Xtories

Antigua amiga... ahora casada.

La vida le depara un encuentro inesperado en una piscina vacía y una reunión de negocios que se transforma en una noche de placer prohibido. Entre viejas amistades y nuevas fantasías, el narrador descubre que el sexo no tiene límites ni reglas, solo deseos por cumplir.

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Por motivos que no vienen al caso contar ahora, había hablado con mi amigo el inmobiliario, para que me buscase un lugar apartado donde poder trabajar en algo que no quería que nadie supiera hasta que considerara oportuno. Me consiguió lo que quería, era un chalet adosado en una urbanización de tipo vacacional, que se alquilaba por semanas o meses, donde los “vecinos” eran guiris o españoles del interior. Difícil por no decir imposible, encontrarme alguien conocido. Donde había de todo... desde restaurantes, bares de copas, piscina, gimnasio...

Me instalé rápidamente, en una de las habitaciones de la planta superior monté mi zona principal de trabajo. Donde solía trabajar por la noche o por la mañana. Los días que estaba allí, que solían ser tres días por semana, máximo cuatro, me levantaba temprano, salía a correr, gimnasio y a trabajar. Si no estaba inspirado pues más horas de sol y piscina. En la piscina me tumbé en una hamaca, me puse auriculares para escuchar música y un libro para leer.

Salgo a correr el primer día y el calor era bastante agobiante de buena mañana, por lo que decido acortar la carrera y continuar en el gimnasio, un gimnasio que estaba más completo de lo que había imaginado. Me llama la atención, exceptuando un hombre de unos cuarenta y pocos años, que va con muletas y hace unos ejercicios suaves en una pierna, el resto son mujeres, algunas que se notaba que no habían visto un gimnasio ni desde la puerta y otras que eran habituales. Al llegar algunas hablaban y reían, se callaron al verme y unos minutos después estaban con sus risas. Físicamente había de todo, pero no me fije mucho, bueno no miento, habían dos que estaban muy bien y se me fueron los ojos.

Esas dos sabían bien cómo usar los aparatos del gimnasio. Acabé mis ejercicios y me fui a trabajar un poco. El tiempo se me pasó volando entre preparar mucho trabajo y en llamadas de trabajo, pero no a mi trabajo habitual. Me fui a comer y decidí ir al autoservicio. Comí suave, un arroz con pollo y conejo, una ensalada, fruta y agua. Me senté en una mesa, enfrente había un hombre con dos peques. Cuando aparece con una bandeja con la bebida una de las mujeres que me gustó. La observé mejor y estaba muy bien. Terminé de comer y me fui a tomar un poco de sol, música y un libro.

Mi intención era leer y escuchar música, para luego darme un chapuzón. Me quedé dormido y cuando me desperté, me encontré a la mujer del gimnasio y de la comida, en la hamaca de al lado junto a su marido. Sobre una mesa pequeña tenía un libro de Carmene Mola “LA BESTIA” y sobre mi pecho tenía un libro abierto de Dolores Delgado “OFRENDA A LA TORMENTA” de la trilogía del Baztán. En concreto era el tercer libro. Me mira me sonríe y con una voz dulce me dice... “Perdona que te moleste... ¿Merece la pena leerlo?” y me señala mi libro, el de la trilogía, enseñándome el que estaba leyendo ella, que era “EL GUARDIÁN INVISIBLE” el primero de la trilogía.

— Jajaja... si quieres te digo lo que sucede... ahora en serio, a mí me ha gustado.

— Es que se me hace un poco pesado.

— Ya verás como te gusta y si no quieres continuarlo, te cuento el final, que ya me queda unos diez minutos de libro.

— No, no... no me lo estropees.

— Bueno me llamo Carlos ¿Y tú?

— Sagrario.

— ¿Y el que duerme...? (Estaba con los cascos y durmiendo profundamente)

— Mi marido se llama Mariano.

— ¿Casada o cansada?

— Jajaja... imagino que después de más de veinte años será un poco de las dos cosas, jajaja... ¿Tu estas casado o estás de Rodríguez?

— Soltero y entero.

— Lo de entero... JAJAJA... ¿De dónde eres?

— Vamos a ver, que esto es más complicado. Nací en Madrid, pero he vivido más tiempo fuera de Madrid que en Madrid. Ahora vivo en Valencia y antes de que me lo preguntes, estoy aquí “escondido” acabando un trabajo – proyecto – iniciando algo nuevo y no quiero que nadie me incordie.

— Que misterioso. Nosotros somos de Toledo, aunque Mariano se pasa la mayor parte del tiempo en Madrid por el trabajo. Y aquí venimos normalmente, porque es un buen sitio y la playa está a tiro de piedra.

— Para mí es la primera vez y por lo menos me ha tocado de vecina una muy agradable a la vista.

Ese comentario no la ofendió ni la molesto, tuvimos una cadena de comentarios, entre graciosos e insinuantes, metiéndose ella conmigo, por ciertos comentarios que oyó a otras mujeres en el gimnasio sobre mi persona. Se despierta el marido y me lo presenta, a los cinco minutos de hablar con él me pareció anodino, pero lo mismo era porque se acababa de despertar. Se fue a dar un baño y luego regresó. Mi opinión no varía mucho, aunque tenía algo más de conversación, hasta que llegó el tema del fútbol. Que a ella le pasó como a mí, nos aburre hablar de fútbol y los fichajes. En el momento que pude los deje solos y me marché.

