Xtories
Dominaciónoct 2022

Las vecinas beatas 4

Sabe que su mejor amiga duerme dos puertas más allá. Sabe que su esposo no debería notarlo. Y aún así esta noche ella decide no detenerse.

Trastornado21K vistas8.9· 26 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Las vecinas beatas 4

Con madre e hija, al fin sometidas, quiero seguir gozando de ellas por separado, ya que la madre no sabe lo buena sumisa que es su hija.

Me desperté y Concha dormía como un bebe sonriendo. Me la saqué de encima y me fui a la ducha. Tenía un SMS de Julia que me daba las buenas noches. Se había enfadado, seguramente. La pobre quería polla a todas horas.

Me duché, me vestí, y al volver al salón estaba Concha sonriente vistiéndose.

- ¡Buenos días guapetón! -saludo alegre.

-Me voy volando, que Julia debe estar escandalizada, sabiendo que he dormido aquí- me dijo.

-Tranquila mujer, ya le explicare que te tomaste otra copa y te quedaste dormida en el sofá.

-Gracias, gracias. Así le quitas sospechas. -me dijo.

Decidí divertirme y me acerqué a ella cogiéndola del culo, dio un saltito al sentir mis manos, y me sonrió con los ojos brillantes.

- ¿No quieres llevarte nada? - le dije empujando mi polla a su monte de venus.

Se lo pensó unos segundos y me dijo:

-Déjame que le de tareas a la niña y vuelvo.

Espero mi reacción, y miraba si me había empalmado. Tenía que irse, pero no le hubiera importado que la volviera a empotrar contra el sofá.

-No, tranquila. Mejor tomamos café en tu casa esta tarde y me la enseñas. Que ya vi que es como un palacio.

-De acuerdo, vente y te la enseño. Es mi palacio, tú lo has dicho. -dijo orgullosa y desconcertada.

Quería irse ya, pero yo le sobaba el culo y le miraba sus grandes tetas y me costaba soltarla. Pero al final reaccione y dándole un gran beso en la boca, le acompañe a la puerta. Ella también se lo pensó antes de cruzar el umbral, y a punto estuvo de girarse y lanzarse a mi polla. Pero también resistió y la cerro tras ella.

Me había tocado la lotería con dos jamelgas de vicio, y sin estrenar. No me lo podía creer. Me senté en mi silla y empecé la jornada aun incrédulo.

Se abrió la puerta y entro Julia con cara de loba sonriendo. Se sentó en mi pierna y me dijo:

-Tienes a mi madre encantada, habla maravillas de ti, ya verás como nos casa- acabo diciendo entre risas.

-Pobre mujer, estaba muy necesitada. Pero tu más, claro- añadí abrazándola y besándole el cuello.

- ¡A, vale! Que ella tuvo a mi padre, y ves a saber a cuantos más. Y yo me he estrenado contigo. - me dijo cogiendo mis brazos, y apretándolos más a ella.

-Me voy a comprar pastas de té y cuatro cosas. Te va a cebar cada vez que vengas a casa, te aviso. - me dijo riendo.

-Vale, gracias por avisarme, no comeré mucho- le dije también riendo.

No se quería ir, seguía agarrada a mis brazos sobre su barriguita, y soltando un bufido se despegó y me dio un beso largo, que hizo saltar a mi polla. Yo le agarré del culo de piedra que tiene y le dije:

-Vete que me estas poniendo malo.

Sonrió maliciosa y se fue moviendo el culo para mí.

Llego la tarde y la hora del café en casa de mis nuevas Sumisas beatas. No me arregle mucho. Camisa y pantalón de sport.

Pique y me abrió Julia con su nueva mirada de loba, miro hacia dentro y me beso, dejándome entrar. Nos toquemos los culos mutuamente y entre al salón. Justo apareció Concha con una bandeja de plata con muchas cosas para el café.

- ¡Hola guapetón! Pasa y siéntate, que ya está todo listo. -me dijo.

