Los cornudos se van de caza
Diana no busca amor, busca venganza. Y ha encontrado en José la herramienta perfecta para castigar a su marido. Pero lo que empieza como un juego de cuernos se transforma en una semana de placer prohibido donde tres mujeres deciden compartirlo todo... y a todos.
En los ultimos tiempos habia pensado en asentar la cabeza, me empezaba a sentir mayor, a mis 35 años me encontraba, nuevamente, en una nueva ciudad y solo. Le pregunte a un colaborador sobre lugares que se podían visitar, pues tenía por delante un fin de semana sin nada que hacer. El colaborador me estuvo hablando de museos, iglesias, monumentos, etc. Cuando le pregunte por la noche me dijo que había un nuevo sitio, “La Fauna”, que lo habían abierto hacia un mes, que tenia varios edificios con diferentes servicios, incluso un “puticlub”.
Asi que aquel viernes por la noche, fui a cenar y después me dirigi a ese nuevo local “La Fauna”. Me sorprendió, un gran recinto con diferentes locales. En la entrada, había un poste con carteles que señalaban los diferentes servicios que ofrecia el lugar, discoteca, restaurante, bares, etc. mencionar un cartel que ponía local de citas, supusieron que ese seria el “puticlub”. Me dirigí según indicaban las flechas hacia un bar de copas, cuando entre me di cuenta que no diferia mucho de otros bares de copas, musica ambiental, varias mesas y una gran barra servida por varios camareros y camareras, que a la vez servian en las mesas.
Me acomode en la barra, enseguida llego una camarera.
- Buenas noches ¿Qué desea?
Mire a la camarera, era joven, estaba buenísima, pensé un revolcón contigo.
- Buenas noches un ron cola.
- Alguna marca en especial – dijo la camarera señalando la estantería de bebidas.
Señale a una marca de ron en concreto. La camarera sonrió y se puso a servirme el combinado. Me lo puso delante y pague. Estaba mirando el local, todas las mesas ocupadas. Y la barra llena. Sonrei comencé a mirar las mesas e imaginarme quienes eran. En la primera, la mas escondida, había una pareja él algo mayor que ella, el tenia que ser un empresario y ella posiblemente su secretaria y/o amante. En la siguiente un par de jóvenes que no hacían mas que mirar a las camareras. Asi fui mirando todas, hubo una que me llamo la atención habia 3 mujeres de edad comprendidas entre 30 y 40 años, lo más probable es que fueran separadas, seguro que era el dia de chicas, la que parecia mayor era morena, algo rellenita, con un par de tetas impresionantes, y mas aun por que las casi enseñaba con el gran escote; otra la que parecia tener menos edad era rubia-castaño, no estaba mal, algo delgada, aunque era la que más recatada vestia de las tres;, y la otra físicamente estaba entre las dos, pelo castaño más oscuro que el de la joven. Si eran separadas eran un buen objetivo para ligarlas, eso debian pensar otros dos hombres cerca mio que se estaba repartiendo a las mujeres. Tan ensimismado estaba en los pensamientos que no me di cuenta que la que parecia mayor se me acerco.
- Estas muy interesado en mi y mis amigas – dijo al estar delante.
- ¿Qué? ¿Cómo? – dije saliendo de mi ensimismamiento.
- Que no dejas de mirarnos.
- No, estaba en mis pensamientos.
- Y esos pensamientos no serian tres mujeres disponibles.
Mire a mi lado, los dos hombres que se las repartian sé habian levantado y se dirigieron a la mesa donde estaban sus amigas.
- Los mios no, pero los de esos dos tal vez si – dije señalando a los dos hombres.
La mujer miro hacia donde indicaba, y los dos hombres se acercaron a las dos amigas.
- Hace un momento se os estaban rifando, por eso mire – dije.
- Perdona...