No los encontré en la cena, supuse que cenarían en otro de los restaurantes que había. Acabe de cenar y el calor era de órdago, no corría nada de aire y la sensación era agobiante. Me fui a tomar un helado y allí me los encontré con el resto de su familia. Los críos pillaron sus helados y desaparecieron, estuvimos un buen rato hablando y esta vez Mariano no saco el tema del fútbol, el tema de conversación fue sobre su trabajo. Que tampoco era un tema ideal, pero sí me pareció más interesante. Les dije que me iba a dar un chapuzón en la piscina para rebajar la temperatura. La piscina estaba prácticamente vacía, había dos parejas de chavales jóvenes y les debió sentar mal mi presencia, porque tardaron poco en irse.

El agua estaba un poco más fría que por el día, pero parecía sopa. Algo que no me hace mucha gracia, pero algo refrescaría. Al rato y a punto de salirme del agua para marcharme, aparecen Sagrario y Mariano, que vienen a darse un baño. Ella trae un bikini que para unos sería impúdico y para mi sugestivo. Nada más tirarse al agua se le salió un pecho, mostrando algo bellísimo y que ella no se dio prisa en taparse. Su mirada me hacía recordar a una mujer que es bellísima que se llama Eva. Me recordaba a ella en muchas cosas.

Me gustaba su descaro, sus miradas provocadoras y que no se arredra con mis comentarios, todo lo contrario, es desafiante ante ellos. Estamos los tres en el agua y suena un móvil, lo tienen en el borde de la piscina, se acerca Mariano y como va mojado, toca poniendo el manos libres, les “reclaman” porque quieren comprar un helado. Se sale y dice que ahora vuelve. Nada más perderle de vista no me lo pienso, le doy un morreo a Sagrario de esos que hacen historia, cuando paramos me dice con voz sensual... “Me has dejado sin aire, pero besas de puta madre... Y ahora... ¿Qué?” mirándome con mucha intensidad. Mi respuesta no se hace esperar... “Pues ahora tenemos que ver cómo nos la apañamos, para follarte y darnos mucho placer”, ella sigue jugueteando y me dice haciéndose la ofendida... “¿Y quién dice que yo quiera hacer eso que dices? ¿Por quién me has tomado? Jajaja...” su risa decía más que otra cosa.

Me pongo detrás de ella, la abrazo sacando sus tetas y agarrándoselas, contestándole al oído... “Ahora vamos a ver si quieres que follemos o no y te he tomado, por una mujer con unas necesidades que yo quiero satisfacerlas”, mientras le decía eso, ya le había apartado la braguita del bikini, la había apoyado en el borde de la piscina y le clavaba hasta el fondo mi polla. Ella solo dijo algo así como... “WOW... que pasada”y solo pude darle unas arremetidas, porque vimos que venía su marido. Mariano se sentó en el borde, con los pies dentro del agua y se puso a hablar con nosotros, que estábamos separados. Al salir del agua y en un momento que fue muy breve, donde estuvimos los dos solos, le dije que le esperaba esa noche.

Se que era una invitación difícil de aceptar, salvo que el marido fuera conocedor o que durmiera muy profundamente. Por lo que puede comprobar ni una cosa ni otra, porque no apareció. Al día siguiente recibí una llamada del trabajo, una llamada que era casi un grito de auxilio, por eso tuve que dejar todo y acercarme. Cuando llego me esperaba una persona de confianza, que me cuenta que hay un proyecto que se puede ir al traste, porque han paralizado la firma hasta que llegara yo. Lo único que sé, es que es una empresa de origen inglés. Entro donde se celebraba la reunión y nada más entrar me dio risa. Es mi gran amiga Mirka que es de mi edad, es Checa y estudiamos juntos hasta el inicio de la universidad.

Estuvimos saliendo juntos, pero de forma intermitente. Hicimos de todo en ese tiempo menos follar. Mirka siempre me había gustado. Había cambiado algo físicamente, la última vez que estuve con ella estaba muy delgada, para ser más exactos escuálida, con poco pecho. En el resto seguía igual, pelirroja, con melena, un peinado sugestivo, ahora estaba en el peso justo y algo que me resultó llamativo... el pecho le había crecido de forma notoria o la cirugía había hecho posible ese cambio. Mirka mide 1,72, como he dicho pelirroja natural, ojos de color azul oscuro, melena “alborotada”, lleva un vestido de color verde, amplio y con un buen escote, donde se veían sus pecas. Sus labios en una tonalidad al melocotón, que le sentaba muy bien.

Nada más vernos, nos abrazamos, nos dimos dos besos y a los dos nos dio mucha alegría ese encuentro. Después de nuestro saludo, lo primero que hace es presentarme a su marido, lo hace en inglés. Se llama Viggo, tan alto como yo, muy delgado, bien conservado y es noruego. Le calculo entre 50 y 60 años. Viggo no suele tratar esos temas directamente y mucho menos viajar para firmar nada, pero como Mirka trabaja en su empresa, le hizo venir, porque además quería aprovechar para enseñarle algunos sitios de España. Todo se cerró rápido y luego nos dedicamos a nosotros tres, mientras Victoria se quedaba con el resto de sus acompañantes. Nos íbamos a ir a comer, logré reservar en un restaurante que sé que les iba a gustar la cocina y antes teníamos que pasar por el hotel en el que se hospedaban. Porque su marido tenía que hacer algo, los lleve en mi coche y mientras él subía a su habitación nos quedamos en la cafetería.

