De Rodríguez (medio siglo)
La casa está vacía y el silencio pesa. Cuando dos desconocidas tocan a su puerta, José Antonio no imagina que esa noche cambiaría su vida. Pero es la madre, Marisa, quien finalmente cruza la línea, invitándolo a descubrir lo que ha estado esperando durante una década.
Él término Rodríguez se acuñó a mediados de los 60, fue a raíz de una película llamada “El cálido verano del señor Rodríguez” del 1965 (el mismo año que nací yo), donde el protagonista encarnaba a un marido que soñaba con una aventura extra-conyugal.
No es la primera vez que uso el tema "estar de Rodríguez" en mis relatos por ejemplo en la serie de relatos “A la vecina le gusta...”. Pero en este caso en especialo tenia 50 años (medio siglo).
Se habían acabado las clases del colegio, lo que significaba las vacaciones de mi hija de 8 años casi 9, y las de mi mujer que era profesora. La idea era que el fin de semana las llevaría al pueblo de mi mujer, para que pasaran unos días, como yo no tendría las vacaciones hasta finales de agosto, aprovecharía otro fin de semana para ir a recogerlas, no eran las primeras vacaciones que lo hacímos, quedándome yo de RODRÍGUEZ.
Fue el domingo a la vuelta, faltaba una hora para llegar a casa cuando en la carretera vi dos jóvenes haciendo autostop, vestían pantalón corto y la parte de arriba del bikini. Decidí parar y llevarlas.
- A donde vais – dije.
- Vamos a Riera – dijo una.
- Que casualidad yo vivo allí. Subid os llevo.
Dudaron un momento, era lógico pensé, últimamente se había escuchado tantos sucesos de jóvenes, ellas veían a un hombre de 50 años siendo ellas unas adolescentes de... 18 años si los tenían; pero entraron.
- Mi nombre es Adela – dijo la rubita con gafas, mas rellenita con dos grandes tetas.
- El mío es Cande – dijo la morena algo más delgada y con tetas más pequeñas.
- Yo me llamo José Antonio. Sois de Riera o vais a Riera.
- Si, volvemos de haber pasado unos días en Málaga con unas amigas de la universidad.
Seguimos hablando.
- Mi madre Marisa tiene una tienda de ropa, “Marisa y complementos” – dijo Adela, que era la mas lanzada.
- Marisa, en la calle principal, peatonal.
- Si, ¿La conoces?
- Bueno de oídas, por mi mujer.
- Mi padre trabaja en el Ayuntamiento se llama como usted José Antonio, esta en contabilidad – dijo Cande.
- El hermano de Joaquín.
- Si... los conoces.
- Los conozco.
Supongo que el saber que conocía a sus padres les tranquilizo, seguimos hablando de lugares y personas de la localidad. Lo cierto es que se me hizo el trayecto bastante mas corto, aunque eran ya cerca de las 9 cuando llegamos.
- Donde queréis que os deje.
- ¿Dónde vives? – dijo Adela.
- En el mismo centro.
- Pues allí mismo dejaremos las cosas en mi casa – dijo Adela – y saldremos a tomar algo.
Corroboro Cande lo que acababa de decir Adela. Metí el coche en el garaje, y salimos a la calle.
- Justo vivo enfrente – dije señalando la puerta de mi casa.
- Muchas gracias – dijo Adela.
- Si, hemos tenido mucha suerte de que fueses de aquí – dijo Cande.
- Nos vemos por el pueblo – dije a forma de despedida.
Por un momento pensé en comenzar mi andadura de Rodríguez yendo a casa de la vecina y echar un polvo rápido antes de la cena. Pero decidí ir a casa pegarme una buena ducha, cenar algo ligero y a la cama que al día siguiente tenia que trabajar.
No eran ni las 12 de la noche me disponía para ir a dormir. Fue entonces cuando llamaron a la puerta, seguro que seria alguna vecina, mentalmente rezaba porque fuese Mati (era una vecina con la que solía follar); pero no era ella, sino Adela. Abri.
- Perdona José Antonio, por un momento pensé que no estarías – dijo precipitadamente.
- Pues si que estoy – dije.
