Juan, el colombiano
Él es el huésped, ella es la anfitriona. La regla no escrita es no involucrarse, pero cuando Juan cruza la puerta, la tensión se vuelve insoportable. No hay prisa, solo el placer de esperar y la certeza de que esta noche nada será como lo habitual.
JUAN, EL COLOMBIANO
Hola amigos, estuve ausente, muy ocupada esto último mes, además, estaba sin demasiada pasión para escribir relatos calientes. Ahora procedo a contarles una lujuriosa historia.
Yo tengo un gran y lujoso departamento en la costa, con vista exclusiva a espectaculares atardeceres, el cual lo rento por AIRBN. La administración del departamento la llevaba una chica y ella era la encargada de la limpieza y mantenimiento del departamento, así como de la reposición de todo tipo de utensilios y artefactos para cada huésped que lo rentaba. Cuando el departamento se encontraba nuevo aun, contraté una diseñadora de interiores y se encargó de amoblar, decorar y organizar el departamento, le pedí que lo hiciese como si yo viviese allí y quedó precioso.
Por Airbn, tenía todo tipo de huéspedes, desde extranjeros hasta nacionales, contando con un reconocimiento de súper anfitrión debido a las excelentes experiencias que tenían las personas en mi departamento.
Al ser un departamento de lujo, la mayor parte del tiempo las estadías superaban los 5 días, por lo que obtenía buenísimos de esta entrada extra.
Hoy Maritza me comunicó que debía atender a su madre quien tuvo un accidente y necesitaba que la atendiesen durante la terapia a tiempo completo, este duraba 2 semanas. Así que, hablamos de los detalles y me puso al tanto de lo que había que hacer.
Había renunciado a mi trabajo hacia unos días, por lo que ya no tenía horarios de trabajo fijo, ahora me dedicaba a invertir dinero en mis acciones, llevaba poco tiempo sin embargo, aprendí rápido y hacia buenos movimientos y ya me permitía vivir con más de $10.000 dólares mensuales.
Maritza me dejó su casa para mi estadía, pues mi departamento estaba rentado desde el día siguiente y yo debía estar allí antes las 10AM para asegurarme que todo estaba en óptimas condiciones, ya que mi arrendatario llegaba a mediodía.
Al llegar al departamento, me puse a hacer limpieza y repasar algunos sectores, tuve que hacerlo personalmente, no había nadie disponible para una limpieza express.
En la despensa no había suficientes alimentos y agua embotellada, por lo que salí disparada al supermercado a comprarlos, pero inevitablemente me retrasé con el tráfico pesado que había en esos horarios en la ciudad.
Mi huésped había llegado y nos comunicamos por teléfono para coordinar la recepción de los alimentos y el agua embotellada.
Una vez llegué al departamento, toque el timbre, ya estaba dentro mi arrendatario y no podía invadir su privacidad. Sabía solo que su nombre era Juan y que era colombiano.
Me abrió la puerta saludándome y a la misma vez me recorrió con su vista de arriba abajo rápidamente, como para que yo no lo notase, pero su rostro denotaba deseo. Medio sonreí turbada saludando, sintiéndome deseada y a la misma vez molesta porque se quedó mirando mis tetas. No se veía demasiado, sin embargo la blusa que era de color rojo favorecía su forma y aparecía levemente el escote.
— Vengo a dejar estas cosas, disculpa el retraso, el trafico me tomo más tiempo del estimado —Le dije avanzando hacia la cocina.
— Ok, gracias —Me respondió.
Sirvió una copa de vino dulce para mi, un late harvest alcancé a ver mientras me la ofrecía. La acepté por cortesía. Él bebió mirándome, le imité observando timidamente.
— Gracias por el vino —Le dije, dejando la copa en la superficie de la mesa mientras recogía mi bolsa. — Me escribes si necesitas algo durante tu estadía, gracias por la copa.
— Ok. —Fue su respuesta
Me retiré del departamento y mientras bajaba en el ascensor pensaba en lo misterioso y seguro de sí que se veía Juan, era apetecible y sentí deseo de ser cogida por este Colombiano. Recordaba que comentó que su viaje era de negocios y turismo y mencionó que tal vez me pediría referencias para ir a comer o salir.
En su segunda noche me envió un mensaje que decía: «¿Gustarías acompañarme a cenar? Prometo que será una cena inolvidable». Si me lo decía así, era porque tenía mucha seguridad o mucho ego, sin embargo, él me gustaba, por lo que, esperé unos 15 minutos para responderle.
— Acepto-. Escribí como respuesta.
