Dejé embarazada a la amiga de mi novia
Bailando al ritmo de la música y el alcohol, la barrera de la amistad se rompe. Ella le pide que no se detenga, que la llene de su semilla, y él, ciego por el deseo, accede sin pensar en las consecuencias.
Lucía, mi novia, y yo llegamos al bar donde teníamos que reunirnos con otra pareja que llevaban siendo amigos nuestros desde hacía un par de años. Lucía, conoció a Clara en un trabajo de dependienta en el que estuvo un par de meses, pero el poco tiempo que coincidió con ella fue suficiente para afianzar una estrecha amistad.
Una noche organizamos una cena los cuatro, y los hombres también congeniamos muy bien. Toni, novio de Clara, era un chico alto de complexión delgada, fiestero y sin trabajo estable. Me cayó bien de primeras, y siempre fue un buen amigo para mí. Una de estas personas con la que siempre puedes contar. De mí, lo único que tendríais que saber es que soy pelirrojo.
Clara también se dio cuenta de lo buena persona que era Toni y supongo que por eso fue por lo que se enamoró de él, ya que si tuviéramos que fijarnos en el físico no pegaban ni con cola. Clara era un 10 mientras que Toni era un simple 6. Clara tenía un cuerpazo, tetas perfectas en tamaño y en posición, era fácil darse cuenta ya que su vestimenta solía ser provocativa y no dejaba demasiado a la imaginación. Pero claro a ella le encantaba llamar la atención y el pobre Toni no podía decir mucho sobre el tema por miedo a perderla. Rubia de escándalo, de altura media, cara dulce y piel blanca como la leche. Su personalidad era simple, le gustaba salir de fiesta y se reía de cualquier cosa que fuera mínimamente chistosa. Lo que hacía que las conversaciones con ella fueran agradables y cortas. Cortas ya que al ser amiga de mi novia y la pareja de quien consideraba un amigo, prefería mantener una relación cordial y sin ningún acercamiento que alguno de los otros dos, pudieran considerar inapropiado. También, me controlaba para evitar pensamientos intrusivos que pudieran fastidiar mi relación con mi pareja, ya que éramos felices en nuestra relación.
Esa noche llegamos al bar, que estaba situado en primera línea de playa, era verano así que el calor durante el día era sofocante, aunque por la noche bajaban ligeramente las temperaturas, haciendo agradable el tomar un par de copas en una terraza.
Cuando llegamos, desde lejos vimos como Clara y Toni estaban teniendo una discusión bastante acalorada. Cuando Toni vio que nos acercábamos le hizo una señal a Clara y los dos sonrieron forzadamente para recibirnos.
- ¡Hola, chicos! – Dijo Clara recibió a Lucía con un abrazo y a mi con dos besos. Mientras que Toni, nos choco el puño.
- Hola Clara. – Le dije fijándome en lo que llevaba puesto. Iba muy elegante con una camiseta de manga larga con escote pronunciado, cubierto con una especie de tela de rejilla fina. Que dejaba ver el par de tetas que tenía sin ser demasiado descarado. Al sentarme al lado contrario que ella, podía ver la forma perfecta de sus pechos y que no llevaba sujetador.
- ¿Va todo bien? – Preguntó Lucía.
- Sí, ¿vosotros qué tal? – El tono de Toni era seco y no se dirigían ni la más ligera mirada entre ellos.
La tensión se podía cortar con un cuchillo, la conversación fue avanzando a trompicones, aunque Lucía y yo intentábamos aliviar el ambiente con alguna broma.
Al cabo de un rato, y después de habernos tomado 2 cervezas cada uno, Toni fue al baño y Lucía le preguntó a Clara de que discutían.
- Bueno, no sé si lo sabíais, pero estamos intentado quedarnos embarazados. – Comentó Clara. – El problema es que nos está costando más de la cuenta.
- Bueno a veces cuesta un poco más de lo normal pero no tenéis que preocuparos. – Le dije intentando calmarla.
- Si, eso nos dijo el doctor. Pero como no estaba segura me quise hacer pruebas.
- ¿Y sabes ya algo?
- Sí, estoy perfectamente. Todo está bien, así que le he dicho a Toni que se haga la prueba. – Clara arqueó las cejas.
- Se ha negado. – Le dije, suponiendo.
- Sí, dice que él está perfectamente y que tenemos que seguir intentando. Pero estoy cansada y quiero saber si algo va mal. – Estaba triste, se la notaba muy afectada.