La mujer se separa de mí sé dirigio a la mesa, cuando estubo detrás de los dos hombres les pellizco el culo, la sorpresa hizo que ambos se girasen. Les dijo algo y ambos de fueron, no solo de la mesa sino tambien del local. Vi com la mujer se sentaba y hablaba con las amigas. Me gire para pedir otro combinado, seria el último despues tenia que conducir. Me lo sirvieron, cuando volvi a girarme las tres amigas hablaban, entonces la morena la que se me acerco, me hizo señas para que me acercara, y lo hice.
- Buenas noches – dije.
- Buenas noches, quieres sentarte – dijo la morena.
- Me vais a cobrar – dije.
- No – dijo sonriendo la mrena.
Me sente.
- Yo me llamo Diana, ella – dijo señalando a la mas joven – y ella es Elena.
- Mucho gusto en conoceros, yo soy José Antonio.
- Ahora que nos conocemos, seremos sinceras y directas. Esta noche queremos follar.
Si que habian sido directas.
- Pues habeis desaprovechado dos oportunidades.
- Esos pimpollos – dijo Diana – por favor.
- Queremos que sea el mismo para las tres – dijo Elena.
- Me has caido bien, lo hemos hablado, queremos que seas tu – dijo Diana.
- ¡Esta noche!
- ¿Algún problema? – pregunto Diana.
- No, por mi parte, soy soltero sin compromiso, me gustan las mujeres. Y mi deporte favorito es follar, y según dicen las que me conocen no lo hago mal. Pero tres en una noche...
Las tres sonrieron.
- No en una noche, aunque pensándolo bien... Mejor te lo explico – dijo Diana.
Estaba claro que Diana llevaba la voz cantante. Tomo un sorbo del combinado.
- En primer lugar, las tres somos casadas – dijo Diana – ¿Algún problema?
- Por mi parte ninguno, tal vez vuestros maridos – dije, poniendo en la mano el símbolo de cornudo.
- Son fuertes, sabrán llevarlos – dijo por primera vez la mas joven, Lola.
Sonrei.
- Ellos no tienen porque enterarse. Y si se enteran es porque se lo merecen o porque tu se lo digas – dijo Diana.
- ¿Se lo dirías? – dijo Elena.
Simplemente hice como que mi boca tenia una cremallera y la cerraba.
- Para tu conciencia, si es que la tienes – dijo Diana – te lo explicare.
Nuevo sorbo del combinado.
- Las tres creemos que nos engañan –dijo Diana.
- ¿Creeis o lo sabeis?
- Son cazadores... – dijo Elena.
- Te lo explico, como ha dicho Elena, son cazadores. Antes se iban un dia temprano y ese mismo día volvían, unas veces antes otras despues.
- Lógico si van de caza, yo conozco unos cuantos.
- Bien, pero de hace unos años, de cada 10 veces que salian a cazar una era todo el fin de semana. Ese porcentaje ha ido creciendo, ya estan a la par. Pero lo que ha colmado el vaso este fin de semana estaran fuera cazando. Pero el fin de semana que viene se van toda la semana.
- Bueno yo no soy cazador, pero puede que tengan que ir lejos y no puedan hacerlo en un día.
- Vale – dijo Lola – pero el otro día por casualidad descubrí donde se van alojar, esa semana.
- Yo lo he comprobado, realmente esta lejos, pero el hotel es de cierto lujo – dijo Diana.
- Una cosa no quita la otra, pueden que al terminar el día vayan a un buen hotel.
- Pero hay mas, díselo – dijo Elena, a Diana.
- Sabiendo el hotel, llame y descubrí que no iban solos, iban con sus esposas, los tres.
Sonrei.
- Mira que sois desconfiadas las mujeres, y si es una sorpresa para vosotras.
- A mí las sorpresas no me gustan – dijo Lola.
- Ni a mí – dijo Diana – por eso le vamos a dar una semana, si el viernes que viene, no nos vamos con ellos, nos encontraras aquí. ¿Trato hecho?
- Las tres estais de acuerdo.
- Si – dijeron las tres a la vez.
- Por mi perfecto, os invito a otra ronda.
Llame a la camarera que nos sirvió un combinado a cada uno. Estuvimos hablando, sin tapujos de lo que hariamos sí nos veiamos el viernes. Yo reia con lo que proponian. Cuando ya se iban.
