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Sadomasoago 2023

La Reunión (1)

El maletero se abre y el aire fresco golpea sus pieles sudadas. No son libres, son propiedad. Él ordena, ellas obedecen, y la jerarquía del placer se reescribe con cada orden humillante.

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El coche se detuvo. No oíais nada en el interior del maletero, lo único que sentíais era el calor de vuestros cuerpos juntos desnudos. De repente, el coche volvió a iniciar la marcha, y una nueva parada. Al cabo de un momento, notasteis un aire fresco, que os refrescaba vuestras pieles sudadas y respirabais un aire menos cargado.

- Dame tus manos. Oíste

Cuando te cogí por las dos manos y empecé a sacarte hacia afuera, me detuve al ver como tu hija jugaba con tu coño y se afanaba en lamértelo. Tu cabeza quedó delante de mi polla, que, al veros así, comenzó a excitarse. Te acerqué los dedos a la boca y empecé a humedecértela, jugando con tus labios e introduciéndolos en ella para que los chuparas.

Sabias lo que tenías que hacer a la perfección. Mi polla se endurecía cada vez más, hasta que cuando la noté dura, te penetré en la boca.

- Juega con ella como si se tratase de un caramelo, te ordené.

Empezaste a lamerla, chuparla y saborearla con ansia. Estabas bastante excitada y aquello nos gustaba a todos. Tu hija se afanaba en lamerte bien, y tú, pensar en la situación en la que estabas y con los que estabas, te ponía muy caliente. Decidí grabar el momento para mi colección de videos.

- Si lo haces todo bien, te dejaré ver el video que os estoy haciendo.

Quisiste cogerme los huevos, y sentiste un ardor en la cara, a causa del bofetón que recibiste, lo que provocó que mi polla se saliera de tu boca.

- ¿Con que permiso te atreves a querer tocarme sin haberte autorizado?

- Lo siento amo. Su zorra sumisa solo pretendía agradarle aún más.

- No eres nada ni nadie, no estás para agradar ni desagradar. Estas para obedecerme y acatar todo lo que te diga y cuando te diga. Eres solamente mi juguete, mi esclava. No tienes derecho a pensar ni actuar por ti sola. Continua con lo que estabas haciendo. Vamos a corrernos juntos, y tú princesa, será mejor que se corra ella, antes que yo, porque si no serás castigada.

Tu cara marcada con mis dedos en tu mejilla, mi polla dentro de tu boca, bien salivada como sabes que me gusta, tu hija comiéndote la parte por la que salió al mundo. La escena me estaba excitando bastante, os tenía allí juntas, desnudas, retozando de sexo, en la casa de tu marido, el cabrón y cornudo ése, que pensaba que el mundo le debía un favor. Todo ello gracias a mí, y ahora todo me pertenecía. Tus palabras me volvieron al lugar y pediste permiso para correrte.

- Permiso denegado, aguantarás un poco más hasta que yo te lo diga.

Gemías como una perra en celo, no parabas de chupármela, para que nos corriésemos juntos, no podías aguantar más, y te ordené correrte con mi polla en tu boca. Cosa que hiciste arqueando tu espalda contra el techo del maletero, sintiendo un verdadero orgasmo. Seguías afanada en que me corriera, cuando te saqué del coche.

- Revisión. Te ordené.

Rápidamente te colocaste en la postura indicada. Te comencé a besar, acariciar, lamer por todas partes de tu cuerpo. Lamí el néctar de tu coño mezclados con la saliva de tu hija, lo que te empezó a provocar otro orgasmo.

- No siempre tendrás castigos. También te premiare cuando me satisfagas y cumplas con tu estatus. Eres mía y te enseñaré a que lo consigas. Princesa, ¿te ayudo a salir del coche?

- No cielo, gracias. Que me saque ella.

- Ella es mía, y solamente le ordeno yo y me obedece a mí al igual que tú. Ven aquí, quítale la máscara, bésala y arrodíllate delante de ella.

Tu hija te quitaba la máscara, mientras te besaba por el cuello, la boca, te mordisqueaba las orejas y lamía por donde había pasado saboreando tu piel salada. Arrodillándose delante de tu coño, mirándote a los ojos, con la boca abierta y la lengua fuera.

- Escúpele a la cara, te ordene, y ponle la máscara a ella.

Tu hija no se movió de aquella postura, se notaban los años de entrenamiento. Me hacía sentir orgulloso de ella. Tú le escupiste en la cara y le dejaste caer varios hilos de tu saliva en su boca. Haciéndola sentir usada.

- Méate en ella, que tu orina la moje toda entera, cara, boca, pechos, torso, rodillas. Y abofetéala.

Al principio te costó, pero sabías lo que te esperaba sino lo hacías. Mi princesa, no se movió ni un solo milímetro al recibir tu orina y los guantazos que le dabas.

- Mucho ha aprendido tu hija sobre el comportamiento que quiero que tenga hacia mí. Tú no te preocupes, porque te aseguro que llegarás a ser como poco, igual que ella. Ahora quiero que la pongas a cuatro patas, y pasees a la perra de tu hija hasta su cuarto. ¿Sabes el camino? Quiero ver como contonea su culo. ¡Ah! Y otra cosa, prepárala para mí, sorpréndeme. En su cuarto tienes todo lo que necesitas.

Me imagino la mirada de tu hija al ver que no me quise correr contigo en el maletero, de la forma que le ordené hacer las cosas. Sabía que iba a ser castigada, lo que no sabía era como ni por quien. Creo no se esperaba que los papeles cambiaran tan rápidamente. La favorita iba a pasar a ser la segunda por un tiempo, que no sabía cuánto. No se esperaba que la tratase así, nunca había estado en esa situación. La casa de sus padres, su madre, el volver a estar sometida a su infancia, a las órdenes de su madre... Imagino se sentía desplazada. Siempre había estado acostumbrada a ser la protegida mía.

Tu forma de actuar, no sé si fue por venganza, agradecimiento o por obediencia, pero la manera en la que me miraste, me excitó muchísimo. Estaba ansioso por ver cómo le presentabas a tu amo, a la que era tu hija, y por el momento, la pareja de tu amo.