Las lecciones de Loca
Siempre creyó que ella mandaba en la cama. Pero esa noche, la puerta se cerró y la libertad se convirtió en una jaula de piel. Ahora, solo queda obedecer.
Teresa tenía muchos nombres. En su casa la llamaban Tere, su grupo de amigas Ter, y todo aquel que sabía de ella, la llamaba Loca. Era una ánima libre que intentaba sobrevivir en un mundo que se obstinaba en querer controlarla.
Loca no se avergonzaba de nada de lo que hacía, podía llegar a arrepentirse, pero como ella misma decía, lo hecho, hecho está.
Había regalado su virginidad al chico más popular del instituto muchos años atrás, y a partir de allí fue acumulando nombres de hombres con los que había estado.
Para sus compañeras, era la voz de la experiencia. La que era capaz de ponerse a gritar en la calle a plena noche para liberar su alma, y la que las aconsejaba a no llorar por ningún hombre, ni soñar con flores en la cama. Su carácter dominante, asustaba a los chicos más reservados e inseguros, y atraía a los que la veían como un desafío, y se creían capaces para ello.
Su belleza era salvaje. Delgada, con un culo respingón y unos pechos agraciados y firmes que a menudo escondía detrás de su largo cabello castaño e indomable.
Loca presumía de ser libre. Tenía un buen amigo al que acudía cuando necesitaba que la follaran sin tener que dar explicaciones ni responder preguntas. Solo sexo. Era ella la que decía dónde y cuándo.
A menudo visitaba a una joven universitaria y con la que se había iniciado al sexo con otra mujer. Para ella era nuevo y diferente, y le gustaba que todo el mundo supiese que era bisexual.
Con el tiempo, su bisexualidad le había dado un cierto rango de distinción entre sus conocidos, y agrandaba su leyenda. Se sentía de vuelta de todo, más lista, más experta, más dura, y como su mote indicaba, más loca, o eso creía hasta que conoció a un hombre mucho mayor que ella que la cautivó.
Al contrario que la mayoría, no se sentía fascinado por esa locura salvaje que ella siempre intentaba transmitir. Su mirada y el trato que le daba era como si fuera un ser humano más en el mundo, y aunque al principio Loca intentó impresionarlo con su retórica y sus hazañas, nada de lo que dijo, pareció tener un valor especial para él.
La aparente sencillez de aquel hombre, escondía algo que lo hacía diferente al resto. Loca tenía la corazonada que Juan había vivido a su manera, sin importarle demasiado los cánones que marcaba la sociedad en cada momento.
A Loca se le antojaba tener una noche de sexo con él. Se preguntaba si en la cama mantendría esa seguridad en sí mismo o si haría como la mayoría, dejándose llevar por los caminos que ella misma decidiera seguir, y únicamente poner su polla para la delicia de los dos.
Loca se le insinuó como una gatita en celo para conseguir que Jose la invitara a su casa, y así lo hizo, pero sin caer en la risa tonta ni intentar seguir el juego.
Cuando Loca se lanzó a buscar su polla en el pantalón en el mismo instante en el que él cerró la puerta de su casa, la detuvo. Agarrándola por el pelo levantó su cabeza hasta que los dos estuvieron cara a cara.
-Lo siento, pero en mi casa mando yo.- Le dijo manteniendo su pelo agarrado y tirando de él hacia arriba con su mano izquierda.
Con la espalda apoyada en la puerta, Loca quedó inmóvil, con los pies de puntillas por el dolor en el pelo.
-Así me gusta, que no te muevas y estés calladita- Le dijo mientras empezaba a sobar sus pechos por encima del jersey que llevaba puesto.
-Me haces daño- Le dijo Loca, más por el miedo que por el dolor.
-Si quieres, te suelto y puedes marcharte, tú decides- le contestó, dejando de sobar sus pechos, para esperar su respuesta.
-No- dijo secamente. Aquella ánima libre quería vivir otra experiencia desconocida para ella, y por primera vez, se dejó llevar.
La mantuvo con la espalda pegada a la puerta de entrada, con su cuerpo totalmente estirado con los pies de puntillas. Con su mirada clavada en la expresión tensa y expectante de su cara. Mientras la mano se colaba por debajo del jersey y se dirigía directamente a sus pechos. Desenfundándolos del sostén en el acto. Con la mano tomó un pecho y lo manoseó, explorando su anatomía. Luego sus dedos se centraron en el pezón, atrapándolo y sintiendo su textura y dureza. Se aproximó y su lengua recorrió el cuello de la joven y acabó lamiendo y babeando su oreja.