- Una pregunta – dije – ¿si no os veo el viernes que viene?
- Pues como amigos, nos volveremos a ver otro día – dijo Diana, y las otras asintieron.
Las vi marchar, como no era muy tarde, decidi quedarme un rato. No habia pasado ni un cuarto de hora cuando se presento Diana.
- ¿Sorprendido? – dijo Diana, sentándose.
- Pues si, creí que como pronto nos veríamos el viernes – dije.
- Creo que nos veras; pero hasta el viernes hay mucho tiempo. Y realmente a mí me importa un bledo que mi marido me engañe o no. Pero en estos últimos cinco años, lo habremos hecho en condiciones un par de veces, el se corre y yo a usar el simmulador, ya estoy harta.
- ¡Simulador!
Diana sonrió y me guiño un ojo.
- ¡Ah!... consolador - dije.
- Yes...
- Manual o eléctrico.
- El último eléctrica, es una virguería, por delante y por detrás a la vez.
- De esos no he visto ninguno.
- Pues si vienes a casa lo veras.
- No ibas a esperar al viernes.
- Como te he dicho, lo del viernes llega tarde. Quiero que me folles, quiero volver a sentir una polla dentro de mí, no un aparato.
- A mi piso o...
- Para que veas el aparatito y sepas donde haremos el “intercambio” iremos a mi casa.
- Lo que tu digas.
- Nos vamos... – dijo Diana.
Salimos al exterior.
- ¿Cómo vamos?
- Mi casa esta a las afueras. Hay que ir con coche. Tu tienes...
- Si, ven vamos a recogerlo, y te traigo hasta el tuyo y despues te sigo.
- Perfecto.
No tuvimos que andar mucho, pues si algo sobraba en la zona era donde aparcar. Una vez dentro de mi coche me indico donde estaba el suyo, fuimos a recogerlo. Le segui, iba pensando que solo llevaba una semana en la ciudad y ya tenia un sitio donde meter la polla. En poco tiempo estábamos en una carretera nacional, y quince minutos despues entrabamos en una especie de urbanización, para un par de minutos despues paraba. Yo pare detrás. Baje el cristal.
- Mi casa es la de enfrente, puedes meter el coche dentro hay espacio, primero meto el mio y despues el tuyo – dijo Diana, apoyo sus tetas en mi ventanilla, ofreciéndome una vez mas las vistas de su pronunciado escote.
Entre con el coche detrás de ella. Y despues la segui para entrar dentro de casa.
- Quieres tomar algo – dijo Diana.
Me acerque a ella, la cogi de la cintura.
- Creo que ya hemos tomado suficiente – dije.
- Entonces directo a la faena – dijo Diana – me gustaria hacerlo sobre la mesa de de la oficina de mi marido.
Estaba claro que tenia una mente calenturienta.
- Para ser la primera vez mejor sobre una cama.
Sonrio.
- Entonces lo mejor es hacerlo sobre el lecho conyugal. Ven, esta en la segunda planta.
Ella iba delante, como la falda del vestido no era muy larga cada escalon que subia se le veia más muslo. Entonces se giro.
- Tienes buenas vistas – dijo sonriendo.
- Dentro de poco las tendré mejores ¿No?
- Seguro.
Ya en la habitación, se me acerco. Se le notaba el nerviosismo.
- No sé que hacer es la primera vez...
- Tranquila, desnúdate.
Intento bajarse la cremallera del vestido...
- espera, date la vuelta...
Ella se la dio, quedando frente al gran espejo, mientras con una mano baje la cremallera del vestido con la otra acariciaba su espalda. Hice que el vestido cayera al suelo, le acaricie el trasero, mientras besaba su cuello. Sé extremcio y solto algun gemido. Desabroche el sujetador, que no era muy grande pero si de copas generosas, tanbien fue al suelo. Se iba a girar pero no sé lo permiti. Mientras seguia sobando su traselo le agarre las tetas, los gemidos fueron en aumento, estaba jadeando.
- Creo que nunca he estado tan... caliente.
