Xtories

A fuego lento

La arena caliente y la desnudez total rompen las barreras de la amistad. Lo que empieza como un día de playa se transforma en un juego de miradas y deseos reprimidos que estallan bajo el sol y el agua, revelando una pasión que trasciende los límites de lo convencional.

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Desde hace un tiempo, si habéis seguido mis experiencias, conoceréis el giro que dio mi vida entorno al sexo… más bien al sexo entre nuestros amigos, mi pareja y yo. Nuestra relación de pareja sigue igual, salvo un par de experiencias, que ya os contaré.

En esta ocasión quiero contaros, lo que pasó al comienzo del verano 2021, a últimos de junio. Era viernes, hacia un par de días que había quedado con dos amigas para pasar el día en la playa. Concretamente en Tossa de Mar, cerca de casa y una playa tranquilita.

Ya había ido alguna vez a la playa con mi amiga Eva, incluso habíamos practicado nudismo en alguna ocasión delante de más amigos, pero nunca con Gure, que nos habíamos visto en varias ocasiones de borrachera, pero ni siquiera sabía que pensamientos tenía acerca del naturismo.

Ambas son chicas alegres, divertidas y risueñas. Siempre que había coincidido con ellas me lo pasaba genial y la invitación de un día de playeo junto a ellas me pareció estupenda.

Quedamos en una cafetería en la entrada del pueblo, donde es fácil aparcar y no te cobran un café a precio de oro. Cuando llegué, las chicas estaban en la terraza esperándome con una sonrisa de oreja a oreja. Bromeamos con que era sorprendente verlas con una café con leche y no con una copa de vino. Pasamos un rato poniéndonos al día, de algunas novedades y poco más, hasta que la conversación dio un giro y propusieron ir a una cala, cerca de Tossa, en vez de la playa del mismo pueblo. Había escuchado hablar de la cala señor Ramón, es una cala de piedras, donde la gente habitualmente practican el nudismo, pero no había tenido la ocasión de disfrutar.

Nos dirigimos en el coche de Gure, unas curvas y 15 minutos después llegamos al parking de la famosa cala. Únicamente 3 coches y el nuestro, con que íbamos a estar bastantes tranquilos, dijeron.

Eva abrió el maletero y mi sorpresa fue ver la enorme nevera que traían repleta de botellas de vino. Lo corriente según ellas.

Comenzamos a descender hacia la cala, llevaba la nevera con ayuda de Gure y el calor se hacía notar sobre nosotros (y el que todavía quedaba por llegar). Eva iba por delante nuestro, divisando donde instalaríamos las toallas, pasamos por delante de un grupo formado por tres chicos y dos chicas, treintañeros, totalmente desnudos. No les pude prestar atención a sus cuerpos en aquel momento como me hubiera gustado.

Nos acomodamos en una zona lateral, junto a una roca que proporcionaba algo más de intimidad. Además del grupo de chicos que teníamos a escasos 20 metros, había un hombre a nuestra izquierda rozando el final de la playa y una pareja se divisaba en el horizonte entrando por el acceso que acabábamos de recorrer.

El primer movimiento de mis amigas, no fue colocar las toallas y la sobrilla, lejos de esto, ambas se despojaron de su ropa y sus bragas, sin mediar palabra ambas se encontraban desnudas, ante mi atenta mirada y mi congelamiento momentáneo… me quedé observándolas sin reaccionar, tragando saliva y entrando en un estado de nerviosismo. Colocamos las toallas juntas, creando un cuadrado perfecto sin arena de playa.

Era mi turno, no podía defraudarlas ni hacerles esperar, tampoco quería un comentario por su parte instándome a quitarme la ropa o ni que pensaran que debía tener algún tipo de estímulo para hacerlo. Quería actuar con normalidad. Miré hacia el mar quitándome la camiseta primero, acto seguido de doblarla y dejarla en la toalla, fijé mi mirada al grupo de chicos a nuestra derecha, concretamente a las dos chicas que también estaban mirando hacia nuestra posición, las dos con una tímida sonrisa y sin importarles su descaro. Bajé el bañador, dejando mis vergüenzas al aire. Con total normalidad me acaricié la polla algo crecida, me estaba pasando factura tanta desnudez y esta estaba reaccionando poco a poco.

