Trabajos de última hora en la oficina.
La oficina está vacía, pero la sala de reuniones no. Al descubrir a Elena en plena faena con el guardia, el narrador no huye: decide que su secreto compartido es solo el comienzo de una noche que promete ser inolvidable.
Se ha hecho muy tarde. Son cerca de las nueve de la noche y todavía no he terminado de recoger todos los papeles que quiero llevarme al viaje de mañana. Voy presuroso a la planta donde tiene la oficina el delegado de ventas. Me prometió que dejaría terminado un informe importante que necesito llevarme sin falta. Lo ha dejado para última hora, y al final todo son prisas.
Salgo del ascensor y me encamino hacia su despacho. Mientras avanzo por el pasillo se oyen unos extraños ruidos procedentes de la sala de reuniones que llaman mi atención, a estas horas no suele quedar nadie en el oficina. Extrañado y precavido por lo que pueda encontrar tras la puerta, la abro sigilosamente para quien hay y que sucede.
¡guauuu, qué sorpresa!. Delante de mí veo una pareja haciendo el amor apasionadamente. No esperan que haya nadie que los pueda sorprender en plena faena y se dedican a follar como perros en celo. El hombre está de pie, de espaldas a la puerta, con los pantalones en los tobillos, bombeando duro contra las nalgas desnudas de ella. Resulta ser el guardia de seguridad que vigila las oficinas por la noche.
A ella no acierto a reconocerla, está apoyada sobre la mesa, con los antebrazos sobre los papeles, las piernas abiertas y el culo en pompa para ponérselo bien fácil al machote de seguridad.
El guarda le da fuerte, con buen ritmo y sujetándola para que no se escape. No creo que ella quiera escapar, gimotea y se queja por las enérgicas embestidas, pero no hace ningún intento de querer separarse de él. Muy seguros deben estar de que no hay nadie en la oficina, ella no deja de gemir y pedir más y más. El le regala varias palmadas sobre la nalga que resuenan en toda la estancia.
A él algo le debe poner sobre aviso y súbitamente se vuelve hacia mí, quedándose petrificado por la sorpresa de verme junto a la puerta siendo testigo de una monumental cogida. Le hago una señal de complicidad, le quiero indicar que a mi no me importa que lo hagan y que por mi pueden continuar sin problema.
El guarda vuelve a concentrarse en su aventura, me quedo unos instantes viendo el espectáculo, la mujer sigue gimiendo como si la estuvieran rompiendo por dentro. Les dejo continuar tranquilos. Mientras la mujer, ajena a mi presencia gime y se retuerce de gusto. Cierro la puerta tras de mí y me encamino hacia el despacho del delegado comercial.
No encuentro el condenado informe y tengo que revolver los papeles que hay sobre la mesa. Se abre la puerta y se presenta el guardia. Esta extremadamente nervioso y apenas entiendo las disculpas que trata de presentarme.
Me explica que está casado desde hace solo tres años, que si se supiese lo sucedido, tendría muchos problemas en casa y en el trabajo Me suplica que no lo diga a nadie, que le guarde el secreto.
—¿Por qué te metes en un lio así? — Le pregunto — si puedes vivir tranquilo con tu joven esposa y disfrutando de un trabajo bien remunerado y tranquilo.
Un poco mas tranquilo al ver mi reacción comprensiva me lo explica:
—Elena, la administrativa de facturación, siempre termina la última, hace el cierre diario de los envíos, así que la encuentro sola casi todas las tardes al iniciar mi ronda.
—Un día empezamos a charlar y entre bromas me dijo que su marido ya no le hacia caso, que la encontraba muy “pasada”, y ella se sentía sola y desgraciada.
—Para animarla le dije que la encontraba muy atractiva y que de buena gana le haría un favor.
—A pesar de sus cuarenta años o mas tiene una buena figura, y aunque no es muy agraciada, un buen polvo si que tiene— me dice con toda sinceridad haciendo ver que se siente culpable
A mi cabeza viene la imagen de Elena, tan seria, tan convencional, y no la asocio con la mujer que hace unos minutos estaba gimiendo y culeando sobre la mesa de reuniones. Se que tiene un culo bastante gordo y que no es la chica boom de la oficina, pero tiene algo me siempre me ha gustado. Es una mujer que se cuida y se mantiene muy al día.
El guarda continua su relato...
—Pasaron los días y las confidencias fueron a mas. Un día me esperó en el despacho de su jefe, y cuando llegue allí durante mi ronda, prácticamente me obligo a hacerle el amor allí mismo. El primer día fue excepcional, y apenas tuve tiempo para reaccionar. Simplemente me deje llevar y me la folle con muchas ganas.
—Pero la cosa no quedo ahí. Ahora, varios días a la semana me busca, se esconde por los despachos y cuando hago la ronda me obliga a mantener relaciones con ella. Luego ella se va a casa bien satisfecha y a mi me deja comiéndome el coco durante toda la noche, pensando que le diré a mi mujer al llegar a casa.