- Yo te atemperare.
Deje que se girara, nos besamos, la empuje ligeramente para que llegara a la cama, sé sento, y alli se termino de desnudar, mientras yo hacia lo mismo. Me acerque a ella polla en mano, ella la miraba como hipnotizada.
- Nunca he tocado una polla... con la boca – dijo.
- Ya tienes edad para haber visto y tocado unas cuantas.
- Solo la de mi marido.
Me cogio la polla, la acaricio, se atrevio a besarla.
- Nunca lo has hecho con otro.
- De pensamiento si, cada vez que me meto el aparatito.
- Y lo haces muy a menudo.
- Ultimanente... muy a menudo – dijo con cierta dificultad
Me arrodille delante de ella, hice que se abriera de piernas, poniéndolas en mis hombros. Delante mio tenia la vision de su coño, no era muy peludo pues se notaba que se lo recortaba. Metí mis manos entre sus piernas, con los dedos toque su clítoris, primero lo acaricie con la lengua y después use boca para chuparselo. Los dedos indice y corazon, hacian de falo que entraba y salia de su vagina. No sabia donde agarrarse a mi cabeza o a la sabana de la cama, sus gemidos eran verdaderos gritos de placer. Yo parecia un ginecólogo con la cabeza entre sus piernas. Utilize el dedo pulgar para acariciar el clítoris, mientras me levantaba, llegando mi boca a sus tetas, donde las chupaba y mordisqueaba sus pezones, a la vez que sentia como mi polla tiesa se restregaba por su cuerpo.
- Den tro, den tro – decia con dificultad – estoy lle gan do.
Y llego, su cuerpo se tenso, como si hubiera recibido una descarga. Me separe de ella.
- Ahora no me dejes.
- Voy a buscar un preservativo a mi cartera.
- No, sigue, no quiero mas plastico dentro.
No lo pense, situe mi polla en la entrada de su vagina, y un pequeño empujon fue suficiente para entrar dentro.
- Si, asiiiii – dijo a modo de triunfo.
Como yo seguia de pie y ella tumbada en la cama, al filo de la misma, no me costo que pusiera nuevamente su sus piernas sobre mis hombros, haciendo que su cuerpo quedar algo elevado para una penetración mas profunda. Ella reacciono agarrandose a la cama y gritando a cada envestida profunda mia.
- Mas, no pares, nunca... estoy llegando otra vez – costaba enlazar dos palabras – es mas fuerte que el anterior.
Unos segundos despues de su garganta escapaba un grito.
- Ya – dijo gritando.
Yo algo cansado me deje caer sobre ella aplastando mi cara en sus tetas.
- Dios nunca hubiese imaginado... y tu aun nada... dejame que me ponga encima.
Me deje caer boca arriba en la cama, ella comenzo a acariciarme la polla y los testículos, si mi polla por un momento habia comenzado a desinflarse, ahora volvia a estar en plena forma, Diana paso una pierna al otro lado, quedando encima mio, con mi polla delante de ella, la cogio y como si de un consolador se tratase se lo endiño en la vagina, comenzo a moverse lentamente con movimientos ritmicos.
- Esto es lo que mas le gusta a mi marido, el se corre y yo al baño a usar el aparatito. Contigo ya he llegado dos veces ahora tienes que llegar tu – dijo, aumentando el ritmo de sus movimientos.
- Eso no sucedera…
- Pero tienes que llegar, no te preocupes llegaré.
- ¿Cuándo?
- Cuando llegue, cuanto más tarde mejor para ti.
- Si, si, si, no es posible. Vuelvo a…
Se dejo caer hacia delante, yo segui empujando con impulsos pelvicos. Y no tardo mucho en volver a alcanzar otro orgasmo.
- Chico, que aguante… - dijo dejandose caer a un lado.
- Me faltaba poco.
- ¿Por qué no has seguido?
- Quiero probar algo mas.
- ¿El qué?
- Ponte a cuatro patas…
- Me la vas a meter por el culo… Nunca lo he hecho, con el aparatito solo he metido el pequeño.
- Ponte ya lo veras.