Me giré para guardar la ropa en mi mochila, ante la mirada de mis amigas sobre mí, sin dejar de mirar mis movimientos y como mi polla se sacudía de lado a lado casi empalmada. Una vez acabé, me coloqué en la toalla que quedaba a sus pies, estirado de costado, dándoles el culo al famoso grupo de chicos. Notaba como Gure y Eva miraban mi polla que no perdía fuerza aunque sin llegar a su máximo esplendor.

Por mi parte, tampoco dejé la oportunidad de conocer los cuerpos de mis amigas. Lentamente y descaradamente, estudié sus tributos. El de Eva, ya lo había visto en más de una ocasión. Ella es de piel morena gracias a su adicción al sol, sus pezones son pequeños y oscuros, pero lo que más llama la atención es su peculiar manera de depilarse el coño, dejando pelo en la parte superior y totalmente depilado en la zona de los labios, dejando toda su forma a la vista de quien quisiese contemplar. Me quedé tanto tiempo mirándole el coño, que noté como mi propio cuerpo reaccionaba y mi pene volvía a latir con fuerza.

Era el turno de maravillarme con el cuerpo de Gure. Ella es de piel mucho más blanca, desentona bastante al lado de su amiga pero lo que más destaca, son sus pechos. Grandes, donde podrías perderte durante horas, con aureolas también grandes y rosadas. Me imaginaba lamiéndolas durante horas. Y de la misma manera que Eva, llevaba pelo en su coño, recortado, pero por todo su monte venus y labios. Desde mi posición y su postura, con las piernas pegadas y estiradas, no podía verlo con plenitud, aunque el tono de sus labios se dibujaban rosados.

Después de unos minutos observándolas, comenzamos a beber vino. En un primer momento y con el calor que estaba soportando no me venía de gusto, pero cuando noté su frio bajar por mi garganta, un pequeño alivio noté en mí cuerpo. Aunque seguía con la polla medio morcillona, me encontraba a gusto entre mis amigas.

Entre pequeños chapuzones pasaron un par de horas, el sol iba y venía, concediéndonos momentos menos abrasadores, aunque el calor que llevaba por dentro no cesaba. Aparentemente podía mantener la compostura, pero mis ojos no dejaban de apreciar a ambas mujeres que tan cerca tenia. Aprovechaba cada instante para fijarme, si todavía más, en sus deliciosos coños. Cualquier excusa de movimiento me delataba, clavando mis ojos únicamente sobre ellas, no deseaba ni pestañear. En una de las incursiones de Gure hacia la nevera para reponer los vinos, sé fijo durante un pequeño momento en el grupo de chicos y chicas, diciéndonos que los tres chicos estaban empalmadísimos. Eva se levantó de la toalla y descaradamente dirigió su mirada hacia ellos.

Que ricas… –Eva soltó

Ni que lo digas –respondió Gure sin perder de vista las pollas

Chicas chicas.. que aquí tenéis otra! –les dije bromeando.

Comenzamos a reír después de mi breve comentario, sentándose cada una de ellas en sus toallas con las piernas cruzadas como los indios… No creo que lo hicieran adrede, así medio abiertas, pero mis ojos iban de coño a coño como si de un partido de tenis se tratase. Mi empalme resultaba imposible de sostener y me dejé llevar, creí en ese momento que mostrarme empalmado no sería grosero. Los tres actuábamos con total naturalidad a mi evidente estado. Conversábamos del grupo de chicos y chicas, imaginándolos a los 5 follando entre ellos. Gure y Eva también me dijeron que las dos chicas iban igual de calientes que ellos, tenían marcadísimos los pezones, los apreciaban como piedras aun en la distancia.

