocí a mi madre al instante, aunque debía de tener unos 10 años menos, no había duda de que era ella. Al que también reconocí fue a Toni, el padre de Edgar, a quien no había visto en los últimos 4 años, pero con toda seguridad era él. Oí perfectamente como Toni presentaba a mi madre como su “putita personal” que iba a compartir con sus dos amigos, que estaba casada con un hijito (yo) y que le encantaba ponerle los cuernos a su marido (mi padre). Para mi sorpresa ella confirmaba que era la puta de Toni y que también lo sería de esos dos, y que quería que la follasen todos para “hacer crecer los cuernos de su maridito”. Tras esto entraban en una habitación, se desnudaban y empezaban a follarse a mi madre entre los tres, llenaban simultáneamente todos los agujeros de mamá con sus penes, intercambiándose entre ellos hasta la finalización del video.
Ver a una mujer hacer todos esos actos sexuales podría ser excitante para un chico de mi edad, pero que la protagonista sea tu madre, se convierte en una tortura insufrible, mucho más duradera que los 14 minutos del video. Pero más allá del sexo infiel de mamá, de la obscenidad de sus actos, lo que me rompió el alma fueron las palabras que se decían. Por lo menos en cuatro ocasiones se oía a Toni preguntarle a mamá “¿cómo se llama el cornudo de tu marido?, dilo bien alto puta”, y ella gritaba extasiada “JOAN… JOAN”, y también le decía “te vamos a preñar entre los tres, zorra, vamos a darle un hermanito a tu niño, diles a mis amigos como se llama tu hijito, venga puta… díselo”. Y ella gritaba…” POL”… mi nombre… gritaba mi maldito nombre.
Devolví el teléfono a mi amigo que lloraba por mí, como lloró cuando perdió a su madre y ahora lo hacía por cómo yo estaba perdiendo a la mía. Pero yo no lloré, por muchas ganas que tenia de hacerlo no podía, solo sentía rabia, ira, dolor y decepción. Uno de los pilares de mi vida acababa de derrumbarse frente a mis ojos y no podía calibrar las consecuencias de ese derrumbe. Recordé ese día en que me sentí abandonado por mi madre cuando no vino a recogerme a la escuela y tuve que dormir en casa de la directora. Aún puedo percibir el dolor y el miedo que sentí en ese momento y que tardó mucho tiempo en desaparecer. Ahora estaba seguro que no apareció por la escuela porque debía de estar follando con otros, engañando a papá, traicionando nuestro amor. Pero ese dolor que recordaba de cuando era un niño no era nada comparado al que sentía en este momento. Ahora comprendía el porqué del divorcio de mis padres, todo tenía sentido y la incomprensible versión de que papá había dejado de amar a mamá, se iba directamente a la papelera.
- ¿Lo ha visto alguien más? – pregunté a Xavi -.
- Está corriendo entre los que tenemos smartphone y aunque tu madre aparece más joven en el video, es fácil reconocerla si la has visto alguna vez. Ya sabes quién ha empezado todo esto, ¿verdad?
- Edgar – pronuncié su nombre con rabia -, y lo va a pagar muy caro…
- Pol, no vayas a cometer una estupidez…, sabes que ese cobarde se esconde tras sus “centuriones” que le protegen, no podrás con ellos.
- Eso ya lo veremos…
- Pues no te voy a dejar que vayas solo, si hay que repartir, repartiremos juntos.
- No te metas Xavi, esta es mi guerra…
- Colega, tu guerra es la mía también.
- Vale, cuando empiece el baile ocúpate del “gordo”, es el más fuerte de todos pero también el más lento, de Edgar y de los otros tres ya me ocupo yo.
- Pero son cuatro contra uno, vamos a distribuir mejor los objetivos…
- Sé lo que me hago Xavi, confía en mí…
Sabía de qué estaba hablando, no en vano pasé los dos últimos años entrenando defensa personal algunos viernes en el pequeño gimnasio del chalet de Katy, la socia de papá. Vaya mujer, todo lo que tenía de guapa lo tenía de mala leche peleando, era una crack repartiendo hostias y hoy iba a pasar la prueba del algodón de lo aprendido. Pensaba dejar de banda los consejos de mi padre de no hacer más daño del necesario al oponente y hacerle caso a mi “maestra” en sus reglas principales de combate, “en inferioridad manifiesta, aparentar debilidad para generar confianza en el oponente, visualizar la pelea antes de iniciarla, elegir primero a los más fuertes dejando al débil para el final, y por último, hacer mucho… mucho daño sin conceder opciones a la réplica”
Fuimos a buscar a Edgar y lo encontramos con sus cuatro guardaespaldas en el campo de fútbol del insti. Me estaban esperando ya que sonreía burlón junto a sus amigos y no tardó en regodearse.