- Para un hombre, ser estéril puede ser un golpe a su masculinidad muy duro. No debe ser fácil para él. – Comentó Lucía.
- Bueno no creo que le sea difícil para él tener que seguir teniendo sexo sin protección contigo. – Le dije a Clara. Y al momento me di cuenta de que me había pasado. Lucía me dio un codazo y Clara me lanzó una corta mirada para después sonrojarse. ¿Lo había dicho en voz alta? Las cervezas empezaban a pasarme factura.
- Perdona al tonto de mi novio.
- Tranquila, nunca viene mal un piropo.
Siempre controlaba muy bien mis palabras al hablar con Clara, pero a veces el alcohol me hacía decir burradas. Toni volvió a la mesa, y seguimos bebiendo hasta que nos cansamos de estar ahí sentados y decidimos seguir con la fiesta en otros pubs de la zona. A base de chupitos baratos y alguna copa, acabamos todos como cubas, aunque, parecía que Clara lo llevaba mejor que los demás.
- Conozco un sitio nuevo, pero tenemos que coger el coche, ¿os apetece? – Dijo Clara.
- No lo sé, creo que todos hemos bebido más de la cuenta como para conducir. – Le dije al grupo, Toni y Lucía no estaban para pronunciar frases enteras.
- Yo estoy bien. – Dijo Clara. Yo no las tenía todas conmigo, pero estaba lo suficientemente sobrio para ver que Clara iba bien.
Así que fuimos hacia el coche de Clara, que no estaba muy lejos. Toni y Clara iban cogidos del brazo tambaleándose, cantando y riendo. Yo iba junto a Clara sin hablar, nos lanzábamos alguna mirada, y yo me fijaba en su cuerpo todo lo que podía, sin parecer demasiado obvio.
Llegamos al coche, Toni y Lucía se sentaron detrás y yo me senté delante con Clara. El local donde íbamos no estaba muy lejos. Solo pude decir una frase.
- Te queda bien esa camiseta. – Le dije.
- Gracias, a mi me gusta tu camisa. – Me contestó. La noté un poco incómoda, así que no hablé más hasta que llegamos al sitio.
El local estaba lleno. No cabía un alfiler, pero como habíamos ido hasta ahí y como habíamos cogido el coche, decidimos entrar igualmente. Clara iba la primera, pero al llegar a la puerta y ver el montón de personas que tenía delante se quedó parada. Al verla parada la adelanté y como pude, hice camino a base de codazos. Noté que alguien me cogía de la mano, me giré y vi a Clara sonriéndome. Con la otra mano cogía a Lucía y formábamos una fila. Llegamos a un rincón de la barra y al parar, Clara se pegó a mí y noté como mi brazo se colocaba entre sus tetas. La miré directamente a los ojos, ella apartó la mirada hacía su escote. Con su otra mano, me agarró del brazo y me apretó aún más contra ella. Notaba como sus pechos duros estaban calientes y la piel de mi brazo entraba en contacto con la suya a través de la rejilla de su escote. Lucía se puso a su derecha haciéndonos salir de ese pequeño trance y volviendo a la realidad.
Lucía pidió cuatro copas y nos quedamos cerca de la barra, pero según iba pasando el tiempo y la gente se acercaba a la barra. Nos fueron alejando, y entre que la música era pegadiza y nos hacía bailar, la poca luz y la cantidad de gente, perdí la noción de donde estaba todo el mundo. Echando un vistazo por encima de la gente, localicé a Lucía bailando con Toni, se reían y bailaban una bachata. Al buscar a Clara para ver si estaba bien, miré hacía abajo y allí estaba, bastante pegada a mí, tampoco había mucho espacio así que no tenía alternativa. Me miró, sonrió y siguió bailando. Yo intentaba darle un poco de espacio, para no repetir el momento que acabábamos de tener, teniendo a Lucía y Toni tan cerca y por principios. Pero ella parecía tener otras intenciones.
