Olga, mi vecina. 2.
La puerta se abre y Olga entra sin decir nada, desnuda bajo la ropa que acaba de quitarse. Sabe que su marido está al otro lado de la calle, pero esta noche el riesgo es parte del juego. No hay tiempo para palabras, solo para el instinto.
Nota de autor: Para las personas que no sepan cómo ha empezado esta historia, les recomiendo que lean la primera parte, “Olga, mi vecina. Septiembre 2021” y así podrán saber de qué va (si quieren, jejeje).
También indico humildemente que pido disculpas por las posibles faltas de ortografía (aunque uso el RAE y el word para evitar el daño a los ojos de quienes lean mis historias) y sobre todo que me siento orgulloso de cuando una de mis historias reales es leída, no solo que lleguen a más de mil lecturas, porque para mí con que solo me lea una persona, me siento orgulloso de saber que mi trabajo ha hecho que una persona o miles de personas hayan depositado un tiempo de su valiosa vida en leerme, por tanto, antes de nada, GRACIAS, MILLONES DE GRACIAS. Y ahora a seguir escribiendo.
Olga, cuando se fue a su casa estaba relajada, contenta y sobre todo mucho más animada de como vino, incluso en sus ojos ya no había esa visión de haber estado llorando, incluso se veían algunas ojeras producidas por sus orgasmos. Por mi parte, la verdad es que ni pensé en nada, es tontería pensar porque lo hizo, como lo hizo y sobre todo, porque me eligió a mí cuando podría haberlo hecho con otros hombres o mujeres de su entorno o incluso personas desconocidas, por tanto, para mí fue un alago, un orgullo que me eligiera, la verdad es que incluso cuando ella se fue, me tumbe en mi sofá, sin pensar en la ropa de la lavadora, solo quería oler el aroma de esa mujer que había impregnado mi salón, el sofá, los cojines y sobre todo mi cuerpo, pero como todo en esta vida, hay cosas más importantes que hacer, por eso al cabo de un rato de estar tirado en mi sofá, me puso a hacer las cosas que había dejado horas antes de que ocurriera ese encuentro.
Cuando estaba cenando, recibí un mensaje de ella que solo decía “perdóname” y aquí fue cuando si empecé a preguntarme mentalmente.
¿Qué tengo que perdonar a Olga?
¿Acaso me ha hecho daño? No.
¿Acaso le he hecho daño yo a ella? No.
¿Puede que se sienta culpable de lo que ha pasado? Si es así, habrá que decirle cuando la tenga a mi lado de nuevo, porque volverá a pasar, si ella ha disfrutado, no se tiene que sentir culpable.
Si, por el contrario, ella se ha sentido bien, ¿pero cree que debería de haber hecho de otra forma? Pues la verdad, he aprendido en mi vida, que las personas hacen las cosas como les gusta, sobre todo en el sexo, por tanto, tampoco tengo porque perdonarla por disfrutar de su cuerpo.
¿Puede que me haya pedido perdón por usarme como su juguete sexual, pero si soy sincero, que hombre no desea ser el juguete sexual de una mujer caliente alguna vez en su vida? Pues por eso, tampoco tengo que perdonarla.
Resultado de las miles de preguntas que me hice fue que yo no tenía que perdonarla en nada, a lo sumo, darle las gracias por ese maravilloso polvazo que nos metimos ambos.
Me quede viendo una serie en la tv que por cierto no me enteré de nada de la trama ya que estaba pensando, cosas que hacemos a veces los hombres, en mi caso, rara vez, pero lo hago, y entonces me puse mis melodías de relajación para poder conciliar el sueño, como siempre hago desde que me quede viudo, y entonces solo puedo recordar una cosa, soñé lo mismo que había ocurrido con Olga, incluso aumente el sueño en más posturas y más situaciones, y amanecí muy feliz y relajado.