Acordamos reunirnos en el Marinos Beach a las 20 horas.
Me vestí para la ocasión, con una blusa blanca y un pantalón elegante.
En el restaurant, él me esperaba fuera. Al verme, su rostro lo delató, su rostro hizo una sonrisa y con sus hermosos ojos verdes me recorrió lentamente hasta volver a sonreírme mientras me miraba a los ojos.
La cena fue muy agradable, Juan era un hombre elegante, inteligente y encantador. Un caballero de 45 años, no era un modelo, más bien era relativamente normal, más alto que yo, con un cuerpo más bien ancho y desarrollado, algo de barriga y unas manos grandes. «Me comeré este bombom colombiano» Pensaba yo mientras le escuchaba.
Al finalizar la cena, fuimos por unos tragos y me dejó en casa. Nos despedimos y él se fue al departamento. Durante la noche fue inmune a mis indirectas e insinuaciones. O no se daba por enterado o era muy buen actor. Esto me dejó molesta, yo me sentía caliente ya antes de la cena, después de la cena con todo lo que pensaba que me haría el colombiano en la cama, me llene de juguitos y mi conchita estaba pidiendo verga. Me estaba haciendo una paja y me llegó un mensaje de Juan agradeciendo la salida y si podíamos repetir el jueves; hoy era lunes. No abrí el mensaje, me cortó la calentura y además, me dejo aun mas enfadada, no tendría verga hasta el jueves. Gruñí molesta y me dispuse a dormí. Soñaba que me estaba tocando Juan, estaba caliente, le decía mas, mas, mas… desperté caliente, puse una porno y en 5 minutos me corrí con muchos jugos. Tuve un orgasmo intenso pero no era suficiente. Yo quería pene en mi concha y en mi ano. Sentía como mi concha me lo pedía. Ser poseída por una verga y ya no más de mis deditos.
Esperé paciente y el miércoles por la noche respondí su invitación. Si él se desentendía de mi calentura, yo me hice la desentendida de su invitación. Juan era un hombre seguro, no demostraba que estaba ansioso. Muy astuto fue y no me insistió durante estos días, él solo envió el mensaje y sabía que yo aceptaría. Y esto, aunque me hacía pensar que estaba jugando con mi calentura solo para provocarme más aun.
Esta vez me propuse vestir de forma provocativa y elegante, así que escogí un mono (enterito) de color negro, con cuello y mangas de un sexy y elegante encaje, le seguía un cinturón hermoso, también me puse unos tacones acordes al conjunto. Y como no una tanguita diminuta para coronar mi vestuario.
En casa, antes de salir, me había mirado al espejo, me veía espectacular, estaba como una diosa, mis curvas se podían ver y apreciar. Iba como perra y mi intención era enviar un mensaje de que esta noche quería ser cogida por el colombiano.
La cena fue muy agradable, bebimos vino hasta que nos encendió un poco más, pero no suficiente para saber si el colombiano me quería coger. Su acento me ponía más perra, más caliente, más deseosa de verga. Juan era un experto en calentar lentamente, a través de todo lo que hacía, miraba profunda y coquetamente cada que podía. Al finalizar la cena, me invitó al departamento para continuar la velada. Me sentía nerviosa pero eso no me importó, así que acepté. Llegando al apartamento, habían algunas velas, las cuales encendió, dispuso de luz algo más suave, como para hacer una velada intima, sin serlo. Me sirvió un whisky, puso música y empezamos a bailar. Al principio, los movimientos eran a distancia, no más de 50 centímetros pero aun no había señales y yo moría porque él me cogiera y me besara apasionadamente mientras me sujetaba de la mandíbula. Cambió la música y se fue acercando lentamente hasta que ya estaba casi pegado a mí, alargo sus brazos y me atrapó entre los suyos mientras yo estaba girando en el mismo baile. Esto me puso tensa y aceleró mi respiración. Bailábamos más y mas cerca, me fue apegando decididamente hacia su cuerpo, yo sentía como su verga me rozaba las nalgas y me le ofrecí levantando mi culo. Él lo sintió y me puso una mano bajo mi ombligo y su otra mano estaba bajo de una de mis tetas y así me jalo hacia él, haciéndome más suya a través de su fuerza. Hice mi cabeza hacia atrás y le di acceso a mi cuello, quitó el cabello y empezó el martirio mientras me respiraba agitadamente para ponerme la piel más sensible, y entre que seguíamos moviéndonos juntos al ritmo de la música, ya su verga estaba dura y mis nalgas la sentían. Su mano derecha bajo hasta mi vientre y allí la dejo, mientras su mano izquierda rozaba mis pechos solo con sus yemas, después de un buen rato manoseándome me apretó una teta, y fue en busca de mi pezón, mientras su lengua me recorría parte del lóbulo.
