Yo me lo busqué - (Capítulo 25)
Julián finge indiferencia ante los amantes de su esposa, pero la noche en que su amigo Dani viene a 'reparar' un interruptor eléctrico, la tensión sexual se vuelve insoportable. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para verla disfrutar con otro?
Capítulo 25
El martes el que vino a casa fue mi amigo Marcelo que me quería consultar sobre unas estanterías que quería poner en su trastero y que no hacía ni un mes que nosotros las habíamos puesto en el nuestro. Con él me acerqué al sótano para que las pudiera ver ya colocadas y luego subimos a casa a tomarnos una cerveza.
Carmen ya estaba haciendo la cena para los tres, después de hablarlo con la novia de Marcelo, así que no sabía si esa noche la querría pasar con ella, tal como hacía yo con Sonia hasta nuestra reconciliación y al final lo hizo sin más tapujos. Tanto ímpetu le ponían que no tuve más remedio que dejarlos solos en nuestro dormitorio para irme a dormir al último del pasillo a ver si cogía algo menos de ruido, que vaya dos.
El miércoles me llamó Carmen a la oficina, pues Richard quería repetir esa tarde tal como le anunció cuando se marchó el domingo.
-Carmen, no me gustaría que esto se convirtiera en una costumbre nuevamente de los miércoles, creo que ya tuvo bastante con lo del domingo, ¿No te parece?.
-Entonces le digo que no, que más adelante ya veremos.
-No sé cielo, mira, toma tú la decisión, si te ves con muchas ganas le dejas que vaya, aunque supongo que después de lo de anoche con Marcelo estarás un poco perjudicada.
-No, por lo de Marcelo no hay ningún problema, tú me conoces, pero de verdad que si no te parece bien...
-No, mi amor, haz lo que te pida el cuerpo, no pasa nada.
-Bueno, le diré que venga cuando tú estés aquí.
-¡Ah! Sí... vale, sin problemas, como quieras. Un beso cielo, luego nos vemos.
Pero esa tarde, en contra de lo acostumbrado no me fui directamente a casa, sino que llamé a Félix y Marcelo para tomar unas cervezas. Luego apagué el móvil para evitar tener que darle explicaciones a mi novia, que seguro me las pediría al ver mi retraso en volver a casa.
Como siempre hacía, tomé a los dos amigos como mi paño de lágrimas y les confesé mi preocupación por la deriva que volvía a tomar nuestra relación, no solo porque Carmen estaba retomando con mucho afán sus encuentros sexuales con su ex-novio, sino que también y eso era lo más preocupante, mi propia actitud de pasotismo ante lo que se estaba desarrollando entre ellos y aún peor, las insinuaciones que ella me hacía no dándole importancia a retomarlos con los demás.
Caso aparte era el asunto que nos traíamos con Dani y su esposa Mari, pues ahí parecía haber un clarísimo interés por parte de los dos y ya no digo el que sentía él por acostarse con mi novia.
-Pero a ver si me entero, -me decía Félix-, ¿Entonces el Richard ese está ahora en tu casa follándose a tu novia?
-No lo sé con seguridad, ella me dijo que lo citaría para cuando yo estuviera de regreso a casa, pero no os puedo asegurar qué están haciendo después de ver que ni he vuelto, ni me he puesto en contacto con ella.
Los tres guardamos silencio dándole vueltas a lo que les acababa de aclarar, que la verdad no aclaraba nada, por lo que cada uno pensaríamos en todas las posibilidades que podrían esperarse de una situación así, o más que en todas, más bien en solo dos, o follaban o no lo hacían y punto. La cuestión es que ninguno sabía como reconfortar mi alma que estaba en pena de verdad. Fue Marcelo el que se atrevió a tomar la palabra.
-Si yo fuera tú me tomaría un par de semanas para irnos a un sitio tranquilo y sopesar lo que está ocurriendo tanto por parte de ella con las ganas de acostarse con Richard y sus amigos y tu incipiente pasotismo, sobre todo esto último que creo que es lo que más te preocupa ahora mismo.
-Me parece una muy buena idea, -certificó Félix la propuesta de Marcelo-, no, si el capullo éste tendría que haber sido psicólogo.
Los tres reímos éste último sarcasmo y después de tomarnos una nueva cerveza de despedida, nos marchamos cada uno a nuestro hogar.
Nada más abrí la puerta ya venía Carmen desde el salón para poder enfrentarme debidamente.