No sabía dónde sentarme, así que me senté en medio, para tenerlas a las dos a mano. Ellas tomaron asiento y me sirvieron el café.

-Puedes fumar si quieres, mi marido fumaba, y no me molesta. - me dijo Concha.

-Tranquila, ya iré a la cocina, no te preocupes. Prefiero vuestros perfumes. - le dije cogiéndole la mano.

Tomamos café, pastas, galletas, canapés, y algunas cosas más y Julia me acariciaba con su pie mi muslo. La pobre de Concha no paraba de hablar de cuando vivía su marido, y lo mucho que viajaban.

- ¡Ay, que no te he enseñado el piso! – exclamo Concha levantándose.

Me levante y pasando detrás de Concha, que me llevaba al pasillo, me gire, y Julia me saco la lengua burlona, mirándome el culo.

Lleguemos a la habitación de concha, que parecía de la reina de Grecia, y cuando entre escuchando como me explicaba de donde era cada mueble, me pegue por detrás, y le cogí las tetas sobándoselas con fuerza, arrimándole mi polla al culo. Ella me dejaba hacer y seguía explicando, con pausas para tragar saliva.

La iba a poner como la moto de un hippie, y quería ver la cara de Julia al darse cuenta cuando volviéramos de la “visita guiada”.

Concha agarraba mis manos en sus tetas y empujaba el culo para sentir más mi polla, mientras le besaba y lamia su cuello, ella ya me había enseñado algún mueble dos veces.

La solté y salió estirándose la ropa a la habitación de invitados, paso y ya esperaba mis manos. La apoye contra la pared y le meti la mano bajo la falda, mientras ella me explicaba quienes habían dormido ay, y me presentaba los muebles. Le aparté las bragas de cuello alto y le empecé a pajear suavemente.

Le empezó a costar bastante hablar, pero aun podía. Le mordía los pechos sobre su ropa y ella me agarraba la cabeza parloteando.

La volví a soltar y pasemos al baño. Ella ya ni se colocó las bragas bien, paso dentro y se apoyó en la pared esperando mi ataque sonriendo cachonda y hablando de los azulejos.

Le volví a sobar el coñito con más saña, y le mordía las orejas pegándola más a la pared. Contenía los gemidos entre palabras, pero ya le costaba más. Parecía que al hablar perdía la cobertura. Se callo y le frote el coñito con rapidez unas cuantas veces haciéndola cerrar los ojos y agarrarme fuerte. La solté de golpe y Sali con ella detrás resoplando.

Pasemos a la Habitación de Julia y se iba a apoyar en la pared, pero la tire en la cama boca abajo y le levante el culo subiéndole la falda y mordiéndole los muslos cerca del coñito empapado.

Me explicaba cosas de la habitación mientras se dejaba caer con el culo en alto y yo le lamia y mordía. Hacia pausas para tomar aliento y seguía hablando. Me incorpore y cogiéndola de la cintura le pegue fuertemente mi paquete a su coño empapado y le daba empujones como si la follara, se levantó y la cogí de las tetas con rabia. Ella empujaba también sintiendo mi bulto en su coñito. Le di otros cuantos empujones y la solté saliendo de la habitación.

Volvimos al salón donde estaba el despacho de su marido y Julia contenía la risa. Pero al ver a su madre detrás de mí, roja, con los pelos revueltos y cachonda perdida. Se levantó, y se fue a la cocina a reírse con un trapo en la boca.

La pobre Concha ya no se atrevía a entrar en el despacho y dijo estirándose la ropa y abriendo la puerta alejada lo más que podía:

-Y bueno, este es el despacho de mi difunto marido, que usa la niña para los estudios.

-Muy bonita casa Concha, la envidia de muchos palacios- le dije

Mi polla empujaba el pantalón, se notaba muchísimo, Concha se me acerco y me lo dijo susurrando:

-Tapate, que te va a ver la niña.

- ¡Uy! Perdona- le dije sentándome.

