Xtories

Cuernos y jaula de castidad 1

La llave cuelga de su cuello mientras él la penetra sin piedad. Afuera, tú esperas en silencio, con el metal apretando tu vergüenza y la duda devorándote. ¿Qué está haciendo ella ahora mismo? ¿Y por qué no puedes dejar de mirar?

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Buenas a todas y todos y gracias por leer antes de nada. Somos una pareja, ella rozando los 40 y yo con 47 años, esta historia ocurrió a finales de 2019. En ese año habíamos empezado a jugar con juegos de castidad, o sea, yo llevaba puesta una jaula de metal en el pene de unos 5 centímetros que evitaba que mi pene se pusiera erecto, y tuviera orgasmos. Llevaba así mes y medio, antes varios periodos más cortos y en ese último mes no me había corrido ninguna vez pero ella decenas de veces, cada día se corría como mínimo dos veces jugando con la jaula. También habíamos incluido los cuernos. Ella quería follar y yo no podía, no la llenaba y al estar en castidad cuando me liberaba me corría enseguida y ella necesitaba que la empotraran, como decía ella. Yo no podía o sabía hacerlo. Ella había conocido a varios chicos pero en una web de contactos encontró a un hombre de su edad, más o menos igual de alto que yo, le había gustado. Habían quedado para conocerse y la segunda vez que se vieron ya follaron y a ella le encantó. Tanto que pensaba que podía ser un amante fijo. Como me decía, la tenía más grande que yo, gorda y larga y a ella le encantaba como le follaba el culo. Con este preámbulo empiezo la historia de lo que pasó ese viernes, que era la tercera vez que se veían y que directamente iba a follar.

Ella se estaba duchando, yo esperaba en la cama desnudo con la jaula de castidad puesta. Llevaba más de mes y medio con ella puesta con liberaciones para limpiar o afeitar pero sin ningún orgasmo y si algún orgasmo frustrado. La puerta del baño se abrió y el vapor inundó el dormitorio. Ella salió desnuda, sólo un colgante del cuello y una pequeña llave unidad a la cadena. El pelo alborotado, me sonrió, yo la miraba excitado, la jaula estaba hinchada. Se acercó a mi y me dio un pico mientras con una mano agarraba la jaula. “¿Estás bien?” preguntó. “Si, sólo miraba” respondí.

“¿Estas excitada?” pregunté. “Si, la verdad es que si. Y un poco nerviosa. Pero si, muy excitada, me acabo de duchar y me noto húmeda” respondió. Empezó a vestirse, primero se puso las medias y luego el liguero, yo la observaba con deleite, estaba impresionante. Llevaba varios piercings, uno en cada pezón, otro en el ombligo y, los mejores, un aro en cada labio vaginal. Ella iba de un lado de la habitación cogiendo cosas. Se puso a peinarse mirándose en el espejo y mirando de reojo a mi reflejo. Luego cogió unas braguitas tanga que llevaban una abertura a la altura del coño para poder acceder a él sin tener que quitárselas. Después se puso un vestido rojo que le llegaba justo a la altura del liguero, sin sujetador. Se terminó de peinar mientras me sonreía. Luego me miró a mi y me preguntó: “Bueno, ¿estarás bien? Ahora toca emplugarte.” Yo asentí y me puse a cuatro patas en la cama, ella se agachó y me dio una palmada en una nalga, a continuación me besó el trasero y empezó a untarme el ano con lubricante. Yo me relajé y empecé a notar como el plug iba entrando poco a poco hasta la bola, ahí noté un pinchazo de dolor. Ella paró y volvió a probar y de un último empujón lo metió entero. Yo me noté lleno. La jaula de metal me apretaba el pene y al mismo tiempo notaba el plug llenándome el culo. Ella me indicó que me diera la vuelta y volvió a preguntarme si yo estaría bien. Yo volví a asentir.

