Yo me lo busqué - (Capítulo 24)
La puerta se abrió y el pasado entró en su cama. No era una visita cualquiera, sino la excusa perfecta para que Carmen volviera a ser la mujer que él solo conocía de lejos. Esta vez, no habría celos, solo tres cuerpos buscando el mismo clímax.
Capítulo 24
Esa mañana de domingo me levanté el primero de los dos y fui a echar un vistazo a mi hija antes de nada, pudiendo notar claramente que Carmen ya le habría dado el pecho, además de cambiarle el pañal, porque dormía plácidamente con hasta una leve sonrisa en sus labios. Después de asearme debidamente preparé los desayunos para nosotros y fui a por ella a nuestro dormitorio.
-Venga holgazana que el desayuno nos espera. -Le decía mientras me acercaba a darle un beso en los labios.
-Uhmmm... qué bien se está en la camita, -me respondía mientras se estiraba un poco y se iba sentando en el borde del colchón,- ¿Qué hora es? -Añadió lanzando su mirada al despertador que había encima de su mesita de noche-, ¡Qué susto! Creía que era más tarde.
-Tranquila cielo, que todavía queda tiempo suficiente para que llegue tu novio a follarte.
-Pues sí que empiezas fuerte tú esta mañana, anda vamos a desayunar que estoy famélica.
Con mi mano encima de su culo nos dirigimos a la cocina y es que sin saber porqué, estaba con ganas de echarle un buen polvo, antes incluso de que llegara el gilipollas ese a comerse la paella y follarse a mi novia, será cabrón el tío.
-¿Cómo lo vamos a hacer? -Me miró con las cejas arqueadas sin tener claro qué era lo que le preguntaba-, me refiero a si tienes algo pensado para cuando llegue.
-No he pensado en nada, -me respondió-, actuaremos según se den las cosas, lo mismo se come la paella y ya está, sabes que a las cinco tiene que estar en el pub de Manuel.
No sé porqué pero no tragaba con eso de que no había pensado en nada y mucho menos que se iría sin mojar el churro, pero bueno, me quedaría a la expectativa de lo que propusieran estos dos más tarde. Tuvimos tiempo de sobra para prepararlo todo a su llegada, al menos yo por supuesto, aunque al final cuando aterrizó Richard en la casa, ella estaba terminando de arreglarse en nuestro dormitorio y tuve que abrirle yo mismo.
-Hola Julián, -me saludó con buen ánimo y un apretón de manos-, ¿Cómo estás?
Su aspecto no había variado apenas desde que lo había visto meses atrás, e incluso me sonaba que esa camisa era la misma con la que aparecía en algunas de las fotos que me dio el detective, bueno sí, esas de cuando me ponía los cuernos con mi novia.
Estuvimos unos minutos en el salón esperando a Carmen, mientras charlábamos sobre temas banales, principalmente de cómo estaba el tiempo y de la elaboración de la paella que pensaba hacer en un rato y enseguida se presentó mi novia con una gran sonrisa en la cara.
-¡Hola guapa! -Se acercó él a recibirla-, qué ganas tenía de verte. Estás preciosa Carmen.
Ella ensanchaba su sonrisa conforme él la piropeaba y cuando le iba a dar unos besos en las mejillas, Carmen le echó los brazos al cuello dándole un corto beso primero, seguido de otro un poco más largo al tiempo que él la atraía contra sí, quedando unos segundos bien juntos, luego se separaron cogidos de las dos manos mientras comprobaban que ambos seguían con el buen aspecto que tenían anteriormente, no tardando él en mostrar un bulto prominente en su entrepierna.
Fue un visto y no visto, pero así fueron los hechos desde que se vieron ambos en el salón y yo me sentía como un mero observador de todo lo que allí ocurría. Entonces aproveché ese impás para llegarme a la habitación de nuestra hija y traérmela al salón en su moisés, de forma que Richard pudiera verla de nuevo.
Ambos seguían de pie muy pegaditos hablando de algo que les hacía sonreír, cuando volvía a entrar en el salón acompañado de Belén. Enseguida se separaron y se acercaron adonde había depositado la camita con nuestro bebé y ella estuvo explicándole lo espabilada que era y lo mucho que aprendía día a día, al tiempo que él no dejaba de pronunciar toda una serie de elogios a la misma y que yo confirmaba con asentimientos de cabeza.
