Huyendo de la soledad ( undécimo capítulo)
Carlos no acepta un no por respuesta: si Rosa quiere seguir con Tomás, debe entregarle su cuerpo y su sumisión. Mientras, Ernesto demuestra que en su casa, las reglas las impone él, y Diana está a punto de descubrir que el placer puede ser un juego de tres.
Rosa acostó a los niños después de darles la cena y bañarlos. No conseguía sacarse de la cabeza la imagen de la cara que había puesto Carlos cuando le había preguntado al terminar la reunión si quería quedarse con él. Le había sorprendido que se lo preguntara y mas, siendo evidente, que ella estaba comenzando una relación con Tomás. Acaso su intención era ponerla entre la espada y la pared? También le había quedado grabada la cara de alivio y de felicidad de su chico cuando había declinado la invitación de quedarse.
Se preguntaba si Carlos estaría enfadado.
Al terminar de ducharse, Carlos, se secó y enrollando la toalla a la cintura fue a buscar el teléfono para ver quien lo había llamado mientras estaba bajo el agua. Vio que había sido Rosa y le devolvió la llamada.
- Hola Carlos.
- Estaba en la ducha y no pude coger tu llamada - su voz sonaba sería, triste - Ha pasado algo?
- Es que pensaba en lo de antes - dudaba si confesar el verdadero motivo de su negativa a quedarse o mantener la excusa de los niños - Me sentí mal por no poder quedarme y la cara que puso al escuchar mi respuesta.
- Rosa, tu sabrás porque no has querido quedarte - sabía perfectamente que lo de los niños era una excusa y que le había dicho que no por Tomás.
- Está enfadado?
- Me entristece la gente desagradecida porque siempre he buscado lo mejor para vosotros. Cuando llegasteis aquí erais unas personas que solo conocíais la soledad y ahora que os va bien parece que os olvidáis de todo - se notaba que estaba decepcionado y no sólo con ella - Con mi ayuda os saqué del fango donde estabais hundidos. Siempre intenté daros lo que necesitabais en cada momento. Y me respondéis con rechazo y falta de sinceridad?
- Pero…
- Rosa, sé perfectamente que hoy no te has quedado por Tomás y espero que os vaya muy bien juntos.
- Carlos, lo he pasado muy mal con mi ex marido y con ese chico parece que vuelvo a sentirme feliz. Si hoy le dijera que me quedaba con usted, él no lo entendería. Por qué me eligió a mi y no a otra? Acaso quería ponerme en ese aprieto y hacérmelo pasar mal? Si le decía que sí, Tomás se sentiría molesto y si le dije que no, es usted el que está enfadado.
- Quería saber si realmente te importa ese chico y hoy he comprobado que si.
- Pues claro que me importa.
- Espero que seáis muy felices, lo digo sinceramente.
- Gracias. Y por qué no puso a prueba a otras? Están Maite y María, incluso a Elvira, que creo que está con Fabián.
- Elvira con Fabián? - se sorprendió de escuchar eso.
- Si, desde la reunión que usted no vino por el viaje. Cuando estuvieron juntos en su habitación. Desde ese día se les ve muy felices uno al lado del otro. No recuerda lo que dijo Fabián de los helados en una reunión?
- Si pero no sabía que habían estado en la habitación juntos y pensé que simplemente se llevaban bien. Elvira tiene novio.
- Ese día, Elvira, nos dijo que necesitaba estar con alguien mayor y quería estar con usted y Adela habló con Fabián porque usted no estaba - se dio cuenta que estaba hablando demasiado - Perdone, no sé si hago bien contando todo esto, pero todos lo saben.
- Si ocurrió delante de todos, te agradezco que me lo hayas contado – de nuevo sintió rabia - Ves como tengo razón? Doy todo por todos y la gente no lo agradece.
- No me ha dicho porque me eligió a mi y no a otra.
- Ya te lo he dicho. Da igual…
- No, no da igual. Me siento mal y tiene razón por no saber agradecerle todo lo que hizo por mí.
- Rosa, si te elegí a ti es por un motivo que ahora da igual. Estás con ese chico, olvida todo lo que te dije.
- Quiero saber ese motivo.
- Recuerdas el día que me pediste ir a la habitación?
- Claro que lo recuerdo - se ruborizó al rememorar aquella tarde que le había pedido que la pegara.
- Ese día cuando vi tu culo…
- Me dijo que era el culo más perfecto que había visto nunca - sobre la cama vio la ropa que había llevado puesta esa tarde; la camiseta, el sujetador, bragas y el pantalón vaquero que todo el mundo le decía que le quedaba perfecto. Al verlo se dio cuenta de lo que pasaba - Carlos… me eligió por el pantalón que llevaba?
- Si - ahora era él el que se sintió avergonzado por sentirse descubierto – Al verte con él recordé aquella tarde.
Los dos se sintieron nerviosos de recordar aquel encuentro en la habitación.
- Pero tanto le gustó mi culo?
- Mas de lo que te imaginas. Espero que Tomás sepa tratarlo como te gusta.
- A él también le encanta.
- También le gusta azotarlo?
- Nunca lo ha hecho - siempre sentía vergüenza y nunca se atrevía a pedirle eso - Me da reparo decírselo.