Como buen vecino, al día siguiente hice una vida normal y corriente, incluso me cruce un par de veces con el marido de Olga, saludando como siempre, como si no pasara nada, incluso él bromeaba como siempre con cosas de “haber cuando te echas una novia, que la vida continua y el luto se lleva por dentro, pero por fuera no hay que dar explicaciones a nadie de nuestra vida, así que, no me hagas que tenga que sacarte de casa para irnos a cazar a otras mujeres, jejeje, vecino”. Siempre me tomo a broma lo que me dicen los vecinos, para eso están también, para animar y, sobre todo, para intentar llevar una vida vecinal buena. Pero lo gracioso de todo esto, es que la tarde anterior, su esposa, mi vecina Olga ya había decidido que yo no tendría novia por un tiempo, al menos eso dijo en su última frase, y el marido empezaba a tener una carga encima de su cabello, sin ser notado por nadie ni por él.
La cuestión es que a la hora de comer recibí de nuevo un mensaje de Olga, pero está vez era totalmente distinto al que me mando la noche anterior, en el cual decía “Hola vecino, perdóname por el posible mal entendido del mensaje mío de anoche, espero que no hayas pensado mucho en ello. Ahora lo que te quiero decir es claro y conciso. Esta tarde, a eso de las seis, si no tienes nada que hacer, yo quiero volver a hacer lo mismo que hicimos ayer. Para que veas que te aviso de ante mano. Besos” y bueno me hizo gracia dicho mensaje. Esta vez me estaba avisando. Un punto a su favor.
Llegaron las seis de la tarde.
Olga llamo a la puerta de mi casa.
Le abrí enfundado en uno de mis albornoces, es decir, le estaba diciendo con solo mirarme que había salido de la ducha o que estaba con poco o ninguna ropa, preparado para ella. Podría verme cualquier persona que estuviera paseando por la calle, pero bueno, cada persona está en su casa como quiere. Yo sabía que Olga venía a tener sexo.
Entró.
Llego hasta el salón.
Se sentó en el sillón orejero.
Se quitó su chaqueta blanca.
Venía con otros leggins o mayas, pero de color rojo y una camiseta negra.
No llevaba esta vez nada de ropa interior, como descubrí cuando se quitó la camiseta y salieron sus hermosas tetas al aire, con sus pezones duros como diamantes. Se levantó y ella misma se bajó el leggins hasta los tobillos. Todo esto, yo mirando de pie y apoyado en la puerta del salón.
Solo le dije una cosa antes de empezar:
— ¿Hoy también quieres sin decir nada, o podemos hablar?
Olga me respondió:
— Hoy lo vamos a hacer como tú quieras, que ayer yo te use a mi antojo, y hoy lo vamos a hacer como quieras tú o como surja, me da igual, pero anoche no dormí apenas nada recordando todo lo que hicimos y me he levantado hoy súper cachonda, así que, tú dirás.
Cuando vi cómo se quitaba las zapatillas de deporte y se desprendía del leggins completamente, dejándolotirado en el suelo, viendo su cuerpo totalmente desnudo y sentada en mi sillón, me acerque a ella, y no niego que empecé a tener una fuerte erección, por lo que se notaba en mi albornoz, entonces cuando estuve casi a medio metro de ella, abrí mi prenda de vestir y acerque mi polla semi erguida a su rostro.
No hizo falta decir nada. Empezó nuestro momento sexual.
Abrió su boca, sin mirarme, y yo me metí lo que pude dentro de su boca.
Sentir el calor de esa boca, lengua y labios sobre mi capullo, tronco de polla es algo que hacía tiempo que no recordaba, digo en dicha postura, porque el día anterior si sentí ese calor cuando me hizo la mamada sentado yo en el sillón que estaba ella ahora sentada.
Empecé a recordar esas orgias sexuales que tenía con mi esposa o con amigas en el pasado y entonces dejé de ser el vecino que da placer para ser el animal que hace sentir a otro animal. Agarre de la cabeza de Olga, y sin decir nada, empecé a follarle la boca. Oía como ella gemía e incluso intentaba decir algo o se estaba ahogando, pero me dio igual, la folle rápido y luego se la saque de golpe, sobre todo para dejar que se recuperará el aliento necesario.
Entonces, alce su cabeza para verla y note como le salían lágrimas de sus ojos, por lo que me arrodille ante ella, y mientras Olga recuperaba la respiración la bese metiendo mi lengua, para saborear su boca con sabor a mi polla.
Volví a levantarme y quedarme de pie, frente a ella y entonces, mientras me miraba, se metió una inspiración grande y volvió a abrir su boca. Agarre de nuevo su cabeza con mis manos y mi polla volvió a entrar en ese agujero bucal que tenía, metí todo y la volví a follar, hasta que noté que se atragantaba con sus babas y entonces volví a sacar de golpe.