-Julián, cariño, ¿Qué es lo que te ha pasado para llegar tan tarde? Además de que tienes el móvil apagado.
-He estado con Marcelo y Félix tomando unas cervezas, ya sabes, -de momento no quise darle más explicaciones-, ¿Sigue tu novio aquí?
-¡No, por Dios! Se fue hace una media hora. -Pues tampoco hacía tanto, llegando a calcular que estuvo casi tres horas esperándome.
-¡Ah! Vale. Voy a ver si me ducho antes de cenar algo. -Ni yo mismo me entendía por la falta de interés en lo que habría ocurrido entre ellos esa tarde, que seguro que era mucho.
Pero ella sí creo que sabía lo que me pasaba mejor que yo. Su cara de preocupación así lo expresaba claramente, aunque de momento no quiso indagar más en el tema y cambió radicalmente la conversación.
-Te veo muy cansado, mejor te preparo el jacuzzi para que te relajes un poco, aunque tampoco es que te vea muy alterado que digamos.
Hombre, algo de sarcasmo sí que sacó al final, pero no le respondí y me dejé llevar por ella hasta el bendito jacuzzi aderezado con esas sales de baño que ella siempre tenía a mano. Más tarde ya en la cama preparándonos para dormir, decidí interesarme por su visita vespertina, no fuese a ser que se quedara más preocupada que yo mismo por ese posible pasotismo que me embargaba.
-¿Que tal con tu novio? -Le pregunté.
-Cielo, no me gusta que lo llames así, mi único novio eres tú, mi amor.
-Sí, perdona por no meterte el ex. -Le dije aguantándome unas risas.
-Uhm, estuvimos esperándote creo que más de una hora, pero como no venías y no te podía contactar, le pedí que mejor se fuese y que ya hablaríamos otro día, ya sabes como es y en la misma puerta estuvo despidiéndose como siempre, metiéndome mano y todo eso, hasta que al final me llevó al salón y me echó el polvo que era a lo que vino esta tarde.
-Ya, me lo suponía, -le respondí-, ese no se iba a ir de vacío y... ¿Habéis quedado para otros polvos?
Ella dejó la revista que tenía en las manos a un lado y se giró para mirarme a los ojos.
-No sé qué es lo que te pasa últimamente con mi ex, Agustín y los otros dos, tengo la impresión que te daría igual si viniesen los cuatro a follarme todo un fin de semana. Es eso, ¿No?
-No lo sé, cariño, sí es cierto que en estos últimos días siento un mayor rechazo a verlos a que estén contigo.
-¿Qué podemos hacer entonces? Sabes que prefiero hacerlo con ellos estando tú presente.
-Creo que tampoco le haces asco a volver a tener sexo con los cuatro sin que yo esté con vosotros, ¿Es eso lo que quieres decir?
-Es que no lo sé, mi amor... ya te lo dije el otro día, todas las semanas me acuesto con otros tres hombres contigo a mi lado, ¿Cual es la diferencia con los otros para que sientas ese rechazo? Además si te tocan, también lo hacen tus amigos y de Basti ya mejor ni hablamos, que cualquier día te va a dar el puntazo definitivo.
Tampoco quise responderle a este último y repetitivo planteamiento, por lo que guardé silencio antes de plantearle la solución que me dio mi amigo Marcelo.
-Carmen, cielo, me voy a tomar dos semanas de vacaciones para irnos al parador de Nerja, allí estaremos diez días disfrutando de la piscina, la playa de Burriana que tanto te gustó, buenos espetos de sardinas y sobre todo mucho tiempo para mí, a ver si me aclaro en qué es lo que deseo que pase contigo y tus cuatro folla-amigos.
Ella terminó de retirar la revista y se abrazó a mi cuello para darle un sinfín de besos, al tiempo que unas lagrimitas surcaban sus mejillas.
-Me parece bien, cariño, ve haciendo las reservas lo más pronto posible. Vas a tener mucho tiempo para follarme y un poquito para tu meditación.
Sus risas se estremecían junto a mi cuello al que apretaba tanto que parecía que me iba a ahogar.
-La próxima semana voy a estar muy liado, así que nos iremos la siguiente, ¿Te parece bien? Espero que aguantes mientras tanto las ganas de follar con tus amigos.
-Ya veremos... -Me respondió la muy puta con otras risas.