- Te gustó como lo hice yo?
- Muchísimo - algunas veces se había masturbado recordándolo.
- Y ya no echas de menos que te traten duro en la cama?
- A veces si pero Tomás no lo entendería.
- Has dado de cenar a los niños?
- Si, ya están dormidos.
- Están tus padres en casa?
- Si, están viendo la televisión en el salón.
- Puedes salir de casa?
- Ahora?
- Si.
- Estoy esperando a que me llame Tomás.
- Te voy a buscar?
- Carlos… - estaba nerviosa y se sentía excitada - Me va a pegar?
- Si, te lo digo sin medias tintas. Deseo pegarte en ese culazo que tienes y hacer algo que la otra vez no hice.
- Que me quiere hacer?
- Si vienes es porque aceptas mis condiciones. Azotarte las nalgas y follarte el culo. Si no aceptas, dímelo y tu tan feliz con tu chico y no pasa nada.
- Tengo que hablar con mi madre.
- Eso significa que aceptas?
- Si. Pero yo pondré una condición.
- Cuál?
- Jamás se enterará nadie de esto.
- Si me das tu culo, nadie lo sabrá.
Media hora más tarde, Rosa salía del portal y Carlos la esperaba en el coche. Se empalmó al ver que llevaba los pantalones vaqueros de esa tarde.
- Hola - estaba muy avergonzada por lo que estaba haciendo.
- Hola Rosa, gracias por aceptar - puso su mano sobre la pierna de ella y acercó su cara para darle un beso. Rosa le ofreció su mejilla - Estate tranquila, esto se quedará entre nosotros.
- Gracias, Carlos.
Enseguida llegaron al piso de Carlos, ella subió las escaleras delante de él y sintió la mano de este acariciar su nalga. Sintió que le halagaba saber que le atrajera tanto su culo, era un hombre que había estado con muchas mujeres y él le aseguraba que el suyo era el que más le gustaba.
Cuando llegaron a la habitación, él la abrazó por detrás apoyando el bulto de su pantalón en sus glúteos. Estaba erecto y ella suspiró.
- Tanto le gusta mi culo?
- Si, el más bonito que vi nunca.
Rosa se adelantó hacia el sofá y sin darse la vuelta se desabrochó el pantalón. Se descalzó y se lo bajó. Se quedó en tanga y apoyando sus rodillas en el sofá se agachó para ofrecerle una mejor vista.
Carlos se acercó a ella y apoyó su mano sobre su nalga izquierda, sus largos y gruesos dedos casi la abarcaban por completo y la comenzó a manosear.
- Sabes que aún estoy molesto contigo, verdad?
- Me lo imagino - aquellos dedos se cerraban sobre su carne y le gustaba - Ya le he pedido disculpas.
- Nadie me había rechazado nunca - la mano iba de una nalga a otra - Y de quien menos me lo esperaba era de ti - con la mano libre agarró el pelo y tiró hacía atrás haciendo que tuviera que levantar la cabeza y mirar al techo - Me escuchas?
- Ya le dije el motivo - se sentía inmovilizada.
- El motivo? – le hablaba con brusquedad mirándola a la cara - Un crio que ni siquiera sabe como tratar a este cuerpo?
- Yo le quiero.
- Mírame cuando me hables! - cada vez le apretaba más fuerte las nalgas - Le quieres a ese chaval pero sabes perfectamente que necesitas algo más de lo que te da. Me equivoco?
- No.
- No, que!?
- No se equivoca.
- Tu mirada en las reuniones te delata. Crees que no me he dado cuenta como me miras? - de un tirón le bajó el tanga hasta las rodillas y metió su mano entre las piernas, estaba empapada – Que es lo que te falta con ese chaval para que me mires así? Que piensas cuando me miras?
- Me falta esto - estaba ruborizada al saber que Carlos se había percatado de como lo miraba - Pienso en lo de aquella tarde y en su manera de tratarme.
- Y crees que está bien mirarme así estando tú novio delante?
- Se que no está bien pero no puedo evitarlo - gimió al sentir uno de los dedos deslizarse dentro de su coño.
- Eres una zorra desagradecida. Sabes lo que creo?
- Que cree?
- Que tu corazón puede que sea de ese chico pero tu culo… - apoyó el dedo lleno de flujos en el ano -.. tu culo a quien quiere es a mi.
Rosa cerró los ojos al sentir ese contacto en su agujero, le gustaba lo que sentía.
- Te ha follado el culo?
- No.
- Mírame!
- No, él nunca me lo ha hecho por ahí. Nunca se lo he pedido - se mordió los labios al sentir como la yema del dedo entraba en su estrecho agujero.
- Por qué nunca se lo has pedido?
- No lo sé.
- Quieres que te lo diga yo? Nunca se lo has pedido porque, inconscientemente, tu culo desde esa tarde que lo azoté me quiere a mi. Estoy seguro que algunas veces te masturbas el ano. Verdad?
- Si.
- Y que piensas cuando lo haces? Piensas en Tomás?
- No.
- Te lo masturbas pensando en mi desde esa tarde?
- Si.
- Entiendes que lo que te digo es verdad?
- Si. Mi ano le quiere a usted desde esa tarde.