Volvió Julia, roja de la risa, y se volvió a sentar diciéndome:

-Me tienes que mirar el ordenador nuevo, que lo actualice y sale un aviso raro.

-Claro, tráemelo luego y le conecto el mío, a ver qué le pasa.

-Madre, cuando la acueste, me paso y ya ceno con él. Que solo sabe pedir por internet, y no sé yo si come bien.

Concha se hubiera apuntado a la cena, pero sería raro para su hija y muy descarado. Así que le dijo:

-Claro, llévate lo que te haga falta y le haces una sopa y lo que veas. - le dijo aun alterada, y con su coñito palpitando.

- ¿Porque le tiene que acostar su hija? -pregunte extrañado.

Concha, no entendiendo mi pregunta, y contesto:

-Bueno, ya soy mayor, me tapa y me sirve agua, o alguna infusión hasta que me duermo.

Me dieron ganas de sacar mi polla morcillona y abofetearle la cara con ella, pero me contuve y sonriendo le dije:

-Concha por dios, ¿que tienes 55 años? Me dejas como viejo, que yo tengo 47- dije riendo.

Julia se partía de risa, pero Concha reía por compromiso y algo avergonzada.

-No sé, es lo que se ha hecho asi en mi casa toda la vida- contesto para salir del paso, dándose cuenta, que era absurdo lo que le pedía cada noche a su hija.

-Bueno, no me voy a meter en vuestras costumbres, pero no eres “mayor” -le dije mirándole las tetas.

Se ruborizo y me dijo muy seria:

-Me parece que me he envejecido yo sola. - y se echó a llorar.

Empezó a explicar las penurias de quedarse viuda, sola con su hija, y tal, y cual. Pero no nos daba ninguna pena. La ignoré y le dije a Julia:

- ¿Tienes anís o algún licor?

Julia miraba a su madre con asco, sabia que la estaba usando desde muy niña de criada, me miro, me sonrió y se levantó a buscarlo.

Me acerque a Concha, que dejo de llorar al ver que pasemos de ella, y recorriendo su muslo hasta su coño, le agarre las bragas, tire fuerte de ellas, y le dije en voz baja:

-Tu rollo de anciana me da asco, más te vale que te adaptes a tu edad, me sirvas como una mujer de 40, y dejes a tu hija fuera de la jaula. O me la llevo de tu lado, y no la veras más, so perra. - Le dije, sonando sus bragas romperse.

Ella me miraba con los ojos abiertos, y agarraba mi mano, que ya le sacaba las bragas rotas rozándole el ojete y después el coñito empapado. Reacciono y me dijo:

-Es cierto, creo que no he hecho bien ni con mi hija, ni conmigo. Ayúdame por favor- y tiro de mi mano a su entrepierna.

Volvía a tirar, y ella levantaba el culo de la silla notando como le rozaba la braga rota por lo más íntimo y se le escurría, y le dije:

-Redactare unos papeles, te los lees y me los devuelves firmados- le dije.

-Vale, lo que tú me digas. Gracias Pender, muchas gracias. - me contesto soltando mi mano y notando como me llevaba sus bragas.

-Cuando me tome la copa, me enseñas la terraza, que quiero ver que vistas tenéis. - le dije oliéndolas y mirandola a los ojos.

Ya sabía que vistas iba a ver en la terraza, y su coño palpitaba ahora al aire. Trago saliva y me dijo:

-Claro, es verdad, perdona, que como no la uso mucho. - se excusó mirándome cachonda perdida al verme con sus bragas rotas en mi mano.

Volvió Julia, que lo había visto todo por la rendija de la puerta, pero no había oído lo que le decía. Y pegando un pecho en mi hombro, me sirvió la copa.

Yo seguía muy cerca de concha, y vi la cuchara del azúcar, que era bastante larga, como un palmo, con un mango de madera redondo y barnizado. Tenía filigranas talladas.

