Amparo fue la primera
La monotonía de quince años de matrimonio pesaba más que la prudencia. Cuando Amparo le preguntó abiertamente si querían follar, el alcohol y el deseo rompieron cualquier barrera. En el silencio del parking, la discreción se convirtió en el único secreto que debían proteger.
Ocurrió en la última cena de navidad, tengo 40 años y soy un hombre normal 1,90cm 85kg, pelo corto, barba, pendientes y siempre dijeron que bastante resultón más que guapo.
Llevo una vida rutinaria como cualquier hombre de mi edad, casado, con niños y una vida sexual bastante sedentaria, en casa con dos niños, y las rutinas desde hace muchos años hacen que el sexo se haya vuelto monótono entre nosotros. Hasta ahora me había planteado infinidad de veces ser infiel, buscando en chats, webs, redes sociales, etc. Nunca había dado el paso ya que nadie había inspirado la suficiente confianza como para hacerlo.
Ese día los compañeros más cercanos habíamos quedado en salir todos con camisa, la cena era en la sala de un hotel de la ciudad, tipo aperitivos con varios bufets para cenar todos de pie y poder ir cambiando de grupo y así relacionarte con la mayoría de compañeros que habían decidido asistir, debo decir que somos muchísimos, aunque muchos ni nos conocemos entre nosotros.
Llegue alrededor de las 19 de la tarde y aparque en el garaje del hotel por si volvía en taxi, tomamos algo entre risas y anécdotas de trabajo y entramos ya ambientados en la sala, que luego sin salir del recinto serviría de disco móvil. La gente venía casi toda muy arreglada así que no desentonábamos yo elegí unos chinos beige y camisa negra para la ocasión, no es por tirarme flores pero iba bastante guapo ese día, La mayoría de mujeres llevaban vestidos y menudo cambio daban de verlas en su día a día de trabajo a verlas todas peripuestas para la ocasión.
Hablando con unos, conociendo a otros, picando por las distintas mesas y de vez en cuando acercándome a la barra a beber, el nivel de alcohol iba subiendo, cada vez estábamos todos más desinhibidos, cenando, bailando y disfrutando de la primera vez que podíamos juntarnos después de los años de pandemia.
Yo no buscaba nada, siempre fui del pensar de mantener trabajo y sexo en ámbitos distintos, para mi sorpresa la primera en acercarse con intenciones distintas a las de mantener una charla agradable fue Carla, una mujer algo más joven que yo, por lo poco que sabía de ella casada y con niños, 1,70cm aproximadamente, delgada y con buen cuerpo se podía decir que era una de esas mujeres que al pasar no deja indiferente a nadie, esa noche había elegido un vestido rojo ceñido dos dedos por encima de la rodilla con un escote bastante prominente marcando bastante sus pezones, se notaba que no llevaba sujetador.
Carla fue muy sutil a la hora de intentar ligar conmigo, mientras continuábamos picando en la mesa que había sushi, pregunto que donde tenía pensado seguir la fiesta después y demás, también me dejo caer que su marido estaba de viaje y los niños estaban con sus padres esa noche, se notaba que también llevaba alguna copita de más, pero había algo en ella que sin saber que era no me inspiraba confianza, así que conforme pude no se el por qué pero le di largas y marche a seguir bailando con mi grupo más cercano.
La cena ya había terminado y ahora estábamos solo con el copeo y el baile, al poco tiempo de estar solo el grupo de chicos nos acercamos a otro de chicas con las que también teníamos bastante afinidad eran 4 las que estaban allí, nosotros habíamos ido juntos tres. Hicimos los saludos de rigor y entre risas y copas seguimos bailando con ellas.
Estábamos todos pasándolo genial, cuando Amparo se acercó a mí y creyendo que me susurraba y por efecto del volumen de la música y el alcohol, me pregunto abiertamente si nos íbamos a follar, (nunca nadie fue tan clara y concisa conmigo) levante la cabeza y mire a mi alrededor, lo habían oído todos, así que se ocurrió reírme y decirle que si como si fuera una broma. Yo iba bastante bebido y lo cierto es que Amparo que también lo estaba si me inspiraba la confianza que no hacia Carla.
Amparo es una mujer también casada y con hijos, medirá 1,80 fácilmente, de complexión delgada con pechos pequeños pero firmes y un buen trasero, debía ser un par de años mayor que yo aproximadamente, y la verdad es que siempre me había llamado la atención, aunque nunca me plantee follar con ella. Ese día vestía una blusa de colores llamativos bastante holgada, unos vaqueros ceñidos que le hacían un culo espectacular y esto lo completaba con unas botas de montar nunca mejor dicho.
Primero intentamos ir al baño, pero fue inútil allí solo encontramos colas y prisas era imposible hacer nada, de hecho pillamos a otros compis que estaban en la misma situación, así que le propuse bajar al parking subterráneo donde tenía aparcado el coche y acepto enseguida.
