Xtories

Me resigné por no perderla

Él limpia el baño mientras ella se corre en la cama contigua. No es celos lo que siente, es la certeza de que su único valor reside en ser el testigo silencioso de su placer con otro. ¿Hasta dónde llegará su resignación?

unpluged24K vistas7.8· 31 votos

Allí estaba yo, desnudo, limpiando el cuarto de baño anexo a nuestro dormitorio mientras mi mujer se acostaba con otro hombre en nuestra propia cama.

Nuestra relación hacía mucho tiempo que no iba bien, casi no teníamos sexo y todo iba derivando en una convivencia. Yo me moría de ganas de tocarla, de desnudarla, de meterme entre sus piernas, pero siempre había una excusa y nunca era el momento apropiado. Estuvimos a punto de separarnos y, entonces, con tal de no perderla, accedí a abrir nuestra relación, o mejor dicho, a que ella la abriera por su parte, porque yo solo quería estar con ella.

Los gemidos de él y de ella se entremezclaban, cada gemido de ella era la respuesta a una embestida de él que bombeaba a un ritmo frenético. Yo seguía con mi estropajo limpiando el lavabo y la ducha, intentando no prestar atención a lo que estaba sucediendo en mi propia cama, pero no había manera.

-Ah, ah, ah- sus gritos iban aumentando en volumen y velocidad, se iba a correr, lo sabía, hubo un tiempo en que escuche esos mismos gemidos muchas veces.

- Ah! me corro, me corro- Esos eran nuevos, una voz de hombre, del hombre que estaba metiéndole la polla en el coño a mi mujer, avisaba de que se iba a correr, de que estaba llegando al punto máximo de placer con ella, de que iba a derramar su leche en ella.

Dejé de limpiar por un momento. Por favor que lleve puesto condón, pensé para mí.

-Ahhhh, joder, que coño tan magnífico tienes- y sonaron varios besos.

- Lo sé, me has puesto cachondísima, me chorrea por todos lados.

- Pues vamos a por otro, ¿no?

- Espera un momento, que tengo que mear.

En esos momentos yo estaba arrodillado delante del váter, terminando de limpiar la tasa cuando mi mujer abrió la puerta y entró, me apartó y se sentó a mear.

Estaba empapada en sudor, con la cara colorada del esfuerzo y del placer, se limpiaba el sudor de los pechos con su mano mientras orinaba. Yo permanecía arrodillado junto a ella, esperando poder seguir con la limpieza, mirando su coño, rasurado pero no del todo, abierto por la constante salida y entrada de la polla del hombre que permanecía en nuestro cuarto, en nuestra cama.

-¿Se ha corrido dentro? ¿Tenía puesto condón?- pregunté suplicando una respuesta en voz baja.

Me sonrió y me acarició la cabeza.

-Me va a follar otra vez, termina de limpiar-. Y salió del cuarto de baño, cerrando nuevamente la puerta y sin tirar de la cisterna.

- Ya empezaba a echarte de menos, dijo él. Cómeme la polla.

- Será un placer. Dijo mi mujer.

Tiré de la cisterna y empecé de nuevo a limpiar la taza del váter, ahora caliente de los muslos de mi mujer.

Tardó muy poco en volver a oírse los gemidos. Ella es de orgasmo fácil cuando está cachonda. La cama sonaba mucho. Me lo imaginaba sobre ella, abriéndole las piernas, agarrando sus muslos y metiéndole la polla, ella mirándolo a los ojos con cara de viciosa, pidiendo más, pidiendo que la folle más fuerte.

Los oí correrse, a ambos. Empezaron a hablar y a vestirse, los oí salir. Mi mujer volvió a abrir la puerta del cuarto de baño, ya estaba limpio y yo permanecía desnudo dentro, esperando poder salir.

Se terminó de poner la blusa sobre su sujetador blanco.

-Salgo a dar un paseo, limpia el dormitorio y cambia las sábanas. Después te veo. Y me dio un beso en los labios.

No pude quitarme la imagen de que hacía solo un momento, esos mismos labios habían estado chupándole la polla a otro hombre, quizás se había corrido en su boca, y ahora me besaba. Me daba igual lo que su boca hubiera hecho, me había dado un beso, volvía a sentir sus labios, aunque acabara de follar con otro.

Sono la puerta al cerrarse y salí por fin del cuarto de baño. Entre en la habitación, olía a sexo. Las sábanas estaban arrugadas. Encontré un condon lleno de leche, me ralajé, al menos había usado condón, y de repente recordé que habían follado dos veces. ¿Se había corrido dentro de su coño o se había corrido en su boca? Me preocupé. Las sábanas estaban empapadas de sudar, las retiré y las olí. Reconocí su olor, ése que dejaba en la cama después de que hubiéramos follado, y también pude percibir otro olor, el de él, el hombre que se había follado a mi mujer hasta correrse, dos veces.

Me puse a limpiar. Sabía que aquella era la única manera de permanecer con ella. Ella era feliz y disfrutaba, yo me resignaba a no perderla.