- Y yo lo quiero a él - sin darla tiempo a reaccionar se arrodilló tras ella y separando sus nalgas lamió entre ellas poniendo especial interés en el estrecho agujero - Será sólo mío.
Rosa estaba confundida, sorprendida. Acababa de correrse sintiendo como Carlos le chupaba el culo.
Todavía recuperándose del orgasmo, aquella palmada inesperada en su nalga la hizo vibrar. Le acariciaba toda la piel con cariño como disculpándose y cuando menos lo esperaba sentía el impacto de los dedos. El calor se volvía quemazón, escozor. Cerraba los ojos, quizás por la vergüenza de mirarlo y que supiera que le estaba gustando.
- Mírame! - otro nuevo azote la hizo tener que agarrarse al respaldo del sofá para no caer - No tomes esto como un castigo, tu culo me necesita.
- Me duele pero… - gimió con aquel golpe seco tan fuerte
-… pero te gusta y desde aquella tarde deseabas volver a sentir esto.
- Si… Deseaba esto, Carlos.
- Me vas a volver a rechazar?
- No, nunca le volveré a rechazar. Pero no me lo pida delante de Tomás.
- Es tan hermoso tu culo - estaba totalmente rojo con los dedos marcados - Le haré a tu culo todo lo que necesite pero me tienes que prometer que será solo mío.
- Y si Tomás me pide hacerlo por ahí.
- Le dirás que no, que no te gusta. Entendido?
- Vale, será solo suyo.
- Prepara mi polla para follartelo - se desnudó y le acercó el sexo a la boca - Yo voy a preparar tu culo.
Rosa, totalmente excitada al sentir como le iba introduciendo dos dedos con suavidad, abrió la boca y se la chupó. Si ese hombre quería a su culo, ella le tenía cariño a su polla y le gustó poder saborearlo una vez más.
La mamada que le estaba haciendo, sentir sus dedos hundidos por completo dentro del ano y ver sus dedos marcados en la piel de esa mujer, le hacían tener una erección bastante más intensa que en otras ocasiones.
La sacó de su boca y se dispuso a culminar lo que tanto deseaba.
Separando mucho con ambas manos aquellos redondos glúteos, pudo ver con claridad que aquel agujero estaba más que preparado para ser conquistado por él. Estaba muy dilatado y en ese momento no deseó otra cosa con más fuerza en el mundo que traspasar aquel orificio con su polla.
- Joder, está totalmente abierto - colocando su hinchado capullo sobre él presionó despacio - Ahora puedes cerrar los ojos y disfruta como entra.
- Dios! Me gusta, Carlos - podía sentir cada milímetro de aquella polla penetrando su culo, lo sentía muy abierto - Me lo ha dejado tan sensible que… - comenzó a temblar y sintió que su coño sin ser tocado comenzaba a soltar pequeños chorros -… me corro, me estoy corriendo…
- Joder que ganas tenias de esto zorra - un fuerte azote en las dos nalgas y clavarle lo que faltaba de carne fue el detonante para que un gran chorro saliera expulsado de su coño - Eso es, córrete como una cerda.
- No aguanto el placer - casi no podía hablar, todo su cuerpo temblaba - Me muero de gusto.
- Placer es el que me está dando follar tu culo - los azotes eran fuertes y muy seguidos. Le penetraba con rapidez y fuerza - Me vas a gangrenar la polla cabrona, joder, como te gusta!.
- Si, si… me gusta. Me corro otra vez.
- Solo yo voy a follar este culo?
- Si, solo usted. Se lo prometo.
Aquellas palabras de entrega lo hicieron correrse en las entrañas de Rosa mientras ésta lo miraba agradecida. Carlos, supo con esa mirada que ella decía la verdad y aquel orificio tan sensible desde ese momento sería suyo.
……….
Paula le estaba explicando algunas cosas de ciertos clientes de la empresa pero Diana no lograba concentrarse en lo que su compañera le decía. Cada poco tiempo miraba hacia el despacho de Ernesto y comprobaba que aún no había llegado. Se preguntaba si en esos momentos estaría follando con Adela en su cama y se sentía mal porque aquello la ponía celosa. Se preguntaba si había hecho bien en decirle que si a Fran cuando le preguntó si estaba dispuesta a empezar una relación con él. La verdad es que con ese chico se sentía muy cómoda, era guapo, atento con ella. Cualquier chica estaría feliz de poder ser su novia y ella quería intentarlo.
- Buenos días señor don Ernesto.
Giró la cabeza al escuchar como alguien saludaba a su jefe y lo vio caminando hacia donde estaban ellas. Se ruborizó al recordar lo que había pasado el día anterior.
- Buenos días Paula.
- Buenos días.
- Que tal con Diana? - le hablaba como si ella no estuviera presente - Crees que en un par de semanas estará preparada para ser mi asistenta personal?
- Si, Diana aprende muy rápido y en lo que queda de tiempo será suficiente - Paula la miraba con gesto amable.
- Bien, gracias por todo tu esfuerzo. Buenos días Diana, que tal estás? - sin importarle la presencia de Paula le acarició la cabeza.
- Buenos días señor Ernesto - se puso nerviosa al sentir la mano sobre su cabello - Bien, aquí sigo aprendiendo con ella.