Seguimos charlando, y una de las veces que se levantó Julia a llevarse cosas de la mesa, cogí la cuchara, y se la pasé por el muslo a Concha, dio un saltito al notar el frio metal, acompañada por mi dedo, encontré su coñito, y se la empecé a meter por el mango hasta que quedo la parte ancha fuera. Le di unos cuantos golpecitos, y Concha daba saltitos mirándome con deseo. Seguí así hasta que volvió Julia y Concha respiraba agitada.

-Madre ¿estas bien? - le pregunto Julia.

-Si, no te preocupes, ha sido una tarde ajetreada, ahora la saco a la terraza y le dará el fresco.

-Si hija, estoy bien. Recoge mientras salimos un rato, y así ve las vistas que tenemos. - le explicó la madre.

Nos levantemos y paso delante de mí a la terraza, me volví a girar a mirar a su hija, que me volvió a sacar la lengua sonriendo cómplice. Sabía que iba a pasar, y no se lo quería perder la muy guarrilla.

Concha con la cucharilla en el coño, ya le resbalaban los jugos por las piernas y busco la parte de la terraza más alejada, apoyándose en la baranda esperándome. Llegué, me puse detrás de ella y le empecé a besar el cuello diciéndole:

-Tengo trabajo contigo, pero también lo vamos a pasar bien.

Ella no dijo nada, le subía la falda poco a poco y notaba el aire fresco, en su coño mojado. Alargo la mano, y me agarro la polla a la primera apretándola, sabiendo que la iba a follar delante de todos los vecinos que se asomaran. Pero estaba muy cachonda, y lo deseaba.

Logre levantar la falda por encima de su culo y me saque la polla, que salto como un perro de presa a la raja de su culo. Se la empecé a frotar, y al notarla cerca de su ojete, se giró y me dijo:

-Por detrás no podre aguantar los gritos.

Sonreí, y sacándole la cuchara que cayó a la calle, le empecé a meter mi polla sin compasión, poco a poco, hasta el fondo. Concha se agarró a la baranda y gimió con la boca cerrada. La empecé a follar, y le tapé la boca agarrándole un pecho con fuerza diciéndole:

-Tiene que ser rapidito, no vaya a salir la niña.

Y ella asintió levantando su culo para recibir bien mi polla hasta el fondo.

- ¡Mmmh! ¡Mmmh! ¡Mmmh! ¡Mmmh! ¡Mmmh! ¡mmmmmmh! - gemía tapada con mi mano, gozando como una perra.

Enseguida empezaron a sonar mis pelotas chocando con su coño empapado, y se revolvía gozando, atrapada contra la baranda. Desabrochaba como podía los botones de su blusa, hasta que la conseguí abrir lo suficiente, le saqué las tetas, una tras otra, al aire libre. Alargue mi cuello, y me lleve una a la boca sorbiéndole el pezón que, al sacármelo de la boca mojado, se endureció y estiro de golpe.

Seguí follandola bastante rápido, y repetí la operación por el otro lado follandola ya desbocado. Ella se había corrido ya una vez y le venía otro orgasmo al sentir sus pezones fríos y duros, con mi polla follandola sin compasión, me lo indicaba bajando su culo y aflojando las piernas. La aguantaba con mi brazo y le dije:

- ¡Aaaj! ¡aguanta puta, que casi estoy! ¡Mmmh! ¡que buenas vistas joder! ¡Aaaaaj! - le dije viendo sus tetas levantadas por el sujetador, con los pezones estirados y brillantes.

Ella asintió con la cabeza y volvió a levantar su culo recibiéndome, y volviendo a gozar de mi follada.

Julia se apretaba los pechos mirándome por la ventana, sabiendo que esta noche seria ella la empotrada, y evitaba pajearse. Ya tenía un hombre que la pajearia mejor de lo que sabia ella.

