Xtories

Enric, nuestro primer encuentro.

Sabía que su esposa estaba a metros de distancia, pero el riesgo solo encendía más la llama. En el silencio del probador, la discreción se rompió y el deseo prohibido tomó el control.

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No fue algo buscado. Simplemente paso. Todo comenzó con unos inocentes mensajes.

Él era un hombre casado de unos 47 años, se llamaba Enric. Yo por aquel entonces tenía 22 años y también estaba en pareja.

Solamente hablábamos, nos enviamos fotos sencillas para saber cómo éramos y para saber con quién hablábamos. Al final unos temas dieron a otros, y acabamos hablando de temas sexuales. Lo que desencadeno en fotos un poco más picantes. Las conversaciones eran simples, que era lo que nos gustaba, nuestras fantasías y ese tipo de cosas. A veces hasta nos excitábamos con nuestras respuestas y acabamos masturbándonos con mensajes más subidos de tono.

Ambos vivíamos en la misma ciudad, pero jamás nos habíamos cruzado.

Un día, salía a comprarme ropa, un poco de todo, era hora de renovar el armario. Al entrar a una tienda, me choque con una mujer y su marido. Al alzar la vista y pedir perdón me percate de que el marido de esta era Enric. Ella muy amable pidió disculpas y me sonrió.

Él y yo nos reconocimos al instante. Disimuladamente nos miramos y cada cual siguió su camino.

Su mujer estaba mirando zapatos, y yo estaba en la sección de lencería. No parábamos de mirarnos y no se a él, pero a mí se me venían muchas travesuras a la mente.

Decidí dejar de pensar en ello y me fui al probador a probar mis cosas. Comencé con un sujetador y un tanga rojo, seguido de un vestido color carmesí, cuando me quise dar cuenta alguien estaba mirando de reojo detrás de la cortina.

Enric me miro a través del espejo y entro al probador conmigo. Estaba con la polla dura. Se le notaba y su pantalón estaba mojado. Estaba delante de mí, y mi coñito empezó a humedecerse por la situación.

+ ¿Qué haces aquí?

-No he podido evitar excitarme al verte. No pensé que esto podría pasar. Mira cómo me he puesto.

Se saco la polla del pantalón, cogió mi mano y la puso en ella. Estaba mojada y desprendía un olor que me daban ganas de hacerle ahí mismo una mamada.

+Tu mujer está allí fuera, como nos pille estamos jodidos.

-No se dará cuenta, esta distraída viendo zapatos.

+Acabas de desaparecer, ¿Y me dices que no se dará cuenta? Fruncí el ceño.

-No he desaparecido. Le dicho que iba a otra tienda a mirar unas cosas y que ahora volvía, que me espere aquí. Encima ella tiene mi móvil, no puede llamarme ni buscarme en otro lado.

Le mire dudosa, él se dio cuenta y rápidamente puso su mano sobre mi coñito húmedo. Podía sentir mi calor, mi humedad, sabía lo que quería, con su otra mano saco mis pechos del vestido, se las apaño para que mis tetas quedaran también fuera del sujetador. Acerco su boca a mis tetas y comenzó a lamerlas, mientras que con su otra mano ya posada en mi coño iba apartando mi tanga, sus dedos empezaron a hacer movimientos en círculos. Mis suspiros y mi excitación crecían cada vez más, pero no podía hacer mucho ruido allí.

Tomé su polla y empecé a hacerle una paja, subía y bajaba mientras el me metía los dedos, el suspiraba, yo con las piernas abiertas le estaba entregando todo, me mordía el labio, cerraba los ojos, el con su gran mano bajo a cogerme del culo, me lo apretaba, me lo abría, nos estábamos masturbando el uno al otro sin importar si nos pillaban, el probador se convirtió en uno de los lugares más excitantes del local.

El no dejaba de meterme los dedos y con su pulgar me estimulaba el clítoris. Necesitaba más, yo quería más.

Le mire fijamente a los ojos, con mi cara de niña buena y una voz muy inocente me acerque a su oído y susurrando le pedí:

+Déjame sentir esta enorme polla en mi boca, quiero que me des toda tu leche.

El no dudo ni un segundo y me bajo hasta abajo.

Apunto su miembro a mi boca y me lo metió, empecé jugando con la punta, mi lengua estaba muy juguetona, me la metía hasta el fondo, la succionaba, le hacía garganta profunda, el no dejaba de suspirar y sostenerme el pelo, en un momento su excitación era tan grande que sus manos rodearon mi cabeza, y empezó a empujar el, ahora era el quien tenía las riendas de la mamada. No dejo de follarme la boca hasta que empecé a sentir unas leves palpitaciones. Estaba por correrse, me cogió del pelo con brusquedad, me metió su enorme miembro hasta el fondo y soltó unos cuantos chorros de leche. Pero ahí no había acabado, cuando la saco, el resto de su leche empapo toda mi carita. Nadie me había podido llenar la boca y sobrarle para dejarme de regalo en mi carita.

Tras la última gota liberada de su polla, tuvo que apoyarse en el asiento de dentro del probador, estaba totalmente exhausto. Yo por mi parte, cogí mi tanguita y me limpié la cara, dejando el resto de su leche en ellas puestas.

No nos dijimos nada, solo nos miramos, escuchando la gente de fuera que entraba y salía de los probadores.

Me puse mi tanga con su semen en ellas, sentía aun el calor que tenían, su humedad rozando mi coñito. Enric se metió su polla semi erecta en su pantalón, y salió del probador.

Al cabo de un rato salgo yo.

El se fue a encontrar con su mujer que seguía mirando zapatos.

Yo me fui en busca de mis amigas, ya que había quedo para comer con ellas.

Y en cada paso que daba sentía el semen de Enric mezclándose con mis jugos, y teniendo de recuerdo el rico sabor de su elixir por mi garganta.