Xtories

Te necesito a ti

Durante años, solo pudo mirarla desde la sombra. Ahora, ella lo espera en la oscuridad de su habitación, sabiendo exactamente lo que él siempre quiso hacerle.

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A Miguel lo conocí cuando tenia 8 años, aunque éramos del mismo barrio nunca habíamos coincidido, hasta aquel día que fue presentado como un nuevo compañero de clase, aunque él era un año mayor, íbamos al mismo curso. Pronto nos hicimos amigos inseparables, muchas veces iba a su casa como él a la mía, así fue como conocí a los dos hermanos de Miguel, Montse cinco años mayor que Miguel, seis mas que yo y Manu diez años mayor que Miguel, once años mas que yo.

Desde el primer día que conocí a Montse sentí algo especial, magnificado por lo amable que era conmigo.

Dos años mas tarde un suceso vendría a ensombrecer la vida de mi amigo Miguel, su madre murió, y su hermana se convirtió en la mujer de la casa, atendiendo a un padre que paraba poco por casa siempre de viaje por su trabajo, a un hermano mayor que poco a poco se iba independizando, y un hermano menor que la muerte de su madre le había afectado demasiado, todo aquello hizo que mi devoción por ella aumentase. Por aquel entonces aunque yo no lo supiese se comenzó a despertar mi sexualidad. Fue dos años después, estando en casa de Miguel, estábamos estudiando, cuando Montse, con 18 años, dijo que se tenia que duchar, pues su novio estaba a punto de llegar.

Montse se metió en la ducha.

- ¿Has visto alguna vez a una mujer desnuda? – me pregunto Miguel.

No sabia a que venia esa pregunta.

- En las revistas que mi padre guarda en su mesa de trabajo.

- No me refiero en las revistas sino en verdad.

- Si claro en las playas, las mujeres enseñan las tetas.

- No, me refiero… espera será mejor que te lo enseñe, sígueme.

Lo seguí, se acerco a la puerta del baño agachado, abrió la puerta con disimulo, esta no estaba cerrada por dentro, me hizo mirar dentro. Allí estaba Montse, desnuda, mirándose al espejo, ajena a nuestro espionaje. Sentí que mi polla se endurecía, aquella sensación ya la había experimentado antes al mirar las revistas de mi padre. Mi mano se dirigió a mi paquete, Miguel debía estar experimentado una sensación parecida pues también tenia su mano en su entrepierna. Habríamos seguido allí pero de pronto sonó la puerta.

- Miguel, abre, seguro que es Pascual – dijo Montse.

Pascual era el novio de Montse, tenia cinco años mas que ella y era camionero.

Miguel y yo salimos corriendo, fue Miguel quien abrió la puerta.

- ¿Qué tal chaval? Y tu hermana.

- Sé esta arreglando, en el baño.

Pascual no se corto, y entro en el baño, Montse dio un gritito.

- Pero que haces, mi hermano y su amigo están fuera.

- No te preocupes, esos pimpollos no se enteran de nada.

Sentí gemidos de Montse, iba a ir a ayudarla, pero Miguel me lo impidió.

- ¿Qué vas a hacer?

- Ayudar a tu hermana.

Miguel rio.

- No sabes nada.

- ¿Qué tengo que saber?

Miguel hizo mímica, puso la punta del dedo índice con la punta del dedo pulgar, haciendo un circulo, y después con la otra mano extendió el dedo índice haciéndolo pasar por el circulo. En mi inocencia encogí los hombros.

- Espera y te lo enseñare.

En eso dentro del baño seguían los gemidos, cada vez más fuertes y más rápidos un grito final de Montse y después silencio, unos minutos después salía Pascual, se dirigió a la cocina y cogió una cerveza, se sentó en el sofá y se puso a ver la tele. Unos minutos después salía Montse, ni tan siquiera nos miro.

- Me voy con Pascual, cuando venga Manu se lo dices.

Se fueron, entonces Miguel corrió a la habitación de su padre y vino con un rollo de película, saco un proyector lo puso sobre la mesa, coloco el rollo de película, apago las luces y sobre la pared se reflejo la película, en blanco y negro, y sin sonido.

- Espera y veras.

La película parecía que era de médicos, en un quirófano había una enfermera, esta muy despacio comenzó a desnudarse, hasta quedar desnuda, entonces entro un medico, este también se desnudo, su aparato era gigantesco.

