Xtories

Cornudo consentidor Nº4 El viaje

Sabe que el viaje es largo y que él no puede evitar mirar. Pero lo que empieza como una broma en la zona de servicio se convierte en una promesa prohibida: sin bragas, sin límites y con el mundo entero como testigo involuntario.

Carlos22K vistas9.0· 25 votos

Quería pedir disculpas por la tardanza pero es que la semana pasada fueron fallas y no hemos parado ni un momento, y eso que el tiempo ha sido malo pero teníamos muchos compromisos. Muchas gracias también por los comentarios y espero que les guste esta nueva entrega. Los sigo metiendo en infidelidad porque empezó con eso y seguirá con ello pero en estos últimos relatos es más exhibicionismo. Pero la noche aun es joven.

Nos subimos al coche, yo conduciría la primera parte del recorrido y ella la parte final. Eran siete horas y media de camino. Ella llevaba una minifalda ligera con estampado de flores y un top blanco, con tanga y sujetador blanco también y lo completaba con unas sandalias. Yo llevaba pantalón corto vaquero y camiseta negra.

Las primeras dos horas las pase escuchando solo la música, ya que ella se durmió al poco de partir, y no la culpo eran las 7 de la mañana. Cuando se despertó decidimos parar a mear y comer algo.

En la siguiente zona de servicio que encontramos paramos. Nada más salir estiramos las piernas, cuando me di la vuelta la vi con los brazos hacia arriba y arqueando la espalda, estaba preciosa, pero mejoro cuando una corriente de aire se metió entre sus piernas y levanto su falda un segundo dejando su culo a la vista.

La llame y fuimos al restaurante, hicimos una parada técnica y comimos y proseguimos nuestro camino. Jesica iba leyendo un libro estirada en el asiento, y en uno de sus movimientos intentando ponerse cómoda hizo que su falda se subiera y dejara a la vista la parte delantera de su tanga, me hizo gracia que ella no se diera cuenta y no le dije nada. Cuando adelantábamos a otros turismos no pasaba nada pero cuando adelantábamos camiones era otra cosa, cuando pasábamos por su lado los camioneros tenían una buena visión de las piernas y tanga de Jesica, alguno me hacía luces pero no fue hasta que uno hizo sonar la bocina que Jesica levanto la mirada del libro y vio el espectáculo que estaba dando. Se recompuso enseguida y me miro seria.

J: Anda que me vas a decir algo, yo aquí con el coño al aire. Y me da un golpe con el puño en el hombro.

C: Mujer al aire no que llevas el tanga, pero si han habido unos camioneros que ya tienen material para esta noche. Le conteste mientras me moría de la risa.

J: Mira que te gusta que me miren pero por lo menos avísame.

C: Vale a la próxima te lo digo.

Como íbamos bien de tiempo decidimos parar a comer en Córdoba. Ahí entramos en la ciudad y buscamos un sitio para comer y descansar.

Entramos a un restaurante de tapas y pedimos la comanda. En esa estábamos cuando note el pie de Jesica acariciándome la pierna y subir. Yo me puse nervioso por primera vez, eso no me lo esperaba.

J: Que pasa cornudin ¿Estas nervioso?

C: No me lo esperaba la verdad, a que viene esto.

J: Tú has jugado conmigo en el coche sin permiso ahora voy a jugar yo contigo sin el tuyo. Y será mejor que te relajes por que no querrás que todo el mundo se entere de que pasa aquí abajo ¿no? Esto lo dijo plantando el pie directamente en mi pene y acariciándolo por encima del pantalón.

Yo trague saliva y rápidamente cogí el mantel y lo puse por encima mío para que no se viera el pie. No sabía a donde mirar. Si miraba al frente la veía a ella tirada sobre la silla mirándome fijamente, una mirada que no podía resistir si quería aguantar y si miraba alrededor me parecía que todos nos miraban y cuchicheaban sobre lo que estábamos haciendo, cosa que realmente no pasaba. Así que me centre en la comida e intente no pensar.

Estuvo un buen rato comiendo y acariciándome con los pies, a veces uno a veces el otro y otras los dos. Cuando me los quito de encima suspire, ella se incorporó.

J: Bien aguantado, hubiera querido jugar más pero así no estoy cómoda para comer y tengo hambre.

C: Y por lo que veo no solo de comida. Le dije dirigiendo mi mirada a sus pezones que se marcaban en el top. Por lo que veo a ti también te gusta jugar conmigo.