- Recuperada de lo de ayer?
- Si - sintió sus mejillas encenderse - Gracias por darme el día.
- Faltaría mas. Si alguien no está en condiciones de trabajar es lo mejor para todos. Paula te lo puede decir que aquí quiero a la gente al cien por cien, sino, no merece la pena venir. Verdad Paula?
- Si, siempre nos dijo eso desde el primer día.
- Bueno, os dejo que en una hora ya se acaba vuestra jornada. Que planes tenéis para el fin de semana?
- Uy, yo todo relacionado con la boda - Paula se casaba en tres semanas y ese era el motivo porque la iba a cambiar de puesto y la pelirroja la iba a sustituir - Pruebas de vestido, invitaciones a familia…
- Aún con invitaciones?
- Si, pero son familiares cercanos que ya están avisados.
- Y tu, Diana? Como se presenta tu fin de semana?
- Quedé para cenar con un amigo y luego saldremos de fiesta - le costaba decirle que tenía novio.
- Amigo?
- Bueno - temía la reacción de Ernesto pero recordó que él sólo pedía sinceridad - Estoy empezando con un chico.
- Espero que lo paséis bien - se alejó de ellas con la cara sería.
Adela, sentada en la cocina, tomaba un café mientras terminaba la lavadora. Pensaba en Maite y lo que había pasado la noche anterior. Le había encantado besar su cuerpo y se sintió excitada al recordar como aquella joven se había corrido en sus brazos y sobretodo como se había corrido cuando le comió el coño. También pensó en María y lo que habían hecho juntas, le encantaba la curiosidad de esa chica por el sexo diferente y se preguntaba si alguna vez, Maite, sería capaz de lamer su coño después de orinar.
Enfrascada en esos pensamientos, sintió que el teléfono vibraba y vio que era Paloma, su hermana.
- Hola Paloma, que tal estás? - cada vez que hablaba con ella se sentía nerviosa y sobre todo culpable por lo que estaba pasando con su marido.
- Hola hermana. Mira, no acepto un no por respuesta, eh! Que siempre me das largas. Hoy voy a hacer ese guiso que tanto te gusta y te vienes a cenar a casa.
- Pero…
- Ni pero ni nada. Vienes a cenar y luego si quieres te vas pero a las diez te quiero aquí.
- Eres de lo que no hay. Está bien… A las diez estaré ahí. Llevo algún postre?
- No, no traigas nada. Ay! que ilusión me hace que vengas cielo.
- Yo también tengo ganas de verte cariño.
- Ahora te dejo que tus sobrinos ya se están peleando otra vez. Ciao cariño.
- Hasta la noche. Un besazo.
Al cortar la llamada se llevó las manos a la cara. Esa noche, iba a ser difícil aparentar normalidad delante de su hermana con Ernesto delante pero también necesitaba verla. De nuevo se sentía la peor hermana del mundo.
Fabián paseaba por el parque absorto en sus pensamientos. En una esquina del parque había un grupo de jóvenes y se fijó en ellos. Cualquiera de aquellas muchachas; unas reían, otras se abrazaban a sus chicos, algunas escribían mensajes en sus teléfonos…, podría ser perfectamente Elvira, la niña que había cambiado su vida. Se preguntaba si era justo que esa joven perdiera su juventud por estar con él, antes de irrumpir en su vida, ella quizás fuera feliz con su novio. Por otra parte, pensaba que si realmente estuviera bien con su novio no buscaría su compañía.
Debería confesarle que se había acostado con María? No sabía cómo se lo tomaría y lo que menos quería era hacerle daño. Elvira era mentalmente muy madura a pesar de sus reacciones infantiles. Se preguntaba si lo que buscaba en él era una figura paterna y el sexo lo hacía por complacerlo. No, no podía ser eso pues cuando la acariciaba y penetraba, su manera de correrse y como eyaculaba era muy real.
Sintió presión en su pantalón, deseaba volver a acariciar a esa niña.
María todavía dormía cuando Maite se despertó. La luz del nuevo día le permitía mirarla. Es tan hermosa… pensaba mientras la contemplaba. Su cabello rubio desparramado sobre la almohada, su piel tan blanca. Miró sus carnosos labios que tanto le gustaba besar, deseaba tanto volver a sentirlos en su vulva… Apartando la sábana miró su espalda, sus nalgas. Al estar tumbada de lado, con una pierna estirada y la otra flexionada, podía ver su vagina asomar entre los muslos. Sintió celos, María tenía la vulva enrojecida. Ya se imaginaba que su chica habría follado con Fabián pero ver directamente sus genitales así le provocó fastidio.
Se levantó. Sentada en el sofá intentaba serenarse. Ella misma había quedado con Adela a escondidas. Le había encantado estar con esa mujer y aunque deseaba volver, no significaba nada más que sexo. Ella amaba a María. Seguramente a su chica le pasaba lo mismo con ese señor, era solo sexo, lo de ellas era mucho mas. En ese momento supo que deseaba darle todo lo que necesitara, que si le pedía volver con ese hombre, lo entendería. Recordó las palabras de su chica cuando le habló de Adela.
Sexo sucio, sexo diferente.