Por ahora ya estaba algo follada la boca. Ahora había que follar otros agujeros. Porque podría haber pensado en su coño y culo, pero en estos momentos, yo no era persona, sino animal para follar. Me daba igual coño o culo, iba a follar. Me daba igual en el sillón orejero, en el sofá, en la cama, o incluso en el suelo, yo pensaba follarla y que ella follará conmigo.
Fue cuando dejando que mi instinto animal se apoderará completamente de mi ser cuando ella se fue al sofá, se sentó de rodillas espaldas a mí, girando su cabeza hacia un lado, mirando a mis ojos de animal salido y empalmado como indicando que podría penetrarla por donde quisiera, pero entonces tuve un instante de caballerosidad fugaz y le pregunte:
— Olga, hace mucho que no te follan el culo? Te lo pregunto porque no veo que esté muy usado y la verdad es que me estás ofreciendo algo único para mí, el poder destrozarte a pollazos uno de tus agujeros y no quiero lastimarte, a lo sumo destrozarte a orgasmos en lo que pueda, pero nunca hacerte alguna herida por solo desearte.
Ella entonces volviendo a ser una mujer y dejando fugazmente de ser una loba encelada y cachonda perdida, me contesto:
— Realmente me encantaría que me rompieras mi culo, pero vecino, tienes un hermoso grosor que creo que si me lastimaría mi esfínter, ya que llevo años que no lo hago por ahí, ya que mi marido dice que eso es asqueroso, aunque cuando éramos novios o antes de salir con él, sí que me lo follaban otros, por tanto, si me lo haces con delicadeza, yo te lo agradecería, y hoy veo que la delicadeza se ha quedado en la puerta de tu casa, porque no creo que tengas ganas de ser delicado con mi cuerpo, por tanto, si no te parece mal, lo dejamos para otro día, porque como ayer te dije, me vas a tener mucho tiempo usando esa estaca que ya deseo que me metas, y no la de la pata de la mesa o silla.
Entonces los dos volvimos a ser lo que éramos en ese mismo instante, animales del sexo, viciosos del deseo y sobre todo el cabrón del vecino que se folla a la casada vecina que necesita sentirse lo que eran en esos momentos, dos personas que se atraen.
Me acerque con la polla dura a los labios de su coño ya húmedo, jugoso e hinchado de la excitación.
Olga poniendo sus manos en los cachetes de su culo, hizo incluso que se abriera más, con lo cual ella sabía perfectamente que mis ojos se centrarían en su ano, como una hipnosis cuando tienes un punto fijo, pero mi polla se metió lentamente, siempre me gusta sentir esa primera entrada a cámara lenta, para percibir en mi capullo el estrecho camino a la perdición sexual, y por eso también ayudo que ella se abriera sus cachetes.
Continuaba entrando lentamente, hay que decir que nunca quise tener un pene de veinte centímetros, nunca he pensado que podría bombear tanta sangre, así que, prefiero mis merecidos centímetros estilo media europea, pero con el secreto mejor guardado, mientras que ella empezaba a gemir, sintiendo por segunda vez en su vida como su vecino volvía a entrar en su cueva, de la manera que siempre había soñado pero además sabiendo que no iba a ser así toda la follada, ya que el día anterior, ella misma le había demostrado que le gusta ser penetrada tanto lento como salvaje, tanto rápido como sensual, vamos, que le había dado a cada momento la intensidad que era para ella placentera y creía que él iba a realizar lo mismo hoy, por eso cuando empezó a sentir como ese trozo de carne dura iba entrando en su cueva no pudo evitar gemir, mientras sentía esa dulce y placentera penetración en su ser, tan dulce como cuando te metes un dedo en la boca para saborear esa gota de alimento que tanto te gusta.
Me quede quieto al meter todo en ella.
Me agarre a sus caderas.
Ella sabía que empezaba realmente a follarla, pero no sabía si iba a ser suave y sensual o bestial, duro y muy rápido, por eso, incluso ese momento de incertidumbre hace que la imaginación y el cerebro se dispare, esperando que reacción puede tener el hombre en dicha acción. Incluso también es un momento caliente por no decir delicioso para mí.