Al darme la vuelta sobre la cama, noté el plug clavarse hasta lo más hondo y la jaula palpitar mientras ella sonreía y agarraba los huevos muy hinchados. “Estas preciosa” volví a decir. Ella se acercó y cogió los tacones negros de punta carísimos que yo le había regalado, se los puso y empezó a maquillarse. Yo me levanté y me acerque por detrás, le levanté la falda un poco y pasé la jaula por su culo. Ella se sonrió y echó una mano atrás agarrando la jaula con cariño, luego bajó y agarró los huevos con fuerza diciendo: “mmm, que duros e inflados tienes los huevos, como se nota que llevas ya tiempo sin eyacular, ¿te gusta eh?” Yo mirándola al espejo asentí. Ella se giró, me miró y sin soltar la jaula me dijo: “estoy un poco nerviosa. Me da noseque dejarte aquí solo, enjaulado y emplugado mientras yo estoy follando con él.” Yo respondí: “Bueno, ya has estado con él y ¿te gusta no?”; “Si”, dijo ella. “¿Tienes ganas de follar con él?” seguí yo. “Si, la verdad es que folla muy bien y yo tengo ganas” respondió, “además, ¿tu no puedes follar, verdad?” añadió. Yo asentí bajando un poco la cabeza. Ella me miró y me dijo: “Eres mi casto cornudo y su polla es para follar y "mi" jaula con tu pequeño pene para jugar, ¿verdad?” Yo volví a asentir. Me dio un pico y me dijo, vaa, vístete que vas a coger frio y dejame que acabe de prepararme. Ella se dio la vuelta y siguió maquillándose, yo sin saber porque me arrodillé detrás de ella, le levanté la falda y me puse a besarle el culo y luego a lamerle el ano. Ella se inclinó un poco sacando el culo, yo pasé un dedo por el hueco de las braguitas y noté lo mojada que estaba. Me separé un poco y le pregunté: “Tienes ganas de que te folle el culo”. Ella me hizo levantarse, se puso la falda bien y me dijo: “Si, tengo muchas ganas de que me folle el culo, lo hace muy bien” y me hizo un gesto para que saliera del cuarto de baño.

Salí del cuarto de baño y la dejé terminar. Pasé una toallita húmeda por el culo limpiando un poco el sobrante del lubricante y limpié un poco la humedad que tenía en la punta de la jaula. Me puse unos calzoncillos y el chándal. Me fui al salón a esperarla acabar. A los 10 minutos apareció ya lista. Cuando me fue a besar para despedirme me dio un piquito para que no me llevara el pinta labios. Me sonrió y volvió a preguntarme por enésima vez si estaba bien. Yo volví a asentir ella se acercó, apretó el plug por detrás del culo y agarró la jaula por encima del chándal. Te aviso cuando llegué. Me echó una última mirada y salió por la puerta.

Me recompuse como pude, mi corazón latía fuerte. Eran las 7 de la tarde y ella se marchaba para estar con otro hombre, otro hombre. Un hombre que ya se la había follado antes y que a ella le gustaba. Un hombre que tenía una polla con la que yo no podía competir. Un hombre que se la follaba mejor de lo que yo pudiera intentar. Yo me corría enseguida y él la tiene más grande que yo y llega a sitios que "tu" no puedes llegar, como ella me dijo una noche mientras se masturbaba agarrando la jaula.

Me senté a ver una película, quizás así me tranquilizaría y me distraería. Media hora más tarde me llegó un mensaje al teléfono. “Ya he llegado, todo bien.” me dijo. “Ok” respondí yo. Y silencio. Silencio durante las siguientes horas. Yo vi la película, mientras tomaba un par de cervezas, procuré no pasarme, no quería emborracharme. Intentaba no pensar que estaba haciendo ella. ¿Se habrían besado apasionadamente al llegar ella a su casa? Seguro que si, a ella le gustaba mucho besar. Es curioso pero más que el sexo, lo que me ponía en guardia era los momentos íntimos que ella pasaría con él. Cuando la acariciara, cuando se besaran, esas pequeñas cosas. En ciertos momentos mi mente divagaba y me ponía a pensar que estaría haciendo. ¿Chupándole la polla? A ella le gustaba pero prefería follar, y que le follaran el culo, fuerte, duro, empotrandola. Yo la imaginaba tumbada y a él encima, con toda su polla dentro de ella, follándosela lentamente mientras ella le abrazaba con piernas y brazos y sus lenguas luchaban en ambas bocas. Con penetraciones lentas y profundas, sé que a ella le gusta también así. A ella le gusta estar tumbada boca arriba y sentir como la follan lentamente mientras todo su cuerpo abraza a su follador. O a él jugando con sus piercings, sobre todo los del coño, los dos que adornaban sus labios vaginales que brillaban cuando ella estaba mojada.