Se acabó la bachata y empezó un reggaetón lento. Clara me cogió de la mano y la puso en su cintura, bailábamos lentamente moviendo las caderas. Ella levantó su brazo y puso su mano en mi cuello. Yo miré hacia donde estaban los otros dos, pero parecían demasiado ocupados riéndose y cantando. Cuando volví a mirar a Clara se había girado y me daba la espalda. Me había puesto mis dos manos en su cintura y movía las caderas de lado a lado. Intenté echarme hacia atrás, pero tope con alguien. Ella dio un paso hacia atrás y nuestros cuerpos chocaron. Notaba como su culo se restregaba en mi entrepierna, su mano me acariciaba la nuca lentamente. Empecé a mover las caderas al mismo ritmo que ella y por encima de su hombro podía ver la profundidad de su escote. Con el calor que hacia y tanto baile nuestros cuerpos empezaron a brillar por el sudor. El corazón me iba a mil, y mi polla empezaba a ponerse dura. Ella dejó de mirar el suelo y giró la cabeza para mirarme a los ojos al notar como mi erección empezaba a crecer, nuestras bocas se quedaron muy cerca. Volvió a bajar la mirada y empujó su culo aún más hacia mí, se restregaba como una hembra en celo. De pronto, la canción paró en seco, el DJ anunció que era el cumpleaños de alguien de quien no recuerdo el nombre, y Clara y yo nos separamos volviendo a la realidad y sintiendo vergüenza por lo que acababa de pasar. Nuestra relación era circunstancial y nunca había habido ningún acercamiento por parte de ninguna de las partes, ¿y ahora nos restregamos como perros?
- Lucía y Toni están ahí. – Le dije a Clara, que no me miraba.
- Vale, vamos con ellos.
Lucía levantó los brazos de alegría al vernos y me dio un beso, mientras Clara se agarraba al brazo de Toni con cara culpable.
Seguimos bailando el resto de la noche. Y sobre las cinco de la mañana estábamos cansados y Lucía no se podía mantener casi en pie así que decidimos salir a que nos diera un poco el aire. Después de 10 minutos y ver que nadie tenía más ganas de bailar decidimos irnos. Toni en ese momento trabajaba en un hotel de la costa así que prefirió irse a dormir al hotel ya que tenía que empezar su turno en unas cuantas horas y les dejaban un par de habitaciones para el personal.
Fuimos hacia el coche, llevaba a Lucía casi inconsciente a rastras y noté a Clara pensativa.
- ¿Estás bien? – Le pregunté.
- ¿Qué? Sí, estoy… - No acabó la frase.
- Mira, si ha estás así por lo que ha pasado en el bar, cuando bebo… - Me interrumpió antes de que acabara.
- No, no ha sido eso. Me ha gustado bailar contigo, ha sido el único momento en el que he desconectado y me lo he pasado bien. – Sonreía, tenía una sonrisa preciosa. – Lo que ahora tengo envidia de Lucía.
- ¿Por lo bien que bailo? – Dije moviendo las caderas como pude con Lucía colgada de mis hombros.
- No, por otra cosa que he notado cuando bailábamos. – Dijo riéndose.
- ¿Qué? No sé a que te refieres. – Me puse rojo como un tomate.
- Yo creo que sí. – Me guiñó un ojo.
- Perdona, pero con tanto roce y el calor que hacía…
- No te disculpes, es agradable ver que después de tantos años con Toni aún puedo levantar pasiones… y otras cosas.
- Bueno con el cuerpo que tienes no creo que nadie pueda resistirse.
Llegamos al coche y metí a Lucía en la parte de detrás acostada, ya que no aguantaba recta. Me senté delante con Lucía y arrancó el coche.
- Entonces, ¿tú tampoco podrías resistirte? – Dijo Clara con una sonrisa pícara en la cara.
- Yo sí, Clara está para mojar pan así que no tengo necesidades de ese tipo. – Dije con confianza intentando alejar los demonios de mi cabeza.
- Así que Clara está para mojar pan eh.
- Sí, Clara es perfec… No, mierda, Lucía está para mojar pan. Clara es guapa, pero Lucía es perfecta. Mierda. – Tenía calores. Clara se rio, tan fuerte que despertó a Lucía.
- ¿A dónde vamos? – Dijo Lucía casi inteligiblemente desde la parte trasera del coche.
- Vamos a mi casa a dormir, si os va bien claro. Me vendría bien la compañía, si no os importa. – Miré a Clara intentado descifrar sus intenciones. Los dos accedimos. Lucía volvió a dormirse.
Después de un par de minutos de camino, Clara volvió a la carga.
- Entonces, ¿crees que podrías resistir mis encantos?
- Sí, por supuesto.
- No parecías resistir mucho cuando bailábamos.
- Bueno era el roce, el calor… Muchos factores.
- ¿Ahora tienes calor?
- No, ahora estoy bien.
