María (Capítulo 25 Y penúltimo) En el Club 2
La invitación era clara: una noche para ellas, pero con él presente. Mientras Juan observaba cómo María era devorada por la multitud, su propia curiosidad lo llevó a cruzar la línea, entregándose a una empleada del club que prometía ser tan voraz como su novia. Lo que comenzó como un juego de poder y exhibición terminó con un silencio ensordecedor y una despedida definitiva.
MARÍA (CAPÍTULO 25)
EL CLUB (2)
Aquel viernes, a última hora de la tarde, María recibió una llamada de Ingrid, la encargada del club liberal al que habíamos acudido semanas antes.
-Espera Ingrid, pongo el móvil en manos libres para que Juan nos escuche también.
-Buenas tardes, a los dos, os llamo para informaros que mañana hacemos una fiesta especial, por si os apetece venir.
-Viniendo de ti, estoy segura de que me va a interesar, cuéntanos de que va esa fiesta. –Dijo María, sonriendo.
-De vez en cuando organizamos fiestas para chicos o chicas, es decir que si es una fiesta para hombres, hacemos una proporción de seis mujeres por cada hombre, y si es para mujeres a la inversa, en esta ocasión es una fiesta para chicas.
-Vaya, eso suena muy bien, -añadió María, volviendo a sonreír- pero, ¿Qué quieres decir? ¿Qué Juan no puede ir?
-No, claro que puede venir, él puede participar contigo, o sumarse a otro grupo con otra chica. Si no le apetece nada de eso, seguro que alguna de las chicas que trabajan aquí estará encantada en complacerlo, si es que no soy yo misma, la última vez me hiciste una buena faena, no estaría nada mal repetir.
María me miró mordiéndose el labio inferior, estaba claro que la idea de tener un montón de pollas a su disposición la ponía cachonda a más no poder.
-Ingrid, solo viendo la mirada de María, te puedo garantizar que mañana estaremos allí.
-Perfecto, os recomiendo que traigáis ropa de repuesto, como os podéis imaginar va a ser una fiesta muy húmeda, y es más que probable que la ropa acabe algo manchada… ya me entendéis.
-Ufff solo de pensarlo ya me he puesto cachonda, mañana nos vemos.
Aquella noche, sin tener que comentarlo, evitamos follar, para reservarnos para el día siguiente.
A las diez de la noche en punto de aquel sábado, estábamos frente a la puerta de la gran mansión que albergaba aquel club de vicio y perversión. María, como era de esperar, se había vestido súperprovocativa, con un micro vestido, el taconazo de rigor, y por supuesto sin ropa interior. A simple vista sexy a rabiar, pero sin llegar a ser vulgar. Llamé a la puerta y en pocos segundos Ingrid nos abrió con su habitual sonrisa en los labios.
-Buenas noches, –acercándose a María, besándola en los labios, metiéndole la lengua en la boca mientras le acariciaba las tetas. Después se acercó a mí besándome también, acariciándome la polla por encima del pantalón- os estaba esperando, vamos, pasar.
Después de los del trámite del certificado y del pago entramos acompañados por Ingrid. Dejamos las cosas en una taquilla del vestuario y después de darnos una ducha salimos al hall. Allí, como nos había anunciado Ingrid, había muchos más hombres que mujeres, de hecho solo conté a cuatro chicas que rodeadas de multitud de hombres estaban siendo folladas por todos los agujeros de sus cuerpos. Lo cierto es que el espectáculo era excitante a más no poder.
-He pensado que podemos subir a la planta superior, cuando vinisteis la última vez no la visitasteis.
-Claro, vamos. –Le respondió María.
-María, después del numerito que montaste la otra vez en el jardín, mucha gente ha preguntado por ti estas semanas.
-¿En serio? Pero si ese día había muchas otras chicas.