Un rato más tarde me disculpé por tener que dirigirme a la cocina donde empezaría ya a preparar la paella prometida, quedándose ellos dos hablando de nuestra hija en el salón, según podía oír desde mi nueva ubicación, pero no por mucho tiempo, pues un silencio más profundo se hizo de inmediato y sabía que ahora estarían matándose a besos los muy cabrones, como pude corroborar en cuanto me quedé quieto aguzando el oído y poder escuchar nítidamente los sonidos propios de unos buenos morreos que ellos no disimulaban para nada. Sin pensármelo dos veces me dirigí a su encuentro, pillándoles en una buena refriega de sus cuerpos mientras sus bocas seguían con ese beso de lenguas.
-Carmen, con Belén delante no, por favor, -le dije algo enfadado-, llévala a su dormitorio y después haced lo que queráis.
Ambos se separaron de inmediato como si les hubiesen pillado infraganti diez policías haciendo una fechoría. Carmen se arregló el vestido al tiempo que con las manos se atusaba el pelo, mientras yo ya me volvía de nuevo a la cocina.
-No hace falta, cielo, no vamos a hacer nada más hasta después de comer. Se nos ha ido un poco la olla, ya sabes mi amor... ya paramos... -Se disculpó ella como si aquellos arrumacos no los hubiese podido controlar.
Cuando salí para avisarle que preparase la mesa porque en diez minutos estaría la comida lista, ellos estaban sentados en el sofá, cogidos de la mano pero con una cierta distancia entre los dos. La comida la disfrutó su ex entre elogios a mi buen hacer y yo solo le respondía que así me enseñó Carmen a prepararla, que el mérito era de ella. Los tres estábamos algo nerviosos por lo que sabíamos que ocurriría poco después y Carmen no nos quiso acompañar con un café cuando acabamos con la paella, sino que aprovechó esos momentos para llevarse a Belén a su dormitorio, donde le dio el pecho y le cambió el pañal. La verdad es que no le sobraba tiempo a Richard para tener sexo con ella si de verdad tenía que estar a las cinco en el pub.
-Vas un poco corto de tiempo para estar con nosotros. -Le aseveré.
-Sí, es un fastidio el horario de trabajo en el pub, pero no tengo otra, además que Manuel es una buena persona y me gusta cumplirle en los horarios. Sabes que también admira mucho a tu novia.
-Sí ya sé que también querría estar con ella y que ha arreglado el almacén del pub para hacerlo con mayor comodidad, me lo dijo Carmen.
-Ya... a ti también te quiere ver por allí, ya sabes como es y no veas las ganas que te tiene.
-Para eso ya estás tú y los demás, según me ha dicho mi novia.
-Él ya te vio las dos veces que fuiste por allí con Carmen y sabe también lo que te gastas entre las piernas, así que figúrate como está contigo.
-¿Pero qué quieres que yo haga? Parece que tú lo deseas más que él.
-Hombre, si yo consiguiera que tú pasaras un rato con Manuel, seguro que me lo agradecería toda la vida. Si quieres, hacemos lo de la otra vez...
-Para tío, que yo no voy a ir a ninguna parte a follarme a tu jefe ni mucho menos, además que ya te habrá dicho Carmen que lo de hoy no debe salir de aquí entre nosotros.
-Ya lo sé Julián, solo te lo decía por si al menos lo quieres pensar, nada más, lo de hoy y espero que las próximas veces, se quedará entre nosotros, no te preocupes.
En eso llegaba Carmen que se venía arreglando el escote después de haber amamantado a Belén.
-Se ha quedado despierta, pero seguro que en unos minutos está dormidita. -Se dirigía a mí para que me quedara tranquilo.
-No te preocupes, cielo, luego me acercaré de vez en cuando para ver como sigue.
