Xtories

Me follo a los amigos de mi novio.

La sauna está cerrada, pero la ventana permite ver a su novio corriendo sin saber lo que ocurre al otro lado. Alba sabe que está cruzando una línea que no debería, pero la excitación de ser deseada por dos hombres atractivos mientras su pareja ignora la traición la vuelve loca. Esta noche, el silencio de la sauna esconde gritos ahogados y secretos que cambiarán su dinámica para siempre.

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Me llamo Alba y tengo 35 años. Tengo una pareja desde hace 7 y vivimos juntos desde hace 4. Trabajo en marketing en una gran empresa de Madrid, donde la presión del día a día es tremenda. No solamente la carga de trabajo sino que estoy a cargo de varios contratos importantes con clientes muy exigentes. Es estresante...

Pero tengo formas de deshacerme del estrés: el ejercicio y el sexo.

Por la parte del ejercicio, voy al gimnasio 4 veces a la semana, y los días que no voy hago gimnasia ligera en casa.

En cuanto al sexo, tengo mucha suerte con mi novio, la verdad. No solamente es bueno en la cama sino que además es muy generoso y me ha permitido cumplir muchas de mis fantasías a lo largo de los años. Entre ellas, los tríos con dos hombres (dos pollas para una sola son mucho mejor que solo una...). Y es que me gustan los hombres, me gusta follar y me gusta sentirme un poquito puta de vez en cuando. Si no pudiera satisfacer esta necesidad no sería feliz, y mi novio lo sabe.

Os quiero contar una historia real que sucedió hace poco. Faltaban tres meses para que llegara el verano y acudí como de costumbre al gimnasio con mi novio. Estábamos ambos muy activos con el ejercicio ya que queríamos llegar a la temporada estival luciendo cuerpo en la piscina y la playa.

Ir a menudo al gimnasio tiene muchas cosas buenas, pero a parte de los beneficios para la salud está el hacer amistades y en nuestro caso así era. Ya teníamos una cuadrilla de amigos con la que incluso hacíamos planes fuera del gym. Especialmente, mi chico coincidía con un par de amigos de su Máster con los que mantenía una amistad desde hace varios años. A mi ambos me caían muy bien y os tengo que confesar que eran muy atractivos. Iban al gimnasio más que nosotros y esto se apreciaba a simple vista en sus cuerpos.

Eran tan activos que muchas veces recurríamos a ellos para pedir consejos frente algún nuevo ejercicio de levantamiento de peso. Algunas veces hasta entrenaban conmigo y me animaban y en algunas ocasiones me lanzaban halagos, lo que yo les agradecía, claro. Puedo deciros que aunque los conociera a través de mi novio yo también les consideraba amigos, ya que me llevaba muy bien con ellos. Este par de adictos al gimnasio de quien os hablo se llaman Santi y Marcel.

Lo que os quiero contar ocurrió hace tan solo unos meses. Yo ese día decidí ir a clase de pilates mientras mi chico y sus amigos se quedaban en la sala de máquinas entrenando hasta que mi clase finalizase. Al salir ya era tarde y a esas horas siempre quedaban pocas personas pero en esa ocasión Santi y Marcel me invitaron a ir a la sauna, algo que solían hacer de vez en cuando y a lo que nunca me había animado antes, pero aquel día me apetecía relajarme después del ejercicio con lo que decidí que merecía la pena probarlo. Además, les conocía desde hace bastante y ya tenía confianza con ellos.

Sin querer darle más vueltas fui al vestuario a ponerme la toalla y me encontré con ellos en la puerta. Al igual que yo, ellos también llevaban una toalla, si bien la suya les tapaba solo de cintura para abajo, pero no pude evitar caer en la cuenta que era la primera vez que les veía sin camiseta. Lo cierto es que tenían unos cuerpos de escándalo. La verdad es que estaban muy buenos... Bastante más que mi novio, que aunque es deportista no les llegaba ni a la suela de los zapatos.

Entramos a la sauna y no nos sorprendimos de que a esa hora no hubiera nadie más. Todas las puertas de las saunas tienen una ventana por razones de seguridad, supongo, y desde el ventanuco de esta se podía ver la sala de máquinas y la casualidad quiso que se pudiera distinguir perfectamente la cinta de correr en la que estaba mi novio

Como no había entrado nunca allí pude ver que en la puerta había una pequeña ventana desde la que se veía la sala de máquinas, y en una de las cintas de correr pude distinguir a mi novio, que se estaba preparando una media maratón. Pero entonces, mi imaginación empezó a dispararse... Estaba en una sauna, en toalla con dos chicos atractivos... ¿Podría pasar algo? ¿Querrían follarme si tuvieran oportunidad? ¿Se atreverían por muchas ganas que tuvieran aun estando mi novio ahí fuera?