¿Cómo los vuestros? –bromeé

Más risas se instalaron en nuestra placentera, natural y caliente situación. La mañana transcurría de manera perfecta, seguíamos con un ritual de entrar y salir del agua sin importar mi estado, algunas veces más empalmado otras menos, pero el morbo no me lo quitaba de encima, ni tampoco mi estado después de unos pocos vasos de vino. Gure volvió a dirigirse a las mochilas, esta vez no trajo vino, sino una colchoneta que comenzó a hinchar poco a poco. Antes de acabar por hinchas por completo, me fui solo al agua y al cabo de un minuto bajaba Gure feliz con su colchoneta hacia mí. Estuvimos jugando bastante rato, el agua y tanto roce con su cuerpo, hizo reaccionar a mi polla, que insistentemente con cualquier movimiento intentaba rozar aún más con Gure. Cansado de subir y caer de la colchoneta, nos apoyamos encima con los brazos y el resto del cuerpo sumergido en el mar. Una al lado del otro, casi hombro con hombro hablando de banalidades, aunque sabíamos lo que realmente deseábamos. Dejé caer mi brazo y lo posé en su espalda, muy poco a poco bajé hasta su culo y magreándolo seguíamos disimulando como si no fuésemos conscientes de lo que sucedía debajo del agua.

Abandonada me tenéis!! –gritó Eva entrando al agua

Ni cuenta nos dimos que Eva estaba viniendo hacia nosotros, parecía no haberse dado cuenta de nada y de inmediato retiré mi mano del culo de Gure, dejándola de nuevo encima de la colchoneta. Ahora los tres relajados con el vaivén de las olas, contemplábamos como el grupo de jóvenes marchaba y únicamente quedaba la pareja y el hombre solitario. Menudo pollón se gastaba aquel hombre, aún desde lejos se podía ver una enorme polla flácida. Ahí radico la mayor parte de la conversación, yo empalmado debajo del agua y ellas dos cuestionándose si semejante trozo de carne podía levantarse.

Era mediodía y mi estómago comenzaba a rugir, decidimos volver a las toallas y picar algo que Eva había preparado. Nos situamos en corrillo, muy cerca entre los tres. Los platos en medio y a pocos centímetros los coños de mis amigas. Me iba acostumbrado cada vez más a la situación, la naturalidad como lo llevamos me ayudó a relajar mi cuerpo. Una vez recogido el par de platos, los tres nos estiramos a la sombra de la sombrilla, la cual cabían dos personas únicamente, pero nos acomodamos como pudimos e intentamos echar una pequeña cabezadita. Por mi parte fue imposible, Eva estaba estirada a mi derecha con su cabeza encima de mi pecho y Gure se estiró de tal forma que su cabeza se apoyó en mi muslo, con la cara dirigida hacia mi polla. Estaba a escasos 10 centímetros de su boca. En aquella situación, ambas con los ojos cerrados, solo podía disfrutar de su roce e intentar no moverme, aun así mi polla estaba totalmente tiesa, colocada encima de mi bajo vientre.

Suerte que aquel escenario acabó pronto, Eva no soportaba el calor y en menos de 15 minutos se marchó a refrescarse al agua llevándose con ella la colchoneta. Se situó encima de esta flotando alejada de la orilla.

Gure que estaba apoyada en mi pierna, levantó medio cuerpo y su mirada para conocer su alrededor, le noté medio dormida por la manera tan lenta de mirar alrededor. Se recostó a mi lado, con los ojos medio abiertos mirando fijamente a mi polla, no apartó la vista hasta que a los cinco minutos algo más lúcida se sentó a mis pies, recolocando la nevera al final de la toalla y apoyándose como si fuese una silla de playa. Mi visión hacia la orilla pasaba por Gure, recostada mirándome, con las piernas dobladas, y su coño perfectamente enfocado hacia mí.

Te gusta? –preguntó

Qué…? Me gusta…?

Te gusta lo que ves? –volvió a preguntar de forma autoritaria

Sabía perfectamente que se refería… a verla de frente, con las piernas dobladas, totalmente desnuda para mi disfrute. No respondí, me limité a asentir con la cabeza. Gure miró hacia su amiga, seguía en la colchoneta, muy alejada, ajena a nuestra situación. Entonces los dedos de Gure se posaron en su coño, muy poco a poco dibujaba círculos en el comienzo de su raja, superficiales y suaves, lentamente… no apartaba su mirada de mi polla, parecía que era lo único que le importaba. Me incliné para poder contemplar sus maniobras, para ver cómo se masturbaba hacia mí y por mí, casi podía sentir su placer con los sollozos que salían de su interior, de la manera de cerrar y abrir los ojos, tímidos gemidos inundaban nuestra pequeña atmosfera de morbo y calor…