Le pegué unos cuantos pollazos y la hice gemir en mi mano, al final me empecé a correr como un cosaco:

- ¡Ya viene! ¡Mmmh! ¡Que coñito tienes perra! ¡Mmmh! ¡Me corro! ¡Aaaaj! ¡Si, así, levanta el culo puta! ¡mmmh! ¡sí, toma mi lefa! ¡Aaaaj! ¡Menudo coñito tragón! ¡Aaaaaj! ¡Me encanta que te entre toda! ¡Mmmh! ¡Aaaaajj! ¡Asi, toda dentro! ¡Aaaajj!

Giro la cabeza y me sonrío cómplice, se movía ya al compás de mi corrida, y la pude coger de las dos tetas, apretándolas con rabia. Ella me cogía del culo y me acompañaba mientras bajaba el ritmo. Le sobaba sus grandes tetas y nos besemos con mi polla latiendo en su coñito empapado y lleno de lefa.

-Ves como no eres ninguna vieja- le dije sacando poco a poco mi polla, y bajándole la falda.

-Al final creeré que soy hasta más joven aun- me dijo riendo los dos.

Le ayude con la camisa y se volvía a pegar a mí, agarrando mi culo y apretándome contra ella, con más ganas de polla. Me miraba con los ojos encendidos de deseo, y me costó horrores no hacer que me la chupara, para follarle su precioso culo.

-No me mires así, que a mí me da igual si nos pilla tu hija- le dije cachondo otra vez, empujándole mi polla contra su monte de venus.

Me sonrió picara y se giró contoneándose, camino al piso.

Julia también tenía la misma mirada. Estaba sentada en la mesa jugando con los canapés. Levanto la vista y me dijo:

- ¿Es chula la terraza verdad? Y grande. Se pueden hacer muchas cosas, pero la usamos poco. - me dijo mirándome con deseo, y sonriendo cómplice.

-Si, si está muy bien. Y las vistas geniales. - le conteste sonriendo.

Concha había ido al baño a lavarse mi lefa que le caía por las piernas. Me acerque a Julia y nos besemos, le cole una mano por su escote y llegue hasta su pezón, que aún estaba duro del magreo que se había dado mirándonos.

-Vaya, vaya, ¿has estado jugando sola? -le pregunte con sorna, ahora con toda su teta en mi mano juguetona.

Me la agarro y sonriendo un poco avergonzada, y me contesto:

-Me estoy empezando a conocer.

Y reímos los dos.

Le solté la teta, porque mi polla empezaba a despertar otra vez, ya que Julia me pone más que su madre. No me dejaba escapar con sus manos en mi culo y me lanzo un mordisco a la polla que se apreciaba claramente.

- ¡Mmmh! Para capulla, que nos va a pillar.

Seguía mordisqueándola, notando como crecía, y sobándome el culo. La recorría de arriba abajo, y volvía a subir. Hice el amago de desabrocharme el pantalón, y me separo rápidamente riendo.

-Despídeme de tu madre, dile que me han llamado del trabajo. Te veo luego- le dije dándole un beso, y un pellizco en una teta.

Su madre no creo que le pidiera que la acostara más, y seguramente dormiría o muy cachonda, o como un bebe. Yo respondí unos correos, pedí la cena y me di una ducha rápida.

Llego con su camisón de seda, sin nada debajo, y su sonrisa de vicio. Se sentó con sus piernas encima mío en el sofá, la abrace, me beso con pasión, y vimos la película. Al rato, después de caricias y arrumacos me dijo:

-Tengo un dilema, y si te lo cuento, se lo que vas a decir. Eres asi, es tu naturaleza. Bendita naturaleza, por cierto. - añadió apretando mi muslo que acariciaba.

-Pues si decides por mí, y sabes lo que te dire. Lo tendrás que consultar a otra persona. -le respondí.

Sonrió, dándome la razón y seguimos con la película.

Gocemos de nuestros cuerpos en mi cama, sin prisas, por lo menos al principio, Julia se calentaba y quería ponerse al día con el sexo, siempre acababa desbocada y corriéndose, siendo follada, y follándose por todos sus agujeros. Ya sabía cuánto esperar a que me recuperara, y como empalmarme rápido. Su cuerpo es todo vicio y deseo, lo sabía mover y mostrar de forma natural.