Y se puso, no solo a cuatro paras sino que abrio las piernas, y agacho la cabesa.
- Asi esta bien.
Yo volvi a ponerme de pie delante de la cama, con su trasero delante mio, una altura perfecta, Con los dedos toque su clitoris y la meti el dedo en la vagina, ella una vez mas grito cuando mi polla entro en su vagina, la cogi por la cintura y acompase mis embestidas con atraerla hacia mi. Estaba lanzado, solo faltaba una cosa, ensalive bien mis pulgares, y lentamente se los introduje en el ano, primero uno despues el otro y despues los dos, los gemidos de ella eran verdaderos berridos.
- No pares… no se lo que aguantare.
No hacia falta que aguantase mucho mas, pues yo estaba a punto de correrme.
- Llega estoy a punto de llegar.
Y llegué, senti como mi leche salia a borbotones inundando su vagina, y ella llego con un grito final.
- Siiiiiiiiiiiiiiiii.
Se dejo caer hacia delante, yo sobre ella, mi polla seguia dentro, y poco a poco se fue desinflando hasta salirse.
Yo me deje caer a un lado, ella estiro las piernas, quedandose boca abajo. Tras un breve silencio.
- No me lo puedo creer, ha sido el mejor polvo de mi vida, ¿Quién me lo habria dicho? Cuando despedi a mi marido. Sus primeros cuernos sin son acordes con el placer de haber follado, tienen que ser unos cuernos mas grande que los de un ciervo macho maduro.
Sonrei, por el símil utilizado por Diana. Que se quedo pensando.
- Sabes, mi marido me los pone desde hace mucho tiempo.
- El que…
- Los cuernos – dijo sonriendo – te puedo contar algo…
- Despues de follarte como te he follado… tu decides.
- Creeo que el lo sabe.
- Y eso…
- Por cosas, al poco de casarnos fue con una “amiga” que incluso la traia a casa, entoces yo estaba tan enamorada que no me daba cuenta, pero al paso de lao años lo entendi. Años despues con su secretaria, con la que aun sigue, a la cual tambien la engaña pues no se va con ella de caceria.
- ¿Por qué no pides el divorcio?
- Por que el dinero es mio, como el negocio heredado de mis padres. Si me divorcio la mitad de todo es de el. Por eso prefiero ponerselos yo, y sabes lo mejor.
- ¡No!
- Que me ha gustado – dijo sonriendo.
Se puso de lado, comenzo a tocarme la polla, que era una mini polla, pero con sus caricias comenzaba a ponerse nuevamente dura y tiesa.
- Esta cogiendo forma – dijo con cierto asombro – podriamos otra vez…
- Dejame que descanse un poco y lo veras.
Y descanse, y mas que verlo lo sintio, como mi polla volia a recorrer su vagina, hacendole alcanzar otros dos orgasmos, antes de caer rendidos.
Cuando me desperte, el sol estaba muy alto. En la puerta estaba Diana, enfundada en una bata semi trasparente, hablando por el teléfono móvil.
- No cariño, hace rato que me desperte. Ayer me quede haciendo cosas…
-…
- No son cosas que se puedan decir.
-…
- Tú lo has querido. Anoche conoci a…
-…
- No era joven, debia tener unos… 30
Con la mano dije que subiera.
-…unos 35.
Yo le hice un ok con el pulgar.
-…
- Dejame que termine, mejor dicho que empiece…
-…
- Cuando se fueron las chicas yo me fui con el
-…
- José Antonio.
-…
- Ya lo se de podia haber llamado de otra forma.
-…
- Sigo, me lo traje a casa y follamos.
-…
- Si aun esta aquí, sobre la cama desnudo, y ahora me voy a subir encima y voy a cabalgar.
-…
- Ahora mismo.
Diana cumplio lo que dijo, se subio encima y comenzo a cabalgar.
-…
- Si, te voy a tener que dejar no puedo hablar por teléfono y follar a la vez.
-...
Diana colgó.
- Como se te ha ocurrido decir...
- No te preocupes, hay verdades que son increíbles, y esta es una de ellas...