Mi polla estaba a punto de estallar y su mirada no dejó un segundo de comérsela con la vista, atenta no cesó de sus maniobras, sus dedos giraban con más insistencia y rápidas que al principio, los gemidos eran más intensos y ruidosos, incluso en instantes parecía que no le importase estar en un lugar público. Fue todo un espectáculo ver su rostro en el momento preciso en que tres de sus dedos inundaron su coño, entraron y salieron absolutamente empapados. Se inclinó hacia mí, masajeó mi polla con su mano empapada de flujo, mi placer en aquel instante era máximo, agarró todo el tronco, subía y bajada, lentamente, me masturbó con fuerza, casi estrangulándola… Sus ojos clavados en su faena, mientras se mordía el labio inferior… me deseaba, podía intuir el deseo que le estaba fustigando por dentro.

Duró muy poco. Ella controlaba esa situación, el placer parecía que era únicamente para ella. Volvió a apoyarse en la nevera, volviendo a meterse los dedos, ahora con insistencia y desesperada. Se escuchaban los choques de su mano con sus labios al entrar, muy brusca comenzó a gemir y a estremecerse, estaba pegándose una corrida de película sin cesar de sus propias embestidas. Los dedos de los pies se batían, no pudo aguantar la postura de piernas abiertas mientras su éxtasis llenaba su cuerpo, ahogando sus dedos en su entrepierna…

Poco a poco volvía a la compostura, sin decir ninguna palabra se recostó a de nuevo a mi lado, abrazándome con una de sus piernas encima de mía, y lentamente su respiración fue relajándose. Pasaron menos de 5 minutos cuando Eva regresaba…

Ya habéis acabado… lo que tengáis que acabar? Me muero de sed… -Eva nos dejó de piedra

No dijimos nada al respecto, no sabía cuánto se imaginaba o había visto a lo lejos, pero era evidente cuando su mirada se posó en un pequeño rastro de flujo al final de la toalla. No insistió, se estiro en su toalla y como si no hubiera pasado nada o como si no quisiera enterarse, cogió un poco de vino y comenzó a hablar de algas, medusas y chorradas varias…

El resto de la tarde pasó exactamente igual que la mañana, entrabamos y salíamos del agua cada poco rato, bebíamos y dejamos caer el atardecer en aquel pequeño paraíso. La complicidad entre Gure y yo era mucho mayor, nuestra miradas querían decir algo más cuando chocaban, comunicándose con doble sentido. No rompimos la naturalidad que los tres teníamos, aún mi polla iba empalmada por diferentes momentos de la tarde y las miradas entre nosotros eran tan evidentes y exageradas que nos mostrábamos sin pudor ni vergüenza.

Debo decir que me sobraban ganas de comérmelos, lo deseaba con todas mis fuerzas, pero no quise forzar la situación, me limité a poder estudiar cada centímetro de esas dos rajitas, tan cerca de mi visión, en cada postura me colocaba para mirar descaradamente. Miraba a sus ojos para que supieran que las deseaba, para volver a bajar mi vista y soñar follándome sus rajitas.

Una vez el sol cayó y la temperatura había bajado de forma considerable, me llevaron a casa. Las despedidas fueron muy intensas, los abrazos eran más magreo que un simple apretón, incluso Gure apretó su entrepierna sobre la mía, apretando con su mano mi culo para notar todo mi cuerpo.

Justo al abrir la puerta de casa, recibí un mensaje de un teléfono desconocido. Imaginé que era de Gure.

“Hola guapo. Lo sé, vas a masturbarte, hazlo para mí.”

Así lo hice, coloqué el móvil en la mesa auxiliar de mi cama, me orienté hacia él y comencé a grabar. Me masturbé al mismo ritmo que Gure me mostró en la playa, comenzando suave, disfrutando de cada centímetro de mi polla. Imaginaba follándome ese coño que había chorreado frente a mí, cada cierto tiempo aumentaba mi ritmo, no podía aguantar las ganas de darme más fuerte. Miraba hacia el móvil, para que quedara reflejada mi cara mientras explotaba de placer, saliendo mis chorros de semen hacia los lados, apretando el tronco como hizo ese mismo día.

