Xtories

Mi problema (V)

La doctora y su paciente llegan a su puerta con una propuesta que desafía toda norma médica. Entre risas y desnudez, Andrés descubre que su 'tratamiento' implica mucho más que curas: implica entrega total, electricidad y límites que se borran en cada embestida.

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Tras la experiencia junto con la doctora y Ana, el tratamiento continuó y muy a pesar mío con la frialdad que entre semana caracterizaba esas sesiones a solas con la enfermera.

El sábado, como siempre, la esperaba para nuestra sesión “especial”. Tocaron al timbre y abrí la puerta sin mirar por la mirilla ya que sabía que era ella. Al abrir la sorpresa fue mayúscula. Aparecieron las dos, la doctora y Ana, frente a mi portal, que iban tapadas con dos gabardinas de color beige (aunque era verano). Al unísono se abrieron las gabardinas y se descubrieron dos vestidos blancos cortos y con una cruz roja sobre su pecho izquierdo. Debían haberlos comprados en un sexshop o algo así ya que esos vestidos serían prohibitivos en un hospital o centro de salud.

Hola Andres, ¿qué tal? - dijo lo doctora que se la veía más atrevida.

No pude responder, de repende me quedé sin saliva con la boca seca, mudo por completo durante unos instantes.

¿Te has tragado la lengua o algo? - dijo Ana.

Hola. Pasad por favor, como si estuvieseis en vuestra casa - respondí con la voz entrecortada.

Pasaron delante de mí como si de un pase de modelos se tratara, me saludaron con dos besos cada una y colgaron los abrigos. La doctora llevaba un maletín consigo y Ana solamente un bolso que colgó en el perchero de la entrada. La doctora entró con el maletín hasta la sala de estar.

Les ofrecí algo de beber. Las dos quisieron tomarse una cerveza y yo cogí otra. Nos tomamos la cerveza y charlamos un rato sobre varios temas hasta que tocamos el tema del sexo. Nada más enpezar a hablar de ello, mi polla se encendió y se empezó a notar el bulto en el pantalón. Ana lo notó.

Pero bueno, mira que tenemos aquí Moni - tocándome el bulto.

Uy si que sensible estás, ¿no?. Nada más empezar con el temita y ya se le pone dura - contestó la doctora.

No me había dado cuenta doctora - mentí.

Anda que no, imposible no darse cuenta esto no es involuntario.

Ana ya me tenía el pantalón medio bajado mientras dialogaba con la doctora. Bajo el prepucio ya estaba mojadísimo y goteaba líquido preseminal.

Venga Ana descapulla a la grandullona y dale una buena mamada que yo me encargo del resto - ordenó la doctora.

A partir de ese momento dejamos de hablar. Ana me descapulló con facilidad y se la metió en la boca, iba entrándola y sacándola con suavidad. Su boca emanaba saliva como una cascada de agua que se mezclaba con el líquido preseminal de mi polla.

Al instante, la doctora se abalanzó sobre mí besándome. En un vaivén de emociones nuestras lenguas se perdían dentro de la boca del otro. Mientras tanto, como más buenamente podía les iba abriendo el vestido a las dos que me ayudaron a quitárselo sin parar de besarme y mamarme. La doctora iba con un tanguita blanco que le realzaba su ya precioso culo y sin sujetador dejando sus preciosos pechos colgando con sus pezones apuntando directamente hacia el suelo, mientras que Ana iba totalmente sin ropa interior.

Enseguida empecé a tocarle los pechos a las dos deteniéndome a pellizcar sus pezones y tirar de ellos. Los de la doctora estaban increíblemente erectos y fuertes, yo no podía parar de pellizcarlos. Al ver mi desesperación me los puso en la boca con la condición de que fuese cariñoso con ellos ya que los tenía muy sensibles. Me puse a chuparlos con suavidad mientras ella se sujetaba las tetas como si me estuviese dando de mamar. Tenían un sabor increíble.

Yo mientras aprovechaba para agarrarle en culo bien fuerte a Ana, con mi dedo índice insinuando su entrada posterior, mientras a la doctora le pasaba mi dedo por encima del triángulo frontal del tanga notando su ya mojada rajita que se marcaba profundamente en el trozo de tela que la recubría.