Después de cuatro polvazos, cada uno mejor que el anterior, caímos resoplando y antes de quedarse dormida, Julia me beso y se fue a su casa.

Tenía ese dilema, y solo lo podía consultar con la almohada, y a solas, sin tenerme cerca de ella.

Al día siguiente me desperté y me fui a por mí café y mi cigarro. Ley la prensa en la Tablet y después de encender los ordenadores, fui a cambiar las sábanas de la cama.

Tampoco era plan de dejar a Julia hacerme de “chacha”.

Me fije en su mesita, nunca la había abierto, sabía que es de mi pareja, pero dejaba braguitas y algunas cosas encima. Y vi una hoja doblada como en las cartas y me extraño. ¿Me habrá dejado una nota? Pensé. Pero la hubiera dejado en mi mesita, o encima de la cama.

No la iba a mirar, pero recordé su “dilema” y al igual era culpa de esa carta. Me empezó a entrar miedo de que fuera un test de embarazo. Y la abrí, ansioso y acojonado.

Querida Julia, espero que al leer estas líneas estes bien. Yo ya sabes, que desde que deje el noviciado, me repudian y me hacen el vació en el pueblo, y en casa ni te imaginas como me trata mi madre.

Mi pobre padre es un santo, y muy calzonazos. Pero me ha dado unos buenos dineros, y me ha dicho que vaya a la capital, que allí podre tener una vida nueva, y nadie me conoce.

Quiero ir, pero recurro a ti para que me ayudes, y me aconsejes. Pero por favor, no le digas nada a tu madre.

Siempre fuimos buenas amigas, y no tengo a nadie más en quien confiar. Si no me pudieras ayudar, lo entendería. No te preocupes, el señor me guiará y me protegerá.

La carta terminaba diciendo cuando llegaba y donde la esperaría hasta las 6 de la tarde.

Caí de culo a la cama con la boca abierta. Una monja a la fuga, y pensaba pedirme que se quedara en mi casa. Con razón creía saber la respuesta.

Me dolió que pensara que me la acabaría follando, soy un ninfómano, pero la podía ayudar.

Tengo un pequeño estudio que me compre, cuando estudiaba en la academia, y tenia a Chochín, una dulce chinita, nacida y criada en las calles de peor fama de Barcelona. La materia allí, y chochín la enseñaría a manejarse por la ciudad, respetándola y cuidándola.

Me debía mucho, la saque de las calles y le di mejor vida, hacía ya más de 10 años. Y la pobre del convento a Barcelona, no iba a durar cuatro días sin acabar empotrada, y seguramente sin que le gustara.

Sonreí y decidí sorprender a Julia. N

No le dije nada cuando apareció mientras almorzaba, esta vez con su uniforme de calle para beatas. Su madre no le hubiera dicho nada si se hubiera vestido como una puta barriobajera, ya nunca le diría nada, ni le pediría cosas que podía hacer sin ella. Había aprendido la lección.

Pero Julia seguía con el papel, de que no teníamos nada, y de que no sabía que me follaba a Concha cuando se ponía a tiro, o la iba a castigar si me enteraba que volvía a las andadas con su hija.

Charlemos, y se mantenía distante, sabiendo que si se acercaba acabaría con la blusa abierta y la falda de tubo por el suelo. Ya le había pasado más de un día. Pero tenía prisa. No era el día que llegaba Lurdes, la moja fugada. Pero tenía cosas que comprar para ella y mirar en las agencias de pisos, algo barato.

Yo la miraba diferente, y se dio cuenta.

-¿Qué pasa? ¿quieres que te ordeñe? Pero tiene que ser rápido. Llego tarde- me dijo.

-No. no es eso. Bueno también, pero tengo intriga de tu dilema.- le dije.

Se abrió la blusa, la abrió lo suficiente, para que le viera bien los pechos, se acercó agachándose y me dijo:

-No, ya está, lo tengo medio decidido- y se metió mi polla en la boca golosa.