Envié video. Me vi espectacular, sabía que le iba a gustar. Respondió.

“Te necesito en mi terraza, lunes me darás de desayunar. Tienes sol, ducha y no hay mirones. Trae helado, quiero derretírtelo.”

Tras varios días de recibir su último mensaje y sin más noticias de Gure, llegó lunes. Me desperté minutos antes del despertador, mi cuerpo o mi mente tenía claro que debía estar alerta… ¿Se acordaría Gure? ¿Sería fruto de un calentón y estaría arrepentida? Acepté esperar a que ella moviera ficha, no quería parecer desesperado.

Pasaron un par de horas, casi daba por pérdida la oportunidad de volver a disfrutar de Gure… alrededor de las 10 de la mañana recibí un whatsapp:

Compartida ubicación

“Hace calor, no te olvides del helado. 2º 2ª”

28 minutos eternos según el GPS. Llegué a la dirección. A un pequeño bloque de pisos de nueva construcción, rodeado de más bloques de mismas alturas. Vestía con una camiseta de tirantes blanca, bañador y unas chanclas, perfectamente depilado y acompañado de un bote de helado sabor mix de vainilla y chocolate recién comprado.

Subí, recibiéndome con una picara risita, debo admitir que Gure tenía un morbo especial. Su forma de estar transmitía un rollo morboso. Vestía la parte de arriba del bikini y un pantalón corto, ambos negros. Tras un largo abrazo, donde pude recrearme con sus pechos sobre el mío, me invitó a entrar a su piso.

Comprobé como el comedor recibía muchísima luz gracias a la enorme cristalera que daba a una terraza. Menudo privilegio pensé. Tenía una terraza orientada a un riachuelo, adornada con plantas y pequeños árboles que impedían a los vecinos de alrededor poder ver que se cocía en aquella estancia. Salvo un par de ventanas del bloque anexo, que por suerte tenia las persianas echadas hasta abajo, la terraza tenía una privacidad total. Unos 30 metros cuadrados de luz, sol… junto a la ducha incrustada en la pared, tenía una pequeña piscina desmontable, para unas 4 personas con la altura suficiente de cubrirte hasta el cuello estando sentado. Un pequeño paraíso en casa.

De fondo sonaba música pop, actual. Me sirvió una cerveza, justo lo que necesitábamos. Necesitábamos relajar nuestra tensión inicial, creo que ambos andábamos con los mismos nervios. Tampoco la noté con la misma iniciativa que hacía unos días.

Tras enseñarme el resto de habitaciones y hablando de banalidades, ya nos habíamos acabado la primera cerveza. Decidió abrir una segunda, inmediatamente nos trasladamos a la terraza. Hacia bastante sol y aguardaba un día de intenso sofoco. Ideal para dos amantes del sol y del calor.

Nos situamos uno al lado del otro, en dos sillas junto a la mesa. Aún debajo del toldo, a la sombra me preguntó que me pareció la playa del pasado viernes. En aquel momento no sabía si se refería a lo que pasó entre nosotros o en la playa en particular. Me hice el despistado, hablando de la playa y su intimidad. Ella atendía a mis palabras mientras jugaba con su botellín de cerveza casi acabado.

Después de mi último trago, me invitó a que tomásemos el sol. Tras un rato juntos, la sintonía volvía a ser como día atrás, desinhibida y confiada se dirigió hacia la ducha.

Te importa sí…? -Preguntó Gure despojándose de toda tela.

Estás en tu casa

Ya ya... pero esto… no es una playa nudista, quizá… tú…

No acabó la frase, cayéndole caía el chorro de agua congelada por todo su cuerpo, mientras admiraba atento a la forma de cuerpo, deleitándome todavía desde la silla.

Mi polla comenzaba reaccionar bruscamente y esta vez no me importó disimular. El bañador a duras penas aguantaba mi estado. Ella, se dió cuenta y miró varias veces hacia mi paquete riendo.

Me levanté y acto seguido me bajé el bañador, saltando mi polla totalmente erecta. Gure seguía en la ducha, recreándose mientras me acercaba a ella para poder disfrutar del agua. Una vez a su lado, pude rozar mi cuerpo con el suyo, girábamos uno sobre el otro, luchando por el chorro del agua mientras mi polla chocaba con sus caderas y su culo continuamente. Así estuvimos un rato, jugando, creando un ambiente erótico que estaba dejando mi polla absolutamente dura.