- Me dejas entrar a tu lavabo – dijo, se le notaba una voz pastosa síntoma de haber bebido.
- Claro aquí abajo tienes uno... – dije señalando la puerta.
Entro en el lavabo con tanta prisa que ni cerro la puerta.
- Estaba con unos amigos tomando algo y me ha entrado ganas de mear, no sabia donde ir y me acorde que vivías aquí.
- No pasa nada, es bueno tener amigos... – dije.
No llegue a terminar la frase pues Adela había salido del baño totalmente desnuda.
-...pero... – dije.
- No te gusto, según dicen mis amigos estoy muy buena.
- ¡Ni que lo digas!
- Porque no nos divertimos - dijo.
Sin saber que hacer, me acerque a ella, suerte que lo hice, pues cuando estaba a su vera se desplomo, tuve el tiempo justo para cogerla. La traslade al sofá, intente que se despertara, fue inútil, estaba grogui. Subí al segundo piso, cogí una sabana de mi hija y se la eche por encima.
Mi miedo era que pudiera vomitar, no por lo que manchase, sino por que se ahogara. Así que intente ponerla de lado. Me subí a mi habitación a dormir, no pude, mejor dicho dormí a ratos, cuando me despertaba bajaba a ver como estaba, un par de veces se había destapado. Fue a eso de las ocho, cuando me tenia que ir, no podía dejarla allí, así que me acerque a la tienda de su madre Marisa, por suerte aunque no estaba abierta si que había subido algo la persiana. Me colé, tras el mostrador había una mujer.
- Esta cerrado, abrimos a las nueve – dijo la mujer.
Era calcada a Adela aunque con unos años más. Al ponerle cara, recordé que la había visto antes por el pueblo.
- ¡Marisa!
- Si soy yo...
- Su hija Adela esta en mi casa.
- En su casa, de que conoce a mi hija.
- Ayer la recogí junto con una amiga suya Cande, cuando hacían autostop.
- ¡Usted! Gracias, que hace en su casa, creí que estaba con unas amigas.
- Seguro que lo estaba, pero se presento en mi casa y termino desmayándose.
- La juventud, que no sabe beber.
- Me tengo que ir a trabajar y no quisiera que se quedara sola...
- Comprendo... – dijo – un momento que cierro.
Desde la tienda a mi casa no había ni 5 minutos. Cuando llegamos, Adela seguía en el sofá, se había destapado. Marisa me miro.
- ¡Esta desnuda! – dijo, seguro que pensó otra cosa.
- Si porque al llegar se metió en el baño y al salir estaba desnuda.
- Paso algo...
- Nooo – dije imaginando lo que pensaba ella – simplemente se desplomo.
- Me tengo que ir, cuando terminen cierren la puerta, el pasillo adelante esta la cocina, por si quiere darle un café, u otra cosa. En la cocina encontrara de todo - dije a la vez que me iba.
Me fui a trabajar, a las 3 del mediodía cuando volví a casa, algo cansado sin saber que iba comer, vi la sabana bien doblada y un escrito que ponía simplemente ¡ GRACIAS!
Me prepare rápidamente un tente pie y tras comer me deje caer en el sofá. No sé el tiempo que llevaba dormido cuando llamaron al timbre. Abri, era Marisa.
- No se como darle las gracias. Primero por traerla y segundo por acogerla en su casa, ella esta avergonzada, no recuerda nada o casi nada – dijo.
- No se preocupe lo bueno es que esta bien.
- Si pero podía haber pasado...
- No lo piense...
- Me ha dicho mi hija que esta solo, que su mujer y su hija se han quedado en el pueblo de ella.
- Así es.
- Puedo invitarle a cenar, en casa, como agradecimiento.
Realmente no tenia nada que hacer, y Marisa era una mujer atractiva. Ya habia recordado lo que me habían dicho del marido.
- Vale – dije.
- Mi dirección es calle Magallanes, 3.
- Esa calle esta...
- Por el polideportivo.
- A que hora le va bien.
- Podemos tutearnos somos de edad parecida.
Era cierto, según contó Adela debía tener 48 años, 20 mas que Adela, dos menos que yo.