Miguel se había metido la mano bajo el pantalón y se tocaba su paquete, sentí ese cosquilleo en mi entrepierna que hacia que tuviera que acariciarme la polla. En la película la enfermera le cogía la polla y se la acariciaba, para después chupársela. En eso Miguel ya se había sacado la polla y se estaba masturbando. Yo no me atrevía a hacerlo. La película seguía y el médico se acercaba a la enfermera, que tenia las piernas abiertas, se introducía entre las piernas, la enfermera se mordía los labios. Un primer plano enseñaba como la polla médico entraba en el coño de la enfermera. En eso Miguel se levanto y se fue corriendo al baño. Por mi parte las caricias a mi polla aumentaron, sentía algo extraño, deje de mirar la película, para concentrarme en mis caricias, de pronto sentí como un estallido, y de mi polla salió liquido, creí que me había meado, pero era muy poca cantidad y espeso. En eso que salió Miguel, yo estaba semi-tumbado en el sofá.

- ¿Tu también te has corrido?

- ¡Corrido!

- Si, has soltado leche, semen. No te lo ha explicado nadie.

- ¡No!

- Mi hermano me lo explicó, lo que hemos hecho ha sido masturbarnos. Y cuando lo hace un hombre y una mujer, como en la película, o lo que hacia mi hermana con su novio es follar.

- ¡Ahhhh!

Realmente no entendía nada. Pero en los siguientes días fui a casa de Miguel, y fue poniendo varios videos, en el que había diversas penetraciones, incluidas por el ano. En otras películas aparecían varios hombres follando con una mujer, o la revés.

En una ocasión, fuimos a casa de Miguel, y su hermana estaba en la habitación con el novio, estaban follando, Miguel y yo los estuvimos espiando. Cada vez me fue gustando mas el ir a casa de Miguel. Me gustaba ver a Montse, solía vestir de forma provocativa, incluso a veces demasiado, llevando una bata traslucida, y debajo solo ropa interior.

Pasaron unos meses y un día estábamos en su casa, Miguel, su hermano Manu, su padre y yo, viendo un partido de futbol, cuando llego Montse llorando, Manu fue tras ella, comenzaron los gritos, de Manu, fueron unos minutos en los que Miguel y yo no nos movimos, el padre de Miguel se acerco a la puerta, cuando esta se abrió.

- Esta embarazada, la muy tonta se ha quedado preñada – dijo Manu.

El padre de Miguel entró en la habitación.

En eso llamaron a la puerta, era Pascual, Manu lo cogió del cuello, le iba a golpear cuando salió Montse.

- Déjale, nos vamos a casar.

Pareció que el mundo se paralizaba.

El padre de Miguel, se me acerco.

- José Antonio, será mejor que te vayas.

No tuvo que repetirlo, salí de casa de Miguel corriendo.

Unos meses mas tarde, con una barriga incipiente, se casaban, como no tenían casa se quedaron a vivir en la casa del padre de Miguel.

Los meses pasaron, y la barriga fue aumentando así como sus pechos, era increíble cada vez estaba más hermosa, y cada vez odiaba mas a Pascual. Cuando iba a casa de Miguel la observaba, y algunas veces junto con Miguel la espiábamos, ya fuese en el baño o en su habitación, desnuda. En alguna ocasión creí que nos había descubierto, pero no decía nada.

Por fin nació el bebe, era niña, la llamaron Magda (Magdalena), la masturbación se había convertido en algo cotidiano, y casi siempre pensando en Montse. Unos días después, fui a casa de Miguel, yo sabia que no estaba él, iba por ver a Montse. Estando allí se puso a darle el pecho al bebe, yo intente disimular mirando hacia otro sitio, pero no podía dejar de mirar sus tetas, aquellas grandes tetas. La bebe no chupo mucho.

- José Antonio, vigila a Magda – dijo dejándola en la cuna – y se fue a la cocina.

Estaba mirando al bebe, cuando sentí un quejido en la cocina, fui de inmediato. Tenia un aparato sobre la teta, haciendo que saliera leche de ella.

- ¿Qué haces?

- Como Magda no toma lo suficiente tengo que sacármela.

- Y te duele.

- Un poco.

Ensimismado seguí viendo como se sacaba leche de las tetas. Ella sonreía al verme.

Pocos días después me fui de vacaciones con mis padres. Cuando volví Miguel me dijo que su hermana se había ido, a Pascual le habían dado trabajo como conductor de camiones de una multinacional, y se habían trasladado a vivir a Francia.

Durante los siguientes años supe de ella por Miguel, aunque no coincidimos cuando ella iba yo estaba fuera. Dos años después era yo, tras la separación de mis padres, el que se iba a vivir lejos de mi ciudad natal, y el único contacto eran las cartas que me llegaban de Miguel. Por eso me entere que cinco años después de nacer Magda, volvió a tener otra niña, Ana. Y cuatro años después otra niña, Susana.