Cada día lo hacía mejor, me dejaba suspirando, y tirado con la espalda en la mesa. Había aprendido, y mucho.

Me la dejo bien limpia, me beso y dio un salto, cuando vio mi mano ir por ella.

-¡Casi! – me dijo yéndose, riendo y moviendo su culo de diosa.

-No provoques muchos accidentes, y ve por la sombra bombón- le dije aun tumbado en la mesa.

Me recompuse, y me vestí para ir a ver a Chochín, ya hacia más de un mes que no venía a verme. Estaba con un master, y se tenía que aplicar, era una de mis condiciones.

Resumiendo, contare, que su nombre no es “Chochín”, pero no se escribirlo que se entienda, Y a ella le hace gracia que la llame asi. La conocí cuando entraba a robar en mi piso de estudiante, y después de una noche de “negociaciones” acabo quedándose a vivir. Le busque un trabajo, y con mi ayuda, continuo sus estudios. Hasta ahora que ya casi es Socióloga,gana un buen sueldo y aun no quiere saber nada de pareja. Sabe que me tiene cuando le “Hago falta”.

-¡Hola, que sorpresa! -me dijo saltándome encima como una monita.

-Es que es más rápido si te lo explico en persona, y echo de menos tu cuerpecito.- le explique cogiendo su culito redondo.

La lleve a la mesa del salón, la senté y nos desnudemos mutuamente, mientras le explicaba lo de Lurdes, y que tendría que hacerle sitio, comprar otra cama, y sobre todo cuidarla, aconsejarla y básicamente lo que yo hice con ella en su día. Y si se la follaba, pues algo más que aprendería. Le añadí riendo los dos.

Siempre empiezo por sus tetitas, pequeñas como dos flanes. Le encanta como se las cómo. Ella gemía y me echaba bronca por no venir más. Me pajeaba con rabia, mientras me lo decía entre gemidos. Cuando ya me la puso dura, se la acerco a su coñito y me apretó contra ella.

-¡Mmmmh! ¡Aaaaah! ¡La echaba mucho de menos! ¡Aaaaah! ¡Oooooh! – me dijo mientras le entraba y la levantaba de la mesa para ir a la cama.

Me eche de espaldas, con sus tetitas en mi boca, y la deje que se desahogara agusto.

Me empezó a cabalgar despacio, haciéndose a mi polla, arqueando la espalda para que siguiera comiéndolas. Y cuando ya no aguanto ir lenta, se empezó a animar, cabalgándome rápida y tirándome de los pezones sonriéndome picara.

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡demasiado tiempo joder! ¡Aaaj! ¡Aaaj! ¡mmmmh! ¡ah! ¡Ah! ¡Ah! – me decía desbocada.

Su coñito estaba más cerrado que de costumbre, y gozábamos.

Ella, al recordar nuestras primeras veces, y su lucha porque le entrara toda mi polla, y yo por su estrechez, sus ganas y su fuego. Me quemaba la polla de lo cachonda que se ponía cabalgándome.

-¡Mmmmh! ¡sigue, sigue que ya casi estoy! ¡Aaaaj! ¡Joder me quema tu coñito! ¡Mmmmh! ¡que rico! ¡Mmmmh! ¡Me corro, me corro cariño! ¡Aaaaaj! ¡Joooder como vas Chochín! ¡Oooojj!- le dije corriéndome como un cosaco en su coñito ardiente.

Me sonreía y no aflojaba el ritmo, ella también estaba a punto, y la deje hacer mientras me corría y la acariciaba agradecido.

-¡Mmmh! ¡Aaaaj! ¡Aun no joder! ¡Aaaaajj! ¡Me corro mi amo! ¡Aaaaj! ¡Yo quería más rato! ¡Mmmmh! ¡Joder ostia! ¡Aaaaajj! – protestaba corriéndose.

Se derrumbo en mi pecho jadeando y mordiéndome un pezón.

-¡Au! ¡mmmmh! Capulla, acaba ya el master y nos veremos más.- le dije protestando.