- Vaya, aquí tenemos al hijo de esa zorra, ¿vienes a comentar las escenas más guarras de tu mami? Si quieres nos la podemos cascar juntos, yo ya lo he hecho un montón de veces viendo lo puta que es, jeje…
- Edgar, deja de compartir ese video o te lo vas a tragar – dije cabreado -.
- Vaya, vaya, que valiente te veo, ¿y quién va a hacer eso que dices, tú y la “llorona” de tu amigo?
- Esta llorona te va a meter tu teléfono por el culo – dijo Xavi -.
- Vamos... vamos…, ya será menos…
- ¿Por qué estás haciendo todo esto Edgar? ¿qué te he hecho yo? – necesitaba respuestas -.
- Eres el hijo de tu padre, que ha arruinado la vida al mío y también la de mamá y la mía, por eso estoy en esta mierda de instituto cuando debería estar estudiando con la élite de este puto país…
- No entiendo – dije confuso -.
- Me da igual si lo entiendes o no, te vamos a dar una paliza que no olvidarás, pero esto no acabará aquí, ahora todo el mundo sabrá lo zorra que es tu madre, que fue la puta de mi padre que hizo con ella lo que quiso. Lo que se ve en este video no es nada comparado con las cosas que mi padre le ordenaba hacer porque era su perra sumisa. Y cuando tu hermanita Paula tenga algunos años más, la voy a convertir en mi puta como papá hizo con tu madre, haré que la revienten entre tantos tíos que ni te lo imaginas. Eso es el futuro que te espera. Pero lo primero es lo primero.
Edgar hizo una señal a sus amigos que avanzaron hacia nosotros para iniciar la pelea. Si antes de oír a Edgar pensaba hacerle mucho daño, ahora, tras las palabras que dijo sobre mi hermana lo iba a destrozar.
Treinta minutos más tarde Xavi, yo y tres de los amigos de Edgar estábamos siendo atendidos en la enfermería del instituto, y dos ambulancias acababan de partir hacia el hospital con Edgar y otro de sus colegas. La pelea no duró demasiado, mucho menos de lo que hubiese deseado ya que varios profesores acudieron rápidamente a separarnos. Aun así, pude zurrar a ese cabrón lo suficiente como para enviarlo al hospital. Aunque me sentía satisfecho al haberme desfogado descargando mi ira en la pelea, era consciente que el verdadero dolor empezaba a partir de ahora y que la relación con mi madre jamás volvería a ser la misma.
Joan – diciembre 2009
Mientras Katy buscaba un hueco donde aparcar el coche, entré en el instituto para reunirme con el director. Me habían avanzado algo sobre una pelea entre los chicos, pero sin entrar en detalles. Desde secretaría pude ver que en el despacho acristalado junto al director ya se encontraba Marta y el jefe de estudios. Al entrar en el despacho las caras de extrema preocupación de los responsables del instituto y a mi ex con la cabeza gacha sin atreverse a mirarme, avanzaban que la cosa era grave. El director tomó la voz cantante.
- Hola a todos, el motivo de esta reunión urgente es debido a unos gravísimos e intolerables hechos que hoy han tenido lugar en este instituto y que inevitablemente tendrán repercusiones en los expedientes académicos de los alumnos implicados, sin descartar las posibles derivadas a nivel legal. Iré directo al grano, su hijo y su amigo Xavi se han enzarzado en una violenta pelea con otros cinco alumnos de su clase con el resultado de que ellos dos y otros tres alumnos han tenido que ser atendidos por lesiones de diversa consideración en nuestra enfermería. Lo preocupante es que otros dos alumnos, en concreto Edgar y Rafa, están ingresados en el hospital. Rafa tiene un brazo roto, así como la nariz y ha perdido un par de dientes. El caso de Edgar es más preocupante ya que tiene una pierna rota, una lesión importante en un ojo, tres costillas rotas con la mala suerte de que una de ellas ha provocado una laceración pulmonar que necesitará cirugía para suturar la perforación y drenar el sangrado interno del pulmón. Aunque los dos se recuperarán y no corren un mayor peligro, no deja de ser un pronóstico terrible.