Inhalé una buena bocanada de aire y entonces empecé a meter y sacar mi polla de su coño a una velocidad que hacía mucho tiempo no lo hacía.
Entraba y salía.
Metía y sacaba muy rápido y veloz, casi como cuando lo hacía cuando era más joven.
Metía y sacaba mi polla sin mirar realmente quien era ella, solo para mí era un agujero lubricado que me apretaba mi polla, que realmente me estaba haciendo una paja con sus músculos, con sus paredes vaginales, y yo seguía metiendo y sacando.
Olga incluso pasó de tener una respiración relajada a acelerar sus gemidos, tanto que fue instantáneo sus jadeos.
Ella estaba apoyada a los cojines superiores de mi sofá, por tanto, mis embestidas hacia que casi se moviera todo ella y el sofá.
Yo seguía metiendo y sacando, agarrado a su cadera por ambas manos.
Seguí metiendo y sacando, tan rápido como podía. Incluso mi respiración iba al mismo ritmo de mis metidas de polla.
Llego un momento que yo no era yo, sino un animal.
Entonces Olga intento decir algo con su respiración agitada por la follada:
— Jodeeeeeeeeeeeeeeeer, si, si, si, sigue.
A mí me daba igual lo que dijera, yo la estaba follando como me apetecía, y en este momento era duro, salvaje, fuerte, sin ganas de parar, lo que yo suelo decir vulgarmente “te follo como me sale de la polla”.
Entonces note como su espalda quería levantarse y note también como me apretaba por dentro de su cueva, sobre todo cuando ella me dijo o lo soltó:
— Cabrón, me corroooooooo.
Pero yo seguía metiendo y sacando.
No tenía tiempo para frenar mis embestidas para escucharla, tampoco quería frenar el mete y saca porque ella me dijera que se corría, y menos para saber que estaba disfrutando, por eso pasando olímpicamente de lo que ella dijera por su boca, seguía en mi brutal movimiento.
Si ayer fue ella la que me uso, yo ahora la estaba usando para mí, al menos en este momento.
Entonces note como en el interior de mis testículos empezaba la llamada salvaje en grupo “chicos, nos vamos de fiesta, vamos a salir en breve, poneros en fila que ya nos vamos” y mientras seguía metiendo y sacando mi polla de su coño más que lubricado y más que caliente por la follada, yo empezaba a tener ganas de correrme. Podría haber sacado mi polla de ella, y echárselo en su culo o en su espalda, o incluso podría haberla girado para que se lo tragará por su boca o rociado por su rostro, pero es que de verdad que no tenía ganas de esperar esos segundos para hacerlo, por lo que aceleré más mis metidas y sacadas de polla en su coño y apretando fuertemente me corrí dentro de ella.
Mientras me corría, obvio que iba disminuyendo las metidas, tanto que al desacelerar mis movimientos ella supo que me estaba corriendo y entonces volvió a gritar su himno sexual preferido:
— Cabrón, me corro otra vez.
Ni que decir que cuando estas en estas situaciones, no pasa nada porque te digan cabrón u otras palabras o sinónimos o incluso apelativos fuera de situación, incluso dicen más de la persona, sobre del estado de felicidad, ¿de excitación y porque no? De satisfacción. A mí me gusta que la mujer se exprese como quiera sin pudor de creer que puede ofender por decirlo, como yo también lo digo sin que se sientan ofendidas o dolidas o discriminadas, ya que el sexo como tal, es el mejor lenguaje expresado. Se dice lo que realmente se siente.
Por eso, cuando ya me corrí dentro de ella, incluso me apoyé de brazos en su cadera e intentando recuperar el aliento por tal movimiento que había tenido, le dije:
— Zorra, si es que eres demasiado atractiva y sexy como para no correrme dentro de ti y tú que te corras. Siento que hoy haya sido yo el que te haya usado para mi placer, y te pido perdón si te has sentido usada, pero es que eres muy puta poniendo tu cuerpo como lo has puesto para que te folle.