Tenía que hablar con Adela. Si a su chica le gustaba el sexo sucio, ella aprendería a dárselo. Le daría todo lo que quisiera. Estaba enamorada de María y sólo deseaba ser felices juntas.
Preparó el desayuno para las dos y una vez listo, colocó las tazas y los vasos de zumo de naranja en la bandeja. Se acordó que la tarde anterior había comprado las galletas que tanto le gustaban a su chica y cogió unas cuantas.
- Buenos días, dormilona - le hablaba en susurros para despertarla con delicadeza. María se movió un poco con pereza. - Te he traído el desayuno.
Adormilada, sonrió al darse cuenta de lo feliz que se sentía al despertar en aquella cama y con Maite a su lado.
- Buenos días, amor - estirando un brazo buscó el cuerpo de su chica y la atrajo hacia ella - Abrázame porfa.- Maite la abrazó por la espalda y le daba pequeños besos en el cuello. – Despertar así es lo mejor del mundo. Te despertaste hace mucho?
- Un ratito, te dejé descansar por si estabas cansada - la imagen de la vulva enrojecida regresó a su cabeza.
- Cariño… anoche…
- Chssss… Amor no hace falta que me cuentes nada. De verdad que no es necesario. Lo pasaste bien? Arreglaste las diferencias con Fabián?
- Si cariño, pero quería decirte…
- Cielo, se que te acostaste con él - la volvió a besar en el cuello - Pero no pasa nada, de veras que estoy bien.
- Y como lo sabes? - se ruborizó al darse cuenta que lo sabía.
- Al despertarme estaba mirando lo bonita que eres y al ver tu chochete vi que estaba enrojecido. - bajó la mano y con delicadeza lo tocó - Te duele?
- No, cariño, lo noto algo irritado pero tu dedo me alivia.
- Tan bruto es?
- No, cielo, solo lo justo. Creo que fue por el roce de la barba - el dedo de Maite seguía acariciando y la hizo suspirar - Me lo quieres aliviar?
- Claro, mi niña. Yo te lo cuidaré mucho.
María se giró para quedar frente a su chica y se besaron en la boca con pasión. Enseguida estuvo boca arriba con las piernas muy abiertas y Maite lamiendo su empapada vagina. Mientras lo hacía, Maite, no pudo evitar comparar aquel sexo con el de Adela. El de esa mujer le había encantado pero el que ahora tenía frente a ella era precioso. El desayuno se estaba enfriando, pero que mejor manjar para empezar el día que el coño de su niña?
Sexo sucio, sexo diferente. Esas palabras resonaban en sus oídos.
- Dame una galleta amor.
- Una galleta?
- Si, están en la bandeja.
- Son mis preferidas, cielo. Gracias! Y para que quieres una?
- Dámela y ya lo verás.
Intrigada le dio una de las galletas y, sorprendida, vio que su chica con una mano abría su vagina y con la otra acercaba el dulce y lo pasaba por la raja empapada. Se puso de mil colores al ver la galleta mojada por sus fluidos y como Maite se la llevaba a lo boca.
- Ahora también serán mis preferidas - estaba saboreando aquel dulce - Está buenísima.
María se estremeció de morbo al ver esa imagen y gimió al volver a sentir como pasaba la galleta por su coño.
- Tu no quieres?
- Si, yo también quiero.
- Dame otra amor.
Emocionada, le ofreció otra y vio como Maite abría sus piernas y la pasaba por su coño.
- Toma mi vida.
María agarró el dulce y se sorprendió de lo mojada que estaba. Lo comió y saboreo.
- Así están mucho más ricas. Dios, eres la mejor pareja del mundo. Te quiero.
Se abrazaron excitadas.
Esa mañana desayunaron todo pero bebiendo y chupando una de la otra. A Maite le fascinó tomar el zumo de naranja sorbiéndolo desde el coño de su chica. Ésta lo derramaba y ella lo chupaba fascinada.
- Quieres un poco más de zumo?
- Siii.
- Toma, cariño - le encantaba ver como bebía y sentir la lengua por su coño - Uf me voy a correr.
En ese último resto de zumo, Maite probó el sabor de la naranja mezclado con el sabor del chorro que expulsó el coño de María. Bebió su corrida con sabor a fruta y se moría de morbo.
Si a Maite le fascinó el zumo en ese desayuno, a María le pasó lo mismo con el café con leche.
Cuando Maite se sentó a su lado y le pidió que le acercara la taza del café, la miró con curiosidad. Le encantaba que estuviera tan juguetona esa mañana y se preguntaba que nueva sorpresa le daría.
Vio como se quitaba la camiseta. Tenía los pezones muy duros y empitonados al máximo.
- Uf… Como me gusta verlos así, cariño.
- Hoy te van a gustar más.
- Mas?
- Si - acercando la taza a su teta, metió el pezón dentro - Aún no te has tomado tu café cariño y sé que te encanta. Anda, acércate.
- Dios mío! Me vas a matar de morbo cariño.
Al sacarlo de la taza, el pezón goteaba y María se abalanzó sobre él para chuparlo hasta dejarlo limpio. Parecía una mujer hambrienta cada vez que repetía la operación.
- El mejor café con leche que probé en mi vida. Dame más cariño.