J: Si me he puesto bastante cachonda, creo que he mojado el tanga. Metió la mano debajo del mantel y cuando la saco tenía un dedo mojado, lo olio. Si estoy bastante mojada. Y soltó una carcajada.

C: Y por qué no te lo quitas y así no la manchas. Lo deje caer como si no fuera nada, quería averiguar si ella aceptaría sin que tuviera que ordenárselo.

J: Veo por donde vas, y me imagino que si no lo hago me lo ordenaras.

C. Ya sabes que siempre puedes decir que no.

J: Este viaje es para desesterarnos y disfrutar ¿no? Pues disfrutemos. Y se levantó cogió su mochila y se fue al baño.

Tardo bastante en volver, pero cuando la vi aparecer no me lo creía, no solo me imaginaba que se había quitado el tanga si no que venía también sin sujetador, y su movimiento era hipnótico, ver cómo iban libres de y vibraban a cada paso que daba sin que nada las retuviera.

C: Uouh, veo que vamos a tope.

J: Si ya que estamos vamos a full.

C: ¿Y cómo sé que no llevas el tanga?

J: Ya lo veras.

C: Para quitarte dos cosas has tardado de mas ¿no crees?

J: bueno es que viéndome ahí desnuda, solo con la faldita me ha dado ganas de acariciarme un rato, ya que yo puedo lo aprovecho.

C: Que cabrona espero que me recompenses. Le dije riéndome.

J: Si te compensare y te podrás pajear.

En ese momento pedimos la cuenta, pagamos hicimos una última parada en el servicio y nos dirigimos al coche. Como solo faltaban dos horas y media y yo había descansado le dije de conducir yo.

C: Cariño deja, conduzco yo lo que queda y así tú puedes seguir leyendo.

J: Tu lo que quieres es que vaya en el copiloto para que me vean.

C: Bueno, también. Le dije mientras le daba un beso apasionado y le cogía el culo por debajo de la falda comprobando que no me había mentido.

Nos separamos y cada uno ocupo su lugar en el coche. Mientras estuvimos en la ciudad me fue indicando pero en el momento en que salimos a la autovía, se volvió a reclinar saco su libro de la guantera y se puso a leer. Yo no lo pude evitar y estire mi mano hasta la parte delantera de su falda y se la levante dejando al descubierto su pubis perfectamente depilado. Cuando hice esto ella me miro por el rabillo del ojo y sonrió dejándose hacer. Así que se la remangue y deje expuesto su pubis. Ella mantenía las piernas juntas pero conforme fueron pasando los kilómetros, el cansancio y el solecito calentándola más si cabe hizo que en un momento dado abriera las piernas y su coño apareciera y se abriera pomo una flor en primavera.

Que delicia de visión y que ganas de adelantar me entraron, cuando adelantaba a los camiones iba reduciendo velocidad para pasar despacio a su lado, ella se hacia la distraída pero se le notaba que le gustaba. Así sin que se nos hiciera pesado llegamos hasta la Cádiz. Llegamos al hotel después de dar un par de vueltas y es que Jesica y el GPS no se llevan bien, un hotel a las afueras con piscina donde poder refrescarnos, comedor bufet y poco más. Mientras yo hacia el papeleo del check in, ella me dejo las maletas y se fue a ver la piscina. La vi alejarse y atravesar la puerta que daba al exterior, donde se veía a familias disfrutando y a chiquillos jugando, mientras el socorrista intentaba poner orden.