Al final echamos el polvo que para esa noche me parecía excesivo y más con los adornos llenos de realidad, nada de fantasías, con los que lo acompañó mi novia.
-Uhmmm... qué gustitoooo... el cabrón ha hecho que me corra dos veces ayyy... sabe usar lo que le cuelga entre las patas el muy guarro, aaahhh... másss... aaaggg...
Yo no estaba para muchos trotes y aproveché que ella se corría para dejarme ir con mi propio orgasmo. Mañana sería otro día, que en realidad me pareció que se había presentado nada más cerrar los ojos, joder con el maldito despertador, qué ruido hacía.
-Esta mañana viene a verme a la oficina nuestro amigo Dani, es por trabajo pero seguro que después hablaremos de lo que hicimos el sábado, aunque lo que más nos interesa saber es que piensan hacer de cara al futuro.
-Me gusta mucho Dani, cielo, es que como te dije el otro día, lo veo casi perfecto. Sus piernas, su culo, la preciosa polla que gasta, es muy atractivo, yo diría el mejor de todos los que han estado conmigo, descartándote a ti, cielo, tú eres lo máximo en hombre que ha pasado por mi vida.
¿Pero qué era lo que le pasaba a Carmen con eso de follar como una descosida? Es que no pensaba en otra cosa, aunque también es verdad que en este caso mi interés por la buenorra de Mari era repetitivo con pensamientos.
Esa mañana tenía puestas muchas expectativas en la charla que tendría con Dani, justificada por temas laborales, sin olvidarme de lo ocurrido el sábado anterior, pero a primera hora ya me estaba llamando Carmen.
-Me ha llamado Mari para quedar en el centro comercial y hacer unas compras porque han declarado el día de los precios sin IVA, ya sabes y de camino hemos estado cambiando impresiones con lo que ocurrió el sábado entre nosotros.
-Es que fue tremendo, todavía no me lo puedo creer que vosotras os sacarais las tetas delante de nosotros dos.
-Sí, pero es que también permitió que vosotros os quedarais prácticamente en pelotas y no veas cómo estabais con los rabos tiesos y echando leche sin parar. Pues de eso hemos estado hablando, de lo increíble que se ve todo después de que ocurriera.
-No me puedo entretener mucho, cielo, además que Dani estará a punto de llegar, hazme primero un resumen de las impresiones que sacasteis las dos, bueno, las que os habéis contado.
-Hombre, cielo, las mías son las mismas que ya te comenté a ti cuando se fueron, aunque sin tantas especificaciones, claro, no le iba a decir lo que me gustó su marido, sus piernas, su culo y su magnífica polla, eso no, pero sí le he dicho que todo fue muy morboso para mí y que me encantó lo que ocurrió.
-¿Y Ella? -Le apremié un poco para que se centrase más en la opinión de Mari.
-Si te digo la verdad, me ha decepcionado un poco, al menos de boquilla, porque ha estado insistiendo todo el rato en que no deberíamos haber aceptado el trato, el que tú propusiste al final y que enseñar nuestras tetas de esa manera fue una verdadera locura, que seguramente se dejó llevar por lo achispada que estaba y que la culpa la tuvo Dani que le insistía una y otra vez en que se tomara todas esas copas.
-¿Piensas que entonces ahí se acaba todo entre nosotros?
-No sé, ya te digo que todo eso me lo ha dicho con la boca pequeña, como buscando una disculpa por su atrevimiento, pero seguro que le estará dando vueltas a la cabeza desde que se marchó de casa y lo seguirá haciendo hasta que nos veamos de nuevo, por cierto que la voy a invitar para que lo hagamos el próximo sábado otra vez.
-Vale, cielo, te dejo porque Dani acaba de entrar a nuestras oficinas, luego te llamo. Un beso mi amor.
En cuanto él se presentó en mi despacho, como teníamos por costumbre nos dedicamos a solucionar todos los problemas del pedido que tendríamos que suministrarle y que por las complicaciones técnicas de algunos de ellos, nos llevó más tiempo de la cuenta encontrar una solución. Luego y dado lo tarde que se nos hizo, nos fuimos a comer juntos y ahí fue donde pudimos hablar de nuestros temas más personales.
-¿Qué te pareció lo que hicimos el sábado? -Le pregunté-, sabes que por nuestra parte todo estuvo muy bien, ya te lo dije en otra ocasión.