- ¿Y que te parece este roce? – Deslizó su mano desde la palanca de cambios hasta mi muslo.
- ¿Qué haces? – Le pregunté mirando su mano acariciándome.
- Nada, solo acaricio la pierna de mi amigo. Y como resiste mis encantos no hay de que preocuparse.
- Sí, claro, tienes razón. Soy una roca. – Le dije fijando mi mirada en la carretera y aguantado la respiración.
- Es más, seguramente podría acariciar otras zonas de mi amigo sin que pasara nada.
- ¿Cómo? – Sin dejarme acabar su meñique se dirigió a mi entrepierna y empezó a acariciarme por encima del pantalón. Yo en ese momento tenía la polla a media asta.
- Bueno, parece que no puedes resistir mis encantos completamente.
- Una cosa es resistir y otra es ser de piedra.
- Yo noto algo poniéndose como una piedra. – Nos miramos y reímos ligeramente.
Mi polla estaba completamente erecta, y el dedo de Clara la recorría, por encima del pantalón. La cosa empezaba a estar demasiado apretada, pero lo estaba disfrutando. En un destello de lucidez miré hacia los asientos de detrás y vi a Lucía durmiendo plácidamente, Clara se dio cuenta y dejó de acariciarme. Justo llegamos a su piso.
Lucía se despertó al notar el frenazo y volvió a preguntar qué dónde estábamos. Le dimos un poco de conversación y la subimos como pudimos al piso. La metimos en la cama del hermano de Lucía, que vivía con ellos durante un par de meses, pero ese fin de semana estaba fuera de la ciudad, su habitación era un caos total.
Al acabar, Clara y yo nos habíamos desvelado y me moría de sed, así que le pedí un vaso de agua a Clara. Me dijo que la cocina estaba a mi izquierda, en el pasillo, que ella iba un momento a su habitación a ver como estaba Ricky, su conejo. La cocina estaba muy limpia y olía genial, había un bizcocho con trocitos de chocolate en la encimera, me pirra el bizcocho de chocolate. Saqué un vaso de uno de los estantes, lo llené con agua fría y cogí un trozo de bizcocho. Me dirigí al salón y me senté mientras encendía la tele, poniendo el volumen muy bajo para no despertar a Lucía o a los vecinos.
- Ya voy, que me estaba poniendo un poco más cómoda, los tacones me estaban matando. – Su voz venía del pasillo e iba aumentando.
Apareció por la puerta del salón con un pijama muy holgado de tirantes y unos shorts muy shorts. Los tirantes le cubrían justo los pezones y dejaba sus pechos con demasiada libertad. Vino dando saltitos hacia el sofá y de un salto se puso a mi lado.
- Cuanta energía, ¿no tienes sueño? – Dije sorprendido y algo cansado.
- No, estas son mis mejores horas, cuando estoy más despierta. – Me miró sonriendo y acurrucándose a mi lado, apretando con sus brazos los pechos.
- Yo estoy algo cansado la verdad. No creo que aguante mucho más.
- Uy has cogido un trozo de mi bizcocho. – Dijo fijándose en la mesa donde había puesto el trozo.
- Sí, es que me encanta el bizcocho de chocolate.
- Que bien, me gusta mucho complacer a mis invitados.
- Aún no lo he probado, pero si está la mitad de bueno que como huele, estaré muy complacido.
- Si no, ya se me ocurrirá algo. Como, por ejemplo, estás sudando, quítate esa camisa y voy a coger un pijama de Javi y estarás más cómodo. – No me había dado cuenta, pero sí que estaba sudando, tenía gotas que me recorrían la frente.
- No hace falta, no creo que este mejor que con la camisa. – Llevaba las mangas arremangadas y la mitad de los botones abiertos.
Pero no me hizo caso y salió otra vez del salón dando saltitos, me quedé embobado viéndola irse. Los pantaloncitos dejaban al aire casi la totalidad de su culo y de otras partes.
Me quité la camisa y la dejé mínimamente plegada en un brazo del sofá. Mi cuerpo brillaba por las luces del techo y se me marcaban los músculos. Clara volvió y se quedó parada en la puerta mirándome.
- No he encontrado camiseta de pijama, pero sí los pantalones. El cuarto de mi hermano es horrible. – Tenía la voz entrecortada.
- ¿No me puedes traer una de Toni?
- Son muy grandes para ti, hay confianza no te preocupes y así no tendrás tanto calor. – Me dijo mientras se acercaba hacia mi y ponía sus manos en mis abdominales.