-Cariño, había muchas, pero ninguna tan sexy y lanzada como tú. Hoy es otra historia, aparte de las del personal solo hay veinte chicas incluyéndote a ti. No te ofendas, pero os he seleccionado por ser a la vez verdaderas preciosidades, y ser las más guarras que han pasado por aquí. De hecho en estas fiestas los acompañantes como Juan pagan la tarifa habitual, pero el resto de hombres pagan cinco veces más.
-No me ofendo, de hecho me siento alagada.
Cuando llegamos arriba entramos en una gran sala con unos ventanales que daban al jardín. Ingrid nos acomodó en un sofá cerca de la entrada y fue a la barra a buscarnos unas bebidas. Como en la sala de la planta inferior en la que habíamos estado semanas antes, todo el habitáculo estaba lleno de reservados bajos, a la vista de cualquiera. Repartidos en ellos había cinco chicas, que rodeadas de hombres chupaban pollas y eran penetradas por turnos. En un par de minutos Ingrid estaba de vuelta, se sentó junto a nosotros y durante unos segundos estuvimos mirando aquella inmensa orgía.
-¿Os gusta lo que veis?
-Uffff, tengo el coño chorreando, ¿Tú estás bien cariño? –Me preguntó acariciando mi empalmada polla por encima del pantalón.
-Claro, anda, ves a pasártelo bien, junto a la barra tienes a un montón de tíos. –Le dije señalando a una decena de hombres, que totalmente desnudos estaban junto a la barra tomando algo.
-¿Tú no vienes?
-De momento te observaré desde aquí.
-De acuerdo, te quiero. –Dándome un beso.
María se puso en pie y se quitó el vestido quedándose solo con los zapatos puestos. Avanzó hasta la barra y sin mediar palabra empezó a besarse con aquellos hombres, pasando de uno a otro, mientras le metían mano por todos lados. Pocos segundos después ya habían hecho un corrillo alrededor de ella, que de rodillas en el suelo les chupaba las pollas por turnos. Durante un par de minutos Ingrid y yo observamos la escena en silencio, hasta que ella lo rompió.
-Es fantástica, es increíble con que pasión se entrega, y tú eres la ostia por compartirla, ojalá encontrara un novio como tú.
-María nació para dar y recibir placer, vetarla a los demás sería injusto.
-¿Y tú?
-¿Yo qué?
-Tú también mereces recibir placer.
-Y lo recibo, de ella o de quien me apetezca, igual que ella puede follar con quien quiera, yo también puedo hacerlo, la única condición que nos ponemos es que el otro siempre tiene que estar de acuerdo.
-Ahora tengo que irme un rato, como veo que de momento no te apuntas a la fiesta con María, voy a buscarte compañía, no pienso dejarte aquí, solo, mirando como un montón de tíos se follan a tu novia. Mira a las camareras y dime si alguna te gusta.
Había una chica recogiendo unos vasos y dos más tras la barra, las tres iban muy sexys en ropa interior y zapatos de tacón, realmente las tres estaban buenísimas, pero me llamó especialmente la atención una de las que estaba detrás de la barra. Preciosa de cara, bastante alta con unos grandes ojos negros y una melena morena que le caía por la espalda, tenía un par de tetas magníficas, grandes, pero firmes, deduje que operadas, no hizo falta decirle nada a Ingrid, solo con la mirada supo que me había fijado en ella.
-Te gusta esa ¿Verdad? Se llama Laura, está estudiando empresariales y hace alguna cosa como modelo, es preciosa, y una verdadera guarra follando, bueno, como todas las que trabajamos aquí, te va a encantar, es muy sumisa, cuanto más duro la folles, más le gustará.
Ingrid se puso en pie y con un gesto llamó la atención de la chica, que inmediatamente se acercó a nosotros. Cuando la tuve en frente pude observar que tanto el sujetador como el tanga que llevaba eran de encaje trasparente, dejando ver sus pezones y la rajita de su rasurado coño.