— Que rico olor tienes perrita, estas para comerte por completo… — Me dijo respirándome en el oído provocándome más calentura.
Gemí, quería verga ahora.
En esos momentos, en los que ya nos movíamos ya por inercia como si estuviera cogiendo las nalgas, puso sus dos manos en mis tetas y las comenzó a manosear mas intenso y delicioso. Mis pezones se pusieron duros, mientras aumentaba su tamaño debido al manoseo al que estaba siendo sometida. De pronto me giró y me tomó de la barbilla dominantemente y me besó, me beso con rabia, con pasión, con calentura, con deseo. Ese beso me subió 10 grados más la calentura y me puso más mojada. Me apoyó en la mesa de la cocina de espaldas a él, me empezó a bajar el zipper, me inclinó hacia adelante y me manoseo el culo.
— Que delicia de culo tienes, de hembra caliente. Estas para partirte el culo. —Me dijo mientras me manoseaba.
Me giré y le besé, yo quería ser cogida y este macho me estaba calentando 2 grados más cada vez que lo demoraba. Le solté.
— Juan, cógeme ya — Le dije medio suplicando y gimiendo.
Me miró, quitó la parte superior de mi enterito y quedaron mis tetas libres, el enterito quedó sujeto al cinturón y no cayó por completo. Me miró con lujuria, y bajó a comerse mis tetas, otra nueva tortura. Su boca era experta lamedora de tetas, pasaba su lengua por la piel alrededor de mi peson, luego me chupaba mi pezón, lo chupaba y luego me lo mordía, así lo hacía de pezón en pezón. Me estaba calentando como nunca lo había hecho ningún hombre hasta ese día. Y es que era mi sueño hecho realidad, estaba tirando con un colombiano y era mucho mejor de lo que me había imaginado cuando me hacia pajas.
Nuevamente me besó, me giró y me hizo inclinar para quedar a 90 grados aproximadamente, me masajeó las nalgas y me dio un azote, uno en cada nalga, me lo masajeaba y luego me daba un azote, me hizo contar cada azote, mientras me decía lo deliciosa y sexy que le parecía, que le puse caliente desde el primer día.
— Te dejaré llena de leche perrita caliente —Me dijo mientras comenzó a bajar todo mi enterito hasta dejarme solo mi pequeña tanga y los tacones.
Me inclinó mas ahora, hasta que puse mis codos en la mesa, y sentí sus manos abriéndome las nalgas, y sentí de pronto su lengua recorriendo mi raja, primero me comió mi ano y luego bajó mas y lamió mis jugos y me puso más cerca del orgasmo. Juan sabía cómo provocar a una perra como yo, sabía cómo jugar hasta aumentar y provocar mucho mas a una hembra como yo.
Se levantó, me hizo ponerme aun más inclinada, abrió un poco más mis piernas y me prepare aprontando la concha.
Juan se empezó a desvestir, se hizo esperar, lo hizo detenidamente, escuche como se ponía un preservativo.
—Perra tienes la obligación de no correrte hasta que yo te lo permita — Dándome dos fuertes azotes seguidos en cada nalga.
Esto me hizo estremecer, sentí dolor, luego me acarició ambas nalgas y comenzó a darme nalgadas en todos los rincones de mis grandes nalgas, hasta que rozó mi vagina. Allí provocó algo extraño en mi, sentí deseos de orinar, pero no era orina. Me dio 3 nalgadas mas encima y cerca de la concha, y mi deseo de orinar aumentaba. Yo sabía que era un squirt el que se estaba acumulando allí.