-Sí, ya lo sé, el problema es mi esposa que no está muy convencida y la verdad es que con sus argumentos, tampoco es que yo esté muy convencido de llegar más lejos.
-Supongo que te refieres a llegar a tener sexo. -Le dije sin buscar más excusas.
-Por supuesto, Julián, ahí es donde está el problema. He pensado mucho en eso de que tú te puedas acostar con Mari y la verdad es que no termino de verlo con buenos ojos.
-Podríamos seguir como estamos, por nosotros no te preocupes Dani, primero está nuestra buenísima amistad y luego si lo otro se da pues bienvenido por nuestra parte al menos, ni tenemos ninguna urgencia por acostarnos con vosotros, ni pretendemos que esto pueda servir para que tengáis la más mínima preocupación.
-Es que no lo sé, tío, ojalá tuviésemos nosotros esa facilidad para tener sexo con otros como la que tenéis Carmen y tú.
-Ya te dije que la primera vez no me fue fácil y que tuve unos primeros momentos en que lo iba a tirar todo por la borda, pero en cuanto el morbo fue ganando a los celos, ya no los he tenido nunca más.
-Joder, qué tetas tenía tu novia, coño, no se me va de la cabeza y además mi verga se está despertando otra vez y no veas los polvos que hemos echado Mari y yo desde el domingo.
-De eso se trata, Dani, de tomar las cosas buenas de esas situaciones tan morbosas, no me digas que no sacasteis más ventajas que penalidades.
-Lo malo es que no dejaba de pensar en Carmen mientras echábamos esos polvos y eso no termino de verlo bien, Julián, es tu novia y la tengo que respetar.
-Y eso es lo que tienes que hacer, respetarla siempre hombre, pero en cuanto a tener fantasías, permítelas todas Dani, yo también las tengo con Mari, al igual que Carmen las tiene contigo.
-¡Ah! ¿Sí? Si lo afirmas es que lo habéis hablado. Cuéntame como es eso.
No pude reprimir unas risas que al final él mismo compartió conmigo. El problema es que ahora los dos teníamos nuestras pollas duras o muy duras, al menos la mía que hasta me producía unas cosquillas pensando en que le estaba dando a Mari la mejor follada de su vida.
-Claro Dani, me dijo que tenías un cuerpo perfecto, el mejor de todos los que se han acostado con ella, bueno, salvándome a mí, que no sé si lo dijo convencida o solo era para que no me desmoralizara.
Nuevamente volvimos a reír como dos buenos camaradas que se contaban las cuitas más reservadas a nuestras parejas.
-¿Y de mí, qué dice tu esposa? -Sé sincero cabronazo. -Agregué al verle cavilar en su respuesta.
-No... bueno sí que hablamos de ti, o sea, ella más bien, vamos que no te saca de nuestra cama cuando estamos en plena faena y es que al parecer le ha impresionado la gran verga que gastas, dice que es muy potente y que seguro que dejas muy satisfechas a las que te follas, así me lo dijo, literalmente.
-Eso no está mal, al menos le he dejado una buena impresión, pero si tú tienes tantas dudas ella no se va a convencer en la vida, piénsatelo bien y procura animarla para que todos disfrutemos, mamonazo.
-¿Sabes que han quedado nuestras mujeres para ir de compras esta mañana? -Me preguntó.
-Sí, Carmen me ha llamado poco antes de que tú llegaras a la oficina, me ha dicho que le va a pedir que volváis a cenar con nosotros el próximo sábado.
-A ver qué hablan entre ellas sobre todo lo que pasó. Algo así no me importaría que se repitiera.
-Pero que se desnuden las dos, -le dije con unas carcajadas-, nosotros fuimos mucho más atrevidos que ellas.
-Por cierto, ¿Al final, se llegó a tu casa el ex de ella? -Me preguntó como el que no quiere la cosa.
-Sí, ya te dije que lo esperábamos para invitarlo a una paella y a lo otro también... -Le aclaré con las risas que me hacía verle la cara de estupor.
-¡Qué fuerte, joder! Y lo dices como si nada. Me supongo que sería en plan trío y todo eso.
-Supones bien, en plan trío de todos a una, o sea, que entre nosotros hubo también mucha actividad sexual, vamos, toda la que nos pidió mi novia.
-Oye que yo no podría hacer nada de nada contigo o con cualquier tío, ¡Eh!