Al cabo de dos minutos, cogió y estiró una toalla de doble tela, la cual se intuía cómoda. Me dijo que a falta de hamacas, esta gruesa toalla le parecía lo más y no ocupaba espacio.

Se estiró y desde su posición me invitó a acompañarla. No titubeé. Me estiré a su lado. Ambos tomábamos el sol, orientados boca arriba. La música sonaba y mi polla no bajó ni un solo centímetro, mientras me contaba las veces que había hecho nudismo con amigos, que no habían sido tantas.

Acabando sus experiencias, marchó unos segundos, dejándome solo. Al volver, traía el helado que tanto nos hacía falta. Un poco de frio no me vendría nada mal.

Siempre he querido hacer esto. Cierra los ojos. No te muevas. –me ordenó

Abrió el bote de helado. Con los dedos iba cogiendo trozos y los iba dejando por todas partes de mi cuerpo. Incluso dibujó un hilo entre mi cuello y mi pelvis. Una vez mi cuerpo tenía suficiente helado, dejó el bote en la mesita y volvió a mi lado, situándose encima de mi cuerpo, como animal, a cuatro patas, acercando su lengua a cada rincón adornado de helado. Comenzó chupándome los hombros y la cara, suave… notaba su respiración acelerada. Lentamente bajaba todo su cuerpo al compás de cada rincón donde mi había puesto helado.

Mi polla no paraba de botar, estaba pidiendo paso. Me removía con cada lametón de Gure. Mordía donde se le antojaba. Con fuerza, dejándome con pequeñas marcas. Me sentía plenamente deseado por esa mujer.

Notaba el helado derretir por todos los costados de mi cuerpo, caían hilos que Gure trataba de alcanzar. Mis manos acompañaban la cabeza de un lado a otro, sin forzarla, únicamente acompañando sus movimientos. Continuaba sin rozar ni atender mi polla.

Que rico estás Joel…

Tu lengua… lengua sí… sí es rica… -respondí a 3 tiempos

Incorporó el cuerpo mirando todo lo tenía en frente de ella, situando su culo en el hueco de mis piernas, dejándome por unos segundos mis manos sobre sus muslos, calientes y tensos.

Mordía su labio inferior, de la misma manera que hizo en la playa, pero su mirada desprendía que todo lo que tenía allí, ahora le pertenecía y nada le impedía disfrutarlo.

Salió de la toalla, me exigió seguirla nuevamente hacia la ducha. Me situó debajo y abrió el grifo muy lentamente, dejando caer las primeras gotas de agua, corriendo por mi cuerpo junto a sus manos. De casi inmediato, nuestras miradas se cruzaron y no pude evitar buscar su boca. Me posicioné tan cerca que nuestros labios podía notar el calor y tras unos segundos manteniendo esa magia, pegué mi cuerpo al suyo, agarrando con mis brazos su cuerpo, inundando mi lengua sobre la suya. Manoseábamos uno al otro, no quería desaprovechar la oportunidad de tocar todo su cuerpo, apretando con fuerza, de tal ganas tenía que más de un manotazo pegué en su culo. Ella gemía cada vez que le azotaba con energía.

Oprimía mi polla sobre su coño sin dejar de besarnos y chuparnos toda la cara como animales.

Casi desbordado por los mordiscos que Gure me asestaba en el cuello, de un movimiento giré su cuerpo, situando mi polla en la raja de su culo, frotándolo dulcemente de arriba abajo, esta vez era yo quien mordía con delicadeza su cuello. Agarraba su teta con mi mano y con la otra la estrangulaba muy levemente para mantener la posición. El control y la brusquedad de Gure, estaba transformándola en pasión.

Dejándose hacer, la fui inclinado hasta apoyarla en la pared, con todo su tratero en pompa y a mi merced. Mi polla apuntaba, totalmente tiesa, hacia su coño. La coloqué en la entrada de su vagina y lentamente comencé a penetrarla. Mis movimientos suaves y delicados, podía disfrutar de cada centímetro que metía en ella. Agarra su culo con fuerza, apretaba casi clavándole las uñas. Gemía con cada uno de mis movimientos, entra y salía, una y otra vez mientras seguía el agua caer sobre nosotros.