-Quieres sentir mi mano en tu coño?- Le susurro casi imperceptiblemente. Loca afirmó sin decir nada. Se estaba excitando rápidamente al sentirse como una víctima en manos de ese hombre tranquilo, serio y duro.
Su mano abandonó el pezón que estaba acariciando y descendió, colándose por debajo de sus mallas y sus braguitas, y enseguida pudo sentir como todos los dedos se posaban encima de sus labios vaginales.
Sentía la lengua, explorar el interior de su oreja, descender hasta su lóbulo, chuparlo y volver a lamerla, mientras sus dedos se movían lentamente encima de los labios vaginales ejerciendo una presión placentera.
-Te gusta que te toquen?- Le susurró al tiempo que uno de sus dedos se deslizaba entre los labios vaginales y entraba en contacto con su clítoris.
-Sí, me gusta- le contestó, teniendo que estirar aún más su cuerpo por el dolor de tirón de sus pelos.
Juan mantenía su mano agarrando el cabello y tirando de él sin desfallecer.
Empezó a masturbarla, moviendo la yema de su dedo alrededor del clítoris, mientras volvía a llenar de saliva la oreja y el cuello de Loca. Ella mantenía su cuerpo en tensión, con los puños cerrados con fuerza, mientras soportaba el dolor del tirón de sus cabellos y el placer mezclado de la lengua, jugueteando en una zona que acababa de descubrir increíblemente erógena, y aquella masturbación sucia y morbosa, que la hacía jadear. No podía relajarse para gozar del placer que sentía, ya que el dolor que le provocaba el insistente tirón de su pelo y el cansancio de las piernas no se lo permitían, pero aun así, su cuerpo se llenaba de gusto, y gozaba de sentirse apresada de esa manera, y masturbada por un hombre a quien parecía que poco le importaba su placer. Regalando su cuerpo joven a un hombre que ya no tenía acceso a él. Sin entender los procesos de su propio cuerpo, empezó a gemir con más fuerza, sintiendo más placer y subiendo hasta el éxtasis que la acabaría llevando a un orgasmo que ya deseaba.
Juan intuyo el punto donde ella se encontraba y cortó su placer.
-Ahora quiero que me la chupes, pero sin usar tus manos-
Se dejó caer de rodillas en el suelo, con las piernas doloridas por estar tanto tiempo de puntillas, borracha de placer y mostrando su lado más salvaje, abrió su boca, mirando a Juan para que este se la llenara.
Él se sacó la polla erecta del pantalón, más bien corta pero muy gruesa, y la dejó delante de su cara para que empezara a mamársela. Loca empezó lamiendo de la base hasta el glande, y después se lo introduzco en su boca para saborearlo, y chuparlo con pasión. Sin usar las manos, pegaba los labios al tronco de la gruesa polla de Juan, entrando y saliendo.
-Muy bien Teresa, ahora chupa solo mi glande- Le ordenó mientras observaba las maniobras que le proporcionaban placer. La cabeza de Loca rotaba alrededor del glande enrojecido haciéndolo gemir de placer.
-Ponte en cuatro, aquí mismo. Tengo ganas de follarte- Le indicó, en un tono que rozaba el desprecio, como si estuviera dirigiéndose a un animal.
Loca obedeció, se sentía terriblemente excitada por aquella sesión de dominio que la había sorprendido y desconcertado, pero que había despertado una excitación y un placer que se expandía rápidamente por su mente.
-Fóllame- Le dijo bajando la cabeza hasta casi rozar el suelo para que su sexo quedara totalmente expuesto para Juan. Este se situó detrás, agarró su gruesa polla y restregó su glande por los labios vaginales, totalmente lubricados de Loca. Frotaba su clítoris, y lo encajaba en su coño para penetrarla inminentemente, pero volvía a retirarla para volver a frotarse contra sus labios, y su monte de venus inflamado y sensible. Lo comprimía, lo restregaba, con un sutil movimiento circular que desesperaba a Loca, consiguiendo aumentar el deseo de sentir como aquella polla se abriera camino en su interior.
Se dio cuenta de que el placer que sentía era enorme, y que estaba luchando para reprimir un orgasmo que parecía no tener razón de sí. ¿Tan excitada estaba?
-Fóllame Juan, fóllame ya!!!- le rogó al darse cuenta de que el roce del glande en su clítoris la estaba llevando al éxtasis.