- Lamento mucho lo ocurrido y asumiré la responsabilidad y cualquier medida necesaria para la sanación y reparación de los daños causados por mi hijo. ¿Cómo está Pol y los demás de la enfermería?
- Están bien, demasiado bien para lo que se merecen – gruñó el director - Raúl, el padre de Xavi está con ellos y en la otra sala de la enfermería están los padres de los otros tres chicos lesionados.
- ¿Saben qué ha provocado la pelea? – pregunté mientras Marta seguía con la cabeza baja -. ¿y quién la ha empezado?
- Las imágenes del campo de fútbol dan a entender que las dos partes buscaban lo mismo, por lo que no podemos discernir quien empezó, aunque visualizando con detenimiento de las imágenes, supongo que podremos sacar más conclusiones. Lo que sí que sabemos es cuál ha sido el detonante y ahí empieza el otro problema.
- ¿Qué quiere decir con otro problema? – pregunté extrañado -.
- Como le he comentado a su… exesposa, Edgar ha difundido entre diferentes alumnos del instituto un video con alto contenido sexual en el que aparece la Sra. Marta. – el jefe de estudios puso un DVD grabable sobre la mesa – Esta copia es para usted por si quiere emprender alguna acción legal. Entendemos que la difusión indiscriminada del video pornográfico ha sido el causante de la reacción de su hijo Pol hacia el instigador de la difusión. Para minimizar los daños en lo posible hemos actuado con la mayor rapidez, requisando los móviles de los alumnos a los que se les han enviado las imágenes, siguiendo toda la cadena de reenvíos que se han hecho, pero no podemos garantizar que el video haya llegado a móviles de otras personas ajenas al instituto.
Ante la situación relatada, Marta seguía sin decir nada y apenas podía contener el llanto, respirando agitadamente con la mirada perdida sobre algún punto inconcreto del escritorio. El director le sirvió un vaso de agua y le tendió una caja de pañuelos de papel.
- Sra. Marta, nuestra intención no es dar lecciones de moralidad a ningún adulto, pero debemos aconsejarle que limite al máximo su presencia por el instituto mientras dure el proceso para establecer las sanciones pertinentes, por su bien y por el de la imagen de la entidad. Entiendo que esto va a ser muy difícil para usted, pero le aconsejo que no se deje intimidad por la situación ni por nadie, concéntrese en sí misma y apóyese en las personas que la quieren, olvídese del resto.
- ¿A qué sanciones se enfrentan los chicos? – pregunté para reconducir el tema fuera de la vergonzante situación de Marta -. ¿hasta dónde pueden llegar?
- De entrada, se les va a suspender hasta después de Navidad, pero si quiere que les sea sincero, definitivamente todos ellos serán expulsados del instituto. Los incidentes son demasiado graves como para perdonar su conducta. Lo siento mucho, sobre todo por Xavi y por su hijo Pol, que son unos chicos excelentes en todos los aspectos, pero no tenemos otra opción.
- Por mi parte, – ahora hablaba el jefe de estudios mirando al director – ya que el director no nos oye, les proporcionaré unas excelentes recomendaciones académicas para que sean aceptados en un instituto público del mismo nivel que el nuestro – me tendió un sobre cerrado - Que esto quede entre nosotros.
- Agradezco su interés y su ayuda – dije de corazón -.
- Los acompañaré a la enfermería para que recojan a su hijo, síganme por favor.
Marta – diciembre 2009
Salí de ese despacho siguiendo al jefe de estudios y a Joan, caminando por largos pasillos con la sensación de que todos los chicos que nos cruzábamos me miraban con cara de burla obscena. La vergüenza que sentía en ese momento me aplastaba comprimiendo mi corazón y el miedo a enfrentarme con mi hijo después de haberme visto en esas imágenes, estaba a punto de llevarme al colapso.