Movía su cadera poco a poco gozando, y la iba sacando. Le dolía un poco, pero era su culpa, por ansiosa.

-Pues tenemos que ponernos con la cama, otro armario y lo que vea que le hará falta. -me dijo dándose cuenta.

Pero no se levantaba. Notaba mi polla en su cachete del culo, soltándole gotas y le hacía cosquillas. Movía el culo e imaginaba que ponía mi nombre con mi polla en su culo. Pero mi polla no es escritora, y se empezó a animar.

-Vamos va, que tendremos que montarlo todo, y como pillemos atasco se nos va a ir el día.

Hizo que se bajaba diciéndome:

-Si pillamos atasco te follo- y se metió la polla en la boca golosa.

-¡Mmmmh! ¡Para que nos dan las uvas! ¡Oooojj! ¿No tendrás fiebre? ¡Mmmmh! ¡Joder estas más caliente que de costumbre! ¡Mmmmh! -le dije gozando.

Me la chupo un par de veces más, me la dejo reluciente, pero empalmándose otra vez, y riéndose me dijo:

-Si, fiebre de ti, mi amo- y se fue al baño moviendo su culito precioso.

Resoplé y me vestí con prisa, teníamos trabajo.

Chochín estaba muy contenta, desconectaba de los estudios un día, salía de casa, y estaba conmigo. No me soltó el brazo en todo el camino, y me sobo el rabo un par de veces en dos atascos que pillemos. Pero sabia las normas, y reía picara soltando mi rabo cuando la miraba. Hicimos las compras que vimos que harían falta y volvimos a su piso a montarlo todo.

Follemos y nos pusimos al día hasta bien entrada la noche que caímos rendidos. Ella dormía con una sonrisa, y yo resoplaba. Con casi 30 años, estaba igual que cuando tenía 20, ni las tetitas habían bajado, y mira que se las maltrataba. Las orientales y su genética, pensé mirandola.

Lurdes llego con su maleta a la estación y se sentó en una terraza a esperar a Julia. Rezaba porque apareciera “literalmente”. Tenía un poco de ansiedad del cambio, pero estaba contenta de haber dado el paso. Por suerte se pudo despedir de su padre. Se empezó a relajar y miro la gente, de todas las clases y etnias, pasar al sol.

Yo sentado en un banco cerca, supe que era ella por las pintas y la maleta de los años 60. Regordeta, pero con buen culo y buenas tetas. Muy blanca de piel y bastante guapa. Pensaba en la pobre Julia al verme, y en como actuaria conmigo delante de Lurdes.

Me dio la risa y fui a presentarme.

-¡Hola! ¿Eres Lurdes? -pregunte temiendo que no fuera.

-¡Hola! Si, soy yo- me contesto mirándome desconcertada.

-Soy Pendergast, el vecino de Julia y Concha. ¿podemos hablar?

Julia podía llegar en cualquier momento, y mejor explicarle la situación, y ver que le parecía. Por su puesto le dije que Julia no me había dicho nada por no abusar de mí. Y me escuchaba atenta mirándome embelesada. Le explique que cuando llegara también se lo explicaría, y que le preguntara a ella que le parecía.

Era todo un lio, pero no tuve tiempo de explicarle al menos lo de mi piso de estudiante a Julia. Seguramente le parecería bien y le daría el visto bueno a Lurdes, pero igual no, y entonces ya no podría ayudarla, tampoco me podía entrometer más.

Julia llevaba dos días buscando la carta, y temía que la tuviera su madre. Pero ella sabía que la dejo en mi casa. Pero no la encontró. Se la escondí como castigo, por posesiva. Y no había pensado en eso. No me creía capaz de coger algo suyo.

Y cuando me vio charlando con Lurdes en la terraza pensó en follarme hasta que me saliera sangre en vez de semen. Cerro los puños, respiro hondo y se acercó por detrás de Lurdes echándome rayos mortíferos con los ojos.

Continuará.