-Claro, eso mismo decía yo cuando comencé a follar con nuestros amigos, pero no me acuerdo ya si ese mismo día no me comieron la polla esos dos cabrones. A ver qué harías tú si Mari te pidiera que me hicieras una mamada.
-¡Joder! Ni de coña, eso nunca, de verdad te lo digo.
-Pues Carmen me va a pedir que te haga más de una guarrada, no sabes como es de exigente cuando estamos en pleno apogeo.
-¿Tú a mí? Bueno, dejemos esta conversación tío que de veras que me pone de los nervios.
-De los nervios y de cachondo también que mira como seguimos los dos. -Le dije echando una mirada a nuestras entrepiernas.
-Ya, claro, si no te digo que no esté caliente, pero hay líneas rojas que no se pueden saltar.
-Sí se pueden, pero como tú dices, mejor lo dejamos para otro día, vamos a relajarnos un poco que así no nos podemos ir de aquí.
-Una cosa Julián, bueno no... vamos a dejarlo de verdad.
-Dime Dani, no te cortes ahora que cualquiera sabe cuando volveremos a hablar de estas cosas.
-No... te iba a decir que el ex de Carmen tiene novia y que ella no sabe nada de que se acuestan.
Sabía por donde irían los tiros antes de que empezara a hablar y con esa frase me estaba diciendo que si Richard se la follaba sin el consentimiento de Julia, él también se la podría follar sin el de su esposa.
-Carmen no conoce para nada a la novia de su ex, por eso no siente que la está traicionando y yo también estoy de acuerdo de que es el único culpable de ponerle los cuernos. También le he dicho que se lo cuente a ella, pero al parecer ésta es muy celosa con él, a pesar de que no deja de follar con Agustín su amigo, que además ahora se ha ido a vivir a la casa de ellos. Un verdadero lío, Dani.
-Ya, bueno, tampoco yo pretendo ponerle los cuernos a Mari, eso nunca Julián.
-No seas mentiroso cabroncete, ¿O es que no te gustaría follarte a mi novia?
¿Tú me dejarías? -Me preguntó escapándosele un gallo en la pregunta.
-Si quieres te llegas esta tarde conmigo a casa y le echas un vistazo al cuadro eléctrico, que me está saltando uno de los magnetotérmicos y es que creo que está mal y hay que cambiarlo.
-Joder, qué bueno Julián y... ¿Podría hacer algo con ella? -Quiso aclarar.
-Solo unos mínimos roces. Mejor convence a tu esposa Dani, porque Carmen está impaciente por tener sexo contigo.
Entre risas terminamos ahí nuestra conversación o casi declaración de intenciones, que dejamos para otro momento. Lo único que hice fue llamar a Carmen para avisarla, pidiéndole de camino que se pusiera algo sexi con idea de calentar un poco a nuestro amigo.
-¿Me pongo la camiseta de lentejuelas?
-Espera a que te insinuemos algo y luego vas y te la pones.
-Está bien, pero de follar nada de nada, que Mari es ahora muy buena amiga mía y no quiero ni pensar en ponerle los cuernos, cielo.
-No, que va, se trata de ponerlo incandescente nada más, a ver si para el sábado vienen los dos más animados.
A la salida del trabajo él me estaba esperando en su coche y de mutuo acuerdo me siguió hasta mi casa.
No tardó ni dos segundos en sentenciar al puñetero magnetotérmico para lo que enviaría al día siguiente a un empleado suyo a cambiarlo. Menos mal, porque lo único que hacía falta era que fuese él en persona, cambiara el susodicho y le echara un polvo a Carmen de camino, lo que hacía falta ya para volverme loco.
Luego le invité a tomar una cerveza en el salón, con Carmen sentada justo en medio de los dos. Su indumentaria no tenía nada que ver con la de los viernes en nuestras veladas, pero el escotazo que nos mostraba era de lo más indecente que podríamos imaginarnos.
-Tengo los pechos que me van a reventar, tengo que darle su toma a Belén, -nos dijo-, seguro que ahora no tiene ganas la granujilla y me deja peor que estoy.
-No te preocupes, eso lo podríamos solucionar entre nosotros dos, -le soltó con unas risas-, ¿No es verdad? -Se dirigía ahora a mí.
-Claro hombre, yo la izquierda y tú la derecha ¿Verdad?
Ella se marchaba hacia la habitación de Belén negando con la cabeza, pero sin dejar de sonreír.