De camino al parking Amparo me pregunto si estaba seguro, yo le respondí con un simple ¿y tú? Ella sonrió y me contesto de nuevo que solo se vive una vez.
Cuando llegamos al coche libres de todas las miradas empezamos a besarnos y acariciarnos salvajemente, estábamos como animales en celo, recuerdo como ella me comía con ansia la boca cruzando nuestras lenguas con avidez, mientras yo apretaba fuerte de su trasero para que notara mi polla contra su pubis a través del pantalón, abrimos el coche y entramos, Amparo se quitó las botas y la camiseta que llevaba desabrochando el sujetador, dejando sus pechos de pequeños pezones totalmente libres, luego empezó a desabrochar mi camisa mientras yo pellizcaba sus pezones y la besaba.
Se separó un poco para poder bajar sus apretados vaqueros dejando ver un bonito tanga de hilo rojo totalmente trasparente que también aprovecho para quitarse, en ese momento empecé a hablarle sucio, parecía gustarle primero le pedí que me comiera la polla y allí como pudo desde el asiento del copiloto se puso en cuclillas y empezó a meterse mi falo que parecía un mástil en su boca, chuparlo y pajearlo ávidamente, yo acariciaba su totalmente depilada vagina, tenía unos labios prominentes, separados y brillantes, acerque mi mano y fui a besar su oído para susurrarle que estaba empapada, ella contesto con un leve gemido que sí y a esa respuesta y en la posición que estaba, le ayude a incorporar su cabeza, necesitaba que parara o iba a correrme sin follarla.
Dime Amparo ¿te gusta que te coman el coño? le pregunte mientras la besaba y su boca sabia a polla, poco a poco iba bajando mordiendo sus pezones, besando su ombligo, ella sin dejar de gemir mientras frotaba su clítoris me afirmo que si, así que me puse manos a la obra y fui yo quien bajo a comerme esos labios que parecían llamarme a gritos, empecé a besar su monte de venus depilado, sus ingles, ella intentaba moverse para llevar mi lengua a su raja, estaba caliente, empapada, poco a poco empecé a lamer su labios para después empezar a succionar su hinchado clítoris cuando parecía que no aguantaba más, agarro mi cabeza, cerro sus piernas y empezó a gritar, acababa de arrancarle su primer orgasmo.
Me incorpore y ella empezó a besarme, ahora era mi boca la que sabía a coño, fue ella la que empezó ahora a hablarme sucio me pidió un condón y me dijo que quería que la follara, le dije que tendría que confiar en mí, que no tenía condones, pero que no podía dejarla embarazada y no dudo ni un segundo, cambio de asiento y se montó como una amazonas en su caballo, agarro mi verga y la encamino a su húmedo agujero, una vez toda dentro empezó a cabalgarme sin dejar de besarme, ambos gemíamos acompasados a los sentones que ella iba dando sobre mis muslos, su coño chorreaba tanto que estaba mojándome los huevos.
Se echó para atrás haciendo sonar la bocina del coche, cosa que nos hizo soltar una pequeña carcajada y seguir a lo nuestro, ella seguía moviéndose rítmicamente mientras yo llevaba mi mano a su clítoris, ya deje de susurrar y le dije que me iba a correr si le gustaba sentirse llena de lefa y no dudo en su afirmar su respuesta entre gemidos cada vez más intensos, se notaba que estaba cerca de su segundo orgasmo, cuando no podía más y note que iba a empezar a correrme, la abalance hacia mí para empezar a soltar chorros de lefa mientras ella seguía con sus gemidos, su vagina empezó a contraerse, se estaba corriendo de nuevo.
Cuando saque mi verga de su interior empezó a gotear semen, yo aún seguía muy cerdo y no pude aguantarme en decirle que iba a seguir la fiesta rezumando leche, ella se ruborizó un poco se notaba que ya no estaba tan exaltada por los efectos del alcohol que empezaban a disminuir.
Empezamos a vestirnos, y cuando estábamos listos para volver a subir me beso y me dijo que esto quedaba aquí, obviamente le dije que por mi parte podía estar tranquila, incluso si le apetecía repetir en otra ocasión en algún sitio más discreto que no dudara en pedírmelo.
Volvimos a la fiesta, se había enterado más gente de la que hubiésemos querido de nuestra ausencia y de donde pretendíamos ir, aunque nadie podía confirmarlo. Por suerte nuestras parejas no.
A día de hoy mantenemos muy buena relación laboral, los rumores con el paso del tiempo se han ido esfumando, si seguimos manteniendo relaciones extra laborales lo dejo a vuestra imaginación.
Como siempre espero vuestros comentarios y que os haya gustado.
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