No tardo mucho en alcanzar el orgasmo. Se dejo caer a mi lado. Tras unos minutos de silencio.
- Se esta haciendo tarde – dijo – no es que quiera que te vayas, es que he quedado con mis amigas. Iremos a comer y después al cine, intentare llegar pronto a casa. ¿Vendrás?
- Si tu quieres...
- Si quiero, como no se cuando me desharé de ellas, me dejas el teléfono y te llamo.
- Si te dejo el teléfono cuando me llames lo tendrás tu. Lo que quieres es que te deje el numero.
- Que gracioso, por eso esta noche quiero que me rompas el culo.
Nos intercambiamos los números de teléfono. Y por la noche me llamo. Y como ella predijo le rompí el culo.
A la mañana siguiente tras follar me fui, porque nuevamente havia quedado con sus amigas.
Estando en casa después de comer me acordaba de Diana y sus amigas, deseando que fueran unas cornudas. Entonces recibí un mensaje al teléfono de Diana.
- “Has comido, yo con las chicas” – escribió.
- “Si, ahora mismo pensaba en vosotras” – escribí.
- “Pues yo no he dejado de pensar en ti, he estado muy excitada.
- “Pues ya sabes usa el aparato o el dedito”
- “Prefiero tu polla”
Estuvimos mandándonos mensajes durante un rato. Hasta que lo dejamos.
Por la noche me volvió a mandar un mensaje.
- “Ha llegado mi marido, estoy tan cachonda que lo voy hacer con él, pero pensare en ti” – escribió.
No le llegue a contestar. Pero antes de las 12 de la noche, yo ya estaba en la cama, me volvió a mandar un mensaje.
- “El capullo de mi marido me ha rechazado... estaba cansado. Estoy en el baño usando el aparatito, pensando que eres tu aunque no lo seas, y estoy flipando”
Sonreí, y me dispuse a dormir.
A la mañana siguiente mientras me preparaba volví a recibir un mensaje.
- “No veas lo que te echo de menos, solo recordando como me rompiste el culo me pongo cachonda”
Aunque yo no le contestaba ella seguía mandándome mensajes a cuál más caliente. Durante todo el lunes, al siguiente día fue una repetición de lo mismo.
El miércoles, me mando uno justo cuando salía de ver a un cliente, y tenia tiempo.
- “Estoy sola, no dejo de meterme el aparato”.
No le conteste pero como tenia tiempo me acerque a su casa, y estando en la puerta le escribí.
- “Si estas sola y quieres que te folle abre la puerta”
Y unos segundos después abría la puerta. No sé si se estaría metiendo el aparato pero lo que sí estaba era medio desnuda. Me hizo entrar, y follamos. Al terminar me dijo.
- Sabes creo que estoy deseando que mi marido no me invite a pasar la semana. Y estar follando contigo.
- Y tus amigas...
- Por un lado desearía que se echaran atrás, que sus maridos las invitasen, para no compartirte con ellas, pero por otro lado me gustaría verlas follando contigo y que les rompieras el culo.
No pudimos hablar mucho mas pues yo tenia que irme, pero siguió mandándome mensajes. Aquella misma noche me mando uno interesante.
- “Si mi marido me invita pasar la semana, he decidido no ir con él, quedarme en casa”
- “Eso significaría que no te pone los cuernos”
- “Pero yo a él si y me ha gustado. Porque no te pides la semana que viene de fiesta y la pasamos juntos los dos”
- “Y tus amigas...”
- “Si se apuntan mejor lo pasaremos”
Al día siguiente, jueves fui a ver al jefe y le pedí la semana siguiente de vacaciones a cuenta de los días que debía. Y me los dieron. Aquella tarde le escribí a Diana.
- “Semana que viene libre”
- “Libre no follando. Mi marido aun no me ha dicho nada, y los marido de mis amigas tampoco”
Fue el viernes por la tarde, estando en casa cuando recibí un mensaje de Diana.