—No te preocupes por lo que ha sucedido esta noche. Conmigo tu secreto está a salvo— le comento cuando veo que ha terminado de contar su secreto y se ha liberado de la carga.
—Incluso creo que te puedo ayudar— le digo.
—Si, por favor, eso es lo que necesito ¿pero cómo?, dice un poco confundido.
—Yo te guardo el secreto y tu guardas el mío, ¿qué te parece?, le pregunto.
—¿qué secreto?, pregunta inocente — yo a Ud. le tengo mucho respeto y se que Ud. es un “tío legal y fiel”.
—Puesto que Elena tiene tantas ganas, nos la vamos a repartir entre los dos, y así “la carga” será menos pesada, ¿qué te parece?. Además a ella a lo mejor le interesa un poco de variedad— le propongo en medio de su mas absoluta sorpresa.
—¡Oh!, gracias muchas gracias, no lo olvidare. Le debo un favor, ¿vale?— dice mientras hace ademán de retirarse ahora mucho más tranquilo.
—Ahora ve a ver si Elena todavía está en la oficina, y me la traes aquí diciendo que quiero hablar con ella.
A los pocos instantes se presentan los dos ante mi. Ella delante, roja como un tomate, avergonzada y la mirada clavada en el suelo. Él se queda junto a la puerta con grandes deseos de salir disparado.
—Pasa, pasa... estoy buscando un informe con urgencia y necesito tu ayuda. Se me esta haciendo tarde y me pone muy nervioso no encontrar el dichoso informe.
—Tu ya te puedes ir. Gracias por todo. Si te necesito te llamo— digo dirigiéndome hacia el guardia.
—Elena, por favor, ayúdame a buscar en este montón, es un informe de Ventas de la zona sur del año pasado— le digo mientras la conduzco hacia la mesa haciéndole una ligera presión sobre la cadera con la punta de los dedos.
La percibo tensa y a la defensiva. Debe estar sufriendo mucho con la incertidumbre de mi reacción. Le hablo pausado y tranquilo, tratando aparentar que aunque conozco su relación tempestuosa con el guarda, ella no tiene nada que temer. Nos ponemos a buscar un informe que previamente he escondido en uno de los cajones para que no lo encontremos.
Después de unos momentos de nervios contenidos le digo a Elena:
—Mira lo que he encontrado entre los papeles— mostrándole un papel manuscrito.
Ella alarga la mano queriéndolo coger para poder leerlo.
—No, no... lo debes leer sin coger— le digo manteniendo el papel sobre la mesa con lo que creo incertidumbre y curiosidad.
Para poder leerlo se tiene que inclinar mucho sobre la mesa, con lo que queda en una postura muy similar a la que tenía cuando estaba follando con el guarda.
Elena todavía no sabe por qué lo tiene que leer, pero obedece diligente a mis indicaciones, no sabe cual es puede ser mi reacción al haberla sorprendido follando en la oficina con el segurata. No puede apartar de su pensamiento que la he sorprendido follando en el trabajo, con el guardia, a ella, una honrada mujer casada, tradicional y bien reputada entre los compañeros de la oficina.
El papel dice así:
Querida Elena,
Los secretos entre una mujer y su pareja son inviolables.
No debes temer que rompa ese compromiso.
Mientras lees esta nota, estoy disfrutando muchísimo viendo tu culo redondo y espectacular, al que ya le había dedicado muchas miradas.
Hoy me ha gustado mucho verlo desnudo. Siento haberte interrumpido, me ha gustado y me he quedado muy caliente.
No te vuelvas por favor y sigue leyendo.
Debes saber que ahora me debo estar bajando los pantalones.
Te voy a levantar la falda y voy a tomarte muy dulcemente por detrás.
Si no quieres que lo haga solo tienes que romper el papel e irte.
Mañana estaré de viaje y al regresar no recordare nada de lo sucedido.
Si por el contrario, prefieres regresar a casa satisfecha... hoy y muchos otros dias, simplemente relájate y disfruta.
Yo lo estoy deseando como no puedes imaginar
Los segundos mientras lee mi escrito se hacen interminables. Hasta el final dudo sobre cual será su decisión y el desenlace. El corazón me va a cien por hora pero no quiero precipitarme... Por fin ella hace el gesto. Coge el papel lo dobla varias veces dejándolo muy pequeñito, se vuelve y me lo mete en el bolsillo de la pechera de la camisa.
A continuación se remanga la falda por encima de las caderas y adopta la postura que yo tanto estaba deseando. Delante de mi tengo unas nalgas impresionantes y un chochito deseoso de ser follado por segunda vez en un mismo día, y todo ello sin salir de la oficina.
Deverano.
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