Pasaron diez años desde que me fui de mi ciudad natal, estaba apunto de cumplir los 26, la empresa me dio una gran noticia, nuevamente me trasladaba, pero en esta ocasión no me desagradaba el destino, volvía a mi ciudad natal. En el tiempo transcurrido había vuelto en diversas ocasiones pero solo por unos días, ahora era larga duración. Por el alojamiento no debía preocuparme, aunque mis padres ya no vivían allí, mi padre aun conservaba el piso, porque mi padre aun viviendo en el extranjero, cuando volvía la usaba. La otra gran noticia, Miguel, se casaba. En la primera que pensé fue en Montse

A finales de marzo ya estaba en mi destino, y un sábado a mediados de abril fue la boda, yo era uno de los testigos, Montse, a sus 31 casi 32 años estaba estupenda, algo mas rellenita lógico por los años y tres embarazos. Me extraño no ver a su marido Pascual. Pero me dijeron que estaba en el extranjero por unos negocios. La boda fue perfecta.

A las dos de la madrugada decidí irme, mi amigo Miguel se me acerco.

- José Antonio, ¿Te vas ya? - dijo Miguel.

- Si, por suerte hace horas que tome la ultima copa y podre ir a casa en mi coche - dije.

- ¿Podrías hacerme un favor?- preguntó.

- Por supuesto, dime - dije.

- Mi hermana esta cansada y quiere irse a casa, iba a llamar un taxi cuando alguien me dijo que te marchabas - dijo.

- Claro sin problemas, quieres que me lleve a alguien mas - dije.

- No, las que se podían ir son mis sobrinas, las hijas de Montse, pero se quedan y se las llevara mi hermano a su casa y mañana comeremos en casa de Montse todos - dijo Miguel.

- Sin problemas - dije.

Unos minutos después llego Montse. Durante el viaje fuimos recordando momentos vividos. Mientras conversábamos la miraba de reojo. Por minutos me estaba excitando. Suerte que llegamos a su edificio.

- Ya hemos llegado - dijo con tristeza.

- Me ha extrañado no ver a Pascual - dije.

- Esta con sus negocios allí en Francia.

- Algo me habían contado - dije sin darle importancia.

- En los dos últimos años, ha venido en contadas ocasiones. Me he alegrado al volverte a ver – dijo abriendo la puerta del coche.

- Yo también me he alegrado - dije.

Tuvo un momento de silencio, de duda.

- ¿Por que no subes? - dijo Montse despacio sin atreverse a mirarme a la cara.

Me habría gustado decirle que sí.

- No creo que sea buena idea – dije.

- No me digas que no te gusto. No he cambiado mucho, y antes según mi hermano te gustaba – dijo acercando su boca a la mía.

Nos besamos.

- Será mejor que lo dejemos - dije.

- Lo siento, perdona.

- No te tengo que perdonar nada.

- Gracias, por todo. Realmente me alegro de haberte visto - dijo saliendo del coche

Iba triste, la vi entrar en su edificio, fue un impulso. Salí del coche y la seguí. La puerta se había cerrado, tenia que tocar el portero electrónico. Lo pensé mejor y me di la vuelta. Entonces se abrió la puerta, mire y era ella.

- José Antonio – dijo.

Me acerque y la bese, fue una borrachera de besos y caricias, hasta estar delante del ascensor.

- No puede ser – dije.

- ¿Por qué?

- Eres la hermana de mi mejor amigo, estas casada y tienes tres hijas.

- Eso no importa, lo que necesito es un hombre. Te necesito a ti.

Eso dio lugar a otra borrachera de besos y caricias hasta llegar a su casa. Entramos en el piso, y fuimos directamente a su habitación, entre caricias nos fuimos desnudando. Unos minutos después estábamos desnudos, observándonos.

- Ya no soy la joven que espiabais mi hermano y tú cuando me desnudaba.

Estaba claro que ya no era la muchacha de 18 años que tenia sus primero escarceos amorosos con Pascual, ni yo el chiquillo que la espiaba.

- Lo sabias...

- Pues claro.

- No dijiste nada.

- Por aquel entonces me gustaba que me vieran desnuda. Ahora me gustan otras cosas.

- ¿Cómo que?

- Hace mas de dos años que no... entiendes.

Claro que la entendía, me abrace a ella, sentí su cuerpo desnudo rozándose con el mío.