- Bueno si hay confianza creo que tendríamos que estar los dos sin camiseta.
- No es lo mismo. – Se rio y nos sentamos en el sofá, tirando los pantalones de pijama, que había traído, a un lado. - Toma, prueba el bizcocho. – Me acercó el trozo que tenía en la mesa y me lo metió en la boca.
Mientras que al reclinarse sobre mí y con la ropa tan ligera que llevaba, agaché la mirada le pude ver las tetas colgando, prácticamente las veía enteras. De golpe noté como después de dar el mordisco al bizcocho, Clara me lamía el pecho.
- ¿Qué haces? – Le pregunté.
- Perdona, pero te había caído un poco de chocolate. – Tenía las mejillas sonrojadas y se relamía el labio superior. Yo no podía dejar de mirarle las tetas. – Si yo tuviera chocolate en las tetas ¿no me limpiarías?
- Sí. – Nos quedamos parados mientras yo le miraba las tetas y ella me miraba a los ojos.
- ¿Quieres que tenga chocolate en las tetas? – Dijo apretando sus pechos con los codos.
- Sí.
- Primero tendrías que vérmelas ¿Quieres vérmelas?
- Sí. – Se apartó lentamente los tirantes, mientras me miraba fijamente. Le quedaron las tetas colgando fuera del pijama. Eran tan perfectas como imaginaba. Redondas, con los pezones rosados.
- ¿Quieres que tenga chocolate en las tetas?
- Sí. – Le dio un mordisco al bizcocho y fue pasándoselo desde la boca, por el cuello, hasta llegar a sus tetas. Con el calor el chocolate estaba casi líquido y le dejó el pecho lleno de manchas de chocolate.
- Bueno. – Hizo una pausa. - ¿vas a limpiarme? – Estaba petrificado.
- Sí. – Me acerqué lentamente a su pezón izquierdo.
- Por favor, límpiame las tetas cariño. – Se las juntaba con los brazos, ofreciéndomelas.
Le di un lametón al pezón, estaba dulce. Ella al notar mi lengua se estremeció y saco pecho por instinto, apretando con sus para que quedaran aún más juntas. Fui a por el otro pezón.
- Eso es, cómeme las tetas cariño. – Me dijo con un fino hilo de voz. – Muérdeme los pezones. – Eso hice y ella gemía.
Se reclinó en el sofá y yo me puse encima suya. Le daba lametones a los restos de chocolate que tenía. Empecé a subir mi boca por su cuello, lentamente. Hasta llegar a su boca. La miré a los ojos y ella se mordió el labio, sabíamos que lo que íbamos a hacer estaba mal, pero lo hacíamos igualmente. Le lamí la barbilla hasta llegar a sus labios, y entonces la besé. Nuestras lenguas se enroscaban como serpientes, mis manos le apretaban las tetas y las suyas me arañaban la espalda.
Sus manos pasaron por mi abdomen hasta mis pantalones. Me desabrochó los pantalones y metió su mano dentro de mis calzoncillos cogiéndome la polla y empezando a masturbarme.
- Tienes la polla enorme, me encanta. Toni no la tiene así. Seguro que Lucía está muy contenta con este trozaco que tienes. – Me quité de encima suya al volver a tener un momento de lucidez. - ¿Qué pasa? ¿Qué he dicho?
- Esto no está bien Clara, Lucía está en la habitación de al lado, y Toni es mi amigo.
- No pasa nada, cariño, no es culpa tuya, no te preocupes. Tú siéntate y relájate hazme caso. – Se puso de rodillas entre mis piernas.
Yo tenía las manos en los ojos intentando hacerme a la idea de lo que había hecho y como iba a contárselo a Lucía, y no tenía muy claro donde estaba Clara. Entonces noté como mi polla se humedecía. Miré hacia Clara y se sacó mi polla de su boca, una ristra de babas me cubría el miembro.
- Clara, ¿qué haces? Para, esto no está bien. – Empezaba a no tener muy clara la definición de bien y mal.
- No te preocupes cariño, esto está bien, tienes una polla perfecta. – Me lamía el capullo, mientras que con la mano me masturbaba. – Mira esto te va a encantar.
Puso sus tetas alrededor de mi polla y empezó a masturbarme con ellas, se escupió en las tetas para lubricar la zona. Era increíble, ver sus tetas haciéndome una paja y ver como mi polla desaparecía entre sus pechos, hizo que perdiera el norte.
La levanté del suelo por las axilas y la quité el short que llevaba. Me quedó su coño a la altura de la boca así que le devolví el favor y empecé a comérselo como un loco. Le machacaba el clítoris con la lengua mientras que por detrás del culo le metía los dedos en el coño. Ella gemía, me agarraba del pelo y me empujaba la cabeza hacía su coño. Puso una pierna encima de mi hombro. Y después de 2 minutos empezó a temblar y mordiéndose la mano acalló un grito como pudo.
- Ponte encima de mí. – Le dije.
- ¿Quieres follarme cariño? – Me dijo quedándose de pie delante de mí y dando un paso hacia atrás.
- Sí, ven aquí.
- No. – Me dijo mientras yo me quité los pantalones y ella acabó de quitarse el top que lo llevaba por la cintura.
- He dicho que vengas. – Le dije sonriendo e intentando poner mirada desafiante.
- No. – Negando con la cabeza.
- Como vaya te voy a follar como nunca te han follado. – Dije empezando a ponerme de pie.
- Hazlo. – Me levanté de un salto y ella salió corriendo.
Las tetas le botaban de arriba abajo y mi polla iba de derecha a izquierda. Llegamos a su habitación, la empujé y ella cayó en su cama, se dio la vuelta e intentaba ir hacia atrás mientras yo me acercaba. Me puse entre sus piernas y la besé. Nuestras manos acariciaban el cuerpo del otro, yo le apretaba las tetas mientras ella me cogía la polla.
- ¿Tienes un condón? – Le pregunté.
- ¿Qué? No, no creo. Tranquilo sácala antes de correrte.
- ¿Segura?
- Sí, no te preocupes.
Me cogió la polla y la dirigió hacia su coño. Estaba muy húmeda así que de un simple empujón se la metí todo lo que pude. Soltó un pequeño grito de la sorpresa y me mordió el labio inferior.
- ¡Ah! Vaya mordisco.
- ¡Ah! Vaya metida. – Sonrió, la miré y la volví a sacar para volver a metérsela.
- Sí joder, fóllame. – Empecé a bombear más y más rápido. Metiéndosela casi entera, hasta que notaba que hacía tope.
- ¿Te gusta?
- ¡Ah! sí me encanta, me estás llenando toda, ¡ah! no pares. – Nuestras caderas chocaban más y más fuerte.
Me erguí para tener una mejor vista, tenía las piernas abiertas alrededor de mi cintura. Mi polla desaparecía en su coño con cada sacudida, sus tetas botaban y Clara con los ojos cerrados no dejaba de gemir. Se agarró las tetas para evitar que se movieran tanto, pero yo le quité las manos y las agarré yo mismo. Le pellizcaba los pezones, haciendo que arquease la espalda. Me miraba con lujuria.
- Voy a correrme, no pares. – Me cogió de la nuca y me acercó para besarme.
- Yo también voy a correrme, deja que me salga. -Le dije.
- No, córrete dentro de mí.
- ¿Qué? No me puedo correr dentro tuya.
- Sí puedes. – Paré en seco al oír eso. – Toni no me dejará nunca embarazada, es estéril seguro. Por favor, córrete dentro de mí. Lléname con tu leche a cambio, seré tuya para siempre.
Empezó a moverse hacia mí, para clavarse mi polla. Dudé, pero el placer no era de este mundo. Así que volví a penetrarla.
- Sí, eso es, fóllame, cariño. – Me lamía el cuello.
- Eres una guarra. – Le dije al oído, aumentando la intensidad de nuevo.
- Soy tu guarra. No pares, me corro.
- ¡Uf! Yo también.
Con un último empujón se la metí de nuevo entera dentro suya. Y mi corrida fue a parar a su interior. Le chupaba el cuello y ella me clavaba las uñas en la espalda, mientras nos fundíamos en un orgasmo.
Los dos temblamos al unísono, ella mientras gritaba de placer y yo descargando toda mi corrida en su interior. Con los últimos empujones conseguí meterle toda la polla dentro suya. Nos quedamos parados mientras notaba como mi polla iba menguando en su interior y regueros de semen se escapaban de su coño. Procesando lo que acababa de pasar.
Después de 9 meses, ella dio a luz a un hermoso niño. Un hermoso niño pelirrojo.
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Resubo el relato, por fallos en los nombres. Prefiero que quede correcto y perder un par de visitas. Gracias por lo comentarios señalando el fallo.
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