Xtories

EL EXTASIS DE SUS RELATOS (El buen Cuckolding)

En el silencio del coche, mientras la carretera se desdibuja, ella susurra planes que no son solo fantasías. Él sabe que su libertad es su mayor placer, pero esta vez, la promesa de un nuevo amante en la academia lo lleva al borde del descontrol.

AGUILAR14K vistas9.0· 8 votos

EL EXTASIS DE SUS RELATOS (El buen Cuckolding)

Bueno, ya sabéis, por otros relatos, qué es lo que más me excita en este incomparable placer que es el sexo, y que no es otra cosa que el que mi esposa tenga la absoluta libertad de disfrutar con quien le apetezca, simplemente. Y es así, pero añado que me gusta, sobre todo, presenciarlo, aunque a veces es suficiente con que me cuente sus aventuras, si es posible con todo detalle. Como ella lo sabe, suele deleitarme con sus comentarios, muchas veces aprovecha cuando viajamos en nuestro coche, lo que me pone tan calentito que apenas si me doy cuenta de los kilómetros que hacemos, aunque sean muchos. Eso sí, con toda la atención a la conducción, aunque realmente muy emocionado y excitado a la vez. Luego, solemos rematar en la cama, o en cualquier otro lugar, donde sus relatos alcanzan toda la intensidad de excitación que me hace gozar locamente.

Pero la verdadera virtud de mi esposa es darle carta de naturaleza a todo lo que me dice. No se sorprende por nada, ni suele darle mayor importancia a lo que ocurra, por diferente que sea y por muy especial que les parezca a los demás. Si lo que hace le gusta, pues a ello y ya está. Tiene la personalidad suficiente como para decidir ella misma lo que le conviene o no le conviene. En cuanto a lo de su habilidad para entusiasmarme con sus relatos, es única. Es capaz de convertir las fantasías en realidades, y viceversa, siendo muy dificil para mí discernir si lo que me cuenta es real o inventado, por lo que he decidido creer todo lo que me dice, ya que le viene muy bien a mi placer. Pero lo más significativo es cómo lo cuenta. Sus susurros en mis oídos, cuando estamos follando, suenan como una música que acaricia todos mis sentidos. Llego a tales límites de éxtasis con sus palabras que en varias ocasiones he estado a punto de desmayarme por el placer recibido..

No creáis que necesita construir frases extraordinarias, en ningún caso, ni recurrir a lo más soez del diálogo. Simplemente lo dice de una forma tan convincente que me hace ver lo que cuenta como si proyectara las escenas en una pantalla, que yo contemplo en toda su dimensión. Por eso es imposible no creerla, aunque fuese inventado. Además juega con esa ventaja, ya que la imaginación no tiene límites nunca en su libre carácter.

Tiene la facultad de ser oportuna, y para excitarme, cuando le apetece hacerlo, pronuncia una de sus frases aparentemente espontaneas, y ahí comienza todo en mi excitación. Ya os digo que son comentarios sencillos, de contenido normal, pero dichos de tal manera y en su momento justo, que tienen un especial y erótico significado para esa parte de mi mente que se pone en marcha a través de su voz. A veces es suficiente con mencionarme el nombre de alguna persona que tiene relación directa con alguno de los momentos de placer que alguna vez disfrutamos. Por ejemplo: suele recordarme que aquel tiempo extraordinario que de vez en cuando tenía que prolongar en la oficina, era solo la excusa para poder quedarse a solas con su jefe un ratito, cuando la provocaba y conseguía lo que quería, para lo que invertía la última media hora en su supuesto trabajo, pero realizándolo apoyada en la pared. Solo tiene que mencionarme algo que me lo recuerde, sin ser necesario referirse a la ocasión concreta, ni siquiera a cómo pasó. Otras veces me refiere el placer que la dio aquel amigo con quien compartimos almuerzo, postre y siesta en aquella casa de campo, que este si que fue un caso real, porque estaba yo, y ya os lo conté en otro de mis relatos publicados en esta deliciosa página. O el caso del amigo que la ayudó un día a llevar la compra a casa, y luego todo empezó por unos besos muy bien dados y unos hábiles dedos; yo diría que eso también fue verdad y que ocurrió tal como me lo relata. En ocasiones añade aquello de «siempre que me lo he propuesto he ligado, y me encantaba» O aquello otro de «Si volviera a nacer iba a aprovechar, más de lo que lo he hecho, la oportunidad de disfrutar en la cama» Lo sabe; sabe que esos comentarios me encienden.No importa que me repita historias y opiniones de este tipo, siempre me ponen igual de bien recordándolos.

Como os indicaba, tiene el arte de pronunciar palabras muy normales que en ella suenan de forma distinta, produciéndome el efecto que ella se propone, conociendo mis sensaciones, y muchas veces acabamos en la cama o en el sofá con ese delirio que me causas sus maravillosos argumentos. Incluso en una ocasión lo hizo cuando yo estaba viendo en televisión uno de esos partidos de futbol que me apasionan de mi equipo contra nuestro principal rival. Ante sus insinuaciones dejé el futbol para disfrutar con lo que me estaba diciendo para llevarme al límite del deseo, convirtiendo nuestro dormitorio en el paraíso de la locura sexual. Sencillamente me incitó a llevarla a la cama insinuándome que cualquiera que tuviese a su lado a una mujer tan caliente como ella estaba, seguramente le importaría más meter lo que fuese necesario a que su equipo metiera un gol. Y a eso no pude resistirme.

Por poner otros casos que afianzan sus convicciones, de vez en cuando me asegura que la libertad sexual es uno de los dones a los que una mujer nunca debería renunciar. Y añade casi siempre que le fascina vivir nuevas experiencias, esas que implican la alteración por la novedad; y me lo tiene demostrado. Me encanta ese pensamiento cuando ella me lo trasmite. Últimamente me ha dicho algunas cosas con toda la sensualidad que cabe en una señora: que la apetece en cualquier momento, que no hay nada como el gusto de correrse, que nada está más rico que alguien que te lo haga bien, que los buenos besos en cualquier momento son el preludio siempre de algo más, o al menos que a ella le ha pasado eso cuando se los han dado…Insisto que lo que dice lo hace de forma aparentemente no intencionada, pero que tienen toda la intención de complacerme, por lo que no puedo estar más agradecido.

Pues os cuento una de esas ocasiones en que me puso tan fogoso que a veces me pregunto si lo habré soñado. Ocurrió así:

Aquella noche veníamos de Valencia, ya habíamos recorrido unos cien kilómetros. Bajó la música para hablar, con la excusa de que hablándome de lo que a mí me gusta no tengo riesgo de quedarme dormido mientras conduzco. Comenzó diciendo: «Cariño, ¿no hay envases del lubricante de tamaño más pequeño que el que compramos.? Te lo digo, porque para llevarlo en el bolso es muy grande y llamativo. Y quiero llevar siempre uno, porque nunca se sabe»

— Claro que los hay más pequeños…menos de la mitad de tamaño— contesté.

— No es por nada. Contigo no me importa, pero si tengo que usarlo con otras personas, prefiero que sea más disimulado. No quiero que sea tan exagerado. No me importa que vean el tubo, porque al fin y al cabo me gusta untármelo cuando están delante, pues también eso resulta excitante. Pero quiero que sea más discreto.

— También puedes ir primero al lavabo y dártelo— respondí comenzando a sentir ese cosquilleo que ella percibe inmediatamente, quizá por la vibración de mi voz alterada.

— No es lo mismo. A mí me gusta que, cuando me acarician y me tocan, haya continuidad. Me encanta que, si lo siguiente es quitarme las bragas, darme esa cremita para que sus dedos no me hagan daño. Date cuenta de que a los hombres os gusta enredar con nuestro clítoris y creer que nos provocáis la humedad necesaria.

— Claro, es así. Pues compraremos uno…un día de estos. — respondí convencido de que solo intentaba caldearme un poco.

— Un día de estos… no. Quiero que sea ya, porque me parece que lo necesitaré más pronto que tarde. —insistió.

— Vale, pero de momento tenemos este que llevamos en la maleta…y creo que en casa hay alguno más.—añadí, como si no me estuviera enterando de nada.

— Ya veo que no me has entendido. Lo que quiero decirte es que tal vez tenga que usarlo muy pronto, y no precisamente contigo.

— No te entiendo— le dije. Pero lo había entendido muy bien. Solo quería que lo explicase mejor.

— Imagínate que llego al motel y saco ese pedazo de bote, que parece cualquier cosa menos un frasco y lo pongo sobre la cama…

— Sigo sin saber a qué te refieres. ¿Qué es eso del motel?— pregunté, ya felizmente enardecido del todo.

— Digo yo que, si me sale algo, y yo creo que está a punto de que suceda, no me llevará a su casa…me llevará a un apartamento, a un hotel. A mí me gustan más los moteles, son más íntimos.

Mi grado de excitación ya estaba en la cuarta marcha. Pero preferí seguir la corriente aparentando despiste:

— ¿Es que tienes algo a la vista?