-Joder qué tetas tiene tu novia, ¡Joder! Uff...
-El sábado ya se las viste bien, cabrón, al igual que yo se las vi a tu esposa y deseando estoy de verlas otra vez. -Le respondí, si bien, él no terminó de poner buena cara.
-A ver si hay suerte y mamamos nosotros un poquito.
-Oye, que yo se las he mamado muchas veces, a ella le gusta que lo haga cuando ya ha tomado nuestra hija.
El bulto en la entrepierna de mi amigo estaba más que pronunciado y el mío no le iba a la zaga.
Un rato más tarde regresaba Carmen al salón al tiempo que se recolocaba las tetas bajo el indecente escote que además estaba claramente húmedo a la altura de sus pezones.
-Mejor te pones otra cosa porque el vestido se te ha manchado. -Le insinué.
-Uy, qué vergüenza, perdona Dani, ahora vuelvo.
-Ponte algo de los viernes... -le llegó a decir nuestro amigo cuando ella andaba ya por el pasillo, camino de nuestro dormitorio.
-Qué cerdo eres, -le dije-, vaya petición que le haces a mi novia. Eres un descarado, a ver que le pido yo a tu esposa el sábado.
-Se les ha aflojado las tetas un poco ¿Verdad? -Me preguntó.
-Seguro, a lo mejor te deja que le des un chupetón y todo. -Le respondí con una carcajada.
Enseguida volvía Carmen con nosotros, por supuesto con la camiseta de lentejuelas que ya conocíamos los dos. Mi polla no pudo evitar dar un respingo al ver como Dani se quedaba embobado mirando el esplendoroso cuerpo de mi novia, al tiempo que se daba un apretón en su rabo sin tratar de ocultarlo y hasta pensé que lo hacía expresamente para que a Carmen no le pasara desapercibido.
-Joder preciosa, joder cómo estás, joder como me he puesto, -no paraba de festejar el cerdo de nuestro amigo la escasa vestimenta de mi amada-, siéntate aquí con nosotros, princesa.
Carmen no dejaba de sonreír, aunque no terminaba de obedecerle sentándose entre los dos. Lo que sí hizo fue girarse para echar un poco la cortina de la ventana, no fuera a ser que el vecino de enfrente tomara nota también de esa camiseta tan brillante. Lógicamente ese giro hizo que su teta izquierda quedara fuera de la manga de la prenda que la tapaba. Menudo espectáculo nos dio hasta que se volvió nuevamente hasta nosotros y fue entonces cuando se apercibió que su teta estaba al aire libre, pero sin tomar ninguna medida.
-Bueno, si ya me la tenéis muy vista, -nos dijo-, para qué la voy a tapar.
-¿Llevas bragas? -Me interesé.
-No... sí, vamos que es un tanga. -Me aclaró, si bien, lo llevó más a la tremenda al levantar el borde de la camiseta hasta dejarlo a la altura de la cintura.
-¿Es brasileña? -Quiso Dani que le aclarara la parte de atrás.
-Por supuesto. -Le respondió sin girarse, tal como pretendía mi amigo.
En ese momento Carmen se sentó de lado sobre mi regazo, orientando las piernas hacia él que no se perdía ni el más mínimo detalle. A todo ésto su teta iba dando bandazos, hasta que terminó en un pequeño balanceo una vez que se asentó debidamente en mis muslos. No puso ningún reparo a que la elevase con mi mano para darle un profundo chupetón en el pezón, dejando luego que algo de leche resbalara por mi labio inferior.
-Joder Julián, coño, ¿A qué sabe?
-Pues a leche materna, golfo, ¿A qué quieres que sepa?
Desde hacía rato no se soltaba la polla o mejor dicho su descarado paquete, al que ya le daba algún meneo de vez en cuando.
-¿Puedo probarlo yo? El pecho, quiero decir. -Solicitó el muy imprudente.
-Si tu mujer lo permite no tengo ningún problema, -le propuso ella-, ¿La llamo?
Su rostro palideció en esos momentos y no dijo nada, solo negaba con la cabeza fehacientemente.
-De todos modos, te dejo que la toques para que veas que ya no está tan cargada como antes, pero eso sí, si yo os enseño la teta, vosotros me tenéis que enseñar la polla. Las conozco bastante bien, pero siempre es bueno verlas como aliciente.