Entonces ella se sentó entre nosotros dos en el sofá y bebió un poco de agua de mi vaso y enseguida me dio un pico en los labios y otro a su novio. Después profundizó conmigo en uno más tórrido al que siguió otro con su ex y ya no paró de alternar estos besos con nosotros dos, hasta que él aprovechó su turno para alcanzar sus tetas, sobándolas ambas justo cuando sus lenguas se entrelazaban por un tiempo más alargado, que hasta parecía que lo de la alternancia se había acabado, pues la mano derecha de ella estaba haciéndole algunos estragos en el paquetón que mostraba su entrepierna.
Él se bajó los pantalones aupando su culo unos segundos, pero después lo sopesó mejor y se deshizo del calzado para sacárselos y echarlo al butacón que estaba enfrente de nosotros. Después la desnudó a ella e inmediatamente hizo lo mismo conmigo, quedándose de rodillas delante de nosotros para hacerle una comida de coño a Carmen y un pajote a mí con su otra mano. Se veía que los acercamientos con su jefe y Agustín le habían liberado de prejuicios con personas de su mismo sexo, porque incluso no dudaba en darle un chupetón de vez en cuando a mi capullo.
Nosotros aprovechábamos la ocupación de él en nuestros bajos para darnos unos buenos morreos, mientras nos acariciábamos todo lo que se nos antojaba en cada momento. Ella no pudo o no quiso evitarlo y en unos minutos se estaba corriendo como una loca, despegándose de mi boca para gritarlo a todo pulmón.
-Aaaggg... aaahhh... sigueeee... joderrrr... ayyyy... yaaaa... yaaaa...
Su mano izquierda presionaba la cabeza de él contra su coño, dejándole casi sin respiración y obligándole a seguir chupándoselo hasta que terminó su orgasmo. Su recuperación fue muy rápida para la intensidad del clímax que disfrutó y ya se estaba incorporando para llevarnos de la mano a nuestro dormitorio sin decir ni media palabra. Allí se encontraba todo dispuesto para lo que se avecinaba, la cama preparada solo con la sábana bajera, toallitas y el lubricante encima de las mesitas de noche. Ella se colocó en el centro de la cama a cuatro patas esperando que uno de nosotros la ensartara por detrás, pero en realidad era a él al que prefería en esos momentos, según le agarró de la cintura para que quedara tras ella. No me importó que su novio lo hiciera primero, ya la cogería yo más tarde y con mucho más tiempo hasta dejarla saciada de sexo.
De todos modos me senté delante de ella para que mientras el otro se la follaba, le diera una placentera mamada a mi polla. Richard se meneó su miembro casi diez segundos para después pasar su capullo varias veces por la raja del coño de Carmen, hasta que mirándome a los ojos la atravesó de parte a parte profundizando hasta su tope final, que tampoco es que fuese una exageración, pero ella lo disfrutó como si un potro salvaje la estuviera penetrando.
-Uhmmm... Diossss... que falta me hacía... jodeerrr... qué gusto...
Su novio comenzó a moverse lentamente para luego incrementar sus penetraciones, siempre con medida, procurando no correrse a las primeras de cambio. Seguro que estaba más que excitado con ella después de tanto tiempo esperando este momento. Carmen me la iba chupando cuando el otro se daba un descanso para no correrse.
-No te corras todavía, Ricky, -le pidió ella-, deja que lo haga un rato mi novio y vente aquí conmigo.
Parecía que en ese momento vio el cielo abierto, porque enseguida se salió de ella y ya estaba buscando mi puesto dejándome a mí el trabajo a medio hacer. En unos instantes ya estaba cumpliendo la propuesta de Carmen y le atizaba unos buenos pollazos, pues casi me salía por entero para introducirme de nuevo en ella con muchas ganas, que viera que aquí no había remilgos y si por un casual me tenía que correr, pues lo haría y luego le echaría otro más sosegado.
-Julián, no te corras dentro de ella, -me pidió el muy mamón-, échalo encima nuestra.
-¿Quieres ocupar mi sitio un ratito? -Le preguntó ella que ya empezaba a descocarse como siempre, además de que con esa iniciativa pretendía darle un respiro ante su inminente eyaculación, con consecuencias nefastas para su reencuentro sexual con su ex.
-Nooo... esto... me da un poco de corte, además que la polla de tu novio es muy grande.
-Igual que la de Agustín y el otro día me dijo que ya te la ha metido varias veces y que os dais muerdos y que Manuel te folla cada vez que quiere en la cama del almacén, que más quieres que te diga si hasta Julián ya te folló cuando el reto de que yo follara con Manuel.