Los olores del helado todavía seguían pegados en mi cuerpo se mezclaban con el aroma que brotada del coño de Gure, provocándome aún más fogosidad. Aumentaba la brusquedad con las que finalizada mis embestidas, chocando mis huevos con sus labios vaginales, totalmente empapados.

El sonido de nuestros sexos chochar se intensificaba, solo interrumpidos por el sonido de la música. Penetraba a mi amiga cada vez más fuerte, ahogando toda mi polla en ella, fuerte, una y otra vez. Sus gemidos subían de tono, más pronunciados y repetidos, al compás de mis embestidas. No quería terminar, deseaba explotar, pero no quería que aquel momento acabase todavía. Pare de golpe, besándole por toda la espalda, separando mi polla de su empapado agujero.

Para relajar mi excitación, coloqué a Gure en un rincón dentro de la piscina, encima del borde con las piernas completamente abiertas. El color rojizo, lleno de jugos por todos sus rincones, me embriagó de tal manera, que comencé a lamer su raja, de arriba abajo, moviendo la lengua impulsivamente, casi mordiendo los labios. Metía la lengua hasta lo más profundo que podía, mientras ella sostenía mi cabeza con sus dos manos, sujetándola para que no parase, para que no dejase de proporcionarle placer. La apretaba hacia su vagina. Gritaba, ya no gemía, lo que hacía era gritar de placer.

Me encontraba con toda la cara empapada de sus jugos, tan sabrosos que de tanto chupar, morder, lamer… me los tragaba. Mi lengua casi exhausta de tanto movimiento, ahora más lenta y pausada, se vio obligada a parar. Gure me sacó de aquel manjar para ahora, chuparme la cara, comenzó a lamerme la cara llena de ella, saboreaba sus adentros enganchados en mí.

Así estuvo hasta que me limpio completamente la cara, dejándome lleno de saliva. Nos besábamos con pasión, mis manos tocaban todo lo que podían, en todas direcciones hasta que detuve una de ellas de nuevo en su coño, para volver a penetrarlo con varios dedos. Los metía con muchísima facilidad, seguía muy mojada y tan cachonda que tres dedos entraban sin resistencia.

Después de un rato masturbándola, me sacó de la piscina y me tiró a la toalla. Con todo el sol encima de mí, con mi polla apuntando a lo alto, se sentó encima. Se la metió de un golpe, dejando caer todo el peso de su cuerpo, notando como mi tronco penetraba las paredes de su vagina. Muy lentamente movía su cuerpo de adelante hacia detrás, suave y con firmeza.

Me miraba mientras yo solo podía dejarme hacer, arrojando gemidos de auténtico placer. Notaba como todo mi tronco se movía al compás de sus movimientos, dura como una piedra. Recogió mis manos, acomodándolas por encima de mi cabeza, agarrándolas con una de sus manos. Sometiéndome a su placer, no podía tocarla. No me dejaba usar mis manos tomadas a su presión. Sus movimientos seguían ahora más impetuosos, más intensos y repetidos. Casi sin apartar, rozaba sus labios con mi pelvis, con la polla completamente cautiva por su agujero.

Cerró sus ojos, estaba a punto de correrse. Estaba utilizándome a su antojo, sabía que me estaba poseyendo como un juguete y me encantaba. No pude más y exploté del placer, me corrí dentro de ella, dejando varios chorros y espasmos por el camino. Ella trataba de alargarlo un poco más, tardó unos segundos en explotar y temblar de placer encima de mi cuerpo con toda la polla dentro de ella, exprimía al máximo aquella sensación apretándose todavía más a mí. Al cabo otros segundos, se dejó caer encima y posó cuerpo sobre el mío. Relajada nuestra respiración, disfrutaba de liberación de tanta tensión acumulada.

Después de toda aquella diversión, nos duchamos y volvimos a disfrutar del sol con otra intimidad. En la actualidad Gure es una de mis mayores confidentes, tenemos una confianza extrema, tanto que me llena de envidia siempre que me relata sus encuentros sexuales con otros chicos.