— Cuanto sin saber nada de ti y supongo que esto no es una coincidencia... ¿Verdad?

— Jajaja... pues no. Siempre recuerdo una frase que me decías... “Todo es creado dos veces, primero en la mente y luego en la realidad” ¿La recuerdas?

— Como no la voy a recordar... es del canadiense Robin Sharma.

— Ni idea... pero lo puse en práctica. Siempre te he tenido en mi mente, no pienses que estoy enamorada de ti, pero siempre he pensado que teníamos algo pendiente y con el tiempo la curiosidad ha sido mayor.

— Jajaja... no te hacía casada.

— Jajaja... te has vuelto muy diplomático, con lo directo que eras. Porque me da que has querido decir que no me hacías casada con alguien bastante más mayor.

— Pues te equivocas, a mi lo de la edad me resulta indiferente. Lo importante es que estéis enamorados, que todo os vaya bien, que seáis felices y sobre todo que no seáis aburridos.

— A ti te lo puedo contar. Tuve “turbulencias” con distintas parejas. Acabe en Londres, me contrataron en una empresa, Viggo es el dueño, nos conocimos, fue un flechazo, se divorció, nos casamos y sus tres hijos me odian. Ves cómo he sabido resumirlo.

— Sí, desde luego. Aunque te odien sus hijos, si vosotros estáis bien...

— Nos llevamos muy bien. Hace ya un tiempo estábamos buscando quien nos podría prestar los servicios que nos vais a prestar y viendo las propuestas, te descubrí, porque poco tienes en las redes, salvo tus saltos de paracaídas. Y se lo dije a Viggo, que cuando terminase el contrato con la otra empresa, había que contrataros a vosotros.

— ¿Pero él sabe quién soy yo?

— Te digo que nos llevamos muy bien.

— Haz como antes, hazme un resumen de los tuyos.

— JAJAJA... sabe que tuvimos una entente juvenil, que no llegamos a culminar como se debía, por culpa mía y mis miedos, pero que hicimos de todo. Que me dio miedo por el tamaño de tu “cosa” y que me quede siempre con ganas.

— Si la verdad que fue una pena no haber rematado.

— Pero todo tiene solución... JAJAJA...

— Por mí no hay ningún problema, pero no creo que a Viggo le hiciera mucha gracia, ni tampoco que diera palmas.

— Te he dicho que Viggo, es un hombre muy generoso, que me ama con locura y... ¿Por qué crees que nos ha dejado solos este rato?

— No lo sé, tú me dirás...

— Los tíos sois todos iguales y Viggo no iba a ser distinto. Siempre preguntándome por mis anteriores novios, lo que hacíamos, mis fantasías... y le decía que tenía dos fantasías que me perseguían desde siempre. En una siempre salías tú, el más dotado... a eso le unimos que él ha bajado su ritmo y aumentado sus fantasías. De pronto sin tu saberlo apareces en el horizonte, lo hablamos y estamos aquí. Se supone que al dejarnos solos tú intentarías algo, pero no he querido esperar y ser directa.

— Entendido... pero... ¿Los tres o nosotros dos solos? Y... ¿Cuál es la segunda fantasía? (Pensando que me respondería que una doble penetración)

— JAJAJA... sabía que lo ibas a preguntar, la segunda es montármelo con otra mujer. Y la otra respuesta... pues eso es lo que no se, por un lado, me apetece los dos solos, por otro que él esté presente, pero no sé si seré capaz de ponerme estando él. Viggo dice que a él le gustaría estar delante, pero... no se. ¿Qué piensas tú?

— Que te dejes llevar y lo vemos sobre la marcha, pero, para empezar, sube a la habitación, te cambias poniéndote algo más sugestivo, falda o vestido y no te pongas braguitas.

Antes de que pudiera decir nada, le di un morreo largo, caliente e intenso. Llamó a su marido y después de hablar unos segundos, me comunicó que mejor dejarlo para otro momento, que su marido tenía un pequeño problema. Ni me lo especificó ni le pregunté, nos despedimos y ya hablaríamos. Me llamó nada más llegar al trabajo, estaba hablando con Victoria para decirme que esta noche me invitaban ellos a cenar, que pasara por el hotel sobre las ocho y media de la tarde. Así lo hice y en cuanto llegué vi a Viggo esperando y nos fuimos a tomar algo a la cafetería del hotel.Nuestra conversación fue fluida y entretenida, en ningún momento él insinuó nada. Mirka no tardó mucho en bajar, llevaba un vestido verde esmeralda oscuro intenso. Cruzado y con un buen escote en pico. Unos zapatos con tacón pronunciado y a juego con el vestido. Fuimos a cenar a un restaurante con una buena terraza refrigerada y con vistas al mar. Comimos deliciosamente y hablamos sobre todo de nuestros tiempos de juventud en Madrid. Ella no entendía cómo había dejado Madrid, porque ella siempre quiso vivir el resto de su vida allí.