-El cabrón de Agustín no se calla una, será mamón. A mí me gusta estar contigo Carmen.
-Venga Richard, deja que mi novio te la meta un ratito y yo lo vea.
-Un minuto nada más. -Aceptó él mientras ambos recomponían sus posiciones y mi novia se hacía con el lubricante para preparar su ojete antes de que lo penetrara.
No tardé en hacerlo dándome cuenta de que por allí lo habían penetrado en bastantes ocasiones, solo que mi miembro dado su grosor, necesitó de un poco de lubricante para hacer que se colara con más fluidez.
En esos precisos momentos pudimos oír un llanto sobrepasado de Belén que nos dejó paralizado a los tres. Enseguida me salí del culo de Richard que se quedó con una expresión de disgusto, pero no dudé en ponerme un bóxer antes de salir del dormitorio y dejarlo allí desconsolado.
-Seguid vosotros, voy a ver qué le pasa a Belén.
Cuando me acerqué a ella me pude dar cuenta que todo lo que le pasaba es que se había hecho caca y enseguida le cambié el pañal, le di su chupete y la volví a acostar en su cuna, luego me quedé un rato con ella porque no parecía tener muchas ganas de dormir, así que la intenté distraer con su sonajero, luego con algunos de sus juguetes, pero nada, al final no tuve más remedio que ponerle la tablet en su soporte para que pudiera ver sus dibujos favoritos, acertando de pleno pues su sonrisa se hizo evidente, al igual que con sus manitas intentaba acceder a la pantalla, que por suerte quedaba fuera de su alcance. Me quedé unos minutos más con ella, hasta cerciorarme que ya no me hacía ni caso y salí de la habitación en dirección a la cocina. Allí me preparé un ron con cola antes de disponerme a volver con estos dos, a ver que estaban haciendo en esos momentos.
Los sorprendí follando en la posición del misionero, apenas sin moverse ninguno de los dos, pero inmersos en un apasionado morreo al que acompañaban con buenos magreos a sus cuerpos. Del umbral de la puerta no pasé y apoyado en su marco me quedé unos minutos observando el proceder de ellos, luego me di la vuelta y me marché al cuarto de mi hija donde me quedé haciéndole mimos.
No sé cuanto tiempo llevaba allí con ella cuando Carmen hizo acto de presencia, colocándose a mi lado replicando las carantoñas que le estaba haciendo a nuestra princesita.
-¡Ah! Estás aquí, -afirmé la evidencia-, ¿Y tu novio?
Ella daba por perdida la batalla de rectificarme cada vez que nombraba a su ex, así que esta vez tampoco me rectificó el calificativo.
-Está en el aseo, esperábamos que regresaras con nosotros. La niña está muy tranquila ¿Porqué te fuiste cuando te paraste en la puerta de nuestro dormitorio?
No podía decirle que me fui porque me hastiaba verles follando tan inexpresivos los dos, por cierto, en ese polvo que me valoraba insulso y poco lujurioso. Vamos, que hasta me parecieron dos muñecos de silicona moviéndose a pilas.
-Podemos seguir ahora si quieres, él me pidió que me corriera sobre su cuerpo, anda, vamos para allá.
Me estaba incorporando para llevar a cabo lo que le estaba proponiendo, cuando ella volvió a intervenir.
-No sé, cielo, no parece que estés mucho por la labor, no veo tu predisposición, si quieres lo dejamos para otro día.
Tenía toda la razón, mi apatía era más que evidente y es que posiblemente ese no era mi día para explayarme en tener sexo. Tenía que rectificar mi comportamiento y no dejar a mi novia con esa mala impresión, hacía mucho tiempo que deseaba follar con su ex y yo le iba a dar la tarde con mi comportamiento.
-¡Qué va, mi amor! Si lo estoy deseando, vamos que ahora me toca a mí daros lo que os merecéis, putita mía. -Le respondí con una gran sonrisa.
Ella se animó enseguida y de la mano nos fuimos los dos a nuestro dormitorio de nuevo, donde nos encontramos a Richard sentado al borde de la cama mirando su móvil.