- Uy se me cayó un poco - inclinando la taza dejó caer aquel líquido por su estómago y éste se deslizó hasta su coño - Soy una patosa, me limpias?
María lamió su coño, su estómago. Estaban cachondas, sentían morbo.
- Que rico sabe aquí cielo - le estaba limpiando el clítoris con la lengua.
- Si? Quieres más?
- Si, porfa.
Esta vez fue Maite la que eyaculó sintiendo como María bebía el desayuno en su coño. Se abrazaron felices y se rieron al sentir sus cuerpos pegajosos. Se levantaron para ducharse juntas y allí, bajo el agua, hicieron el amor de nuevo.
Diana se estaba duchando mientras Fran, en la habitación, hacía la cama. Era la primera vez que se acostaban juntos y la joven pelirroja se sentía rara. Había disfrutado, eso era cierto, pero sus expectativas eran mayores. Cuando se habían desnudado, no había podido evitar comparar el sexo de su novio con el de Ernesto y fue inevitable sentir que el de su jefe le gustaba mucho más. Claro que el cuerpo de su chico era mucho más bonito que el de Ernesto, cosa normal por sus diferentes edades, pero el placer que acababa de sentir, no tenía punto de comparación con lo que había sentido el día anterior.
Al salir de la ducha se vistió y salieron hacia el restaurante donde tenían reservada la mesa. Le encantaba lo detallista que era con ella.
Adela, cada vez que se iba acercando la hora de la cena se notaba mas nerviosa. Estuvo un buen rato decidiendo que ropa ponerse y al final se decantó por un vestido azul que le gustaba mucho como le quedaba.
Eran las diez menos cuarto, cuando el taxi la dejó en la puerta de la casa de su hermana. Antes de llamar al timbre se detuvo y respiró hondo, estaba atacada de los nervios y no quería que Paloma pudiera notarla rara.
Al abrirle la puerta, enseguida tuvo a los pequeños a su alrededor, estaban felices de tener a su tía en casa.
- Hola cariño - Paloma, también feliz de estar con su hermana la abrazó con efusividad - Que guapa estás!
- Tu también estás muy guapa, hermanita - le dio una bolsa que llevaba - al final traje un postre.
- Mira que eres - vio que era un bizcocho - Te voy a matar, es que este bizcocho te queda siempre tan rico…
- Y Ernesto? - por un momento deseó que no estuviera.
- Tu cuñado está en el salón, pasa a saludarlo.
Al abrir la puerta del salón, vio que estaba poniendo los platos en la mesa donde iban a cenar.
- Hola Ernesto - verlo hizo que su voz temblara al saludarlo.
- Hola cuñada. Que bien que hayas venido - se acercó a ella mirándola de arriba abajo - Tan guapa como siempre, Adela - agarrándola por la cintura y le dio dos besos. Viendo por encima del hombro que Paloma se había metido en la cocina, aprovechó para poner su manaza en el culo de ella - Me encanta tu culo, cuñada.
- No empieces, por favor - le apartó la mano y se separó de él - Aquí no, Ernesto.
- Acaso no te gusta? El otro día no me decías lo mismo.
- Ya sabes que si que me gusta pero está mi hermana en la cocina.
- Ya le he dicho a Paloma que luego te llevaré a casa.
- Ah, vale! - saber que la iba a llevar y podrían estar solos, la hizo sentir excitada.
Durante la cena, Adela intentaba dar conversación a su hermana para estar distraída y olvidarse. Ésta, feliz de poder compartir con su hermana una velada familiar, no se dio cuenta que a veces su marido, aprovechando sus idas y venidas a la cocina, con disimulo acariciaba los muslos de Adela, incluso en un par de ocasiones, llegando a acariciar sus bragas que con tanta caricia estabas mojadas.
Fue cuando Paloma salió del salón para servir los cafés que Ernesto agarró la mano de su cuñada y la puso sobre el bulto del pantalón. Adela, pudo comprobar que aquella polla que le estaba volviendo loca estaba totalmente dura.
- La quieres?
- Ya sabes que si.
- Pues si quieres que después te folle, vete al baño y quítate las bragas.
- Estás loco? Paloma se va a dar cuenta que algo pasa entre nosotros.
- Estoy loco por follarte pero si no me das tus bragas ya follaré con tu hermana al volver.
Paloma regresó con los cafés en una bandeja y se sentó a la mesa.
- Voy un momento al baño.
- Usa el de nuestra habitación, así los niños no se despiertan con la cisterna.
En el baño, Adela se quitó las bragas y se ruborizó al ver que estaban empapadas. De vuelta al salón y aprovechando que Paloma se levantó para cerrar la ventana, le dio la prenda íntima a su cuñado y éste la guardó en el bolsillo.
Sentada a la mesa de nuevo, escuchaba a su hermana.
- Te veo muy guapa. Verdad que mi hermana está muy guapa?
- Yo solo tengo ojos para ti cariño - el cinismo formaba parte de su modo de vida. Mientras hablaba con su mujer, tenía la mano en el bolsillo donde había guardado la prenda íntima de su cuñada.
- Que tonto eres, estoy hablando en serio.
- Tienes razón, estás muy guapa.