-Laura, te presento a Juan, tengo que irme un rato, atiéndelo en todo lo que quiera, su novia es esa a la que le están dando por el culo. -Señalando a María que a esas alturas estaba en el suelo con una polla en el culo, otra en el coño y otra en la boca. Mientras tanto, al menos diez tíos más se pajeaban a su alrededor esperando su turno. Ingrid se fue, la chica me dio dos besos y se sentó junto a mí.
-Parece que tu novia se lo está pasando bien.
-Sí, eso parece, dime ¿Te gusta trabajar aquí?
-¿Estás de broma? Esto es genial, gano una pasta y puedo follar sin compromiso todo lo que quiera, no cambiaría esto por nada.
-Pero en la calle también encontrarías tíos que quisieran follar contigo, eso es evidente. –Le dije, admirando su espectacular cuerpo.
-Ya lo sé, pero siempre lo jode todo los típicos rollos sentimentales, y yo solo quiero follar y follar sin parar, soy joven, ya tendré tiempo para lo demás más adelante, además en la calle hay muchos que hablan de más y después son unos picha flojas, aquí eso no pasa, aquí solo viene gente verdaderamente viciosa buscando sexo a saco, si alguien te falla te follas a otro y arreglado. Además esto es seguro por los controles que hacen, y totalmente anónimo, sin fotos ni videos, todo lo que pasa aquí se queda aquí.
-Vaya, veo que lo tienes bastante claro. Deduzco que como estoy aquí, yo también soy un vicioso.
-Lo cierto es que viendo lo empalmada que tienes la polla diría que sí, está claro que te ha puesto muy cachondo ver como se revientan a tu novia.
-Bueno, tú también tienes algo de culpa. –Le dije haciéndola reír.
-Que te parece si empezamos por una buena mamada, para que descargues toda esa tensión que tienes acumulada. –Me dijo con voz melosa, acercándose a mi oído.
-Uffff eso sería genial, estoy tan cachondo que no creo que aguante mucho.
-Tú disfruta, y no te preocupes por nada. –Me dijo poniéndose de rodillas entre mis piernas, desabrochándome el pantalón, sacando mi polla al aire.
Aquella preciosa chica engulló mi polla chupándomela lentamente, el calor y la humedad de su boca me daban un placer que me recorría desde los huevos a la punta del glande. Puse mi mano derecha sobre su cabeza y moviendo las caderas acompasé mis movimientos con la deliciosa mamada que me estaba haciendo. Con los ojos entre abiertos, y entre gemidos de placer pude ver como María me observaba sonriendo desde la distancia, mientras que un negro con una polla enorme se acercaba a ella y se la metía en la boca.
-Haaa Joder, que gusto me estás dando, como sigas así no tardaré en correrme.
-Tú pásatelo bien y córrete cuando te apetezca, puedes córrete donde quieras, en mis tetas, en mi cara, si lo prefieres puedo tragármelo, soy una verdadera viciosa traga corridas. –Me dijo volviéndose a meter mi polla en la boca.
Por un momento dudé si correrme en su boca o en su cara, la verdad es que la visión de aquella preciosa chica con la cara llena de mi lefa me ponía muy cachondo, pero, por otro lado, no quería que parara de darme aquel increíble pacer que me estaba dando con su boca, así que me decante por echárselo en la boca.
-¡Laura! ¡Me voy a correr en tu boca! ¡Eso es preciosa, sigue chupándomela! ¡Haaaa, que gusto!
La sensación de su saliva mojándome la polla de arriba abajo hizo que ya no pudiera aguantar más y empezara a correrme intensamente, soltando un primer chorro de semen en su boca.
-Eso es, buena zorrita, trágatelo todo.
La chica siguió chupándome la polla con verdadera devoción mientras yo descargaba un chorro tras otro de semen en su boca. El haberme reservado la noche anterior con María, estaba provocando que mi corrida fuera bastante abundante, cosa que parecía gustarle a Laura, que tragaba con verdadera maestría la gran cantidad de fluido que salía por mi polla.
-Joder que buena mamada, uffff, chica me has dejado seco. –Le dije extasiado, mientras ella aún me succionaba la punta de la polla.