Una vez hecho todo el papeleo y ya con las tarjetas en mi poder, cogi el equipaje y me dirigi a la piscina para avisar a Jesica que ya podíamos subir. Cuando salí, la busque y la encontré en el borde de la piscina agachada tocando el agua, al menos se había agachado juntando las piernas y bajando el culo, haciendo que no se le viera nada. En eso estaba admirándola cuando se levantó y al darse la vuelta fue empujada por un niño que corría alrededor de la piscina con una colchoneta. El empujón le hizo perder el equilibrio y tirar el pie izquierdo hacia atrás, en circunstancias normales no hubiera pasado nada pero ese pie no tenía donde apoyarse más que en el agua de la piscina, haciendo que cayera de espaldas a ella. Yo la vi caer como a cámara lenta y como su cara iba cambiando de semblante. El niño al notar el golpe solto la colchoneta y se dio la vuelta. Los dos segundos que tardo en salir a flote hizo que todos se quedaran en silencio. Cuando salió tenía el pelo por toda la cara y estaba desorientada sin saber que había pasado. Tres segundos es lo que tardo el socorrista en saltar para ayudarla a llegar hasta el borde más cercano. Yo no sabía dónde meterme porque me había dado un ataque de risa brutal. La gente no se reía por vergüenza o lo hacía a escondidas, hasta allí se acercó el padre del chiquillo que cogiéndolo del pescuezo le dijo que se fuera a la toalla y que no se moviera de allí. Mientras Jesica y el socorrista llegaban al borde el padre se apresuró a pedirle disculpas y si se encontraba bien. Una vez ya situada pero sin saber cómo había acabado ahí fueron nadando hasta la escalera de aluminio que estaban más próxima. A todo esto eran el centro de atención de todos los de la piscina. Pero claro, mientras solo tenía fuera la cabeza bien pero cuando fue a subir por la escalera…. El top se pegó como si fuera una segunda piel a sus tetas que además al ser blanco era prácticamente trasparente y la falda se pegó a su trasero pero afortunadamente no se trasparentaba pero dejaba poco a la imaginación. Claro cuando el padre, que estaba en la parte de arriba de la escalera, vio lo que le venía encima no sabía dónde mirar. Y el socorrista que subió después que ella, cuando la rodeo para hablar lo mismo. Yo me acerque con una toalla en la mano y se la di, ella viendo el percal había estado tirando del top para que no se pegara a su pecho pero tampoco podía hacer milagros, así que cogió la toalla y se la puso alrededor como si fuera un pareo. Ahí me fije más y el padre tendría unos cuarenta y pocos años de mi altura y de complexión normal, se notaba que hacia ejercicio pero ya empezaba a notarse la barriguita y el socorrista se notaba que era un chaval que no llegaría a los veinte, no era el típico chulito marcado, pero sí que se notaba que iba al gym.

Padre: Lo siento señorita, es que mi hijo es muy inútil y no sabe por dónde va.

Socorrista: Mira que le he avisado que no se corría en la piscina y no me ha hecho caso. Estas bien necesitas algo.

J: No, tranquilos estoy bien es que no me lo esperaba y me he desorientado.

P: ¡Niño! Ven aquí a pedir perdón.

J: No hace falta son cosas de niños.

P: Anda que no ese se va a enterar espera que lo traigo de la oreja. Y se fue directo a por el chiquillo.

S: Bueno si necesitáis algo decírmelo, por cierto esto es tuyo que estaba flotando. Alargo la mano para darle una de las sandalias a Jesica.

C: Muchas gracias.

P: ¡¿Qué se dice?!

Niño 1: Esta muy buena señorita. La carcajada que solté no fue ni normal, igual que no fue normal la colleja que le metió el padre.

P: ¡Eso no niño!

N1: Pero si es lo que has dicho tu cuando ha entrado, lo siento señorita ha sido sin querer. El padre no sabía dónde meterse.

J: Tranquilo lo sé.

De detrás del padre salió otro chiquillo, quitándose una máscara de buceo que vende una famosa tienda de deportes, algo más mayor que el otro y tirando de la camiseta del padre le dijo:

Niño 2: Papa, papa.

P: ¿Qué quieres tú ahora?

N2: La chica no lleva bragas, lo he visto mientras ella nadaba a la escalera. La cara de Jesica y el padre se pusieron rojas a más no poder y yo tuve que aguantar la risa. Los niños no se callan nada.

P: Anda no digas más tonterías y lleva a tu hermano con vuestra madre. Lo siento en el alma señorita si necesita algo pídanoslo, estamos en la habitación 304.

J: Muchas gracias pero no necesitamos nada, nos vamos a la habitación a ver si me cambio.

Cogimos las cosas y nos metimos dentro y nos dirigimos a los ascensores. Una vez dentro no me contuve y me empecé a reír, le abrí la toalla y se le veía perfectamente las tetas. Ella me golpeo sin maldad.

J: Menudo mal rato he pasado, no sabía dónde meterme.

C: Yo me lo he pasado genial. Además ¿Sabes que es lo mejor?

J: ¿Qué?

C: Que nuestra habitación es la 404.

Llegamos a la habitación dejamos los trastos, Jesica se puso otra ropa y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad.