Un matrimonio normal (5)
Mario le ha dado la llave de su libertad, pero la tentación de Aitor enciende una chispa que no puede apagar. Mientras su esposo escucha desde el trabajo, la narradora se entrega a un juego digital que la lleva al límite, hasta que una llamada inesperada convierte la soledad en una trilogía de placer prohibido.
Ya han pasado un par de semanas desde mi conversación con Cris, a los pocos días le comenté que había hablado con Mario del tema (no quería confesarle que él había escuchado toda la conversación) y que no tenía problema con todo aquello, que por nuestra parte todo iba bien, lo que es cierto.
No hemos vuelto a quedar para terminar la conversación aunque se quedase un poco a medias, pero tampoco hace falta. La base de lo que teníamos que hablar ya la comentamos, hemos saltado de puntillas el tema de que nos escuchasen, a lo que volveremos en cuanto ambas estemos preparadas, supongo.
La relación entre Aitor y yo ha dado un salto considerable, pues trabaja de mantenimiento en mí misma empresa. La primera vez que coincidimos trabajando resultó una situación bastante ridícula, nos quedamos los dos mirándonos como pasmarotes mientras mis compañeras nos miraban con curiosidad. Nos quedamos unos segundos quietos hasta que él empezó a reírse de la situación, a lo que yo me uní enseguida. Luego explicamos a las compañeras que éramos vecinos y que nos conocíamos del tren sin saber que currábamos en la misma empresa. Hemos hecho buenas migas y cuando coincidimos turnos él suele ajustar su rato de descanso para que coincida con el mío y poder almorzar juntos. Obviamente eso ha provocado montón de comentarios picantes entre las compañeras, sobre lo bien que me lo puedo pasar con Mario y con él a la vez; o que deje a los solteros guapos para las que no están casadas, que no lo acapare. Obviamente algunos de esos comentarios vienen provocados por celos, pues es bastante popular entre las compañeras, se que más de una ya ha intentado invitarlo a "tomar una copa y enseñarle la ciudad", aunque hasta ahora no ha aceptado la invitación de ninguna, que yo sepa.
Los viajes de vuelta en tren juntos muchas veces son nuestro rato de desahogo personal, él me escucha con paciencia cuando le cuento cosas de mi vida familiar (nada de tema sexual, me da una vergüenza terrible abordar un tema similar con alguien que no sea Cris o Mario), y yo a él cuando me cuenta los problemas que tiene para arreglar su nueva casa (que aún no me ha dejado ir a ver, que hasta que no tenga el jardín y la planta inferior arreglada no tiene intención de que nadie entre en ella).
Evitamos tratar temas muy personales, las primeras veces intenté sacarle temas de pareja o similares, pero le ví tan incómodo que decidí que era mejor dejarlo hasta que él quisiera hablar del tema conmigo. Cuando llegó el día me sorprendió la reacción que tuve.
- ¿Conoces este restaurante? - Me preguntó en el tren mientras me enseñaba en el móvil la web de un restaurante de comida oriental de bastante nivel de la ciudad.
- He oído hablar de él, Mario me ha comentado alguna vez de ir, pero como no soy especialmente aficionada a ese tipo de comida nunca nos hemos animado -
- Te entra la duda de ir a un restaurante caro sin saber si vas a comerte todo lo que te pongan en el plato, ¿verdad? - Me contestó con media sonrisa.
- ¿Por qué lo preguntas?, ¿buscando restaurante para una cita? - En cuanto vi que la sonrisa desaparecía de su cara creí haber metido la pata hasta el fondo.
- No exactamente, hace poco conocí a una chica por una aplicación de estas de ligue, hemos quedado para cenar y me ha dicho de ir a ese sitio. El problema es que ni es mi tipo de comida ni mi tipo de sitio para salir, y estaba… -
- Buscando información del sitio para encontrar alguna excusa para no ir a la cita, ¿me equivoco? - Terminé la frase con una sonrisa que intenté que no quedase demasiado falsa, ya que por dentro estaba hecha polvo, tenía un montón de celos de que él pudiera tener una cita. Algo estúpido pues no eramos nada, ni amantes, ni amigos con derecho a roce, ni pareja (y no había intención por mi parte de ser nada de ello), pero el ataque de celos estaba ahí.
- Algo así, creo que ella intenta dárselas de interesante y de tener pasta llevándome a ese sitio, lo que no termina de convencerme -
- No le des tantas vueltas - Él me miró con duda - Si ella tiene un curro que le de dinero probablemente sea uno de sus restaurantes preferidos y querrá que lo conozcas pensando que no te gusta ese tipo de sitios porque nunca has estado en uno tan bueno como ese. No intentes buscar tres pies al gato. ¿No será más bien que te pone nervioso tener una cita en un lugar fuera de tu ambiente? -
- Creo que tienes razón, que estoy imaginando cosas, esta noche le mando un mensaje para aceptar la cita -
- Mándaselo ahora - Le solté - Si esperas a la noche te volverán a entrar las dudas y no aceptarás la cita - No quería que aceptara la cita, quería que abriera la aplicación a ver si podía cotillear su perfil.
- Tienes razón, ¿no te importa que me ponga con el móvil un par de minutillos? -
- Bueno, si no queda más remedio - Le puse una cara tristona mientras le contestaba, una mueca que terminó con un guiño y una sonrisa - Aunque no prometo no cotillear mientras escribes.
- Si prometes no cotillear la conversación mientras escribo te dejo que cotillees mi perfil -
- Parece un buen trato - Contesté encantada, ahora podía ver que tenía en esa aplicación.
Tras un momento escribiendo un mensaje, me acercó el móvil cumpliendo su palabra. Como no tengo ni idea de cómo funcionan estas aplicaciones de ligue estuve trasteando un rato hasta que encontré lo que buscaba, fotos de él. Solo con la primera me quedé paralizada.
Era una foto bastante buena, casi profesional, pero lo que me impactó no fue la calidad de la foto, si no lo que se veía en ella. Ahí estaba Aitor tirado boca arriba en la cama, los brazos detrás de la cabeza marcando todos los músculos del pecho. Sólo se lo veía de cintura para arriba, por lo que no se veía que había fuera de la foto, pero yo me lo imaginé completamente desnudo, lo que me hizo ponerme cachonda y avergonzada a partes iguales y de golpe. Le devolví el móvil sin saber dónde meterme, era mucho más de lo que esperaba encontrar.
- Ostras - Dijo él al ver la foto - Creo que debía haberte avisado antes de que vieras las fotos, ya lo siento -
- No pasa nada - Contesté mientras la cabeza me bailaba con lo que acababa de ver.
- No, de verdad, lo siento. El amigo que me comentó que me hiciera perfil en esta red social me explicó que lo que se vende sobre todo es ver carne, que con una foto de perfil más modosita no me comería ni un rosco, así que aproveché unas fotos que me hizo una amiga fotógrafa para un trabajo de clase y las subí, no esperaba que te afectase tanto -
- A ver, me esperaba una foto sexy o provocativa, pero tanto… - En el momento que dije eso me di cuenta que acababa de meter la pata.
- Así que lo que querías era ver fotos sexys mías, no me esperaba eso de ti - Me lo dijo con una sonrisa tan pícara que me subieran los colores de golpe. Justo después de eso empezó a reír sonoramente, solo paró cuando el tren llegó a nuestra parada.
Ahí hizo algo que me descolocó del todo, se bajó del vagón y me ofreció la mano para ayudarme a bajar. No pareció darle más importancia a ello, solo un gesto caballeroso para ayudarme, pero en cuanto agarré su mano me subieron las pulsaciones, como si fuera una quinceañera que le da la mano a su novio, se la solté en cuanto bajé a tierra, intentando no hacerlo de forma demasiado brusca, no lo conseguí, pero el entendió mal mi gesto brusco.
- Perdona que me riera de ti antes, pero la cara que se te ha quedado… tendría que haberte hecho una foto - Me sonrió sin malicia.
- No es eso, es que me había descolocado la imagen. La verdad que si lo que quieres es vender carne, la foto lo consigue, hasta parece que estés desnudo en ella -
- Y ahí llega la pregunta del millón - Me dijo mientras le miraba sin comprender.
- ¿Qué pregunta? -
- Que si estoy desnudo de verdad o no en la foto. Es la pregunta que más me han hecho desde que la subí -
- Y la respuesta es… - Sabía por el tono de voz juguetón que tenía que no iba a recibir respuesta, pero tenía que intentarlo.