- Por supuesto... – dije a lo de tutearse.
- Sobre las 9 es buena hora - dijo.
- Bien, a las 9, hace falta que lleve algo...
- No, yo tengo de sobras.
Le miré las tetas, si que tenia de sobras.
Marisa se fue, yo me deje caer nuevamente sobre el sofá. Recordando la historia del marido. Salió un día con unos amigos a tomar unas copas. No volvió, aunque mas tarde mando una carta diciendo que lo sentía y que volvería pronto, aquello debió suceder hacia unos 10 años al poco de llegar yo. Por lo que sabia aun no había vuelto.
Me desperté sobresaltado, eran las ocho y media, me arregle y me fui, aun no eran las 9 cuando llegue a la casa de Marisa. Llamé y me abrió. Que visión, estaba para mojar pan. Llevaba puesto un vestido azul claro tipo Kimono sin mangas, con un botón en el cuello, desde ese botón salía un escote que le llegaba casi a la cintura, debido al volumen de sus tetas este escote se abría demasiado, mostrando el nacimiento de los senos, y además al ir ajustado y no llevar sujetador se marcaban los pezones, un verdadero deleite para la vista.
- A sido puntual – dijo Marisa.
- Suelo serlo – dije – y Adela.
- A salido con las amigas...
- Otra vez.
- Pero me ha prometido no beber. Pasa y siéntate. He pensado que al ser nosotros dos, podemos comer en la mesa pequeña de la sala.
Entre y me senté en uno de los sillones, mientras Marisa iba a la cocina, en la pared había un gran cuadro, que estaba Marisa y un hombre, al que reconoci, era su marido Javier.
Puso un mantelito sobre la mesa, y trajo dos copas y una botella de vino blanco.
Unos segundos después volvía con un plato de marisco. No sé si te gustara, he preparado un poco de marisco – dijo.
Al ponerlo en la mesa, se agacho un poco, lo justo para que el escote se abriera dejándome ver hasta, el nacimiento de los pezones. Ella se dio cuenta, se puso algo nerviosa, aunque yo hice como si no lo hubiese visto.
- Espero que te guste el vino yo no soy muy entendida pero en la tienda me han dicho que para el marisco era perfecto – dijo llenando las dos copas - brindemos.
Ambos brindamos y bebimos.
- Si es bastante bueno, pero se sube una barbaridad – dije recordando mi juventud.
Era un vino blanco semi-dulce, solíamos comprarlo para las cenas entre los amigos, nos gustaba, entraba con facilidad pero se subía aun más.
- Como no tenemos que coger el coche ninguno – dijo – y si no puedes andar, aquí tengo habitaciones de sobra.
Se sonrojo, no sé si por efecto del vino o por lo que había dicho.
- Me encanta el marisco – dije al probarlo.
- Pero para después hay algo mucho mejor – dijo.
- Que puede haber mejor que una cena en compañía de una hermosa mujer.
Nuevamente se sonrojo y se puso algo nerviosa.
- El postre, he preparado fresas con cava. Creo que le dijiste a Adela que eras de Cataluña.
- Si, de Barcelona. Las fresas con cava son un buen fin de fiesta, además no sé si lo sabes son afrodisíacas.
- ¡Afrodisíacas! – dijo con una sonrisa picara.
Mientras cenábamos seguimos hablando, pude comprobar que lo del vino era cierto, ella misma lo expreso.
- Tenían razón el vino esta muy bien entra con facilidad – dijo, se notaba el efecto – pero sube.
Al terminar saco las fresas y el cava, yo llene las copas, se sentó a mi lado.
- Brindemos, por una velada... – dije.
- Casi perfecta – dijo Marisa dándole un trago al cava.
- ¿Por qué casi perfecta? – dije.
- Para que sea perfecta... – dijo acercando su boca a la mía.
Nos besamos, un beso corto, como una caricia, para después volver a besarnos abriendo la boca, usando las lenguas.
- Uff, lo que hacen las fresas con cava.
Nos volvimos a besar.
Al separarnos, se levanto me cogio de la mano y me llevo a su habitación. Entre caricias y besos, se quito el vestido, quedándose solo con las bragas.