- Me vais a hacer sonrojar - en realidad, sus mejillas acaloradas, eran de saber que Ernesto estaba manoseando sus bragas mojadas.
- Desde que dejaste a Félix, pareces otra mujer. Antes, nunca te lo quise decir, pero estabas apagada, triste, en cambio ahora… Te has echado novio?
- Novio? Quita, quita - de nuevo se estaba poniendo nerviosa con la conversación.
- Haces bien, tu búscate alguno para follar y…
- Que bruto eres!! - Paloma se avergonzaba de que su marido fuera tan soez.
- Es la verdad. No piensas como yo? - mirando a su cuñada le sonrió.
- Bueno, lo que menos quiero ahora es volverme a atar a un hombre.
- Pues es lo que dije, para follar y ya está.
- Eres tan bruto a veces - Paloma se levantó de la mesa - Voy a por el postre.
Al desaparecer por la puerta, Ernesto sacó la prenda del bolsillo y estiró la tela.
- Joder, cuñada, están empapadas - la zona que coincidía con el sexo mostraba una mancha enorme de flujos. Sin ningún tipo de reparo la llevó a la cara y la olió - Uf… tu coño huele delicioso.
- Guárdalas, por favor - sus mejillas enrojecidas dejaban clara la vergüenza que estaba pasando.
- Pronto nos iremos y te daré lo que tanto deseas.
Paloma entró en el salón y su marido con rapidez ocultó las bragas.
- Queréis un trozo?
- Yo si, pero uno pequeño. Ya es tarde y estoy un poco cansada.
- Tienes que venir más a menudo, eh!
- Claro, otro día vengo y cocino yo, vale?
- Vale, tienes que hacer un día ese estofado que te queda tan rico. Ah, cuando te vayas ya te lleva Ernesto.
- Si, ya le dije antes que la llevaría yo.
- Gracias. Me da rabia molestar.
- De molestar nada, es un placer acercarte y saber que llegas bien a casa.
Nada más cerrarse las puertas del ascensor, Ernesto acorraló a su cuñada y ésta no opuso resistencia cuando metió la mano por debajo del vestido y le acarició el coño. Estaba muy excitada y deseaba que su cuñado la follara de esa manera que tanto la enloquecía. Sin poder aguantar la tentación bajó su mano y acarició sobre el pantalón. Le fascinaba agarrar sobre la tela aquel pene y sentir lo grueso que era.
- Adonde vamos? - la dirección que había cogido no era hacia su casa.
- Le dije a tu hermana que tenía que recoger unas cosas en la oficina, así no sospechará nada si tardo.
- Me vas a follar en la oficina?
- No. Diana me dijo que tenía cena con su chico y que después saldría de fiesta con él. Ya que pago el alquiler por lo menos le sacamos provecho.
- Tiene novio?
- Eso parece. Antes al parecer estaba con un tío casado.
Adela dudó si decirle que ese hombre casado con el que se acostaba la joven, era su ex marido.
- Si, me comentó algo sobre eso.
Una vez en el piso de Diana, se desnudaron con rapidez. Los dos deseaban tocarse, lamerse, estaban muy excitados. Adela, en cuanto vio el pene de su cuñado se arrodilló y le hizo una mamada como pocas veces le había hecho. Estaba cachonda y sentir como le follaba la boca la hacía perder cualquier atisbo de cordura.
Enfrascados en el deseo y en el placer que se estaban dando, ni siquiera escucharon la puerta cuando entró Diana.
La joven había vuelto a casa disgustada. Lo que esperaba que fuera una noche de fiesta y terminar en casa de su chico, se había estropeado porque éste se había encontrado mal durante la cena y habían tenido que dejar los planes para otro día.
Tenía que haberse ido cuando escuchó aquellos gemidos pero quizás por el vino que había tomado durante la cena o quizás empujada por el recuerdo de como le había impactado ver la otra vez como la follaba, decidió acercarse. Se descalzó para no hacer ruido con los tacones y de puntillas se aproximó a la habitación. Su corazón a medida que se iba acercando fue acelerando hasta tener un ritmo demasiado vertiginoso.
Se tuvo que tapar la boca con la mano, cuando vio como su jefe agarrando del pelo a Adela metía y sacaba su polla de la boca de ésta. Adela, con la cara desencajada por el placer se dejaba hacer. Un intenso hormigueo se adueñó del sexo de la joven ante aquella escena. Su amiga estaba entregada a aquellas embestidas, parecía una muñeca de trapo a merced de ese hombre. Fascinada no podía apartar la vista de ese trozo de carne y contemplar asombrada como aparecía y desaparecía entre los labios anormalmente abiertos.
No supo en que momento metió la mano bajo la falda y bajándose las bragas hasta las rodillas, comenzó a masturbarse mientras miraba como Adela se ponía a cuatro patas sobre la cama y le escuchó pedirle a su cuñado que la follara.
Diana tuvo que cerrar los ojos para no gemir cuando vio como Adela comenzó a correrse. La vagina de su amiga expulsaba chorros sobre su cama. Cuando los volvió a abrir se quedó paralizada al ver como su jefe se había dado cuenta de su presencia y la estaba mirando. Adela temblando, ajena a su presencia, le seguía rogando que la follara fuerte.