Viggo conocía bien Barcelona, Madrid no lo había visto nunca y después de estar en Valencia irían a Madrid, Toledo, Santiago, Cantabria y algún lugar de Andalucía. Mirka estaba seductora y estaba seduciendo, algo que de chavalita lo hacía muy bien y se notaba que había mejorado. Como había mucha humedad y un calor insoportable, quería ir a algún sitio que no fuera muy bullicioso. En Madrid, Barcelona o Alicante sabría dónde ir, pero en Valencia estaba un poco perdido, aunque recordé un sitio que me enseñó un valenciano que era y es muy golfo.

No recordaba muy bien el sitio, pero al final lo encontré. Era un lugar de música retro y de buen jazz, que fue lo que me llamó la atención en su día, además de que tenía zonas con una iluminación escasa y asientos cómodos. Al entrar Viggo se encaminaba a la zona con más iluminación, pero quise desde el principio “marcar” territorio e hice que se viniera a la zona con menos iluminación y maria dejar más clara la situación, me senté con su mujer en el asiento de dos. Me llamó la atención su docilidad. Aunque pudieran pensar que no me di cuenta, me di perfecta cuenta de una seña que le hizo Mirka y él se fue al aseo.

— Ya estamos solos... ¿Qué ha pasado?

— Indecisiones de última hora. Nuestros excesos en el sexo han sido con personas por medio de una cam, nunca real, ni tampoco permitiendo que se nos vieran las caras. Y las dudas que le han entrado es que no quiere hacer el ridículo.

— Ridículo ¿Por qué?

— Pues por las comparaciones del físico. Porque en nuestras relaciones virtuales lo “someto” y en el real no sabe si responderé igual o me dará vergüenza. Porque es verdad le he dicho que no sé si seré capaz.

— ¿Y cómo le has logrado convencer?

— Pues diciéndole la verdad, que tú tienes un físico inmejorable y el en horas no va a poder estar igual. Que eres de mi total confianza y que no le defraudaré, aunque tú te quedes mudo.

— Si lo que queréis es sexo desenfrenado lo vais a tener.

Su respuesta fue una sonrisa de las que me gustan en una mujer, descarada, excitante, prometedora y muy sensual. Una vez que regresó su marido, estuvimos con una conversación muy entretenida y divertida. Pase un brazo por encima del hombro de Mirka, dejando caer el brazo hasta que hizo contacto con su teta derecha. Empecé unas caricias sutiles con las yemas de mis dedos sobre su pezón, que fue creciendo hasta ponerse a tope. Luego lo agarraba entre tres de mis dedos y se lo “castigaba” con dureza, hasta hacerle escapar algún gemido contenido. Viggo miraba sin dejar de hablar y sus ojos se ponían vidriosos de la excitación.

Quise hacer un comentario para cerciorarme de la actitud de Viggo... “Quería saber si tu mujer seguía teniendo los pezones tan sensibles como antes y veo que sí, además de cómo le han crecido las tetas, es un gustazo tocárselas”, él sonrió y asintió con la cabeza, ella respondió... “Viggo no te va a comprender mucho, porque él es un caballero muy formal y delicado” y nos sonreímos su marido y yo. Una cosa estaba clara ella estaba cachonda, el también y yo me iba poniendo cada vez más. Ahora fui con suavidad metiendo mi mano por debajo de su vestido, Mirka fue abriendo las piernas poco a poco, hasta facilitarme que llegara a su coñito, que estaba completamente depilado y estaba chorreando, me había equivocado estaba cachondísima.

En cuanto toque su clítoris, se echó hacia atrás en el asiento, luego apoyó su cabeza sobre mi hombro... “Qué vergüenza, hay una pareja mirando... qué vergüenza", miré y vi dos parejas que nos podían ver, una miraba con disimulo y otra, la mujer miraba con descaro y provocación. Me miró y sonrió, era muy descarada. Le doy un morreo a Mirka para decirle luego... “Tranquilízate, esa es más puta que tú y el que va con ella tienes más cuernos que un saco de caracoles”, le dio la risita nerviosa y miró hacia donde estaba la mujer que decía. Meneaba más mis dedos en su coñito y para ponerla más cachonda le decía al oído... “Esa te haría cumplir tu otra fantasía, porque tiene cara de haberse comido muchos coñitos y seguro que le gustaría tener su cabeza entre tus piernas”, me pidió que parara que si seguía así se iba a correr. Sabía que me lo pedía, pero que no quería que le hiciera caso, pero paré y noté su disgusto.

Continuamos con la conversación, lo que dejó descolocado tanto a Mirka como a Viggo y empecé a tontear con la mujer que no dejó de mirarnos, el tonteo era visual y la mujer no se cortaba. La mujer en cuestión y su pareja, eran más o menos de la misma edad, no llegaban a los cuarenta años. El físicamente estaba bien y ella estaba con algún kilito de más, pero que le sentaban muy bien, que le hacían muy voluptuosa y con un escote de lo más provocativo, ya que llevaba varios botones desabrochados, mostrando su voluminoso pecho. Que a la vez se le marcaban de forma exagerada los pezones. Le pregunto a Mirka... “Qué... ¿Te ha gustado la admiradora que tienes?” y nerviosa me responde... “No está mal, pero son imaginaciones tuyas por lo que te dije de mi otra fantasía y además... esta con un hombre, que no entraría en mi ecuación”, me río sonoramente y al preguntarme Mirka el motivo de mi risa le respondo... “Porque el acompañante es más cornudo y sumiso que tu marido”, no se lo dije en español para que su marido lo entendiera.