-¿Cuánto tiempo te queda? -Le pregunté nada más entrar.
-Tres cuartos de hora. -Respondió dejando el móvil encima de la mesita de noche.
Su polla estaba totalmente flácida, aunque no sabía si era debido a que ya se habría corrido o que estaba por volver a retomar un coito interruptus. Entonces me puse frente a él, le pedí que me quitara el bóxer y me la pusiera tiesa con una buena mamada. Carmen ya se estaba quitando la bata que se había puesto cuando acudió en mi busca, después se sentó junto a su novio que estaba enfrascado en el chupeteo a mi polla, pero más pronto se dispuso ella a ayudarle en esa tarea.
-Déjame a mí, que vaya si eres soso chupando pollas, -le dijo apartándolo con una carcajada-, mira como se hace, a ver si aprendes cabronazo.
La verdad es que no había comparación cuando ella se metió mi rabo hasta la mitad de su esófago, menuda chupadora de pollas estaba hecha la putita de mi novia. Él la miraba sin perderse detalle para luego echar su cuerpo hacia atrás dando un manotazo al aire.
-¡Joder Carmen! Es que es muy grande y a mí no me entra más de la mitad, -le decía su ex que lo miró de reojo mientras seguía con mi tranca metida en la boca-, sí, ya sé que la de Agustín es igual, pero es que tampoco me entra más.
Él soltó una carcajada mirándome para que hiciera piña con él en un acto de camaradería de machos, pero yo era de la opinión de mi novia y es que él debería esforzarse más en tragarse mi polla. Que le fueran dando y si no, yo mismo le volvería a dar más tarde. Pero en unos instantes fue ella la que dio por finalizada esa tarea y dispuso que yo me la follara.
-¿De costado te parece bien? -Me propuso.
-Claro, cariño, como tú prefieras.
Enseguida adoptó esa posición, colocándome yo tras ella, momento que Richard aprovechó para cogerme la polla y colocarla en el punto exacto, de forma que solo con un simple empujón conseguí meterle más de la mitad de mi rabo. Fue un movimiento suave, lento, pero muy sentido por los dos, sobre todo por ella que dio un largo gemido al tiempo que se la iba introduciendo, entonces retrocedí un cuarto y volví a retomar el empuje, esta vez solo paré cuando mi pelvis tropezó con sus nalgas.
-¿Qué tal la sientes? -Le pregunté.
Mi intención era ver si se atrevía a hacer alguna comparación con la del cabrón de su novio, que claramente quedaría en desventaja y a mí me serviría para subirme la moral, pero tampoco obtuve esa respuesta para nada.
-Chúpame la teta, -me apremió ofreciéndomela con un pequeño giro de su torso-, y no dejes de follarme.
Lógicamente estaba acostumbrado a cumplirle esa petición en numerosas ocasiones, por lo que no me extrañó que me la volviera a proponer, sin embargo, la siguiente orden para su novio me dejó patidifuso.
-Ricky, chúpame tú también el pezón.
Él entendió perfectamente lo que ella le pedía, pero haciéndose el loco, se fue a chuparle la teta que le quedaba libre.
-¡No, tonto! -Le rectificó ella de inmediato-, el que me está chupando mi novio.
-Carmen, cielo, -le advertía yo-, es que así nos daremos la lengua entre nosotros.
-No importa, quiero veros, mi ex se morrea con Agustín, ya he comentado que me lo dijo él, así que quiero ver cómo lo hacéis entre vosotros.
-Mejor que lo vuelvan a hacer entre ellos y que te envíen un vídeo para que tú lo puedas ver todas la veces que quieras, pero ni de coña me voy a besar con Richard.
Ni siquiera respondió a mi propuesta, solo le dio un cachetazo a su novio y enseguida éste fijó su vista en mí mientras se iba aproximando para atender al requerimiento de Carmen y yo me retiré de inmediato para dejar libre el pezón que estaba chupeteando. Era la primera vez que no le cumplía un capricho a mi novia, pero tampoco se lo tomó muy a mal, solo negó varias veces con la cabeza antes de volver su cara hacia mí y darme un beso casi de refilón, pero que nos hizo relajar ese momento de tensión entre los dos. Por mi parte reaccioné incrementando e ritmo de mis penetraciones y ya la tenía a punto de culminar.