Unos minutos después estábamos tumbados sobre a cama, mi polla rozando su cuerpo, una de mis manos acariciaba sus tetas y pezones, la otra acariciaba su muslo, para llegar a su entrepierna, acariciar su clítoris y sus labios vaginales. Sus gemidos iban en aumento, ahora si que la recordaba como aquella joven de 18 años, no tardo en alcanzar su primer orgasmo. Me puse sobre ella, lentamente me deje caer haciendo que mi polla se acercara a la entrada de su vagina, con la mano la direccioné.

- Tengo que confesar, que me gustaba saber que me observabas desnuda, hasta me excitaba. Incluso llegue a soñar contigo... – dijo con dificultad pues mi polla ya estaba entrando y saliendo, recorriendo su vagina.

Para que las penetraciones fuesen mas profundas, hice que pusiera sus piernas en mi hombros. Unos minutos después alcanzaba su segundo orgasmo, me deje caer a su lado algo cansado.

- Déjame a mí – dijo acariciándome la polla.

- Mi hermano me dijo que os llegasteis a correr cuando yo estaba haciendolo con Pascual.

- Si, la vez que más me excite fue cuando él estaba tumbado y tu te pusiste encima.

- Como, así – dijo poniéndose encima.

La agarre da la cintura para que no perdiera el equilibrio, cuando mi polla estuvo dentro de ella, me agarre a sus tetas, efectivamente verla cabalgar me excitaba y unos minutos después me corría, pero ella no paró hasta alcanzar su tercer orgasmo.

- No sé si a sido el tiempo sin hacerlo o las ganas de hacerlo contigo, pero ha sido increíble.

Lo cierto es que seguimos toda la noche follando, hasta terminar exhaustos, amanecía cuando nos quedamos dormidos.

De pronto me desperté, Montse se había levantado de golpe.

- Mierda son mas de las 10...- dijo Montse - están a punto de llegar mi hermano y mis hijas. Solo faltaba que me descubrieran contigo.

Me levante y me vestí como pude, cuando miramos por la ventana Miguel con su reciente esposa llegaban.

- Sube al siguiente piso, ellos vendrán en el ascensor.

Asi lo hice, escuche pararse el ascensor, salir Miguel y su mujer, llamaron la puerta y abrir Montse.

- Montse he visto el coche de José Antonio en la puerta – dijo Miguel.

No habíamos pensado en aquel contratiempo.

- Si anoche cuando me trajo como vive cerca decidió dejar aquí el coche. Supongo que vendrá por él.

Entraron en el piso, yo iba a coger el ascensor, pero estaba subiendo, decido esperarlo, sentí que se paraba en el piso de abajo. Eran Manu, el hermano de Miguel, su mujer y su hijo y las hijas de Montse.

Volvió a abrir Montse.

- Ya estáis todos – dijo Montse.

- Tu padre viene ahora detras – dijo Manu.

Decidí espera a que su padre subiera, no tardo ni 5 minutos, decidí ir a mi casa y ducharme. No podia dejar de pensar en Montse, me quede dormido. El timbre de la puerta me sobresalto. Al abrir era Montse.

- Sé lo que vas a decir, lo que sucedió anoche no debió suceder, será mejor que nos olvidemos – dije.

Montse entro cerrando la puerta.

- No - dijo.

- No ¿Qué? – dije.

- Que no tenemos que olvidarlo, que me gusto. Si anoche te necesitaba, ahora te necesito mas – dijo acercando su boca a la mía.

Nos besamos.

- Montse, lo nuestro no tiene futuro.

- Yo no quiero un futuro, sino un presente.

Nos fuimos a la habitación y allí volvimos a follar. Al terminar estábamos tumbados, abrazados.

- Me siento como aquella muchacha, con 18 años, que conocía el sexo por primera vez y que quería más.

- Si quieres volvemos ha hacerlo... – dije.

- No estaría mal, pero mejor será que me vaya, le he dicho a mi padre que iba a ver a unas amigas y volvía. Esta no será la última vez – dijo volviéndome a besar.

Montse se marcho. Pero como ella misma dijo no sería la última vez. Todos los días por la tarde al finalizar el trabajo nos encontrábamos en mi casa. Los fines de semana, cuando las niñas se iban con Manu o con Miguel, pasábamos la noche juntos.

Un mes después de la boda de Miguel vino este a mi casa. Resulto que estaba en la cama con Montse, al llamar fui a abrir.

- Buenas tardes, como estas... – dijo Miguel – desde que volví del viaje de novios nos hemos visto poco.

- Si, tienes razón, el trabajo.

- Y las chicas...

- Bueno, se hace lo que se puede.

- Sabes a la que he visto muy cambiada desde mi boda a sido a mi hermana, esta mas alegre, como antes, le he intentado sonsacar pero sin éxito, seguro que se ve con alguien.