- “Esta noche ven directo a casa”
- “Y tus amigas”
- “Sorpresa”
Después de cenar me dirigí a casa de Diana, lo primero que pensé fue que les había dado esquinazo a sus amigas. Nada mas llamar me abrió la puerta Diana.
- Entra – dijo.
La seguí y allí estaban las dos amigas.
- Os lo dije – dijo Diana.
- Donde dejo mi ropa – dije enseñando la pequeña maleta.
- ¡La ropa! – dijo Elena.
- No os lo he dicho, pasara la semana con nosotras – dijo Diana.
Elena y Loles la miraron sorprendidas.
- Vienes dispuesto... – dijo Diana.
- Si... ¿Quién será la primera?
- Yo creo que debería ser Diana – dijo Elena – es la anfitriona.
- Bueno seria un honor, pero tenia que haber dicho quien será la segunda, yo ya he follado con él.
- Pues entonces seré yo – dijo Loles.
- Una sola condición, nada de preservativos a pelo – dijo Diana.
- Pero entonces... – dijo Elena.
- Si no quieres no lo hagas pero si lo haces esa es la condición, bueno hay otra...
- ¡Cual! – volvió a decir Elena.
- A su tiempo...
- Bueno como sea, yo estoy lo suficientemente caliente. Vamos – dijo Loles.
- La habitación esta lista – dijo Diana.
Y Loles y yo nos fuimos a la habitación. Nada mas entrar Loles se desnudo y se tumbo en la cama.
- Vamos te espero – dijo Loles.
La mire desnuda, la verdad aunque estuviera delgada estaba muy bien.
- Tu no es la primera vez que lo haces.
- El follar con un tío que no es mi marido, no. Tengo 32 años, llevo 8 años casada, no sé si mi marido se acuesta con una puta, pero desde que nos casamos nuestra relación sexual ha sido mínima, como crees que lo he soportado estos años.
Sonreí. Me desnude. Y me metí en la cama con ella. En su tercer orgasmo me corrí dentro de ella, en un par de veces vimos asomar a la habitación a Diana y a Elena.
Tras un descanso volví a hacerlo con Loles. Cuando volví al salón yo solo llevaba el slip, Loles iba desnuda.
- ¿Como...? – pregunto Diana.
- Ha sido increíble... teníamos que haberlo hecho antes – dijo Loles.
No quiso decir que ella estaba harta de hacerlo con otros.
- Y ahora que – dijo Elena.
- Pues creo que lo mejor es que cada una lo tenga un día entero para empezar, después ya veremos.
- Ósea que es mío hasta mañana por la noche – dijo Loles.
- Si hasta la cena – dijo Diana – pero no lo canses mucho que todas queremos que esta al máximo.
Estaba siendo usado como un objeto sexual, aunque viendo los resultados no importaba mucho.
- Pues entonces volvamos a la cama – dijo Loles.
Y volví a la cama con Loles, y volvimos a follar, hasta quedar rendidos.
Fue a la mañana siguiente, cuando escuche la voz de Diana llamando para el desayuno cuando me desperté. A mi lado totalmente desnuda estaba Loles. Intente despertarla pero me costo y medio dormida.
- No has tenido bastante, estoy rendida.
- El desayuno – dije.
- Ya pero que hora es...
- Las 10 de la mañana.
Dio un brinco de la cama y salió de la habitación.
- No crees que falta algo – dije.
- Se volvió y me dio un morreo con lengua.
- Me refería a la ropa – dije, pues Loles iba desnuda.
Sonrió, y salió al salón, yo la seguí, Diana llevaba su camisón transparente sexy, Elena un pijama de lo menos sexy, Loles iba desnuda, yo solo con los slip.
Diana se acerco a Loles, le metió el dedo en el coño arrancándole un gemido a Loles.
- No esta mal, huele a hembra caliente – dijo Diana.
- Estas descansado – dijo Loles mirándome – por que yo si lo estoy.
- No seas abusona, hoy le toca a Elena - dijo Diana.
- ¡Pero después de la cena! – dijo Loles – hasta entonces es mío.
Desayunamos, y como no, después volvía la cama con Loles.
Antes de la comida lo hicimos un par de veces, una de ellas en la ducha.
Durante la comida la que vi más nerviosa fue a Elena. Después tocaba siesta, fue Diana la que dijo a Loles que yo tenia que recuperar fuerzas. Eso fue lo que hice dormir para recuperar fuerzas.
- Estas despierto – dijo la voz despertándome.
- Eres tu Elena - dije.
- Quiero hablar contigo – dijo Elena.
- Tu dirás, siéntate aquí – dije golpeando el filo de la cama junto a mí.
No se sentó en el filo de la cama, pero sí en los pies algo alejada de mí.
- Se desde hace mucho tiempo que mi marido me engaña, es mas no lo oculta, incluso me lo dice. Por eso sabia al hotel donde iban.
- Tu siempre has sabido que vuestros maridos os ponían los cuernos.
- Los de ellas no lo sabia, pero lo imaginaba.
- Entonces porque aceptaste lo del amante.
- Por que no creí que fueran capaces.
- Pero lo han sido, mas de lo que imaginabas.
- Ahora tengo un conflicto.
- Cual, se lo dice y ya esta, no es necesario hacerlo si no quieres.
- Esa es la cuestión, que si quiero.
Me senté en la cama junto a ella. La cogí de las manos, acerque mi boca a la suya y nos besamos. Entre caricias y besos comencé a desnudarla, cuando estuvo desnuda, acaricie sus muslos, cuando mi mano entro en su entrepierna, instintivamente las cerro pero seguidamente las abrió y dejo que acariciase su clítoris y sus labios vaginales, pronto estuvo jadeando, desde la puerta Loles y Diana, sonreían.
No tardo mucho Elena en alcanzar el primer orgasmo. Me quite el slip.
- Quieres que me ponga preservativo, ellas no tienen porque enterarse – dije.
- Lo que quiero es que me la metas, lo otro es lo de menos... – dijo con las piernas abiertas esperando que se la metiera, no la hice esperar.
Elena tuvo dos orgasmos mas antes de que me corriera. Cuando salimos al salón lo hicimos desnudos. Ante la sorpresa de Loles y Diana.
- Mira la mosquita muerta – dijo Diana – la que no quería.
- Has follado bien – dijo Loles.
- No ha estado mal – dijo Elena – impresionante.
Diana llegaba con cuatro copas y una botella de champagne, lleno las cuatro copas. Y nos la entrego.
- Brindemos por los cornudos que van de caza – dijo Diana.
- Que a nuestros maridos les crezcan cada vez que nos follan – dijo Loles.
- Por muchas cacerías – dijo Elena – y que nosotras las disfrutemos.
Se tomaron la copa de un tirón. Y las volvió a llenar.
- Ahora una cuestión – dijo Diana mirándome - ¿Quién ha sido la mejor?
- Cada una a su modo ha sido muy buena.
- Pero a ninguna, solo a mi, se la has metido por el culo – dijo Diana.
- No me digas que a ti te ha enculado – dijo Loles.
- Si, por eso la otra condición, es que todas seamos enculadas.
Volvieron a llenar la copa.
- Porque nos rompan el culo a Elena y a mí – dijo Loles – Por que a diana ya se lo han roto.
Siguieron bebiendo y celebrando la cornamenta de sus maridos. Una tras otra se fueron turnando durante aquella semana, y como vaticino Diana, todas terminaron por prestarme su culo para ser follado.
Durante semanas y meses quede con ellas algunas veces por separado en su casas, otras juntas. Siempre con el mismo resultado.
Seis meses después de nuestro primer encuentro la compañía en la que trabajaba me mando a otro puesto. Y al principio nos mandamos algunos mensajes sobretodo calientes, pero con el tiempo dejaron de mandarlos, supongo que encontrarían a otro amante.
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Reencuentro con un viejo amigo
El encierro y la falta de pasión en su relación la empujan a buscar calor en un viejo conocido.
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Venganza o felicidad 4
Juan creyó que su vida había terminado, pero el purgatorio le devolvió con un propósito: proteger a quienes ama.
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