— Más o menos. Lo que si tengo ganas es de hacerte un regalo, y como sé que lo que más te gusta es que me echen un buen polvo, pues te lo voy a regalar. Si tú quieres.

— No me digas esas cosas, que mira cómo me estas poniendo— cogí su mano y la llevé por encima del pantalón hasta mi pene ya endurecido.

— Pues es lo que hay. Estos días atrás no lo hice por poco, Pensé que como te gusta verlo…aunque esos es más dificil organizarlo. Pero también te lo puedo contar. Antes te conformabas con que te lo contase.— dijo esto con la voz más acaramelada que pudo.

— Claro que sí; con que me lo cuentes me vale— aseveré totalmente alterado, si bien pensé que solo trataba de distraerme con lo que más me gusta: su propio erotismo al hablar de estas cosas..

— Pues quizá te lo cuente muy pronto. Hay uno que baila conmigo en la academia, que cada vez me la arrima más cuando ensayamos. Aprovecha siempre que la clase es con baile agarrado…incluso el otro día se le escapo un besito en mi cuello.

— ¿Y qué le dijiste?

— Nada ¿Qué iba a decirle? Me limite a sonreírle. Y luego pensé que no está nada mal para pasar un ratito. Por eso si algún día tardo un poco más de lo debido es porque hemos prolongado la clase, ya me entiendes, quizá en su coche, o en donde venga mejor.

— ¿Te gusta ese tío?

— Para nuestra edad no está mal. Tiene mis años más o menos, y es atractivo y elegante, como a mí me gustan. Por cierto, el otro día pensé que una de las mejores cosas que nos está pasando es precisamente esto de la edad; se te quitan ciertos miedos a lo que pueda pasar; de joven siempre follé con el temor a quedarme embarazada. Ya sabes que nunca me ha gustado hacerlo con preservativo, pero no me fiaba. Y ahora ya no hay problemas con eso, y disfruto más, porque me gusta notarla dentro al natural, en carne viva y palpitante, que me caiga todo bien dentro y saborearlo. Cuando me lo hacen con condón me parecen todas iguales…un troce de plástico sin sustancia. Esa es otra de las cosas que me gustan, disfrutar sin miedo con otro hombre hasta el final. Si me voy con este que te estoy diciendo, y eso será cualquier tarde, quiero probar algo nuevo y verdadero, nada de lo artificial.

— Ciertamente tienes razón, la edad nos ha favorecido en esto. ¿Pero de verdad que quieres fallártelo, así sin más? —añadí para provocar más detalles.

— Y que más quieres…me gusta la idea de complacerte y me pone muy caliente solo en pensar en cómo te pondrás cuando te lo cuente. Recuerda cómo te pones cuando te cuento como me metieron los dedos entre las bragas la primera vez que no fuiste tú. Acuérdate que cuando te comenté que con aquel me dejé que comenzara a masturbarme me pareció que nadie me lo había hecho como él en aquel momento, y que terminó metiéndomela despacito como para que yo no le riñera por eso, y que cuando te lo confesé casi te da un infarto, sobre todo cuando te expliqué que no pudo contenerse y se corrió dentro de mí. Yo no puedo olvidar tus temblores de placer, y cómo te excitabas cuando te decía que luego repetimos varias veces, haciéndolo de distinta forma. No puedes haber olvidado el día que me llamaste por teléfono y yo le tenía encima a punto de correrse y que te lo dije, y que me corrí hasta tres veces solo de oír tu respiración al otro lado del auricular, mientras él pensaba que el placer solo se debía a sus envestidas. Terminó roto, y luego tú me aseguraste que jamás te habías hecho una paja mejor que la de aquel día mientras escuchabas mis palabras y mis jadeos.

— Eso no se me podrá olvidar nunca— aseguré.

— Pues imagínate que te vuelvo a contar algo parecido un puñado de años después…estoy segura de que te da algo. — acompañó sus palabras dando un pequeño apretón al bulto de mi bragueta.

— Ya lo creo que me da algo. Por cierto.. ¿Él sabía que mientras te estaba follando, estabas hablando conmigo?

— Claro, yo se lo dije. Por eso ya no temió a hacérmelo delante de ti algunas veces ¿ o no te acuerdas?

— Cómo no acordarme, si solo de pensarlo cuando tú me lo recuerdas estoy a punto de morirme de gustazo.

— Por eso te refresco la memoria, según tú es el mejor regalo que te haya hecho nunca. Me gusta verte contento y feliz, y por eso lo hice y estoy dispuesta a hacerlo más veces.

— Quiero parar, no aguanto más. Necesito metértela ahora mismo y que se te quede dentro sin poder sacarla. — exclamé fuera de sí.