Llegados a aquel punto, los tres estábamos cachondísimos y entre ellas se intercambiaron los papeles. La doctora se acercó a Ana y la besó frente a mi polla para después chuparla entre las dos. Rápidamente la doctora la poseyó entera y Ana se tuvo que conformar con mi boca y yo con la suya además de darme también en algún momento sus tetas para chuparle los pezones.

No tardó mucho la doctora en cansarse de mamar mi verga. De repente paró y se puso de espaldas a mí ensartándose mi barra hasta lo más profundo de su coño y se puso a follársela haciendo sentadillas apartándose un poquito el tanga sin quitárselo. Mientras, Ana se sentaba en mi cara y yo le lamía su jugoso coñito depilado.

La doctora no paraba de dar saltos diciéndome que quería toda mi leche. Se giró y se puso de frente a mí. Ana por su parte también volteó hacia la doctora y mientras yo le limpiaba su coño y su culo con mi lengua las dos se fundían en un cálido beso.

Yo no podía aguantar esa posición más. El placer era máximo y la doctora estaba a punto de venirse así que me concentré y cuando ella estaba a punto de orgasmar intensifiqué mis movimientos y nos corrimos a la vez. Toda mi leche fue a parar al coño de la doctora que se agarraba a Ana como podía y arqueaba la espalda del placer.

Acabamos de follar y tanto yo como la doctora estábamos exhaustos de la energía imprimida en el acto. Ana, otra vez, se había quedado con la miel en los labios por lo que pedía su ración de polla y leche también a la par que mi miembro iba perdiendo fuerza tras la eyaculación.

Tras recuperarnos, Ana estaba esperando tocandome mi polla para ver si volvía a la vida. Entonces, la doctora sugirió que Ana se pusiera en 4 sobre el sofá para que yo volviera a excitarme rapidamente.

Ver otra vez ese culazo de Ana en pompa con sus vagina brillante justo debajo recargó rápidamente las pilas de mi falo. Se la metí hasta en fondo mientras la doctora por detrás nos contemplaba. Yo pensaba que ya había vaciado mis huevos en la doctora y que no iba a satisfacer a Ana.

De repente la doctora abrió su maletín y me colocó un antifaz sobre mis ojos a la vez que me volvía a besar. Decidí seguirle el juego pensando que tal vez así eyacularía por segunda vez.

Ana estaba cada vez más caliente y se acercaba al orgasmo. Yo no estaba ni a medio camino de conseguirlo ya que siempre fui hombre de una sola descarga.

La doctora por detrás, husmeaba en mi ano con sus dedos tratando de hacer hueco y ayudar a la excitación.

Entonces Ana intensificó sus movimientos junto con los míos. Se iba a correr en cualquier momento. Fue en ese instante cuando la doctora empaló algo dentro de mi culo, una especie de consolador metálico que metía y sacaba a la vez que Ana y yo nos movíamos.

Al cabo de unos segundos Ana estalló de placer mientras yo seguía reventando su coño con brutales embestidas. En ese preciso instante la doctora agarró el consolador y tirando de su mango para arriba lo estampó contra mi próstata a la vez que seguía metiéndolo y sacándolo, escuché un ruido agudo y una descarga de nosequantos voltios se aplicó al momento dentro de mi ano forzándome otra fuerte eyaculación.

Ana estaba en apogeo agarrándose donde podía y mientras mi polla emitía su segunda descarga de leche del día en su coño. Estoy convencido que el impulso eléctrico le llegó a Ana porque fue terriblemente fuerte, mucho más que la primera vez que me lo hicieron.

- Dios mííííooooooo!!!, Aaaaahhhh!!!! - exclamé.

Mientras duraba la descarga yo tenía los ojos en blanco y mi polla enteramente metida dentro de la vagina de Ana. La doctora aplicaba toda la energía posible a fin de dejarme bien seco. Hasta que Ana no empezó a jadear y acabó de orgasmar, la doctora no paró de darme corriente.

Al acabar, nos tumbamos desordenadamente los dos en el sofá mientras la doctora me sacaba el aparato que aún llevaba metido en mi culo recogía el antifaz de mis ojos, mientras mi pene sufría de espasmos. Estábamos exhaustos del placer.

Al recuperarnos tuvimos un rato de charla en la que la doctora, a partir de ahora Moni, me dijo que me daba el alta y que el tratamiento se había acabado a la vez que nos decía que todo aquello no había hecho más que empezar.