Entonces Olga, casi riéndose, pero sin hacerlo, me respondió:
— Soy mujer, tengo que ver lo que te gusta o no de mí y me gusta que me usen para el placer, pero contigo, ayer me diste un gustazo impresionante y hoy quería saber cuál te iba a dar, y veo que no he fallado. ¿Te puedes creer que incluso me pongo desnuda por el salón cuando mi marido está viendo el futbol y ni se fija en mí? Al menos a ti si veo que te gusto. Algo bueno tiene mi vecino, jejeje.
Empecé a besar su espalda mientras mi polla volvía a estar en estado de “cabronazo, nos hemos ido de fiesta y volvemos a casa reventados, vamos a tomar el aire un poco” o dicho de otro modo, modo flácido por la corrida, ya que no soy joven, mi medio siglo de vida no hace que siga empalmado tan rápido por una buena follada como si fuera un joven, pero no se quedó muy flácida, lo suficiente para salirse del coño de esta mujer caliente por naturaleza.
Entonces sin apenas fuerza en mis piernas, ya que llevaba mucho tiempo sin el ejercicio sexual en mi cuerpo, me senté en el sofá, a su lado y ella, todavía en la misma posición me dijo:
— Mmmmmm, eres una delicia de hombre, tanto que mira cómo sale tu leche de mi coño, espero que no se manche mucho, aunque bueno, es blanco y tu leche también, jejeje. En serio, me tienes alucinada de la metida que me has hecho, no pensaba que los hombres a vuestra edad todavía tuvierais esa energía para follar tan duramente, aunque tengo ganas de saber lo que es que me folles mi culito, pero ahora mejor lo dejamos sin tocar, aunque si quieres, me puedes dar azotes suaves o fuertes, sin dejar marca, no hay que dar pistas al cornudo que vive conmigo, pero si me pone algo perra unos azotes.
Y aunque mientras la follaba, pensaba en dárselos, no lo hice porque no siempre se sabe si puede o no gustar, es mejor esperar a que te lo digan, pero si le di un azote de respingón, de los que pican, pero no dejan marca mientras ella se giraba su culo hacia mí para sentarse en mis piernas y acercarse a mi boca para besarnos y abrazarnos, cosa que hizo que su cuerpo pegará un pequeño saltito mientras me miraba con cara de viciosa.
Yo sabía que Olga quería más, no es precisamente una mujer que se quede contenta con unos cuantos orgasmos, pero también sabía que ella intentaría hacer que mi polla volviera a estar dura para darle ese placer que estaba anhelando, por eso, cuando se sentó encima de mis piernas, mientras notaba incluso que de su coño seguía saliendo un hilo de mi semen y se impregnaba en mi piel mientras ella se acomodaba a mí, supe que haría lo que toda mujer sabe hacer sin que se lo pidan, y es engatusar la mente de la persona que quiere que la vuelva a follar y poner dura una polla que se acaba de correr, que no hace falta explicar cómo se hace, así que cuando metió su lengua en mi boca y empezó a frotar sus labios hinchados untados con la mezcla de su corrida y la mía sobre mi polla semi flácida supe que el segundo asalto comenzaba y es de tontos querer negarlo. Tampoco era necesario evitar lo que ambos queríamos.
Incluso Olga haciendo esa danza sensual que toda mujer sabe hacer, ya que creo que nacen sabiendo cómo hacerla, se puso a realizar el baile de atracción sexual que yo lo he denominado “como la hembra realiza el hipnotismo con su cuerpo para atraer al macho y hacer que sea realmente una presa de su belleza, sensualidad y deseo” o vulgarmente dicho “como la zorra se mueve para hipnotizar al cabrón para follar de nuevo”. Por eso cuando Olga sonriendo, separándose de mi boca, moviendo su cuerpo lenta y sensualmente mientras me miraba a los ojos, mientras realizaba la danza de apareamiento entre especies, digno de un documental de naturaleza en pleno celo, supe que ahora me estaba dando ese preciado espacio/tiempo necesario para motivar mi más que calenturienta mente y dando tiempo a que mi corazón volviera a bombear sangre a mi único músculo necesario para tal acto, mi polla. Y hizo efecto dicho movimiento, porque pronto estuve de nuevo en el grosor que ella ya llevaba dos días disfrutando de mí.