— Pues para, y follamos un poco, y te cuento como pienso hacerlo con mi nuevo amigo. Estoy empapada, por si quieres comprobarlo.—contestó con firmeza como si fuera lo más normal que tenía que ocurrir.

Salimos de la carretera. Su relato me ponía incluso en riesgo de no conducir con la debida precaución. Paramos. Encontramos una arboleda bastante discreta, también escondidos por la propia oscuridad de la noche. Pudimos tumbar los asientos y acomodarnos, ella abrazándome con sus piernas para acompasar mis movimientos. Luego, se empañaron los cristales y eso la tranquilizó mucho más suponiendo que no podríamos ser vistos por nadie que pasara por allí, si bien llegó un momento que eso tampoco importó y me pidió a gritos que acelerase mi ritmo y me vaciase en su abrasado interior.

Antes, cuando le quité las bragas, su coño no necesitaba crema alguna para suavizar mi penetración. Sus besos quemaban más que nunca, pero especialmente sus palabras se instalaron en mi cerebro cual droga de éxtasis profundo y placentero. La escuché más atento que nunca, mientras aumentaban mis sensaciones sin límite y mis escalofríos, que estremecían todo mi cuerpo. Fue algo así:

— Fóllame, cariño. —me pidió entusiasmada— Fóllame pensando en cómo me la van a meter si todo sale como lo tengo planeado. Imagina como me acariciará hasta ponerme tan caliente que le pida que no pare. Te aseguro que pondré todas mis ganas para luego contarte el gusto que me ha dado, y como disfrutó él con mi raja supercaliente. Te daré todos los detalles. Te contaré como me folla y como me echa el polvo que luego me notaras en casa, porque nada más que llegue me la meterás tú para que lo notes y te vuelvas loco. Imagínate cuando se dé cuenta de que quiero que me folle y se le ponga tan tiesa como cuando baila conmigo, pero esta vez sin telas por medio, sino su polla en carne viva frente a mi coño, que se la tragará con todas las ganas pensando en ti para cuando vuelva a casa. Piénsalo y córrete dentro de mi como se correrá él cuando note el calor de mis ganas cuando esté más abierta y hambrienta para que me penetre hasta el fondo. Piensa en ello, que te lo voy a demostrar muy pronto, para que disfrutes sabiendo como me ha revolcado en la cama, hasta que se desquite de todo lo que me doy cuenta que piensa cuando me mira el culo mientras bailo yo sola en medio del salón sin que me agarre él… Se le hace la boca agua y le noto el bulto en su pantalón, al que, en el momento que puedo, me arrimo para notarlo bien cerca de donde deseo que me lo ponga. Un día me dio hasta fiebre del deseo que sentía bailando un tango. Estoy segura de que ya se ha hecho alguna paja pensando en mí, se lo noto en su mirada, en cómo me agarra de la cintura, en cómo se pone de caliente cuando le aprieto un poco y nota el calor que desprendo a través del vestido. Te aseguro que vamos a follar cualquier día de estos a rabiar, que me devore de una vez por todas. Por favor córrete, que me estoy corriendo solo de pensar en una nueva polla, en algo que será distinto, con lo que me voy a correr como ahora me estoy corriendo, y todas las veces que él quiera…¡¡córrete por favor, como si fueras él!!.

Y así nos corrimos los dos, pesando en que cualquier día el gusto nos implicaría a los tres. Fue increíblemente intenso.

Continuamos el viaje. Podríamos haber guardado silencio después de habernos quedado tan a gusto. Pero aún quedaban las últimas palabras de mi esposa antes de finalizar el recorrido hasta casa.

— Me lo he pasado fenomenal. Pero me lo voy a pasar mejor el día que te cuente esto de verdad. Me apetece hacerlo y lo haré. A mi edad no quedan muchas más oportunidades, y no despreciaré esta.

Podréis imaginar qué ocurrió en casa finalizado el viaje, cuando al meternos en la cama me dijo:

—Esta vez no es una fantasía. Si quieres te acercas un día a la academia y podrás comprobar tú mismo lo que te digo. Al fin y al cabo él no te conoce y no podrá sospechar que estas mirando.

Mentira o verdad. Imposible decirlo, tal como actúa mi esposa. Hace que sea normal lo que a otras y otros les parecería anormal; repito que no le da ninguna especial importancia a realizar lo que, como ella dice, es solo asunto propio, estando convencida de que lo bueno nunca hay que despreciarlo.

Sí, es dificil discernir entre fantasía y realidad cuando ella se expresa. No dudéis que, si se cumple su relato, os lo contaré para gozar aún más de lo que he gozado escribiendo esto.