Mientras esperaba la llegada de Joan, el director me había dejado sola en una sala para que visionase el video que había provocado la reacción airada de mi hijo contra Edgar y su grupo. Recordar aquello, mis acciones, mis palabras, mi vileza, me arrastró al nivel anímico más bajo desde mi divorcio, ya no podía descender más en ese infierno en el que se había convertido mi vida. Solo de imaginar lo que pensaría Pol de mi después de ver todo lo que su madre era capaz de hacer y de decir de él y de su padre a esos hombres extraños que la poseían con lujuria desatada, me revolvía las tripas y me confirmaba la basura de madre que era. Una cosa es que yo lo supiera y otra que ahora mi hijo también.
Al llegar a la enfermería Pol y Xavi estaban sentados en la misma camilla mirando nuestra llegada con cierta indiferencia, aunque en el caso de Xavi lo hacía con un solo ojo ya que el otro lo tenía completamente cerrado por la hinchazón. Ambos tenían las manos vendadas y a Pol se le apreciaba el labio inferior partido. Raúl, el padre de Xavi salió a recibirnos.
- No os preocupéis, los chicos están bien. Ya les he pegado la bronca pertinente, ahora te toca a ti – se dirigía a Joan – insistir con Pol, que tome conciencia de que lo que han hecho no está bien.
- Yo me ocupo - digo Joan con evidente cabreo – Lo siento mucho Raúl, lamento que Pol haya arrastrado a tu hijo con él.
- No te preocupes, todo se arreglará de una forma u otra, esto les servirá de lección para que en un futuro piensen en las consecuencias antes de actuar, de todas formas, quedémonos con la parte positiva, la importancia de la lealtad y de la amistad.
- Bueno, es una manera de verlo – contestó Joan poco convencido -.
- Adiós Joan, ya nos veremos. Adiós Marta – dijo a continuación sin detenerse ante mí –
- Lo siento Raúl – solo pude decir, aunque dudo que me escuchase -.
Raúl hizo una señal a su hijo y este salió del box para seguir a su padre hasta la salida. Al pasar por mi lado Xavi no quiso ni mirarme.
Entramos en el box y Joan se encaró con nuestro hijo que mantenía con firmeza la mirada de su padre. Joan estaba enfadado con Pol, pero sobre todo lo debía de estar conmigo, por provocar esta situación que dejaba al descubierto el secreto que intentamos ocultar a nuestros hijos para mantenerlos al margen de la debacle que originó la ruptura de nuestra familia.
- Sabes que lo que has hecho está mal, ese nunca es el camino y no has solucionado nada. Y sabes que esto tendrá consecuencias…
- Pero por un momento me he sentido en paz liberando mi rabia.
- ¿Y ahora, cómo estás?
- Me siento como una mierda, papá. Llévame a casa…
- Pol… yo… lo siento – me atreví a pronunciar –
Alargué el brazo para intentar tocarlo, pero él apartó su hombro y se bajó de la camilla para salir de allí ignorándome totalmente. Joan me miró con una cara inexpresiva y se fue tras él mientras yo me sentía despreciada por dos de las personas que más amaba. No podía dejar que mi hijo se fuera sin poder hablar con él, que oyera mis disculpas y entendiera que hacía muchos años que yo ya no era aquella persona despreciable que aparecía en ese video.
Decidí ir tras ellos y los alcancé en el aparcamiento donde les esperaba Katy con su precioso coche deportivo. Aceleré el paso para llegar a su altura antes que se fuesen y grité a mi hijo para que me esperase.
- Pol, por favor… tenemos que hablar – grité para llamar la atención de mi hijo -.
Pero Pol se desentendió de mis palabras y se metió en la parte trasera del deportivo mientras Joan se sentaba en el asiento del copiloto y cerraba la puerta. Katy se quedó de pie sin entrar en el vehículo, como dudando si hacerlo o bien esperarme para decirme algo. Al llegar golpeé la ventanilla para que Pol me atendiera, pero simplemente giró su cabeza para mirar al lado contrario de donde yo me encontraba.
- Déjalo Marta, no es buen momento. – dijo Katy -.
- Estarás contenta ¿no?... ya lo has conseguido, te llevas a mi marido y a mi hijo – dije desesperada y con lágrimas en los ojos -. Estás con Joan, ¿no?