- Porque tiene que ser que se vea con alguien.

- Desaparece casi todas las tardes, dejando las niñas con mi padre, con mi hermano o conmigo, y este ultimo fin de semana me quede con las niñas el sábado volvió a recogerlas el domingo por la mañana, paso toda la noche fuera.

- Bueno tal vez quiera descansar de las niñas.

- Antes para que nos la dejara teníamos que implorarle, y si las dejaba eran unas horas, y casi siempre tenia que estar ella.

- No sé a lo mejor es lo que necesitaba, tener a alguien...

- Te acuerdas cuando la espiábamos, para verla desnuda o ñaca-ñaca con Pascual.

- Claro que me acuerdo, eran cosas de críos...

- Una vez le Cont. que la espiábamos. ¿A que no sabes que me contesto?

- No sé...

- Que lo sabia; que le hacia gracia ver como nos excitaba.

- Lo dicho cosas de críos...

Estuvimos hablando un buen rato hasta que se fue. Entonces salió Montse.

- Parece ser que Miguel sospecha la verdad, tendremos que ir con mas cuidado – dijo Montse.

- Pues si a lo mejor sería conveniente que durante unos días no nos viésemos – dije.

- Puede lo pensare...

Montse se marcho. Solo habían pasado unos minutos cuando volvió a sonar el timbre. Al abrir estaba Miguel en la puerta.

- Que quieres, se te ha olvidado algo – dije, pensando que si hubiese venido un poco antes habría pillado.

- Si se me había olvidado decirte que eres un cabrón...

Había descubierto que su hermana y yo..., por un momento pensé que me iba a dar.

- Tú eres el que se folla a mi hermana, estos últimos días la he seguido, y siempre venia aquí al principio no quería creerlo, pensé que seria otra persona del bloque, pero hoy, después de estar aquí, la he visto salir de tu piso. Estaba dentro verdad.

No podía negar, simplemente asentí con la cabeza. Y esperar el mamporro de Miguel. Entonces avanzo hacia mí y me abrazo.

- Me alegro que seas tú, desde que nació Susana la habíamos visto apagarse, en la boda parecía que a ratos volvía. Y después... fue la noche de mi boda. ¿Cómo fue?

Le conté lo sucedido y mis dudas sobre el futuro, seguimos hablando. Me prometió guardar el secreto, que ni su hermana sé enteraría que lo sabia.

Al día siguiente, cuando vino Montse.

- Vamos a tener que dejarlo, mi hermano sospecha, no me extrañaría que me siguiera cualquier día.

- Ya te ha seguido, sabe que estas conmigo.

- Como lo sabes...

- Ayer después de irte volvió, hablamos y me lo contó.

- Se cabrearía mucho...

- No, al contrario, le pareció bien. Pero me puso una condición, que tu no sabrías que él lo sabe.

- Miguel como siempre...

- Además me dijo que intentaría cubrirte para que siguiéramos viéndonos.

Me abrazo.

- Quiero hacerlo, ya – dijo.

Y lo hicimos.

Fueron pasando los días, las semanas incluso los meses, exactamente pasaron 4 meses, una tarde vino a casa la vi preocupada, intente sonsacarle pero fue imposible. Pero al terminar de follar.

- Vuelve Pascual.

- Pascual tu marido...

- Sí.

- Será por unos días.

- No parece que definitivamente.

Calle, no sabia que decir.

- Que pasara con nosotros. Siempre pensé que se quedaría en Francia, y cualquier día me diría que había conocido a otra y que se quedaba allí.

- Te acuerdas que te dije que lo nuestro no tenía futuro.

Se quedo en silencio, mirando el suelo.

- Pues no lo sé... el tiempo lo dirá... veremos – dijo Montse.

Lo cierto que su marido hubiese fue un handicap para nuestros encuentros, pero hizo que los cogiéramos con mas ganas.

Dos meses después, mi empresa volvía a reclamar mi presencia en otro lugar, lo que significaba mi marcha, la despedida con Montse fue muy emotiva y por supuesto fue una gran follada. Pero hubo una noticia, Miguel y su mujer iban a ser padres, su mujer estaba embarazada de dos meses.

Con el nacimiento de la hija de Miguel volví a mi ciudad natal, volví a encontrarme con Montse, nuestra atracción no había decaído al contrario aumento. Con 27 años, estaba dispuesto a pedir como destino final mi ciudad natal, solo me faltaba un año para poder pedirlo. Montse debería pedir el divorcio, pero hubo algo que hizo replanteármelo, Montse estaba embarazada de casi tres meses. Lo que precipito mi marcha, y mi cambio de pensamientos.