Como ya imaginaba Viggo no hizo ningún comentario sobre lo que le dije a su mujer. De todas maneras, Mirka me dice que tengo mucha imaginación. Me levanto y voy al aseo. Al pasar junto a las dos parejas, miro descaradamente a la que me interesa y ella me sigue con la mirada. Mi conclusión que de esto entiendo bastante, que se han sentado más que juntos, próximos. Tratando de contactar entre ellos para ver si llegan a algo más, lo único que están a niveles distintos, los otros se le ven primerizos. Por eso cuando vuelvo a mi mesa, me presento a ellos, se llaman Ramiro y María. Les invito a sentarse con nosotros si quieren para tomar una copa, después de realizar la invitación, regreso a mi mesa. Mirka me dice... “¿Como ha sido capaz? Me parece muy feo...” no puedo responderle porque la pareja se ha levantado y ya los tengo detrás, les presento y se sientan.

Al principio es más farragoso porque hay que estar traduciendo constantemente todo para que Viggo lo entienda y lo que dice Viggo que no es mucho, para que ellos lo entiendan. Dejo pasar un tiempo prudencial, no mucho y las invito a bailar a las dos. A Mirka antes le gustaba bailar mucho y seguro que seguirá igual, María se apunta rápido y nos vamos los tres. Que la pista de baile, por llamarla así, más parece un cuarto oscuro. Logro poner a Mirka otra vez a tope, su resistencia es nula. Por lo que empiezo mi acercamiento con María que me da todas las facilidades. No me había equivocado, ahora es cuestión saber en qué punto están ellas, por eso nos vamos a la barra.

YO.- Como somos mayorcitos y sabemos de qué vamos, lo mejor sería irnos de aquí a tratar de pasarlo mucho mejor.

MI.- Carlos no quiero estar con otro hombre más... ya sabes lo que sabes.

YO.- Salvo que me equivoque mucho, Ramiro no va a participar... ¿Me equivoco María?

MA.- JAJAJA... no te equivocas nada, tranquila mujer, mi marido lleva jaula y todo.

MI.- ¿Jaula?

YO.- Un “cinturón” de castidad para hombres, ya lo veras.

MI.- Me parece una locura, no era lo que tenía pensado, no lo sé.

YO.- Si te gusta María podrás cumplir tus dos fantasías.

MA.- ¿Qué fantasías?

YO.- Estar con una mujer.

MA.- No me digas que será tu primera vez, que me pongo “mu perra” de pensarlo.

YO.- Si queréis podemos ir a mi casa.

Aceptaron sin más. María con una gran sonrisa y Mirka, levantando los hombres, con cara inocente, pero en realidad poca inocencia. María se lo cuenta a su marido, sin preguntarle nada, era informarle de lo que iba a pasar y Mirka se lo traducía a su marido que miraba sin entender. Mirka le da unos golpecitos sobre su rodilla, acompañados de unas caricias y él pone cara de resignación. La pareja que nos va a acompañar lleva coche, por lo que decidimos que ellas vienen conmigo y los dos hombres en el otro coche. De todas maneras, le doy la dirección a Ramiro por si se perdieran. Vamos a la casa que está prácticamente cerrada, la mayoría de los muebles ya tienen telas tapándolos, pero todavía está en buen uso. A la nueva no quiero llevarme ningún rollo como ya dije.

El coche lo tengo en un aparcamiento y nos vamos para allí, ya que ellos lo tienen aparcado en la calle junto al mismo aparcamiento. Vamos hacia el coche los tres y me fijo en el culito de María, que lleva un pantalón y tiene un buen culo con muy buena forma. Abro la puerta de atrás para que, entre Mirka, lo hace y después hago que María se siente con ella, dándole un fuerte y sonoro azote en su culo, que hace que no se meta en el coche, se gire y me morree, le digo que le dé “marcha” a Mirka. Dicho y hecho, María una vez salimos del parking empieza a meter mano a Mirka y lo supe en cuanto dijo... “Que bien enseñada tienes a tu putita, que va sin bragas y empapada, que ganas de comerme este chochito” y oía suspirar a Mirka. No tardamos en llegar y se extrañaron de ver parte de la casa con las telas encima de los muebles, una ligera explicación y ya está.

María no tardo en preguntar por el baño, fue a él y mientras los demás estábamos en la terraza, que era el mejor sitio para estar, mientras el resto de la casa se enfriaba con el aire acondicionado, regreso María que llevaba únicamente su camisa, que la llevaba desabrochada del todo, pero sin que se le vieran los pechos y si se podía ver unas braguitas de color blanco de lencería. La que más impresionada se quedó fue Mirka, porque no se esperaba eso. En ese momento temí por Mirka, que se sintiera cortada y se “enfriara” de golpe. Para romper ese momento de tensión, le pase la copa a María, lo que había dicho que le preparáramos, haciendo el comentario... “Tu sí que te has puesto cómoda... Jajaja...” y ella añadió que era porque hacía mucho calor.