-Chico, menuda corrida te has pegado, menuda cantidad y que espesa y caliente, dios, me he puesto cachonda solo con chupártela. –Me dijo sentándose a mi lado.
-La verdad es que sabiendo que hoy íbamos a venir aquí anoche no follamos, y eso unido a la fantástica mamada que me has hecho ha provocado que me corriera a lo bestia.
-Ni que lo digas, casi no daba abasto de tragármelo, veo que sigues empalmado, ¿Tienes fuerzas para follarme?
-Ya puedes estar segura de que sí, estoy deseando metértela en el coñito.
-Ufff no sabes lo caliente que lo tengo.
Laura se puso en pie y se quitó el sujetador y el tanga. Después se subió sobre mí y se clavó mi polla en el coño. Yo estaba enloquecido, con una mano cogía como podía sus grandes tetas y succionaba sus pezones, mientras que con la otra la cogía por el culo para que las embestidas de mi polla fueran más intensas dentro de su encharcado coño.
-¡Eso es cabronazo, fóllame bien duro!
Solté la mano que tenía en sus tetas y con las dos la agarre del culo para follarla más fuerte. Mi corrida anterior hizo que pudiera estar un buen rato dándole rabo duramente, pasados unos minutos empezó a convulsionarse anunciando que iba a correrse.
-¡Eso es semental, haz que me corra! ¡Haaaa! ¡Siiiii! ¡Qué rico! Huffff, qué corrida más rica. –Me dijo suspirando.
Laura levantó su culo sacando mi polla de su coño y se puso de rodillas entre mis piernas.
-Ummm, me encanta saborear los fluidos de mi coño sobre una polla. –Dijo justo antes de meterse mi polla en la boca, saboreando la humedad que su coño había dejado en ella. Pasados unos segundos se sentó a mi lado y estuvimos unos minutos observando a María. Como semanas antes en el jardín, más de una veintena de tíos se la cascaban a su alrededor, mientras que tres se la follaban sin piedad por el coño, el culo y la boca. Yo, como había podido aguantar sin correrme en el coño de Laura, tenía la polla como una barra de hierro.
-Dios, la guarra de tu novia me está volviendo a calentar, que te parece si me pongo de lado aquí en el sofá y me masturbo mientras tú me das por el culo.
Aquellas palabras me sonaron a música celestial.
-Claro, me encantaría.
Sin decir nada más hice que se pusiera a cuatro patas en el sofá apoyando la cabeza en el reposabrazos, me situé detrás de ella y abrí sus gloriosas nalgas, escupí en el agujero de su culo y durante un par de minutos estuve lamiéndoselo y metiéndole los dedos para dilatárselo, cuando estaba a punto la puse de lado y se la clave en su magnífico ojete.
-Eso es cabrón, dame por el culo, ¿Te gusta follarme el culo, verdad? –Me preguntó, mientras se masturbaba.
-Ya lo puedes decir, ¡Joder que gusto!
La cogí por las caderas y empecé a follarle su estrecho culo lo más fuerte que podía. Mientras disfrutaba enculando a aquella preciosidad pude ver a María unos metros más allá, de rodillas en el suelo se estaba masturbando mientras recibía las corridas de todos aquellos hombres en su cara y boca. Tanto Laura como yo podíamos ver como los chorros de semen salían de las pollas de aquellos hombres, algunos entraban directamente en la boca de María, y otros salpicaban su cara y chorreaban pasando por sus tetas bajando hasta su coño y sus piernas. Desde nuestra posición oíamos perfectamente como aquellos hombres se reían y la insultaban llamándola zorra y puta.
-Joder, como la están poniendo, menuda ducha de leche le están dando, y como la están humillando. –Me dijo Laura entre gemidos.
-Que la humillen la pone más cachonda aún.
-La entiendo perfectamente, yo me lo hice una vez con seis tíos y me puso cachondisima que me sometieran a sus caprichos, dios, qué salida estoy, me voy a correr de un momento a otro.