- No Marta, por lo menos no como tú crees, no he estado con él así desde la universidad en EEUU y nunca más se repitió. No entiendo como habiendo conseguido lo mejor no has parado de cagarla hasta perderlo todo. Ya has hecho suficiente daño a los que te querían, déjalos en paz. Tienes suerte de que Joan es una buena persona, que si dependiese de mí, tal como te dije el día de tu boda ya te hubiese destruido, aunque para eso ya te vastas tú solita.
Sin decir nada más, subió a su coche y me dejó plantada en medio del aparcamiento mientras partían como en una alegoría en la que se alejaba de mí otra persona a la que tanto amaba, y todo por mi culpa. No me encontraba en condiciones de conducir y cogí un taxi para volver a casa para esperar a las dos únicas personas de mi familia en las que podía apoyarme, mi madre y mi hijita Paula.
Esa noche Pol no regresó a casa y recibí un mensaje de Joan de que dormiría en su piso. Paula estuvo preguntando por su hermano y porque yo no paraba de llorar. Por suerte mi madre se quedó a dormir con nosotras y se ocupó de distraer a la niña todo lo que pudo. Al día siguiente, mamá se llevó a Paula de compras ya que no tenía clase al ser sábado. Sobre las 11 de la mañana oí como se abría la puerta y vi que era Pol. Fui corriendo a su encuentro, pero me detuvo al instante extendiendo sus brazos para que no me acercase a él.
- No me toques, Marta – por primera vez en la vida me llamaba por mi nombre en lugar de mamá – He venido a recoger todas mis cosas, papá está afuera con una furgoneta. Ya no quiero vivir aquí nunca más, viviré con papá.
- Pero hijo… déjame explicarte…
- Puede que sea tu hijo, pero yo ya no te considero mi madre. La madre que conocía jamás nos hubiese hecho eso. Me avergüenzo de ser tu hijo. Solo de pensar cómo pudiste traicionar a papá, y el dolor por el que le has hecho pasar todos estos años, viendo como sufría al ver como Paula se alejaba de él mientras no lo hacía contigo, cuando fuiste tú la que rompió nuestra familia. Nunca te lo perdonaré y no quiero verte nunca más.
- Hijo… por favor – me puse de rodillas llorando – hace muchos años que ya no soy esa horrible persona, cambié por amor a todos vosotros, por favor no me dejes.
- Es que no puedo ni verte… solo veo las imágenes tuyas con esos hombres – ahora también lloraba – no puedo… no quiero… no te quiero en mi vida. No voy a decirle nada a Paula porque no lo entendería, pero algún día, cuando tenga capacidad de comprender se lo contaré, para que sepa cómo es su madre en realidad. Ahora déjame recoger mis cosas.
Sin decir nada más subió las escaleras para ir a su habitación. Yo no sabía qué hacer ante lo que acababa de decirme mi hijo, el dolor que sentía paralizaba mi mente. Vi a Joan afuera, esperando en el jardín y salí a suplicarle que intercediera por mí.
- Joan, por favor, habla con Pol, detén esta locura… no puedo perderlo a él también.
- No puedo hacer nada Marta, por lo menos en este momento. Necesita procesar su dolor, su rabia y su ira, como lo tuve que hacer yo en su día, pero él solo es un chico al que sus pilares donde se apoyaba le han fallado y se siente perdido mientras cae al vacío. Supongo que con el tiempo podrá asimilarlo y tendrá más argumentos para tomar decisiones de adulto. Ahora debes dejarlo marchar y esperar a que madure.
- Pero yo ya no puedo vivir así – dije mostrando mi frustración -.
- Pues ahora no puedes fallar, te debes a Paula, ella no debe pasar por esto y tenemos que preservarla del dolor a toda costa. Tómatelo como tu misión en esta vida. Solo puedo decirte esto.
Tras esta conversación me senté en el sofá de casa mientras veía el ir y venir de mi hijo trasteando sus cosas hasta el exterior de la casa. Cuando terminó se marchó sin decir palabra, ya lo había dicho todo y no me quedaba otra que aceptar este nuevo revés que mis acciones pasadas habían provocado.
Solo podía agarrarme a la esperanza de las palabras de Joan, que con el tiempo Pol recapacitase bajo otra perspectiva y volviera a aceptarme como su madre y se olvidara de la puta desfasada que había visto en ese maldito video.
Continúa en
- Relato #205855— title-regex: contiguous parts (13 -> 14)
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