Xtories

Mi vecina - 8 -

Despertar a su lado ya no era suficiente; el silencio de la mañana se rompió con un susurro desde la puerta. No era solo él y ella, sino una tercera presencia que decidió no ser testigo, sino protagonista de su placer.

Ged7.2K vistas

- 8 -

Desperté. A mi lado Lucía dormía desnuda. Aparté un mechón rebelde que le tapaba parcialmente el rostro. Hacía tanto tiempo que despertaba solo que había olvidado cómo era hacerlo acompañado. Hacía ya una semana que se podía decir sin dudar que teníamos una relación. No pude conteneme, mi mano acarició su mejilla y cuando abrió los ojos me sonrió. Suspiró y se aniñó entre mis brazos unos segundos. Como amiga Lucía podía ser simpática y divertida, amable y cariñosa pero como pareja era mucho mejor. Cariñosa y mimosa a partes iguales. Pareció ronronear cuando mi mano acarició su redondo trasero y descarada, acarició mi abdomen bajando y bajando... hasta sujetar mi virilidad. Mientras mis mano ganaba audacia y acariciaba osadamente una zona muy próxima a su agujero posterior ella aprovechó para besar primero mi dedo índice y más tarde lamiendo y succionando convertir el gesto en una simulación de felación terriblemente erótica. Al mismo tiempo comenzó una lenta masturbación. No necesitaba más para quedar trempado.

- ¿Qué es esto? - Preguntó disimulando con aire risueño – Parece un palo caliente, cada vez está más duro.

- No tengo ni idea – Contesté siguiendo el juego - ¿Qué se te ocurre?

- Tiene algo gordito en la punta – Disimuló y me acarició el glande, que se hinchó un poco más - ¿Será un chupa chup?

- Lo mejor es que mires

Disimulando que se armaba de valor levantó la sábana

- ¡Es una salchicha! Parece que la han calentado un poco - No pude evitarlo, comencé a reir como un idiota, pero Lucía lejos de romper con la farsa decidió alargarla un poco más – Tenía frío aquí – Se señaló la vulva y sin el menor pudor se subió sobre mi balano y se lo introdujo de un tirón. Se había levantado caliente. Jadeó satisfecha – Mejor así, seguro que no me resfrío.

A mi se me terminó la tontería. Su vagina me apretaba deliciosamente y comencé un suave mete saca cada vez más libidinoso y rápido.

- Mmmmhhh... Ahhh.. ¡Ahh! ¡Ay!

Me enervé. Los suspiros se convirtieron en jadeos y aceleré el vaiven. Lucía se retorcía tratando de frotar mi virilidad por dentro y restregarse en lugares más profundos y libidinosos. Sus ojos se enturbiaron embriagados por el placer

- ¡SSSSiiiiiiííííí! - Chilló desgañitándose al alcanzar el orgasmo

- Calla, vas a molestar a la vecina – Dije irónico. Salí de ella, la puse a cuatro patas y estampé su rostro en la almohada para que no gritase. Ella se reía hasta que recibió el primer pollazo. Me introduje como un obús, duro, fuerte y profundo y comencé a machacar sin el menor cuidado

- Mmmmmm... Mmmmmmm...

Lucía gemía sobre la almohada. Aumenté la velocidad y comenzaron a temblarle las piernas hasta que vencida se derrumbó y no por ello dejé de machacarla porque estaba a punto de alcanzar el clímax. Su orgasmo me apretó fuerte y arrastró al mío haciendo que me vaciase completamente en ella. Una eyaculación copiosa.

- ¡Qué bonito! - Escuché decir a Mónica

Desde la puerta, mi vecina había visto al menos el final de nuestro acoplamiento. Vestida con una falda de tablas corta, casi como en los colegios de las películas porno, se había estado masturbando. Su mano se perdía bajo la falda moviéndose compulsiva. Sin dejarnos reaccionar nos separó y abriendo las piernas de Lucía comenzó a lamerla absorviendo los restos de mi corrida. Lucía no se pudo contener y tuvo un nuevo orgasmo que Mónica acompañó acariciando su inflamado clítoris. Yo observaba todo alucinado sin reaccionar hasta que, habiendo acabado con su tía, Monica engulló mi virilidad que estaba en retirada absorviendo cualquier resto de semen como una aspiradora. En segundos volví a estar duro y actuando de mamporrera me guió hasta que volví a penetrar a Lucía.

- Seguid un rato que voy haciendo el desayuno – Dijo Mónica

Sobrepasado por la situación comencé a moverme hasta que me entró algo de cordura

- ¿Estás bien? - Pregunté a Lucía, quien colorada como una colegiala solo pudo asentir al tiempo que meneaba las caderas para facilitar la cópula. Entonces me volví a abandonar a la situación. Mónica ya no estaba, seguro que estaba en la cocina.

Menuda locura, pensaba mientras extraía otro gemido a Lucía. Me colocé encima y sujetando sus piernas las puse sobre mis hombros. Su sexo me apretaba más y esta vez tardé más en correrme. No lo hacía dos veces seguidas desde mis tiempos de adolescente pero ver a Mónica lamiendo a su tía para después felarme me había roto los esquemas

- Así cariño – Me pidió Lucía – Dame fuerte que no me voy a romper

Una de mis manos traviesa acarició su ano y noté que ella se encendía. Decidido fui poco a poco penetrándola osado y Lucía comenzó a jadear descontrolada. Se corrió como una fuente. Nunca había visto un squirt. Una vez más su orgasmo precipitaba el mío

-!Me cooorrrooooo¡ - Avisé

Lucía culebreó haciéndome salir de ella y justo cuando empezaba a expulsar semen como una fuente se amorró succionando todo lo que pudo. Se me apoderó el sueño. Antes de cerrar los ojos lo último que escuché fue a Lucía comentando que ella también quería desayunar leche caliente.

Desperté. Estaba solo pero se escuchaban voces. Me puse una bata y en mi cocina Lucía y Mónica desayunaban risueñas. Lucía estaba esplendorosa. Tenía ese brillo de mujer femenina y satisfecha. Verla así me hacía feliz. Mónica reaccionó primero y acompañó su abrazo con un beso de tornillo en condiciones. Ya no me importaba que nos viese Lucía, era rutina. Antes de parar me susurró que por favor siguiese haciendo feliz a Lucía.

Me senté al lado de mi dama, que me besó castamente. Hablamos de todo un poco. Leí un poco el periódico. Era dominigo y pensé que podía descansar durante la mañana.

Mónica tenía llaves de mi casa, por eso había aparecido de repente. Cuando se las di no pensaba que las iba a usar tan alegremente. No sabía cómo reaccionar a lo que había pasado. Casi habíamos hecho un trío, tenía que hablar de esto con Lucía, pero de momento me dejaría llevar.

Era feliz.