No dudé en descalzarme y quitarme los pantalones y el bóxer, tal como hicimos el otro día y Dani no tardó ni un segundo en hacer lo propio, quedándonos a los dos un buen aparato viril, tieso como un garrote dispuesto a lo que fuera.
Al sentarme ella recuperó enseguida la misma posición anterior, sin llegar a cubrir aún el pecho descarado que seguía con sus movimientos raudos o lentos, según el movimiento de su dueña. Lo que sí ocurrió que al molestarle mi tremenda tranca atravesada en su trasero, terminó por agarrarlo para dejarlo bien acomodado entre sus muslos, rozando todo el triángulo de su tanga.
Dani hizo un intento fallido de agarrar su teta tal como había negociado ella, pero luego echó su mano hacia atrás como si se arrepintiese de su osadía. Carmen no se andó por las ramas y atrapó esa mano para llevarla junto a la suya a sostener tan tremendo seno. Después la dejó que fuese por libre dándole los apretones propios de tan inusual inspección, volviendo a darse unos disimulados meneos en la polla con su otra mano.
-Déjala libre que yo la vea, que no sabes lo bonita que la tienes. -Le dijo dándole un tirón al brazo.
Y allí estaba yo otra vez haciendo de tapadera para que él comenzara a tocarle una teta y ella se regocijara viendo con suma lujuria el precioso rabo de nuestro amigo. Solo esperaba que en algún momento se produjera una justa recompensa a tan magnánimo ofrecimiento, echándole un buen polvo a la maciza de Mari.
Dani no se conformó con tocar la teta que estaba ofrecida, sino que se atrevió a dejar correr la mano por el interior de la camiseta, hasta alcanzar y sobar la otra teta todo lo que quiso. Mi novia no cogió en ningún momento la polla de él, pero eso no fue óbice para pajear nítidamente la mía sin que le diese apuro por estar delante suya.
Casi sin darnos cuenta ella se incorporó, se tapó la teta y se ajustó la indecente y brillante camiseta.
-Os voy a poner algo de cena. Ahora llamo a Mari para decirle que vas a cenar aquí, que has venido a lo que has venido y que no te voy a dejar ir sin cenar. Y taparos esos rabos que una no es de piedra.
Los dos nos quedamos mirándonos hasta echarnos a reír antes de volver a ponernos decentes de nuevo. Carmen ya se había marchado a la cocina.
-Joder Julián, esto ha sido demasiado. -Me dijo siguiendo con sus joderes. Se le veía muy impresionado al muchacho.
-Cuéntale a tu mujer lo que ha pasado aquí esta noche y a ver si ella también se anima a unos primeros roces de nada. Ya has visto que mi novia ni te ha tocado.
-Joder, tío, si me la llega a tocar te juro que me corro, me ha faltado nada para hacerlo.
-Haberlo hecho tú, no creo que a Carmen le hubiese importado. Seguro que tiene ganas de ver como lo haces.
-Yo creo que la primera vez que lo vea, merece que sea porque me lo haga ella, ¿No crees?
No le respondí porque la respuesta era obvia. Le dejé con la cerveza en la mano y me acerqué a la cocina, donde Carmen comenzaba los preparativos de la cena al tiempo que hablaba con Mari.
-Sí, cariño, la de lentejuelas, -le decía ella muerta de risa-, y no veas como tenían el rabo los dos.... sí, claro que he hecho que se las sacaran... solo le he dejado tocarme los pechos... no, Julián sí me lo ha chupado pero tu marido no... vale ahí te lo mandaré bien cargadito, nos vemos el sábado, cielo, un beso.
-¿Pero qué haces? Se lo has contado todo. -Le dije.
-Claro, si ya nos contamos muchas cosas, ¿O es que vosotros no hacéis lo mismo?
-¡Joder! -Repetí la expresión favorita en esa noche de mi amigo-, le he dicho que se termine de hacer una paja para que tú lo veas, pero dice que la primera vez se merece que se la hagas tú misma.
-Hoy no, -me respondió sin vacilar-, ya has visto que le he dicho a Mari que se lo mando bien cargadito.
Pues sí que se fue con los huevos bien cargados, después de los malos tragos que le hizo pasar mi novia con tantas salidas de tetas cada vez que alcanzaba un plato, el pan, la sal o cualquier otra excusa.
Desde luego que yo no tuve más remedio que descargar también mi gran lechada en el interior de su vagina, justo coincidiendo con el segundo orgasmo de ella.
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