Al verse descubierta, se subió las bragas y se iba a marchar corriendo cuando Ernesto le hizo una señal para que se acercara.
La excitación que sentía, el morbo de estar presenciando como su jefe estaba follando con su cuñada, todo unido, hizo que obedeciera como una autómata y se acercó despacio. Temía que Ernesto se pusiera hecho una furia por haberlos espiado y se sintió aliviada cuando vio que sin dejar de embestir el coño de Adela le sonrió.
- Pensamos que estarías de fiesta y por eso vinimos - con ternura le acarició la mejilla colorada.
- Oh, mierda! - Adela, al escuchar hablar a su cuñado, giró la cabeza y vio a su joven amiga - Cariño, perdona que hayamos venido a tu casa.
Adela abrumada por la situación intentó apartarse. Diana paralizada no sabía que hacer ni que decir.
- Adonde vas? - agarrándola por las caderas le metió la polla fuerte haciéndola estremecer - Te crees que te vas a ir y me vas a dejar así?
- Pero…
- Por ella no te preocupes, creo que le estaba gustando mucho lo que veía. Verdad? - la joven con la cara mirando al suelo permaneció en silencio - Diana, te he hecho una pregunta. Te gustaba lo que veías?
- Si.
- Anda, ponte en la cama y sigue con lo que estabas haciendo.
- Lo que estaba haciendo?
- No te estabas masturbando? Esta es tu cama - con brusquedad le levantó el vestido y le bajó las bragas – Mastúrbate en ella. Sácate la ropa.
Adela sintió como Ernesto comenzó a follarla de nuevo, por las embestidas sabía perfectamente que estaba muy cachondo. Intentaba no gemir por saberse observada por su joven amiga pero era imposible. Cuando sintió que Diana subía a la cama no pudo evitar mirar su cuerpo desnudo. Era realmente hermosa y se sonrojó al darse cuenta que la joven se había dado cuenta de sus miradas.
Diana se tumbó en la cama y con timidez se comenzó a masturbar. Su respiración agitada delataba el placer que estaba sintiendo.
- Te has fijado que coño mas bonito tiene Diana? - Adela lo volvió a mirar y la vergüenza le impedía responder - Me escuchas?
- Si.
- Si, que?
- Lo tiene bonito.
- Quieres ayudarla? La pobre está muy cachonda.
- Ayudarla? - cada golpe de polla la hacía gemir.
- Si. Ayúdala a masturbarse.
Adela y Diana se miraron totalmente avergonzadas. La joven cerró los ojos cuando vio que Adela acercaba la mano a sus muslos.
Los tres gimieron. Adela de sentirse follada y de estar masturbando a su amiga, Diana de sentir como aquella mano tan suave le acariciaba el coño y por primera vez la masturbaba una mujer, Ernesto de ver como Diana comenzaba a correrse en la mano de su cuñada y como esta se corría una y otra vez en su polla.
Ernesto las folló a las dos esa noche. Le volvió loco penetrar con dureza el coño de su joven empleada y como está, desfallecida por el placer se abrazaba a Adela y le besaba las tetas.
Cuando Ernesto se fue del piso, las dos quedaban en la cama abrazadas, Diana, acurrucada temblando y Adela, protegiéndola con dulces caricias. La joven estaba asustada, sabía que ese orgasmo seguiría latente durante varias horas. Tanto Ernesto como Adela lo sabían y habían decidido que esa noche esta se quedara a dormir con ella.
Adela se levantó de la cama, Ernesto había marchado hacía dos horas y Diana entre sueños cada poco tiempo se contraía con los pinchazos de placer que el interior de su vagina sentía. La observaba en silencio, nunca se había fijado en ella de manera sexual y la verdad que era muy hermoso su cuerpo. Se preguntaba si aquella había sido la primera vez que esa joven se había acostado con Ernesto. Diana adormilada gemía y se volvió a tumbar a su lado. Al sentir su presencia, la joven abrió los ojos y la miró, estaba avergonzada.
- Tranquila cielo.
Con timidez buscó cobijo entre los brazos de esa mujer y esta la abrazó acariciando sus suaves cabellos rojos.
- A ti también te pasa esto?
- A que te refieres?
- A seguir sintiendo como pequeños orgasmos después de bastante tiempo que se fue.
- Al principio si, ahora ya menos, durante media hora o así los sigo sintiendo - necesitaba saber si esa joven también sentía eso cuando se acostaba con su ex marido – Diana… con Félix también te pasaba?
- No, con él nunca me pasó esto.
- Félix era egoísta cariño.
- Si. Me perdonas por lo que pasó entre él y yo?
- Ya estabas perdonada, corazón.
- Adela… Alguna vez habías masturbado a una chica?
- Si cariño.
- A mi nunca me había tocado una mujer.
- Y te gustó lo que sentiste esta noche?
- Mucho, siempre fuiste muy delicada conmigo y hoy, más que nunca.
- Eres tan sensible que es imposible no ser delicada contigo.
La experiencia de Adela le decía que en esos momentos si quería podría tener sexo con Diana, pero prefería esperar y no aprovecharse de la situación. Si aquella joven accedía a tener intimidad con ella tenía que ser en otro momento y por propia voluntad.
Se durmieron abrazadas.
(Continuará)
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