Mi problema (IV)
El diagnóstico era claro, pero la cura resultaba mucho más tentadora. Cada visita a la consulta prometía alivio, pero lo que realmente deseaba era perder el control en la camilla, sabiendo que la doctora y Ana estaban listas para usar su cuerpo como herramienta de placer.
Lo que había empezado con un problema médico ahora se convertía en algo sexual.
Ana vino el domingo y nos dedicamos a follar todo el atardecer. Antes de irse estuvimos hablando de cómo iba a continuar lo nuestro ya que se suponía que teníamos que continuar el tratamiento establecido por la doctora por unos tres meses más. Por su parte ella seguía viéndome los bajos cada día y no solo eso sino que los podía manosear y jugar con ellos a su antojo, yo también salía ganando aunque solo disfrutaría de ella los fines de semana.
Los días y semanas fueron pasando, entre semana nos veíamos en la consulta y si estábamos solos aprovechabamos para hacer algo rápido, mientras los findes nos desfogábamos y dábamos rienda suelta a nuestro apetito sexual.
La aventura se acercaba al mes de duración mientras que el tratamiento dos meses. Un día mientras estába en la consulta con Ana haciéndome estiramientos a mi sable, entró la doctora y tras saludarnos me citó tanto a mí como a Ana en su despacho al día siguiente para una revisión rutinaria.
Acabando la sesión Ana me dijo que el tratamiento iba muy bien y que la doctora iba a introducir algunos cambios para entrar en la fase final. También comentaríamos el tema de la muestra de semen que me extrajeron el primer día.
Al día siguiente, antes de acudir a la cita mis dos cabezas eran un hervidero. Sólo de imaginarme que volvería a ver a la doctora que tan buen rato me hizo pasar junto a Ana, la mujer que me estaba tirando y tratando a la vez era demasiado, me pasé toda la tarde empalmado aunque sin tocarme, eso le correspondría a la doctora o a Ana.
Llegué a la consulta y me hicieron pasar. La escena era idéntica a la del primer día y mi corazón latía con la misma intensidad. La doctora empezó a explicarme:
Andrés! He visto el informe que Ana ha escrito y puedo asegurarte de que tu problema está a punto de ser solucionado. Solamente necesitas un mes más y te podré dar el alta. Gracias doctora, la verdad es que está siendo duro para mí, tengo ganas de acabarlo cuanto antes - mentí como un bellaco delante de Ana. Sí doctora, hemos seguido las pautas que usted indicó y ahora ya descapulla bien el muchacho - añadió Ana, mirándome con extrañeza, que se mostró algo sorprendida por mi respuesta a la doctora. También tenemos los resultados de tu análisis de semen y debo dedirte que desde hacía mucho tiempo no veía uno de calidad tan alta como la tuya. De hecho tuvieron que analizarlo dos veces ya que los resultados salían fuera de la normalidad, aunque para bien. Hoy vamos a repetir otra extracción para confirmar los resultados anteriores. Por favor, desvístete y ponte en la camilla para la revisión de tu pene. Estaba muy contento por los resultados aunque más por lo que me iban a hacer. No había tiempo que perder me fui detrás del biombo, me quité la ropa a toda velocidad y me puse a 4 patas encima de la camilla. Ya estaba empalmado al máximo sólo de escuchar las palabras de la doctora.
Ana se acercó por detrás sin que la doctora reparase en ello y me descapulló. Sentí un inmenso placer. Posteriormente la doctora se acercó y empezó con la revisión, se puso a subir y bajar mi prepucio con total normalidad hasta que vió que todo estaba bien y dijo:
Andrés, veo que el tratamiento ha sido un éxito. Ya no te duele en absoluto y la piel baja y sube por completo con tu pene erecto al máximo, así que no tengo nada más que revisar, podemos pasar a la extracción, por favor gírate y túmbate boca arriba. Al girarme tanto Ana como la doctora estaban desnudas completamente. Era un sueño hecho realidad. No me lo esperaba. Mi polla se empalmó todavía más y casi me caí de la camilla del susto.
El cuerpo de la doctora era espectacular, se notaba que había sido madre porque tenía los pechos ligeramente caídos y los pezones puntiagudos, rígidos y gruesos a estos los acompañaban unas areolas grandes y oscuras tipo galleta maría. Su coño con una rajita estrecha ligeramente peludita adornaba un cuerpo de por sí hemoso.
Vamos a ver como saca leche este chaval! - dijo la doctora. Yo estaba mudo y algo asustado. Ana se me acercó y me puso un condón y la doctora se subió a la camilla para situarse sobre mí mientras me daba la espalda. Le podía ver su hermoso culete con una muy ligera celulitis que lo hacía todavía más bello. Su ano era más oscuro que el de Ana y carecía de vello.
Se clavó mi polla hasta el fondo de su vagina mientras Ana le ayudaba. Una vez situada, empezó a cabalgarme, yo estaba en el séptimo cielo y no podía parar de tocarle el culo hasta que Ana me cogió una mano y se la puso en su coño. La doctora no paró con sus andanadas hasta que de repente soltó varios gritos de placer de mucha intensidad y se corrió. A mí no hanía dado tiempo aún a correrme aunque estaba a punto.
La doctora descabalgó e hizo subir a Ana en su posición. Ahora era Ana la que me cabalgaba y le correspondería a ella hacerme alcanzar el orgamos y vaciarme de leche. Mientras la doctora, sin bajar de la camilla me entregaba su coño y me agarraba mis manos poniéndoselas en sus pechos.
Sentía como la vagina de Ana agrazaba mi aparato y no tardé ni dos minutos en correrme como un animal. Ana sacó mi polla de su interior y me retiró el condón agarrándome la polla con fuerza para extraerme la última gota de leche mientras la doctora volvía a tenir otro orgasmo, este si cabe aún más fuerte que el anterior. Bajamos los tres de la camilla y a la pobre Ana, que la dejé a medias, la agarramos entre la doctora y yo y la pusimos a 4 patas para acabar metiéndole la doctora dos dedos en su coño y yo masajeándole el clítoris. No tardó demasiado en enpezar a gritar de placer para acabar tumbándose encima de la camilla y correrse a chorros.
Los tres estábamos exhaustos. No podíamos ni andar y Ana estaba temblando encima de la camilla de su fuerte orgasmo.
Nos recuperamos y charlamos. Fue una conversación bastante larga y en resumen acordamos que el tratamiento iba a continuar. Ambas dos me animaron a que si el análisis de semen salía bien me hiciera donante lo que significaba más extracciones con ayudita eléctrica y más visitas a la doctora y a Ana. No se podía pedir más. Era un sueño hecho realidad.
Continuará…
PD: si te está gustando esta serie de relatos, por favor, comenta y prepararé algunos más…:)
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