-Yo también, no sabes como estoy deseando correrme en tu culo, haaaa, qué gusto joder.
-Eso es, fóllame el culo, llénamelo de leche caliente.
-¡Toma, toma leche, zorra! –Le grité mientras me corría en su culo entre violentas embestidas y ella estallaba en un intenso orgasmo.
-¡Dios, que placer! Como me gusta que me follen el culo mientras me masturbo.
Saqué mi polla de su culo y me puse en pie, Laura me la chupo golosamente saboreando los restos de semen que quedaban sobre ella.
Me senté junto a ella y aún estuvimos unos cinco minutos viendo como un tío tras otro iban pasando corriéndose sobre María. Cuando el último acabó de sacudírsela su cara estaba totalmente cubierta de semen. Al menos treinta pollas habían eyaculado sobre ella, su cara estaba llena de chorros de semen y su pelo estaba totalmente pringado. Ella, como hacía habitualmente, recogía con sus dedos todo el semen que podía y se lo llevaba a la boca para tragárselo. Ingrid, que hacía unos minutos que había vuelto a la sala, la observaba con ojos de admiración desde el extremo de la barra. Después se acercó a ella y la acompañó al servicio, supuse que para que se diera una buena ducha.
Pasados unos minutos las dos se acercaron al sofá donde estábamos Laura y yo. María llevaba una bata corta, que supuse que le había prestado Ingrid. Su aspecto era angelical, como si lo que acababa de ocurrir hacía apenas unos minutos no hubiera ocurrido jamás.
-Cariño, te presento a Laura, trabaja aquí. –Le dije mientras ella se sentaba de lado sobre mi pierna y me daba un beso.
-Encantada, soy María, -acercándose un poco dándole dos besos- Oye, eres preciosa, otro día nos podemos montar una fiesta los tres juntos.
-Que pasa, ¿Qué yo no estoy aquí? –Preguntó bromeando Ingrid, que se había sentado junto a Laura.
-Perdona cariño, tienes razón, los cuatro juntos. –Rectificó María.
-Por mi encantada, lo podemos pasar genial. La verdad es que tu novio me lo ha hecho bien duro hoy, y las chicas también me van. –Dijo Laura, mientras acariciaba lascivamente el muslo de María cerca de su ingle.
-Genial, pero eso será otro día, hoy ya me han dado por todos lados, he tragado tanta leche que creo que voy a estar un par de días sin alimentarme.
-Ya lo hemos visto, te lo has pasado en grande, y ellos contigo también, no sabes cómo te admiro, yo no sé si podría satisfacer a más de treinta tíos a la vez como has hecho tu hoy.
-Claro que podrías cariño, solo tienes que ser una puta insaciable como yo, y acabar con el coño y el culo tan doloridos como los tengo yo ahora. Cariño, me llevas a casa. –Me dijo melosamente mientras me abrazaba y me daba un beso.
-Claro, tienes que estar agotada.
Nos despedimos de Laura e Ingrid nos acompañó a la planta inferior. A nuestro paso los hombres y las pocas mujeres que había aquella noche allí aplaudían a María, y algunos se despedían de ella dándole dos besos pidiéndole que siguiera hiendo por allí. Me duché mientras María también volvía a hacerlo. Nos vestimos y salimos a la salita que precedía a la salida, donde Ingrid nos esperaba para despedirse.
-Chicos, ha sido una noche genial, he tenido bastante trabajo y no he podido estar mucho por vosotros, aunque parece que os habéis organizado bastante bien sin mí, no hace falta que os diga que espero volver a veros por aquí.
-Claro, nos vemos pronto. –Con sendos besos nos despedimos de Ingrid y emprendimos el camino a casa.
Durante el trayecto María no dijo ni una sola palabra. Aquella noche, cuando entre en la habitación, la vi tumbada en la cama, en silencio, pensativa, su mirada me transmitió una profunda tristeza. A la mañana siguiente me dijo que lo nuestro se había acabado, y que por favor me fuera.
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