En ese momento el glande empezó a penetrarla con lentitud, dejando que ella pudiera sentir como daba cabida a su polla.
Al sentirse llena por aquella polla gruesa y dura, su mente la abandonó, -Haggg!!!!- Gritó al sentir como explotaba su orgasmo. Clavando sus uñas en el suelo, perdió el sentido del tiempo y el control de su cuerpo que se convulsionaba por los azotes de placer. Juan, educadamente, mantuvo su polla enfundada en el coño de Loca sin moverse, observando los espasmos eléctricos que azotaban sus caderas, buscando más roce y más placer que alimentara su orgasmo, pero Juan espero inmóvil a que se fuera diluyendo.
-Dios!!!- gritó en cuando sus pulmones pudieron volver a aspirar aire, y con el placer aun corriendo por sus venas.
-Ya has terminado Teresa?- Le preguntó en un tono tranquilo.
Loca, sintió vergüenza y un sentimiento de culpabilidad, y sin saber muy bien que decir, simplemente afirmo con la cabeza.
En ese momento Juan empezó a follarse a esa chica insolente que se había corrido antes de empezar. La agarró por las caderas y empezó un bombeo rítmico y tranquilo para su propio placer.
Loca no dispuso de tiempo para rehacerse de su orgasmo, seguía sensible, y sentir esa fuerte fricción en su interior le proporcionaba un placer casi doloroso. A cualquier otro le habría dicho que necesitaba un tiempo para reponerse, pero de alguna forma sabía que Juan no se lo permitiría, y aguantó.
Sujetaba a su presa con fuerza, conduciendo sus movimientos con precisión y aumentando su ritmo a medida que los segundos se iban sucediendo.
Irguió su espalda para aumentar el roce de su polla contra las paredes del útero, gozando del coño lubricado y prieto de aquella joven.
-Que placer me das, cerda!!!- Le digo, propinándole una fuerte nalgada con la palma de la mano, y aumentando la fuerza de sus embestidas.
Loca volvía a sentir placer, se había entregado completamente, y le había regalado su voluntad. Nada había en su cabeza, solo esa sensación de pertenecer a otra persona, de ser una simple esclava totalmente abducida por el placer que sentía crecer en su vientre, camino de transformarse en un nuevo orgasmo, más intenso, y largo que el anterior.
-Porque gritas zorra?-
-Dime que te gusta sentir mi polla, dímelo!!!- Le decía jadeando, preso por la locura de poseerla, bombeándola con furia, como si estuviera impartiéndole un castigo.
- Si, Jose, fóllame, voy a correrme de nuevo- Gritaba con las venas marcadas en su cuello y sus cabellos, moviéndose al ritmo de las fuertes embestidas que recibía.
Jose supo reprimir sus ansias lo suficiente para permitir que Loca volviera a correrse, esta vez totalmente poseída por el placer, contoneándose como una serpiente, mientras él mantenía sus caderas fuertemente agarradas para no permitir ningún movimiento que él no deseara.
Aguantó sintiendo el calor y la humedad envolviendo su polla, y las contracciones de placer del útero, comprimiendo su miembro hinchado y tenso. Cuando su cuerpo aún se retorcía por el orgasmo, retiró su polla y agarrándola con fuerza con su mano, la condujo hasta el ano, y un potente chorro de semen salió despedido con fuerza, impactando en el aro de piel oscura y rugosa del ano de la joven. Mientras un potente gemido masculino de placer, resonaba entre las paredes de la entrada. Acompañaba su orgasmo con la mano, liberando un chorro de semen cada vez que esta retrocedía, dejando su polla en tensión, admirando como el culo de Loca quedaba bañado por su semen.
La joven, a quien todos llamaban Loca, quedó tendida en el suelo, con la respiración agitada, y el brillo de los surcos de semen en su piel, descendiendo hasta los labios vaginales, enrojecidos y abiertos y precipitándose al suelo. Jose la observaba con su polla aún en la mano, mientras iba recuperando el aliento. Había domado a la bestia, y se sentía orgulloso por ello.
Se ducharon, cenaron y se marchó. No se sentía del todo cómodo conversando con ella. Le aburrían las historias que le contaba, y no entendía por qué se sentía orgullosa de aquel extraño apodo con el que sus compañeros se referían a ella. Para él, solo era una chica que se creía muy lista. Pero disfrutaba domando esa ánima libre, y follando con un cuerpo joven y vigoroso.
Gracias por su tiempo, estaré encantado de recibir sus correos para conversar u opinar sobre el relato.
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