Se tumbo sobre la cama.
- Te gusta lo que ves – dijo, quitándose las bragas.
- Mucho – dije – mas lo que vamos hacer.
Ella sonrió.
Me desnude, y me acerque a la cama. Me deje caer a su lado haciendo que mi polla rozara su muslo, sentí como se estremecía. Mientras la volvía a besar, mis manos acariciaban sus pechos, deslice mi mano hacia abajo acariciando su barriga, llegando a su entrepierna. Su cuerpo tembló, soltó algún gemido. Su coño estaba muy húmedo, pase mis dedos por su clítoris y por los labios vaginales, los gemidos y los estremecimientos crecieron. Puse mi mano y mis dedos como si de una pistola se tratara, haciendo que los dedos anular y corazón entraran en su vagina y con el pulgar acariciaba su clítoris, ella ante la excitación quiso cerrar las piernas, pero mi pierna estaba entre sus muslos y no se lo permitía, no tardó mucho, en alcanzar su primer orgasmo, con un leve movimiento me situé entre sus piernas, agarre mi polla, la pase por el clítoris primero, y después por los labios vaginales, para dejarla en la entrada de su vagina, simplemente con mi peso se fue introduciendo mi polla. Los gemidos aumentaron, su cara reflejaba el placer, se mordía el labio inferior, sus manos se agarraban a la cama, hice que pusiera sus piernas en mis hombros, lo que ocasionaba una mayor penetración y un aumento del placer, no tardó mucho en decir que estaba llegando otra vez, su cuerpo se tenso para segundos alcanzando un segundo orgasmo para después relajarse. Yo me deje caer a su lado.
- No sé si eres increíble, o es que hace mucho que no lo hacia.
- ¿Cuánto hacia que no follabas? – dije.
- Pues algo mas de 10 años, cuando...
- Tu marido se fue...
- ¿Lo sabias?
- Algo escuche, mi vecino PepeMetro me lo contó, dijo que volvería.
- No sé si volverá, pero creo que yo ya he hecho demasiado la tonta – dijo.
Se coloco encima mío, me acaricio la polla, se fue acercando a ella, hasta que la tubo justo donde quería en la entrada de su vagina, un leve movimiento hacia delante y se auto-empalo, mientras sus movimientos fueron lentos la deje actuar, yo meti la mano por encima de mi polla para acariciar su clítoris, alcanzando mas placer, pero su velocidad aumento, y para que no se saliera mi polla de dentro la cogí por la cintura, y la apreté contra mi, para que la penetración fuese total.
- No lo puedo creer estoy a punto de llegar nuevamente – dijo.
- Yo también.
Se dejo caer sobre mí, y yo seguí con movimientos pélvicos hasta que alcanzo su tercer orgasmo y unos segundos después yo me corría dentro de ella.
- ¡Mama! – escuchamos desde la puerta.
Era Adela, que había entrado, no la habíamos escuchado con el ajetreo. Marisa se dejo caer a mi lado, dejándome al descubierto con mi polla tiesa.
- Hija... no es... – intento decir Marisa.
- Mama si que es, ¡Has follado con José Antonio!
- Deja que te explique.
- No tienes nada que explicarme, yo sé bien lo que es. Lo que tenias que haberlo hecho mucho antes.
- Que dices.
- Que esperabas a que volviera el desgraciado de mi padre para abrirte de piernas, no quieres reconocerlo SE FUE CON OTRA.
- Tenemos que hablar...
- Cuando quieras. Solo venia a ver como estabais, y por lo que veo – dijo mirando mi polla – muy bien.
- Hija...
- Me voy, o quieres que mis amigos suban.
Fue lo ultimo que dijo.
- Menudo carácter – dije – parece ser que tu hija nos da su permiso.
- Y ahora que hacemos – dijo Marisa.
- Se me ocurren un par de cosas...
Nuevamente volvimos a follar.
Supimos aprovechar los 15 días que estuve de Rodríguez, unas veces en su casa, otras en la mía y otras muchas en su propia tienda, donde el mostrador fue testigo activo y mudo.
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