Tenía que tomar la iniciativa y no dejar que María campara a sus anchas, porque no quería que Mirka se sintiera mal, pero después de varios intentos, me di cuenta de que María iba a su rollo y colaboraba poco, quería llevar la voz cantante. Fue el momento adecuado para decir que ya podíamos entrar dentro, que ya estaría fresco. Nada más entrar y mientras esta vez iba al baño Mirka, me disculpe la acompañe y antes de que entrara al baño, me dijo... “No te lo voy a negar, esa mujer me ha atraído, estoy excitada, pero... no sé qué me pasa que no me siento cómoda del todo y la verdad, no creo que Viggo esté...”, la interrumpo diciéndole... “Ni tú eres como eras ni yo tampoco. Volverás con todos y verás como esto da un giro, de tal manera que, si esa puta no se comporta se irá, pero si tú tampoco te comportas... seré muy malo contigo” me miró llena de curiosidad y expectación.

En una bolsa metí varias cosas y regresé al salón, donde estaban todos callados, la que dominaba con la mirada era María. Iba a ser una noche muy intensa para todos ellos o al final me quedaría solo con Mirka y Viggo, siendo solo una noche intensa para ellos. Se que a algunos no les gustaría lo que tenía pensado hacer, pero pensaba “someterlos” a todos y hacerlos gozar como nunca. Regresa Mirka, que sigue manteniendo su ropa. Se sienta junto a su marido y yo estoy de pie. Bebemos, hablamos y de pronto sucede lo que estaba esperando, María se levanta y en plan chulo dice... “Que pasa... ¿NOS VAMOS A QUEDAR MIRÁNDONOS LAS CARAS? Porque para eso me voy a mi maldita casa”, Mirka le susurra a su marido lo que acababa de decir María y entonces, sin moverme de mi sitio le digo (más bien una orden) que se acerque.

Una vez está junto a mí, la doy un morreo y le muerdo el labio inferior, fuerte, pero sabiendo que no le va a quedar marca, luego la apoyó en el respaldo del sofá en los que están sentados Mirka y Viggo. Queda apoyada en sus antebrazos, levanto bien su camisa y se ve un culito grande pero bonito... “Me tienes harto, estás muy mal acostumbrada y esta noche ¡TODOS! Vais a hacer lo que yo diga, porque me he encontrado con dos cornudos y dos putas cachondas, lo vamos a pasar muy bien”, saco de la bolsa una de las palas, que hacen más ruido que daño, pero en ese momento es lo mejor y más adecuado. Le ordeno a Mirka que se lo traduzca a su marido y que recuerde que estoy escuchando. María grita, me insulta, pero no hace ningún esfuerzo para quitarse o parar los azotes que le doy.

Mirka tiene ojos de plato mirando lo que estoy haciendo y viendo la cara de María. Mando a Viggo que se siente junto a Ramiro, lo hace y deja a su mujer sola. Llevo con cierta “rudeza” a María junto a Mirka, le quito la blusa y luego sin dejar de azotarla, hago que se hinque de rodillas delante de Mirka, que tiene la boca media abierta por la sorpresa y le ordeno... “Cómele el coñito a mi amiga, que lo desea y que sepa cómo lo hace una mujer tan puta como tú” se acerca como una tigresa y no lo duda, abre las piernas de Mirka, que no pone reparos y como no lleva nada debajo, siente rápido la lengua de María, en un principio agarra con sus dos manos la cabeza de María, pero segundos, porque luego se deja caer sobre el respaldo y abre bien sus piernas. Es cuando ordeno a los maridos que se desnuden y mientras hago lo mismo.

Viggo tiene una buena erección, el tamaño de su polla normal, más llamativo por el grosor, que era superior a la media. Ramiro llevaba una jaula conteniendo su polla. Viggo miró alucinado y cuando Mirka se dio cuenta se le escapó... “AY MADRE... ¿QUE ES ESO?”y María cuando lo vio, sonriendo y riendo, decía... “Así es mi obediente cornudo”, fijándome que, en el tobillo de ella, llevaba una pulsera con una llave. Le dije a Viggo que le quitara la llave y “liberara” a su nuevo amigo. Coge la llave y ante la atenta mirada de su mujer, Viggo quita la jaula y me parece increíble, porque creía que en eso lo había visto todo, la polla de Ramiro era más grande de lo previsto y se empalmó en segundos, prácticamente nada más liberarla. Viggo no sabía qué hacer se quedó cortado, sin moverse y pude ver la cara de excitación de Mirka viendo en esa situación a su marido.

A Ramiro le veía en su salsa, Viggo se “recupera” y se sienta de nuevo, los dos con un buen empalme. Aprovecho que Viggo no sabe español para ordenarle a Ramiro que le coma la polla. Su mujer ni se inmuta y tiene a Mirka a punto de caramelo, que no sabe qué hacer al oírme ordenarle eso a Ramiro, me mira como diciéndome que no le meta en ese compromiso. No me doy por enterado y flipa cuando ve a Ramiro con la polla de su marido en la boca y este acariciando su cabeza con los ojos cerrados, en ese momento Mirka tuvo un orgasmo que impresionaba a todos.

Una vez que Mirka se ha corrido, María cambia de posición y Mirka que ahora está de pie, me dice... “No sabía estos gustos de mi marido... pues vamos a lo nuestro” y se agacho a devolver a María el placer que le había dado. Me puse un preservativo y no sabía cómo follármela, si por el coñito o por el culito, porque cualquiera de los dos sitios era una tentación. Empecé a follarme su coñito, que al estar tan lubricado no me dio ningún problema. Decidí follarla muy despacio, le sacaba prácticamente toda la polla y luego se la volvía a meter con la misma suavidad. Quería sacarla de sus casillas y sabía que lo estaba consiguiendo, porque cuando se la metía suavemente ella echaba para atrás su cuerpo, para que mi polla entrara con más fuerza. Una situación que se sale del guión, es ver a los dos maridos, Viggo se está follando el culo de Ramiro.

Mirka no entiende porque quiero moverla y que deje de hacer lo que está haciendo a María, hasta que por fin ve a su marido dando por culo al otro marido. Se puso fuera de sí y ya no se cortó... “FOLLAME como quieras, hacer lo que queráis”, me siento en el sillón, ella se monta sobre mí y le digo a María qué busque en la bolsa, lo primero que coje una fusta y empieza a castigar el culito de Mirka. Luego se pone un arnés y entre los dos nos follamos a Mirka, que descubrí que era la primera vez que se follaban su culito y encima una mujer. Tuvo varios orgasmos y creía que se había quedado vencida, pero no, tuvo fuerzas todavía para coger otro arnés e irse a donde estaba su marido y follarle el culo por sorpresa, se resistió, pero no pudo hacer nada. Hicimos un descanso y Mirka me pidió que nos quedáramos solos, por eso, me despedí amablemente de Ramiro y de María.

Nos fuimos a la habitación y esta vez Mirka estaba más liberada, lo primero que hizo fue ponerse mandona con su marido... “Tu maricón, desde ahora seré yo la que mande”, como no me había corrido, se puso a hacerme una mamada, antes las hacia muy bien, pero había mejorado muchísimo. Paro cuando se dio cuenta de que estaba a punto de correrme y me dijo en español... “Córrete por fuera de mi coño que quiero hacer una cosa” siguió con la mamada y en cuanto la avise se colocó, mi corrida como siempre fue caudalosa y ella se restregó parte. Luego mirando a su marido le ordenó que la limpiara. El que vio una caja de pañuelos sobre la mesita de noche, cogió algunos pañuelos y ella... “Jajaja... pero qué hacer CORNUDO... para que tienes la lengua”, se lo dejó limpísimo y luego ella hizo que se acercara, le beso en la boca y decía que seguía sabiendo muy bien.

Una vez terminó, le dijo que quería quedarse a solas conmigo, le hizo salir y cerrar la puerta. Lo primero que me dijo... “No me hizo mucha gracia al principio esa tía, pero se ve que la calaste. No ha estado mal, se veía que tenía experiencia. Me hubiera gustado más que me hubieras ayudado a seducir a una que nos gustase a los dos y mejor se fuera de veintipocos. Pero eso da igual ahora, quiero que me folles a solas”y nos pusimos a acariciarnos. No nos hizo falta mucho para ponernos otra vez cachondos a tope. Hicimos un 69 delicioso, en el que ella se corrió dos veces. Mientras seguíamos “jugando” y me ofreció muy educadamente su culito... “Si quieres puedes intentarlo, pero eso sí, sin hacerme daño, que María ha sido muy brusca y necesito dulzura”, de un cajón saqué crema lubricante y sin prisas, con mimo, fui lubricando su culito con mis dedos.

Pero mientras hacía eso, no dejaba de hacer otras cosas, porque quería ponerla lo más excitada posible y sabía que lo estaba consiguiendo, en cuanto sentía que su orgasmo estaba al llegar, cambia de hacer lo que hacía. Una vez que noté que estaba en el mejor momento, me puse a follarme su culito. Estaba más asustada que otra cosa, le dije como suelo hacer en estos casos, que ella fuera manejando los tiempos, que luego ya lo manejaría yo. Pero Mirka no quiso, quería que fuese yo quien lo hiciera todo. Por eso agudice más mis sentidos. Su culito está apretadísimo, entre otras cosas por sus nervios y llegó un momento que era imposible avanzar, para eso nada mejor que una buena sesión de azotes y así fue.

Los azotes bien dados y subiendo de intensidad son la mejor medicina, porque se fue dejando hacer, su culito se relajó y al final conseguí que mi polla entera estuviera dentro de ella. Nos quedamos quietos, me refiero a que no me movía, pero si me comía su cuello, sus hombros, los lóbulos de sus orejas. Gira la cabeza y nos damos un muerdo, lo que aprovecho para iniciar el folleteo de su culito. Por respuesta ella empieza a mover su culo, sus caderas y ya no se le nota la tensión, ni el miedo. Fui aumentando la intensidad de las arremetidas, hasta que ella me pidió más y entonces empiezo a empotrarla de verdad, gritaba, gemía y pedía más, me decía que le hacía sentir muy puta, que lo estaba gozando.

No me hizo falta indicarle nada, ella llevó una mano debajo de su cuerpo y se tocaba mientras seguía follándomela, se corrió varias veces, hasta que al final me corrí llenándole el culito por completo. Paramos y le dije si le apetecía que nos diéramos una ducha juntos. Me dijo que la dejara recuperar el aliento y me adelante a ir al baño. Salgo del baño y la veo dormida. Se ha quedado en la misma postura, boca abajo. Me salgo de la habitación dejándola sola y apenas con luz. Me encuentro a Viggo en la terraza, me cojo algo de fruta y me salgo con él, tenía intención de iniciar la conversación con cualquier tontería, pero fue él...

— Estoy avergonzado y preocupado... ¿Qué voy a hacer mañana?

— Mira no nos conocemos, pero si conocemos a tu mujer. Mirka en parte mañana estará como tú. Pero Mirka tiene una visión de la vida mucho más abierta y generosa de lo que puedas pensar. Hablarlo con naturalidad, con normalidad y tratando de ver más allá, sacando provecho de lo que ha sucedido.

— Lo que dices es para tranquilizarme o... ¿De verdad lo piensas?

— Lo pienso y sé que es la mejor forma de hacerlo.

— Tengo mis dudas.

— Mirka que yo sepa te dijo que le apetecía follar conmigo, como que yo sepa también te dijo que tenía la fantasía de estar con una mujer y supongo que te diría alguna más. ¿Tu alguna vez fuiste tan sincero como ella?

— La verdad que no. Siempre he sido más cerrado en los temas de sexo.

— Aprovecha lo sucedido, ya que te ha abierto la puerta a poder hablar de todo y sin complejos, más o menos habéis hecho lo mismo.

— Tienes razón.

La charla acabó con él “tienes razón” pero hablamos antes de muchas más cosas, esto solo ha sido un resumen. Hablamos hasta que empezó a despuntar el día. Fui a la habitación y ella se estaba duchando, me entró la tentación de entrar y ducharme con ella, pero me fui a preparar el desayuno con lo poco que había. Salió con una camiseta mía y nos sentamos en la isla de la cocina a hablar. Aproveche para hablar de la preocupación de Viggo, pero sin decir que él me había dicho nada. Lo que dijo Mirka fue muy prometedor para ellos y lo resumo... “He descubierto que somos los dos muy cachondos, muy guarros y que tenemos mucho que descubrir los dos juntos” él le da la razón y se le ilumina la cara con una sonrisa.

Llaman a Viggo desde mi trabajo, para aclarar un par de cosas y para saber a qué hora les tienen que mandar el coche para recogerlos. Lo que aprovecho para meterle mano a Mirka y me la pongo a follar apoyada en la mesa. Ella aguanta gemir o decir nada para que no se la oiga. Viggo que de pronto nos ve, nos sonríe y se acerca a su mujer, le quitamos la camiseta, Viggo le acaricia sus tetas. Viggo acaba la conversación y entonces ni medio minuto después, me llaman a mí, para ponerme al día del contrato con ellos. Mirka se quita y se agacha a comerme la polla, Viggo se pone detrás de ella. Que me la chupa y luego le besa en la boca a él, hasta que los dos me comen la polla a la vez. Acabó la llamada, vamos a la coma, Viggo se tumba boca arriba y se pone a hacer un 69 con su marido, mientras me la follo.

Viggo se come su coñito, pero de vez en cuando siento su lengua en mis huevos y no de forma accidental. Logramos que Mirka se corra varias veces, luego se corre Viggo y cuando estoy a punto de correrme, les hago colocarse y me corro en sus caras y sus bocas. Una vez que acabamos, quieren pasar antes por el hotel para cambiarse. Llego antes que ellos al trabajo, está todo preparado para cuando ellos lleguen. Llega parte de su equipo y me fijo en una chica cuando me dicen que es la asistente o secretaria personal. No tendría más de 21 años, cara angelical, culito pequeño, con una forma especial, que lo hacían muy atractivo. Poco pecho y cara tímida. A la cabeza me viene algún comentario de Mirka, pero lo dejo porque acaban de llegar.

Tardamos muy poco en firmar todo y estando hablando los tres (Mirka, Viggo y yo) se acerca la jovencita para que Viggo vea unos mails que les han llegado y es cuando Mirka en español me dice... “No me digas que no es una preciosidad de mujer y que me dices de ese culo tan delicado que tiene. ¿No te apetecería?”, me sonrió le pregunto dos cosas, la edad y si esa es su fantasía. Me dijo que acaba de cumplir 19 y que si, que era la fantasía que no la dejaba dormir. Entonces le hago el comentario de que es un problema o puede serlo el tener algo con un subordinado y que tuviera cuidado con las insinuaciones, porque lo mismo a ella no le iban las mujeres. La respuesta de Mirka me dejó descolocado... “Mi intuición me dice que no me rechazaría, pero sería más fácil hacerlo entre dos, pero Viggo seguro que no es su tipo, pero tú sí, porque me ha dicho que eres muy guapo”, nuestra conversación terminó ahí y les desee que lo pasaran bien en su tour por España, que por cierto irían solos. En septiembre me tocaría devolver la visita para ver el funcionamiento y desarrollo de nuestro trabajo.

Disculpar mi tardanza en publicar y en contestar los mails, han sido unas semanas de no parar, que no es que me fuera de vacaciones precisamente, tratare de ponerme al día pronto, ya mismo.