Por eso, cuando ella noto que estaba casi al cien por cien de mi tamaño erecto, solo tuvo que inclinar hacia abajo su vagina y labios y con un alucinante movimiento pélvico, ella sola, sin manos, sin dedos y sin yo hacer nada, se la volvió a meter sola, mientras empujaba su cadera hacia atrás para así soltar ese maravilloso gemido de placer que toda mujer hace cuando se siente penetrada. Aún, hoy en día, cuando lo recuerdo y lo oigo, se me pone durísima mi herramienta. Creo que es el mejor aullido que una hembra puede decir para que tanto el macho como hembra sepa que está dentro de ella, porque en la naturaleza sexual, da igual el sexo que tengas mientras lo disfrutes como un animal sexual.
No hacía falta preguntar como queríamos follar ahora, incluso ninguno de los dos realizo dicha pregunta. Son nuestros cuerpos los que van a hablar, a su manera.
Empezamos a follar, bueno realmente fue Olga quien realmente empezó ella a meterse lentamente mi polla en su coño, movía su culo sensualmente mientras mi polla al sentir el calor uterino y vaginal se puso más dura, hasta llegar al límite y entonces me cabalgo como una mujer sabe cabalgar, desde lento hacia muy rápido, y todo esto mientras su clítoris se estimulaba solo contra mi bello púbico inexistente, así ella consiguió rápidamente excitarse a tal grado que ya no gemía cual perra en celo, sino que jadea cual zorra monta a su cabrán, hasta tal punto que note como el interior cálido y jugoso de su cueva se contraía de nuevo como me gusta a mí sentir a una mujer cuando se corre y entonces sin querer evitarlo volvió a decir su himno sexual.
Ni que decir que como yo me había corrido hacia minutos antes, todavía no tenía ganas de correrme de nuevo, es más, no suelo correrme dos veces seguidas en tan poco tiempo, creo que por eso, también es verdad que las mujeres que han follado conmigo me elegían para tal disfrute, por el segundo asalto con duración, así que, Olga sabiendo que yo tardaría bastante en hacer dicho acto, ella disfruto más de mí, sobre todo cuando uno de mis dedos, que acariciaban y agarraban su culo empezó a jugar con su ano, primero mientras ella me montaba, dando círculos y presionando su esfínter, luego como entraba casi desapareciendo mi uña dentro de su culo, creo que incluso solo sentir como entraba mi dedo fue el detonante de que se corriera, tampoco sé exactamente si fue eso, pero se corrió y bien corrida, que hizo que su cuerpo cayera encima del mío, con mi polla dura dentro y sus tetas aplastando mi pecho, su melena casi tapando mi rostro y ella jadeando sin querer o poder decir nada. Se quedó en esa postura, apenas sin mover nada en su cuerpo, menos en el interior, ya que es involuntario no controlar los músculos vaginales cuando se corren ellas, pero para mí fue un gozo que ella sola se corriera de nuevo conmigo. Mayor placer nunca he tenido de una mujer, su orgasmo.
Deje de mover mi dedo dentro de su culo, en más lo saque lentamente. Incluso deje que ella fuera poco a poco recuperándose del esfuerzo, porque es un esfuerzo cuando se corre una mujer tras otros orgasmos que haya tenido y hay que dar su tiempo y espacio para que se recuperé, las prisas no son buenas en estos momentos, mientras le acariciaba su melena y su espalda, lentamente para que su cuerpo se relajará, pero entonces ella alzo su cabeza. Me miro sonriente. Acerco su boca a la mía. Nos besamos sin meter las lenguas, solo el toque de labios.
Y entonces me dijo:
— ¿Quieres que nos vayamos a tu cama o a otro sitio? No digo que no me guste tu sofá, porque ya lo he probado ayer y hoy, pero si quieres, nos vamos a tu cama y seguimos.
Yo le respondí caballerosamente mientras sentía sus espasmos en mi polla:
— ¿Tienes prisa por volver a casa o realmente quieres que lo hagamos en otro lugar más acorde a la follada que nos vamos a meter hasta que me saques toda mi leche, porque sé que quieres sacarla y dejarme los huevos vacíos, zorrita mía?
No digo la cara de viciosa que puso cuando oyó como le decía que era mía, zorra, puta o perra, daba igual el diminutivo que le dijera, lo importante para Olga era el “mía”, por eso me contesto:
— Siempre he querido ser tuya, incluso cuando viniste con tu esposa a vivir aquí, siempre has sido el culpable de mis sueños eróticos y mojados, siempre has sido el cabrón que hacía que mis dedos jugarán con mis pezones, clítoris y coño, por tanto, que ahora me digas eso, que oiga como sale de tu boca mientras me miras a mis ojos, mientras sientes como mi coño palpita contigo dentro, es algo que me hace sentir lo que otros nunca me han hecho sentir, deseada por ti, por tanto, vamos a hacer lo que queramos sin pensar en nadie más, solos tú y yo.
Y acto seguido, se alzó todo su cuerpo sin salir yo de ella. Levanto un poco su cadera sin sacar mi polla del todo de su coño y se dejó caer de golpe. Volvió a subir hasta que mi capullo casi salía. Volvió a caer encima de golpe. Esto lo hizo varias veces hasta que se volvió a correr, cayendo de nuevo encima mía. Jadeando. Sin apenas poder respirar, pero acelerando los bombeos en su corazón.
Fue entonces cuando yo le dije:
— Olga, quiero que sepas que cuando me corro por primera vez, tardo bastante y digo bastante en correrme por segunda vez, tanto es que mi difunta esposa sabia eso y muchas veces estuvimos horas y horas follando hasta conseguir que me corriera por segunda vez, incluso con otras parejas, ya que practicábamos el intercambio o incluso tríos con otras mujeres, ella sabía que tras mi primera corrida, tardaba mucho en correrme, por eso te digo y pregunto de nuevo ¿cuánto tiempo tienes tú para volver a tu casa? Porque ese es el tiempo que posiblemente tarde en llenarte de nuevo tu coño de mi semen. Ahora bien, ¿serás capaz de aguantar varios orgasmos tuyos más? Porque yo pienso seguir follando hasta que me vacié dentro de ti.
Hay que tener en cuenta que Olga entro en mi casa a las seis de la tarde y eran ya casi las ocho o nueve, porque estaba anocheciendo, teniendo en cuenta que en septiembre del 2021 anochece sobre las ocho y media o nueve de la noche, era necesario saber cuánto tiempo tenia ella para volver a su casa, aunque también estaba claro que si el día anterior había discutido con su cornudo marido y posiblemente siguiera enfadada con él, no tendría que dar muchas explicaciones de donde había estado o con quien, según su marido, ella ya no atraía a nadie, por tanto, con ese pensamiento, me respondió ella:
— Digamos que no tengo que dar explicaciones a nadie de con quien estoy y donde y menos cuando tengo que volver a casa, pero para no dar posibles explicaciones y que me esté llamando al móvil a partir de la hora de la cena, digamos que tenemos al menos otra hora más para nosotros, así que, ¿te parece bien que sigamos follando a ver si consigo que explotes de nuevo dentro de mí y si no es posible, al menos que yo vuelva más feliz a casa como ayer, que en vez de como se creen algunas personas que vuelvo amargada para aguantar lo que todos ya saben?
Así que, hice que nuestros cuerpos se giraran, para yo acabar encima de ella, sin sacar mi polla dura dentro de ella. Hice el movimiento de sacarla y antes de hacerlo, ella apretó sus músculos vaginales, haciendo como que no quería que saliera, pero me salí.
Me levante lentamente y ayude a que ella se levantará, agarrándola por la cintura y poniendo su cuerpo delante del mío, mientras mi boca devoraba su cuello, con su melena incluso de por medio.
Empezamos a andar pegados, ella notaba mi polla dura a la altura de encima de su culo, pero una de sus manos la agarro, notando lo mojada y húmeda que estaba con sus jugos de corrida y lubricación natural que toda mujer tiene dentro de su cueva.
Andamos hasta mi habitación, que estaba con la ventana abierta, aireándose. Ni cerré la ventana, no hacía falta, nadie nos veía, no tengo enfrente a nadie, solo un patio y campo.
La cama estaba completamente deshecha, ya que al vivir solo, no necesito hacerla todos los días para luego dormir en ella.
Olga se tumbó boca abajo en la cama.
Vi su culo.
Vi sus piernas cerradas.
Vi su espalda.
Se giró.
Vi cómo me miraba.
Vi como abría sus piernas.
Vi como sus tetas iban a cada lado de su cuerpo.
Vi a una mujer que no pedía nada, solo quería sentirme dentro.
Me tumbe encima de ella.
Nos besamos.
Metí mi polla de nuevo en su coño.
Empezamos a follar en la postura misionera pero que cambio a ser varias posturas.
En cada postura, ella jadeaba más y más hasta que gritaba como se corría.
Yo volví a ser el animal sexual que fui en el sofá, pero no conseguimos que me corriera, no por nada, sino porque yo conozco a mi cuerpo y sé que necesitaba al menos un par de horas más.
Olga ya no podía más, necesitaba un descanso y fue el sonido de una melodía algo rara en su móvil la que desato el volver a ser humanos, a ser vecinos y a ser normales, cuando ella me dijo:
— Creo que tengo que dejarte por esta vez, porque el imbécil de turno ya empieza a molestarme para saber cuándo voy a volver, pero esto no queda así, volveré a por ti y a por eso que me tiene loca y cachonda (mientras tocaba con su mano mi polla) mientras me voy a vestir para volver a la realidad de que estoy casada, aunque si te digo la verdad, ahora no sé porque sigo estando casada.
Se levantó totalmente desnuda, con ese haz de luz que un cuerpo de mujer muy follado desprende en la oscuridad de una habitación oliendo a sexo por todas partes.
Yo me quede un rato tumbado en la cama, sin pensar en nada, pero entonces llegó ella, vestida y con su melena algo arreglada, no mucho, tampoco le importaba que la pudieran ver sin arreglar, no tenía que dar explicaciones a nadie de cómo iba peinada, y sentándose de rodillas en el borde de la cama, me dio un beso en los labios, otro en mi polla y me dijo:
— Pienso volver a por ti (mientras veía como se lo decía a mi polla) y pienso hacer que escupas más leche de la que me has dado hoy, pero a ti, vecino (ahora me miro a mí) te diré que ojalá te hubiera conocido antes y entonces no tendría que hacer estas cosas de irme a mi casa, porque estarías en la mía, en mi cama y entre mis piernas, pero el deber es el deber, y tu vecina tiene que hacer de esposa, no complacida, pero sí de esa mujer casada. Te mando un mensaje el próximo día, que no creo que sea mañana, porque seguramente que el cornudo (se lo ha ganado a pulso) va a estar algo “toca pelotas” con preguntas que ni le interesan saber. Bueno guapo y caliente Jorge, por cierto, no te levantes, ya cierro yo la puerta de tu casa. MMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y se fue.
Indico que hemos seguido teniendo encuentros, no tan consecutivos como los descritos en estos dos relatos, pero si es cierto que Olga necesita o al menos yo creo que al ser una mujer caliente, desea tener con su vecino, el que suscribe esta historia, al menos dos veces por semana, y como empezamos en septiembre del 2021, seguimos teniendo actualmente, a veces incluso nos hemos escapado algún que otro fin de semana a alguna casa rural para estar juntos, sin que nadie sepa nada, al menos su cornudo marido y vecino mío ni su familia, ni sus amistades, ya que para ser amante de una casada hay que pensar en sitios para escapadas.
Como autor de la historia, indico que todo es real menos el nombre de la protagonista, no hay que dar tantos datos. También indico que dicha historia está bajo el registro de propiedad mía, es decir, no es copia de nada, es totalmente mía, aunque el nombre de autor que pongo en esta página no sea el que tengo como escritor realmente, hay que tener discreción a veces.
Y como al principio de este relato dije, doy de todo corazón MILLONES DE GRACIAS a todo el mundo que dedica un tiempo de su vida diaria en leer mis historias, todas reales, aunque no lo parezca, y que si quieren seguir leyendo mis historias, algunas no tan explicitas como las que publico en TR pero si desean incluso leer los cuentos y novelas cortas o largas de dichas historias, que aquí publico gratis, pues solo deben ponerse en contacto conmigo, total, para eso estamos aquí, para disfrutar de dos cosas en la vida, leer, escribir y follar, ups, perdón, tres cosas en la vida.
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El timbre suena a las tres de la tarde y no es quien esperabas. Con el marido fuera y la casa vacía, la confianza vecinal se quiebra ante la…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
La boda 1: Interludio
La noche promete ser diferente. En medio del bullicio, una mirada cruzada enciende una chispa prohibida.
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