- Es un secreto profesional entre fotógrafa y modelo, no puedo dar esa información, además de que se estropearía la gracia de la foto, el dejar que quien la mire se imagine lo que más le guste -
- Buena respuesta - Contesté un poco mosqueada, aunque evité que se notase en mi respuesta - Me hubiera gustado saber la verdad.
- Quizá algún día que vengas a tomar café te enseñe las fotos y puedas ver por ti misma como estaba -
- Pues termina de arreglar la casa pronto para invitarme a tomar café y ver las fotos, ya llevaré algo para que te puedas llevar a la boca mientras las veo -
Él se acercó más a mi y me dijo bajito al oído:
- Creo que es la forma más sutil en la que nadie se me ha insinuado, acepto tu invitación -
No había tono de burla en su voz, no podía creer que hubiera tomado mi comentario como una insinuación, y menos aún que lo hubiera aceptado, sabiendo que soy una mujer casada. Mi cara enrojeció, mis pezones se pusieron tan duros debajo del sujetador que casi dolían, empecé a mojarme entre las piernas y no podía quitar mis ojos de los suyos. Tenía ganas de cerrar la invitación con un beso, y que pasase lo que tuviera que pasar, pero en el último momento vi que una sonrisa empezaba a aparecer en su rostro serio.
¡El muy mamón lo había dicho para reírse de mí! Había aprovechado el doble sentido de mi frase para tomarme el pelo. Le sacudí en el hombro dos o tres puñetazos mientras le insultaba.
- Cabrón, que mal rato me has hecho pasar - Le volví a pegar - Creía que te habías tomado mi comentario como una insinuación de verdad -
Él no contestó, solo aceptó mis golpes mientras me calmaba, y una vez me tranquilicé me pidió disculpas.
- Lo siento, de verdad, me ha salido sin pensar. En mi tierra tuve a alguna conocida que no hacía más que soltarme frases con doble sentido, y automaticé esa forma de contestar como defensa contra sus puyas - Puso los brazos en alto con las palmas hacia mi, haciendo como que se rendía - Si dejas de pegarme prometo que te compensaré por el mal rato que te he hecho pasar.
- Más te vale que sea una buena forma de compensarme - Dije yo con la cabeza dando vueltas. La verdad que tenía ganas de tirarme a su cuello, en parte para estrangularlo y en parte para plantarle un beso en los morros.
- Serás la primera que entre en mi casa una vez estén terminadas las obras, nadie más verá la casa hasta que tu le des el visto bueno - Dijo con solemnidad - ¿Es suficiente? -
- De acuerdo, me parece suficiente - Le ofrecí la mano como para cerrar el trato - ¿Y para cuándo ocurrirá dicho milagro? ¿El año que viene? -
- Si todo va como debiera con la obra y no hay más retrasos, pensaba organizar una cena de inauguración el mes que viene. Era una sorpresa que me guardaba para invitarte a ti, tu marido y a unos pocos del trabajo, pero para que veas lo que me importa compensarte, te descubro el secreto antes que a nadie - Dijo mientras se paraba en seco.
Estábamos en la puerta de mi casa, no me había dado cuenta que ya habíamos llegado. Se despidió con un par de besos y esperó a que entrase, como hacía siempre que me acompañaba. Noté algo distinto en la forma de darme los besos, pero no tenía claro dónde había cambiado la cosa, o si solo eran imaginaciones mías.
Despedí a la canguro y me tomé algo de fruta para cenar, tenía en la cabeza demasiado presente que había estado a punto de plantarle un beso en los morros (o intentarlo, seguramente lo hubiera evitado… ¿o no?), y llevaba una calentura más que notable y algo de enfado porque se lo había pasado bien a mi costa..
Subí al cuarto mientras me desnudaba, tenía claro que me iba a masturbar para quitarme el calentón, pero no lo iba a hacer sola. Saqué el palo de selfies y lo puse en modo trípode para exhibirme mientras me masturbaba, quería que alguien me viera. Mario estaba trabajando, Aitor no era una opción (por mucho que me apeteciera), Cris y su marido seguro que no me dirían que no, pero ese era un paso que no estaba dispuesta a dar.
El primer tio que me pilló abierta de piernas masturbándome parecía ser un hombre no mucho mayor que yo, tenía un cuerpo fuerte y un rabo más que aceptable. En cuanto empezamos a masturbarnos empecé a ver similitudes entre el cuerpo que veía y lo que había visto en la foto del perfil de Aitor. Mi cabeza empezó a imaginar por su cuenta y cada vez veía más similitudes entre mi compañero de videollamada y mi compañero de trabajo.
Me imaginé a Aitor masturbándose conmigo, y eso hizo que tuviera un orgasmo brutal. Al chico que tenía enfrente le debió encantar el espectáculo, porque no tardó en correrse abundantemente.
Normalmente cuando alguien se corre en esta web suele desconectar al momento, pero él me mandó un mensaje por el chat antes de desconectarse, lo que me resultó curioso. Me acababa de mandar su perfil de usuario de telegram, y me invitaba a hablar con él cuando quisiera, sobre todo si quería repetir algún día.
Sin pensarlo copié el nombre del usuario y me fui a telegram, abrí una conversación y me dispuse a saludarle, en ese momento me quedé quieta. Mario no es celoso y me deja mucha libertad, pero hablar con alguien con quien me había masturbado era ya un poco pasarse de la raya. Tendría que hablar con él antes de hacer ningún movimiento más.
Si tenía suerte lo podría pillar en su momento de descanso, así que le mandé un Whatsapp a ver si había suerte y podíamos hablar un momento por teléfono.
Enseguida me llegó una llamada al móvil.
- Hola preciosa, ¿Todo bien? - Me dijo en cuanto descolgué.
- Si, tranquilo, es solo que tengo una cosa que preguntarte -
- Si que debe ser importante para no poder esperar a mañana -
- Importante no es - Dudé, no sabía cómo abordar el tema.
- No es importante, ¿pero no podía esperar a mañana? -
- Podría haber esperado, supongo - Me moría de vergüenza, no sabía explicarle que le había llamado para contactar con un tío por internet con el que me acababa de masturbar sin que reaccionara mal.
- ¿Es algo sexual? - No me esperaba esa pregunta, la verdad.
- ¿Por qué lo preguntas? - Notaba como mis mejillas se habían puesto coloradas y se me agitaba la respiración, parecía una niña pequeña a la que habían pillado haciendo algo que no debía.
- Quieres hablar de un tema por teléfono mientras estoy trabajando, pero no es algo urgente y llevas un buen rato evitando decirme lo que quiera que sea, por lo tanto te da vergüenza el tema, así que debe ser algo sexual -
- Si - Admití. Hay veces que odio que me conozca tan bien y que pueda leerme como un libro abierto, pero hoy lo agradecí - Hoy me he conectado para exhibirme mientras me masturbaba, y el chico que me ha estado viendo… - Volví a dudar como explicarlo.
- ¿Te ha dado su número para que le llames? - No noté nota de enfado en su voz, lo que hizo que me relajara por fin.
- Su usuario de Telegram -
- Y tú quieres hablar con él por Telegram a ver qué tal, pero te da miedo que yo me enfade por ello - Su tono de voz cambió, pero no a enfado, sino a burla.
- No te rías de mí - Le amenace.
- Nunca lo haría - Volvió el tono de burla - Por una parte me parece bien si quieres hablar con alguien por internet, Telegram es más discreto que dar el número de móvil. Lo único que preferiría estar ahí mientras habláis, pero no va a poder ser, me conformaré con ver la conversación mañana si no la borra el otro al terminar -
- Podrías ponerte mi perfil en tu móvil, así puedes ver la conversación mientras hablo con él, si sacas un rato de tiempo en el trabajo - Sabía que para eso ya sacaría tiempo, estoy segura que le encantaba la idea de espiarme mientras flirteo con uno por internet.
- Suena bien, así me aseguro que no te propasas con el pobrecito -
- ¿De verdad que no te importa? -
- Venga viciosita, anda a poner caliente a tu amigo - Caliente me puse yo en cuanto me dio su permiso, me faltó tiempo para abrirle la conversación al chaval, de apodo Soltero, por miedo a que se hubiera desconectado ya, mientras ayudaba a mi marido a abrir mi perfil en su móvil para que lo viera todo.
En apenas unos momentos ya tenía respuesta, lo que consiguió que mis pezones se endureciesen y me empezase a humedecer otra vez. Me costó no empezar a acariciarme, pero quería estar centrada esescribiendo.
- ¡Hola Preciosa! Ya pensaba que no ibas a mandarme mensaje - Añadió unos emojis guiñando el ojo.
- Estaba refrescándome un poco, que estaba un poco acalorada - Contesté, la verdad que estaba emocionada, era la primera vez que flirteaba con alguien desde que me casé, y me animaba un montón hacerlo.
- Espero haber tenido algo que ver con esos calores -
- Algo has tenido que ver, sin duda - Quería decirle que seguía completamente acalorada y cachonda, pero eso le quitaría la gracia al flirteo -
- ¿Puedo preguntarte la edad? -
- Treinta y cinco, ¿Y tu? -
- Cuarenta y tres - Eso me sorprendió, no esperaba a alguien que casi me sacaba 10 años, la verdad es que se conservaba bien, por lo poco que pude ver en el vídeo. - ¿Qué buscas por aquí? -
- Me gusta exhibirme y eso le pone también mucho a mi marido - Conteste, vale que no llevaba mucho con el tema del exhibicionismo, pero tenía claro que me encantaba.
- ¿Le gusta sólo exhibirte o también le gusta verte con otros? - No me esperaba esa pregunta, me tomó un momento responder –
- Nunca me he visto con otros. No hemos llegado a quedar con nadie -
- Con ese cuerpo seguro que no será por falta de voluntarios - Me sacó una sonrisa el comentario, la verdad que el chico era amable.
- Muchas gracias -
- Las que tú tienes preciosa, muchas gracias por el espectáculo de antes, por cierto -
- Ha sido un placer, como ya te habrás dado cuenta - Le añadí un par de emojis con giños a mi respuesta.
A partir de ahí empezamos con la conversación típica para conocernos un poco. Él me comentó que estaba soltero, como su apodo indicaba, vivíamos en la misma ciudad (aunque yo no le dije el pueblo exacto en el que vivía, para no dar más información de la necesaria), que le gustaba conocer mujeres a través de la aplicación de videollamadas, y con alguna hacia amistad (y con otras sexting).
Yo le comenté mi situación de madre casada, lo que hizo que me confesase que le llamaban mucho las mujeres casadas.
- ¿Y eso? ¿Te gusta seducir mujeres casadas? - Le pregunté juguetona.
- Alguna he seducido, no te voy a engañar, con alguna otra me he dejado seducir, pero no es lo que más me gusta -
- ¿Y qué es lo que más te gusta? -
- No nos conocemos aún mucho, no me gustaría que te llevases una mala impresión de mi, si quieres te lo comento cuando nos conozcamos un poquito más -
- ¿No hay forma de que te convezca para que me lo cuentes? - Me había picado la curiosidad, no iba a dejar de intentarlo tan fácilmente.
- Podrías intentar sobornarme con algo - Añadió un guiño a su comentario.
- ¿Y qué puedo ofrecerte como soborno? - Ya estaba preparada para que me pidiera alguna foto de mi cuerpo, hacer una videollamada, o algo similar, me sorprendió su respuesta.
- Que contestes un par de preguntas con sinceridad y luego me mandes un audio cortito, como verás no pido mucho -
- Tiene que haber truco -
- Sin truco, trampa ni cartón, te lo prometo. Hacemos una cosa, yo te voy pidiendo, y si en algún momento algo no te convence me lo dices y pasamos a otro tema-
- De acuerdo - No estaba muy convencida, pero me picaba la curiosidad.
- Primera pregunta ¿Cómo estás de caliente? - El muy mamón no preguntaba si estaba caliente, sabía que ya lo estaba, solo me preguntaba hasta qué punto.
- Mucho - Me ruboricé al responder, me daba cosa admitirlo.
- Segunda pregunta ¿Cómo de húmedo tienes el coño? - Ahí me descolocó con la pregunta, sin pensarlo me puse una mano entre los muslos, y al comprobar que estaba empapada empecé a acariciarme sin pensarlo. Me costó centrarme y parar para responderle.
- Encharcado - Me salió sin pensar, me pareció una respuesta soez y sugerente a partes iguales una vez la vi en la pantalla.
- La petición del audio, ¿Estás segura que quieres que te la haga? - El muy cabrón quería hacerse el interesante y que se lo pidiera. Mi mano había vuelto a bajar entre mis muslos y me acariciaba mientras le contestaba con una mano.
- Si - Realmente quería tirar el móvil en la cama, sacar un juguete y darle a mi cuerpo el placer que le hacía falta, pero mi curiosidad podía con la necesidad de tocarme.
- Está bien, grabame un audio para que pueda escuchar lo encharcado que está ese coñito tuyo -
Me quedé quieta como una estatua, no me esperaba eso, esperaba que me pidiera algún gemido, o algo similar, pero no que me pidiese grabar el sonido de mi coño húmedo. Dudé durante unos minutos, creo, antes de bajar el móvil hacia mis piernas y prepararlo para grabar. Diría que empecé a acariciarme suavemente, pero la realidad era que estaba tan caliente que me masturbe como si llevase semanas esperando poder hacerlo, unos segundos después le di al botón de grabar audio y me dejé llevar por el placer. Grabé menos de medio minuto de audio, y una vez lo mandé seguí masturbándome.
- Joder como estás de cachonda niña, me encantaría ver ese coñito en directo. Mándame otro audio de ese coñito empapado -
En su voz había desaparecido el humor, me estaba dando una orden, y yo estaba más que dispuesta a cumplirla. Volví acercar el móvil entre mis muslos, grabé los ruidos de mi coño empapado mientras me masturbaba, pero me faltaban manos.
Necesitaba meterme unos dedos en el coño mientras acariciaba mi clítoris, necesitaba una mano para sujetar el móvil y tenía un deseo brutal de pellizcar mis pezones, aún así, logré hacer lo que me decía y mandarle otro audio, estaba segura que mis gemidos se escucharían de fondo.
Estaba a punto de tirar el móvil en la cama para centrarme en mi y correrme, pero sonó el tono de un mensaje nuevo, miré la pantalla.
- Me tienes súper cachondo hija de puta, me tienes el rabo durisimo - El mensaje tenía que haberme enfadado, ese tipo no era nadie para insultarme así, pero el efecto fue muy distinto, hizo que me sintiera muy zorra, y me encantó la sensación, me puso más cachonda si eso era posible.
- Quiero eschucarte gemir - Otra orden, me faltó tiempo para acercar el móvil a mi cara y grabar mis gemidos, está vez no pensé en tirar el móvil, quería leer su respuesta, que no se hizo esperar.
- Cómo te follaba ahora mismo, te iba a llenar ese coño de leche - Sus comentarios soeces me estaban llevando al límite - Imagínate que estoy a tu lado, meneando mi rabo mientras te masturbo -
En ese momento mi mente voló, me imaginaba tirada en la cama mirando como meneaba su rabo junto a mi cara y me metía varios dedos en mi empapado coño, el único problema fue que me imaginé que era Aitor, y no este chaval, el que estaba conmigo en la cama. Eso ya superó todas mis barreras, pensaba pasar del hombre este (por muy burra que me pusieran sus comentarios) lanzar el móvil sobre la cama y centrarme en darme placer, pero algo cambió mi plan, por suerte.
Mi móvil empezó a sonar, Mario me estaba llamando.
- Hola preciosa, estaba leyendo un rato telegram y me apetecía escuchar tu voz un rato - Me dijo con voz cariñosa. Estaba claro que había leído la conversación con Soltero y sabía que estaba a punto de correrme, así que había aprovechado para llamar a ver si me pillaba a tiempo.
Eso me vino perfecto, dejé el móvil en la almohada junto a mi cara, me clavé dos dedos dentro de mi encharcada vagina y me froté con ansia el clítoris. Si mi marido quería escuchar como me corría, le iba a dar el gustazo.
No tardé ni medio minuto en correrme entre gritos y gemidos, apreté tanto los muslos con el orgasmo que me llegue a hacer daño en la mano que tenía metida. Tras eso me quedé derrumbada en la cama intentando recuperar la respiración.
Al poco escuché a Mario en el móvil despedirse.
- Muchas gracias preciosa, me ha encantado escucharte - Me dió la impresión de que su respiración se notaba agitada, aunque no estaba segura - Se me acaba en nada el descanso, te mando ahora una cosita y me vuelvo a currar. Descansa -
No pude ni despedirme, había colgado para cuando había recuperado el aire suficiente como para poder hablar. El motivo lo descubrí enseguida, pues me llegó un vídeo suyo en el que podía ver cómo se masturbaba en el baño del trabajo hasta correrse, me había colgado para tener tiempo suficiente como para grabar la corrida para mí.
- Gracias por el vídeo, ¿Mañana podrías despertarme con una comida de coño cuando llegues? - Aún estaba algo cachonda, mi cuerpo me pedía tener la cabeza de Mario entre mis muslos, no sé cómo estaría de cansada cuando llegase, pero intentaría darme el gusto cuando llegase.
- Tu descansa y mañana te doy el gusto cuando llegue - Acompañó con un par de emojis de besos la respuesta.
En ese momento recordé mi conversación con Soltero, la había olvidado completamente. Además de unos pocos comentarios obscenos más, que leí muy por encima, también me pedía que me grabaste mientras me corría, y como no había respuesta por mi parte también preguntó:
- ¿Ya te has corrido? -
- Si, no he podido grabarlo, que justo me ha llamado mi marido para escucharme -
- ¿Te ha llamado para escuchar como te corrías? ¿Acaso te controla las conversaciones? - Esa pregunta no me gustó del todo, estaba insinuando que tenía un marido controlador, aunque es cierto que es lo que parecía.
- Si, le dejo tener mi perfil en su teléfono para que pueda leer las conversaciones que tengo con amigos, por eso sabía que estaba a punto de correrme -
- Que suerte ha tenido entonces, me hubiera encantado escucharte. ¿Quizá algun otro día? -
- Otro día podemos mirarlo - En ese momento me acordé que había provocado toda esa excitante situación, y no me corté a la hora de pedir lo que me debía - Ahora te toca decirme que es lo que te gusta hacer con mujeres casadas -
- ¿No te has dado cuenta de lo que es? -
- No, y no me vengas con largas, desembucha - Empezaba a pensar que estaba intentando darme largas para no responder y me estaba empezando a mosquear.
- De acuerdo, a menos que me equivoque, no estás habituada a masturbarte en conversaciones con extraños, grabar el ruido de tu coño húmedo y tus gemidos mientras te masturbas, ¿Estoy en lo cierto? -
- Lo estás - Era estúpido negar lo evidente.
- Es decir, que después de una conversación corta conmigo has roto varios de tus tabúes, masturbándote frente a un extraño, grabando tus gemidos y el ruido de tu encharcada vagina solo porque yo te lo he pedido, y lo has disfrutado. Eso es lo que me encanta hacer, conseguir que preciosas mujeres casadas como tú se olviden de todo, rompan unos cuantos tabúes y saquen a la mujer apasionada y sexual que llevan dentro -
No sabía que decir, me había dejado completamente descolocada. Cierto era que había conseguido que me dejase llevar, seguir sus órdenes sin rechistar y dedicándome a darme placer de una forma casi obsesiva, me daba hasta un poco de miedo como había ocurrido todo.
- Bueno, cambiando de tema, me gustaría darte un regalito - Me dijo.
- ¿Un regalito? - Pregunté con duda.
- Claro, me has dado un rato la mar de excitante, que menos que darte algo de agradecimiento antes de irme a dormir - En el chat apareció un vídeo, que espere para abrir, ya que Soltero me mandó otro mensaje - Buenas noches bombón, ya me dirás si te gusta el vídeo, yo me tengo que ir a dormir ya -
No me dió la opción de contestar, ya se había desconectado. Abrí el vídeo sabiendo lo que me iba a encontrar, se veía en primer plano el miembro duro de Soltero mientras se masturbaba durante medio minuto hasta que gran cantidad de chorros de semen salían disparados. Creo que nunca había visto semejante cantidad salir de una sola vez.
Deje que el vídeo se reprodujera en bucle varias veces, me imaginaba semejante cantidad de semen salpicando mis tetas, escurriendo por mi estómago y terminando entre mis muslos.
Me estaba poniendo cachonda sólo de ver el vídeo, mi mano se coló entre mis muslos y empezó a frotar mi maltratado clítoris.
Probablemente habría terminado masturbándome hasta correrme otra vez, si no fuera porque mi cuerpo no daba para más, pero no dejé de acariciarme durante más de una docena de reproducciones del vídeo, hasta que me llegó un mensaje que no me esperaba.
- ¿Qué haces conectada a estas horas? Que mañana te toca madrugar para llevar a los peques a clase - Leí el texto antes de fijarme que era Cris la que me mandaba el mensaje, se me hacía raro, pues nunca contábamos por Telegram.
- Me iba ahora a desconectar- Escribí con dificultad a una mano, mientras seguía acariciándome con la otra - Estaba viendo un vídeo que me han mandado antes de irme a dormir -
- Si que tiene que ser un vídeo interesante para tenerte despierta a estas horas, con lo dormilona que eres - Por mi cabeza pasó la idea de mandarle el vídeo, y antes de que mi cerebro dijese que era una mala idea, ya se lo había reenviado.
Tardó un más de un minuto en responder, y su respuesta fueron un montón de emojis con los ojos como platos.
- ¿Y quién es el dueño de semejante herramienta? ¿Es de Mario? -
- No, no… es de… - La mención de mi marido hizo que se me espabilase la mente y me volviera la vergüenza, no me atrevía a contarle a Cris lo que había pasado -
- ¿TIENES UN AMANTE? - Contestó Cris, probablemente sorprendida.
- No, no, no… es de un amigo - Me sentí estúpida al poner esa respuesta en la conversación, y un poco pervertida además, pues mi mano aún seguía acariciando mi sexo.
- ¿Un amigo? Yo no tengo amigos que me manden este tipo de vídeos - Añadió un emoji guiñando el ojo y sacando la lengua - Dime la verdad, ¿Es alguien que yo conozca? ¿No será tu macizo compañero de curro del que tanto me has hablado? -
- No, es de un tío con el que he coincidido en una página donde me exhibo, me ha dado su Telegram y hemos seguido tonteando por aquí - Tuve que dejar de tocarme para contestar a Cris, pero en cuanto hube terminado eché mano a un succionador y me lo puse en el clítoris, no podía entender por qué, pero explicar eso me ponía muy cachonda.
- ¿Y te estabas masturbando mientras veías el vídeo? -
- Si - Respondí brevemente, ya no estaba para escribir textos largos.
- ¿Y te estás masturbando mientras hablamos? - No me sorprendió la pregunta, casi me la esperaba viniendo de Cris, pero algo me impedía responder.
Pasó un minuto mientras el succionador me hacía temblar y gemir, mi mano quería contestar que si en el chat, pero mi parte racional se lo impedía, Cris se cansó de esperar e hizo una locura.
Me llamó por teléfono.
Descolgué sin pensar, sin apagar el succionador, sin parar de gemir. Al igual que había hecho con Mario, dejé el móvil en la almohada junto a mi y me centré en darme placer.
Pasados unos segundos pude escuchar gemidos femeninos, sonaban un poco apagados, como cuando pones el altavoz del móvil. Supe que estaban los dos escuchando.
En un momento dado empecé a escuchar otros gemidos, más graves, y supe que eran los de Jesús. Me imaginé a Cris subida encima de Jesús cabalgando mientras me escuchaban. No me hizo falta más, me volví a correr.
Fue el orgasmo más débil de la noche, mi cuerpo no daba para mucho más, pero el más excitante, pues cuando me llegaba el orgasmo pude escuchar cómo subían de intensidad los jadeos de Jesús, se estaba corriendo conmigo.
Nos quedamos los tres callados durante un rato, escuchando nuestras respiraciones agitadas a través del móvil, hasta que Cris rompió el silencio.
- ¿Te parece bien que tomemos algo en tu casa mañana después de dejar a los peques en el cole? - La voz era insegura.
- Si, será lo mejor - Contesté con dificultad, mi respiración seguía agitada - Buenas noches a los dos -
- Buenas noches -
Me contestaron a la par, y colgué el teléfono ahora necesitaba irme a dormir, mi cuerpo no daba para más y estaba segura que Mario llegaría a casa con intención de mantener su primera y darme sexo por la mañana, da igual lo cansada que estuviera.
Continúa en
- Relato #191335— title-regex: contiguous parts (4 -> 5)
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Mi fantasía cuckold 1
Josué tiene un secreto que no puede compartir con su esposa: su deseo de verla con otro hombre.
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- Hetero: Infidelidad
Le confesé a mi esposa que la quería ver con otro
La oficina se vacía y el ruido de la calle se apaga, pero dentro de la tienda cerrada, el silencio es roto por gemidos que no son los suyos.
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- Hetero: Infidelidad
Descubriendo lo guarra y puta que soy
Siempre supo que su vecino la deseaba, pero nunca imaginó que él querría compartir ese deseo con alguien más joven.
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- Hetero: General
El vecino de la embarazada madura
El masaje era solo la excusa. Lo que empezó como alivio para su espalda embarazada se convirtió en una tentación incontrolable con el joven vecino.
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- Hetero: Infidelidad
Mi primera cita
La nota que le entregó en la oficina prometía una cena, pero lo que encontró en su casa era un juego mucho más peligroso.
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