Tras más de dos horas, de pronto un mensaje de ella:”Todo bien, en un rato vuelvo, he hecho unos vídeos”. Me puse más nervioso, había puesto otra película pero ya estaba distraído totalmente. Me había puesto cómodo y como la jaula estaba hinchada después de ese mensaje, me bajé los pantalones dejando asomar la jaula justo para ver como una gota de liquido preseminal asomaba en la punta, le pasé un poco de papel y lo limpié, llevaba mucho sin eyacular y la excitación hacía imposible evitar las pequeñas emisiones. Pasaron unos 45 minutos. Cuando llegó otro mensaje de ella: “Ya hemos terminado, te mando los vídeos, voy para el coche.”

Los minutos se hicieron eternos mientras veía progresar el envío de los mensajes y luego la descarga. El primer vídeo se descargó. Era un vídeo de casi dos minutos. Era un plano frontal de ella a cuatro patas en la cama, los dedos de la mano derecha de él estaban en su boca y ella los lamía. Ella sujetaba el móvil delante de ella en la cama intentando dejarlo fijo mientras él estaba follándoseladesde atrás sin parar. Por la posición supe enseguida que la estaba follando el culo, la cama rechinaba con sus embestidas. Ella consiguió estabilizar el móvil y ponerse a cuatro patas totalmente, la llave de la jaula colgando de su cuello. Su cara era un poema, el maquillaje se había corrido pero miraba con lujuria y una gran sonrisa a la cámara mientras él no paraba de follársela, ella agarró la llave que se balanceaba colgando de su cuello y lanzó un guiño a la cámara. Él la agarraba del cuello con su mano derecha mientras que con la otra la agarraba de la cintura mientras la penetraba fuertemente, empotrandola, sona a el plas-plas de sus cuerpos al chocar. Ella miraba a la cámara y sonreía mientras gemía, su pelo completamente alborotado y la mano de él recorriendo la espalda y alborotándole más el pelo. En un momento dado él acercó su boca a su cabeza y se pudo oír entre el sonido del folleteo como le preguntaba: “¿Te gusta como te follo?” a lo que ella respondió sin dejar de jadear: “Si, me gusta mucho como me follas”. El se incorporó y ralentizó la penetración aunque haciéndola más profunda viendo la cara que ponía ella abriendo la boca y soltando fuertes jadeos era claro que él estaba llegando a lo más profundo, ese punto que ella calificaba como un poco doloroso pero que le gustaba sentir. Una de las manos de ella desapareció entre sus piernas, señal de que se estaba masturbando. Hundió la cabeza entre las sabanas cuando él siguió con las penetraciones más profundas, ella se concentraba en buscar su orgasmo. Empezaron a reírse suavemente, algo le había dicho él pero no lo pude oír. Él seguía follándosela como a ella le gustaba, profundo y constante, haciendo que durara. Yo era consciente de que no podía darle eso. Ver su cara con ese placer era algo que yo no conseguía follándo, si es que lo que yo hacía podía considerarse follar viéndolos a los dos. En un momento ella se mordía los labios mientras él se inclinó una vez más, se mojo los dedos de la mano izquierda y los acercó a su boca metiéndoselos a ella. Ella comenzó a lamerlos, al mismo tiempo se empezó a oír un ronroneo, era su minivibrador. El sonido del vibrador se hacía más fuerte cuando rozaba los piercings que tiene en los labios vaginales, es un sonido que siempre me ha desconcertado y gustado. Se había llevado el vibrador y lo había puesto a funcionar en el momento en que él se la estaba follando mejor por el culo. Empezó a jadear y dijo: “Siii, sigue así, me voy a correr otra vez”, así que, pensé yo, este vídeo estaba hecho después de haber follado ya un rato. Y ella se corrió, cayendo derrengada sobre la cama sin que él dejara de follarla. Él seguía con el mete saca y empezó a acariciarle el pelo y la espalda mientras ella jadeaba recuperándose del orgasmo. Su respiraciones se hicieron más profundas, se reclinó lanzando un resoplido y apagó el móvil.