La idea me excitaba, os lo confieso.. No solo era morboso sino que al ver tanto Santi como Marcel con tan solo una toalla, una no puede evitar imaginarse lo que hay debajo. Me estaba calentando, pero por lo que a mi respectaba era solo una fantasía, nada más. Tendría que intentar pensar en otra cosa y follarme a mi novio al llegar a casa como consolación.

Hice una gran esfuerzo por despejar mi mente y conversar desenfadadamente con los amigos de mi novio ayudaba. Todo iba bien hasta que caí en la cuenta de que en la toalla de Santi se marcaba su pene. ¿Os ha pasado alguna vez que sabéis que no tenéis que mirar algo e intentáis no hacerlo, pero no podéis evitar mirar con disimulo? Pues eso me pasaba a mi. Quería confirmar si eran imaginaciones mías... Pero no era un bulto y solo podía ser su polla... Aun con la toalla puesta estaba claro que tenía un buen aparato ahí escondido. Bufff... sí antes me era difícil mantener la mente despejada ahora iba a ser casi imposible.

En esta situación e encontraba cuando entendía por que se estaba empalmando Santi. Era por mi toalla... Estaba bien colocada por arriba y me tapaba bien el pecho, pero debía ser que al sentarme la parte de abajo se había doblado mal y tenía media nalga fuera... Me puse nerviosa nada más darme cuenta pero supongo que por la excitación que sentía o yo que se por que, decidí no taparme. En el fondo me sentía halagada de que la clara excitación que sentía Santi fuera debido a mi.

A partir de ese momento, todo empezó a descontrolarse. Si verdaderamente no hubiera querido que pasase nada me hubiera tapado, pero no lo hice. Y no lo hice por que quería que pasara. Santi, que no tiene ni un pelo de tonto se envalentonó al ver que yo no hacía nada, así que rompió el silencio y dijo: “¿Te importara si me quito la toalla?"

No esperó a que yo contestara, se la quitó sin más y echo la tolla a un lado. La polla que me tenía un rato intrigada saltó como un resorte y pude confirmar que lo que tenía Santi no era una polla, eso era un rabo. Un pollón. Un pene de ensueño que debía de medir al menos 20 centímetros. Nunca jamás había visto nada igual...

No podía apartar la vista hasta que vi que Marcel hizo lo mismo. Se quitó la toalla para dejar a la vista otra polla de también dimensiones muy considerables. También era grande, aunque menos que la de Santi, pero era también claramente más ancha.

Llegados a este punto yo ya no disimulaba. Llevaba cachonda un buen rato, y el tener delante de mi esos dos pedazo de trozos de carne me hacía la boca agua. Nunca me había imaginado, que estos dos dioses del gimnasio, con sus cuerpos perfectos pudieran esconder tan increíbles virtudes entre su piernas.

Santi volvió a hablar, sacándome de mi ensimismamiento,"¿No dices anda? ¿No te gustan o que?", a lo que les respondí, “ufff... calzáis unas pollas increíbles chicos...”

Entonces fue Marcel quien, agarrándose el pene y pajeándose lentamente me miró a los ojos y me dijo “Ven, acércate. No te cortes. No muerden...”

Yo ya no pensaba. Me daba igual todo, solo existía yo y esas pollas, con lo que lenvanté, dejé caer mi toalla al suelo y me arrodille entre ambos. Cogí con delicadeza una polla en cada mano y empecé a menearlas muy despacio. Arriba y abajo. Arriba y abajo...

Pesaban muchísimo... ¿Me las podría meter en la boca sin dislocarme la mandíbula? Sin poder aguantar ni un segunda más, me incliné sobre la polla de Santi y comencé a lamerla. Luego alterné con la de Marcel, y cuando ambas estuvieron bien mojadas, volví a la de Santí y me la empecé a comer, mientras pajeaba a la otra.

La polla de Santi era una droga. Era la perfección. No podía dejar de comer y comer con ansia. Tanto empeño le puse que Santi no tardó en correrse. Cogiéndome de la cabeza para que no me pudiera sacar su polla de la boca comenzó a descargar lefa y más lefa directamente en mi garganta. Se corrió tanto que su semen empezó a desbordarse por la comisura de mis labios, sin darme tiempo ni siquiera a tragarlo del todo. Finalmente me soltó y pude tragar tranquilamente y con lentitud, saboreándolo, disfrutándolo...

Volví a pensar en mi novio y dudé en si levantarme e irme o no, pero antes de que pudier a hacer nada, Marcel me cogió por debajo de los brazos como si no pesara nada y colocando su polla en la entrada de mi vagina me fue dejando caer sobre ella. Era muy grande, pero estaba tan cachonda que entró como si nada. Me empezó a subir y a bajar solo con la fuerza de sus brazos y cada vez que entraba esa polla dentro de mi no podía evitar gemir. Iba a volverme loca... Tenía que hacer un gran esfuerzo por no gemir para no llamar la atención de cualquiera que pasara por delante de la puerta. Iba a volverme loca...

Pero por muy fuerte que estaba Macel se cansó de la postura y me dejó delicadamente en el suelo. Continuó follándome mientras Santi, ya recuperado ponía su polla de nuevo a mi disposición y no dudé ni un instante en comenzar a comérmela de nuevo con ansia.

Parecía que Marcel tenía más aguante que Santi y al cabo de un rato decidió que quería probar mi boca también, con lo que cambió de posición con Santi. Tuve que hacer un gran esfuerzo para que entrara y aunque me dolía la mandíbula dejé que me follara la boca a su antojo. Me lloraban los ojos y tenía arcadas, pero por nada del mundo quería que parara. No tardó mucho en correrse en mi boca, aunque también me manchó la cara y el pelo. Su semen estaba delicioso...

Fue entonces cuando Santi comenzó a follarme tremenda polla, mientras Marcel me extendía con su pene su corrida por el rostro. Notaba como la polla más grande que jamás había visto se iba abriendo camino en mi coño, pero afortunadamente gracias a los esfuerzos previos de Marcel, la polla de Santi pudo entrar casi sin problemas. Sus 20 centímetros me llevaron al cielo y cada vez me era más difícil no levantar la voz.

Yo a esas alturas yo solo era un mero trozo de carne en el paraíso. La rudeza con la que ambos me trataban me estaba haciendo perder la cabeza.

No se cuanto tiempo llevábamos allí, pero recuerdo que Marcel se puso de pie para mirar por por la ventana, y me dijo "No te preocupes, que tu novio sigue a lo suyo. Allí sigue en la cinta, corriendo como un puto hámster”.

Me sentía tan llena que aquel insulto hacia mi chico hasta me hizo gracia y entre jadeo y jadeo me dio tiempo a solar una corta risita, lo cual también le hizo gracia a ellos.

Santi no pudo evitar comentar entre embestida y embestida, “Después de hoy no vas a querer follar más con tu novio, putita... ¿Que nota le pones a mi polla?”

Al principio no contesté... estaba demasiado concentrada en no gritar de placer, con lo que me tuvo que repetir la pregunta con tono más firme, y me vi obligada a contestar, “Aaaah... Un... 10... tu polla... es... aaaaah... perfecta...”

El me contestó con otra pregunta más, “¿Y que nota le pones a la de tu novio, puta?

Contesté automáticamente y sin remordimientos, “Un 4...”

Ambos rieron e incluso yo me tuve que aguantar la risa. Santi, se vino arriba y me empezó a follar con aun más dureza mientras Marcel vigilaba desde la puerta que nadie nos interrumpiera.

No tardé en correrme por fin. Mi cuerpo desnudo, sudoroso y con restos del semen de ambos comenzó a convulsionar y mi mente se quedó en blanco, pero Santi le dio igual. El seguía follándome sin consideración ninguna, pero tampoco pudo aguantar mucho más y finalmente llegó a su límite. Sacó su polla y comenzó a descargar en mi vientre y pecho.

Si alguien se asomara por la ventana en ese instante me vería desnuda en el suelo, cubierta de semen y con una sonrisa de felicidad en la cara. Yo, allí tumbada como la reina de las putas, no pude evitar recoger parte de esperma que tenía en mi vientre con el dedo índice de mi mano y llevármelo a la boca. Nunca me había sabido algo tan bien como esa corrida. Era caviar...

Nos miramos entre los tres y comenzamos a reír con risas contenidas y no pude evitar reparar que la hermosísima polla de Marcel estaba completamente erecta. Y ya daba igual todo, con lo que de perdidos al río. Miré a Marcel con una sonrisa y le pregunté, ¿Que pasa? ¿tu no quieres correrte una segunda vez o que?.

Marcel sonrió y se tumbó boca arriba. Yo me situé encima y me fui dejando caer poco a poco sobre su polla hasta que entró hasta el fondo y comencé a calbalgarle lentamente moviendo las caderas de arriba a abajo. Llevábamos un rato así cuando me giré y vi a Santi cascándosela también. Ya casi me había olvidado de la polla perfecta de Santi y no pude evitar pedirle entre jadeos, “aaah... Santi……ven... aaah… dame... polla...”

Mi intenció era chupársela otra vez mientras me follaba a Marcel, pero la intención de Santi era otra. Santi se situó detrás de mi y de rodillas comenzó a comerme el culo. Pronto entendí que su intención era lubricarlo bien. con la intención de lubricarlo. Posteriormente colocó su pene en mi ano y comenzó a empujar.

Lo más duro fue que pasara el capullo, pero afortunadamente e gusta el sexo anal y lo practico a menudo, con lo que me relajé, y eventualmente me ensartó con su polla.

Ya había tenido dobles penetraciones antes, pero esta había sido la mejor hasta el momento. Seguramente por que en el pasado los tríos eran con mi novio y otro hombre, y estas dos pollas que tenía hoy a mi disposición eran muchísimo mejores que las de mi chico y que de la mayoría de tíos con los que había estado. Con diferencia.

No tardé en correrme, pero a ellos no había quien les parará. Siguieron usándome a su antojo y yo les dejé encantada, aunque ya era un trapo.

Al cabo de un rato Marcel se quitó de debajo de mi y quedé a cuatro patas. Se puso delante de mi invitándome a que me comiera su polla, y así lo hice..

"¿Quieres lefa, verdad, zorrita?, me preguntó.

“Siii... dame...”, contesté yo.

"Pídemela por favor." dijo Marcel.

Como poseída le dije claramente y sin rodeos, “Dámela... toda... en la boca... por favor...”

Abrí la boca, sin fuerzas ya para mamar, pero con suficientes ganas como para dejar que me la follaran. Las embestidas de Santi en mi culo provocaba a su vez que la polla de Marcel se me clavara en la garganta y como este último estaba ya cerca de su límite no tardó en llenarme la boca de ese cálido liquido y delicioso.

Aprovechando que Marcel había terminado, Santi me levantó, me obligo a apoyar las manos en la puerta de la sauna y volvió a meter su polla en mi culo sin resistencia. Tenía la ventanita de la puerta a la altura de mi cara, y pude ver a mi novio corriendo en la cinta mientras me follaba el culo la mejor polla que jamás me ha follado.

Con varias cargas de semen llenando mi estómago y un pollón follándome analmente, me dediqué a ver de espaldas a mi novio corriendo en la cinta. Si que parecía un hámster el capullo...

Entonces Santi me preguntó, ¿Que? ¿Te gusta más mi polla, o la de tu novio?

A lo que contesté, “La tuya Santi, la tuya... tu... tienes una polla... el tiene... una pollita...”

Santi no pudo evitar reírse, sacó su polla de mi culo, y me dijo, “Ponte de rodillas y abre la boca.”

Obedecí y comenzó a descargar su semen dentro de mi boca. Nuevamente me lo trague todo sin dejar ni una sola gota. Mi satisfacción era plena.

Me sentía extenuada y feliz mientras recogía con los dedos los restos de semen mezclados con sudo que quedaban en mi cuerpo y me los llevaba a la boca. No pensaba desperdiciar ni una sola gota.

Mi novio seguía corriendo en la cinta. Incansable a la par que cornudo. En cuanto pudimos salimos de la sauna sin llamar la atención y nos dirigimos al vestuarios. Antes de que Santi y Marcel se metieran en el suyo me acerque a ellos, y agarrándoles del paquete por encima de las toallas les di un profundo beso a cada uno. “Sois unos máquinas...” les dije.

No me arrepiento en absoluto de lo que hicimos ese día. Fue memorable y de vez en cuando me veo tanto con Santi como con Marcel a espaldas de mi novio, especialmente cuando este se va de viaje por trabajo y tenemos sesiones de sexo que duran horas y horas. No queda ni un solo rincón de mi cuerpo que no me han follado y mi intención es que sigan haciéndolo hasta que ellos quieran.

Por cierto, mi novio corrió la media maratón, pero no la pudo acabar... Todo ese esfuerzo para nada...;-)