Me puso su verga en mis nalgas, recorrió el ano hasta mi concha… una vez allí, me lo puso en la entrada y me lo clavó lento, como si quisiera que yo sintiera impaciencia, y así me sentía deseosa de ser clavada con fuerza y velocidad, sin embargo, luego de clavarla toda, me la sacó rápido y nuevamente me la metió, esta vez un poco más rápido que la vez anterior, pero nada cerca de lo que yo deseaba. Nuevamente la retiró y esta vez se quedo unos segundos en la entrada de mi concha con su verga, sentía su pene, se puso más duro y se enanchó con las dos penetraciones, estaba caliente y me puso más caliente a mí, de pronto sentí que me penetraba rítmicamente y empezó a gemir, lo que me hizo gemir a mí y sujetarme con fuerza porque cada vez iba más rápido. Yo iba directo a correrme y en ese momento, me sacó toda su verga fuera de mi concha. Llevo sus dedos a mi concha y los mojó con mis jugos, luego subió un poco de lubricación hacia mi ano, y despacio comenzó a presionar el anillo de mi anal, hasta que entró su dedo medio, luego hizo lo mismo con su pulgar, me dolía, sin embargo me lubricó suficiente para ir aumentando mas mi calentura. De pronto sentí dolor, había puesto dos dedos, sentí miedo entre tanta calentura, sus dedos eran grandes pero no estaba segura si su verga entraría. Con paciencia, me puso el segundo dedo, me tenía el culo abierto, ya entraban con facilidad los dos dedos y empezó la faena con un tercer dedo, eso dolía. Se detuvo y trajo un lubricante, solo puso un poco y comenzó a abrir mi ano para que tres de sus dedos conquistaran mi culo.
— Muy bien perrita, estas preciosa con tu ano abierto, ya te entran tres dedos. — Me dijo retirando su mano, aprovechando un poco de manoseo por mis nalgas y 4 azotes repartidos en cada nalga.
Me llevó al sillón, me puso en cuatro, con el culo levantado y se puso detrás y puso su verga que por suerte no estaba toda dura como un palo, de lo contrario estaría gritando de dolor. Tengo el culo sensible y el sexo anal me encanta con un macho así de delicioso y buen cogedor.
Hizo presión con su pene en mi ano, sentí como entró solo un poco, y se quedó quieto, esperando para no hacerme daño, una vez que mi anillo se acostumbró a su verga siguió avanzando y me penetró lentísimo pero sin parar. Era una tortura deliciosa, yo sentía como mi ano lo rechazaba e intentaba expulsarlo y él no se inmutó y continúo retrocediendo lentamente y la metió más rápido. Otra vez, retrocedió y la introdujo para ir acostumbrando mi ano a su verga la cual ahora estaba dura y grande, la sentía palpitar del esfuerzo que hacía para ir cogiendo el ritmo de mete y saca mas delicioso que me haya hecho hasta este momento en el sexo. Yo estaba jadeando y gimiendo, estaba muy caliente, además me azotaba cada tanto. Me la sacó completa. Me llevó a la cama, allí me tumbó y levantó mis piernas, me puso su pene en mi ano y me empezó a penetrar de frente, mirándome, pasaba su mano por mi concha, me tocaba el clítoris, me metía dos o más dedos, luego me tocaba las tetas, mientras seguía con un ritmo constante la penetración anal. Me sentí llena, domada, bien cogida, se estaba acercando un orgasmo sin igual, lo sentía porque ambos estábamos demasiado calientes y sudados. Me preparé para el orgasmo.
— ¡Por favor, me quiero correr! — Le supliqué mirándole con cara de perra caliente.
No me dijo nada, sin embargo, acomodo su mano en mi concha, metió dos detos en mi vagina y el pulgar lo puso en mi clítoris. Era deliciosa esa sensación, llena de verga en mi ano, y siendo masturbada en mi concha y en mi clítoris. De pronto sentí como mi cuerpo se empezó a tensar rápidamente, me iba a correr, el aceleró los movimientos de su mano y también las penetraciones las hizo más acompasadas pero no se detuvo. Comencé a sentir como estaba teniendo un skirt y su verga me penetraba el ano por lo que me entregué al orgasmo que él me estaba provocando. Él también se corrió, gruñendo y agitándose, lo hizo con gran fuerza las ultimas penetraciones, queriendo bañarme el ano. Yo me desmaye por un momento, perdí toda la fuerza de mi cuerpo, el orgasmo fue tan potente que no sentía mi cuerpo. Hasta respirar fue dificultoso.
Espero hasta que su verga perdió erección y la quito de mi interior, lentamente, cuidando de no dañarme. Me miró y me sonrió. Me ayudó a ponerme de pie y me guió a la ducha, allí me lavó con agua tibia y una vez que me envolvió en una gran toalla, me besó.
Yo estaba satisfecha, era la mejor cogida de vida. Juan era de esos hombres que saben darte placer desde el primer minuto y asi conseguir una perra caliente para satisfacer deseos sexuales.
No quería dormir con él, comencé a vestirme y le avisé que me iba a casa.
Salí del departamento y camine hacia el ascensor. Me fui directo a casa.
Con esta nueva historia que me puso bien caliente quiero agradecer todos los mensajes que siempre me envian.
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