-Aaaggg... sigueeee... aaahhh... síííí... ayyyy diosss... dame, dameeee... yaaaa... aaaggg...
En esos momentos explotaba en un fuerte orgasmo que la hizo zarandearse como si la estuviesen flagelando en un barco pirata. ¡Qué barbaridad! Qué pinta de puta se le iba quedando conforme su cuerpo se iba relajando poco a poco. Los ojos le lagrimeaban de una manera que parecía que el tema del flagelo había sido real. Al final terminó tendida boca abajo, pareciendo que ya no le quedarían fuerzas para continuar con la jodienda sexual de esa tarde, pero solo era una impresión que tardó unos pocos segundos en despejarse. Carmen se recuperó pronto de su clímax y ya se estaba dando la vuelta para mirarnos a los ojos a los dos y mostrarnos una gran sonrisa.
-Qué guarros sois mis dos cabroncillos, -nos decía mientras se apoderaba de nuestros rabos, o más bien del mío que seguía inhiesto como un garrote, mientras el de Richard continuaba morcillón, tal como estuvo todo el rato-, ¿Podrás follarme tú ahora? -Se dirigía a su novio.
-No sé Carmen, sabes que necesito algo más de tiempo para recuperarme y en nada me tengo que ir. -Se disculpó él.
Su respuesta me ratificaba que efectivamente se había corrido mientras yo acompañaba a nuestra hija. Carmen asentía sin decir nada de momento, que ya era raro que no lo hiciera, aunque mejor que estuviese calladita antes de que nos planteara otro reto a nosotros dos. Ella se colocó a cuatro patas delante de mí y en un momento con un simple salivazo por todo lubricante, le fui metiendo todo el rabo en su estrecho culito.
-No tan rápido, despacio cielo que no veas... uffff...
No tuve ningún problema en bajar el ritmo un poco, pero después preferí sacarla y echarle un chorreón de lubricante para darle más fuerte, buscando correrme yo también, que ya era hora. Cuando mayor era el fragor de la batalla fue el momento que Carmen eligió para hablar.
-Espera que me ponga de espaldas. -Me pedía un cambio de postura, la muy zorra.
La posición era más complicada para los dos y aunque me costó un extra de esfuerzo porque su culo hasta parecía más estrecho, al final mi polla la penetró de nuevo, recuperando ya el ritmo del mete y saca. Richard aprovechó que se estaba empalmando para comenzar a masturbarse de forma acelerada.
Arrecié en mi ritmo de penetraciones buscando ahora mi liberación, haciendo él lo mismo en su masturbación y ambos nos corrimos al unísono, aunque sin mucha algarabía, él con un pequeño chorrito en la teta que tenía más cerca.
Yo me saqué la polla en el último momento y descargué junto a ese chorrito que él había soltado, dejando claro que mi abundante corrida no tenía nada que ver con la esmirriada de la suya. Pronto la mano de mi novia se deslizaba por su torso y se restregaba toda la leche de los dos, llegando a meterle a Richard varias veces el dedo índice cargado de esperma en su boca. Después él miró la hora y pegó un salto de la cama para ir a asearse a nuestro baño, luego se vistió en el salón y Carmen le acompañó a la puerta sin que en esta ocasión se entretuvieran en darse algunos morreos de despedida. Solo oí decirle que quería repetir y que el próximo miércoles tendría toda la tarde libre. Después ambos tomados por las cinturas nos dirigimos a darle un vistazo a nuestra hija que se encontraba dormida y nos fuimos a darnos un baño en nuestro jacuzzi, por supuesto con el avisador del bebé siempre a mano.
-Carmen, cielo, siento mucho no haberte podido cumplir con los roces de lengua con tu ex y no sé si incluso pretendías que me besara con él, pero te juro que eso es algo imposible para mí.
Ella mostró una gran preocupación en su rostro y después de pensarlo unos segundos, pudo responderme.
-La que lo siente soy yo, mi amor, no debí haber hecho esa petición a Richard. No volverá a ocurrir, te lo prometo.
No profundizamos más en ese tema y en un rato ya nos estábamos besando como dos tortolitos.
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