Xtories

Leche materna. 1ª parte.

Julia solo buscaba un techo para su familia, pero Tomás tenía otras necesidades. Lo que empezó como una ayuda económica se transformó en una jaula de placer prohibido, donde la lactancia y la vulnerabilidad se convirtieron en las llaves de su sumisión.

fuego de Hefesto50K vistas8.7· 11 votos

Mi “esposo” y yo pasábamos por una mala racha. Le habían despedido del trabajo al implicarlo en error de logística, sin tener nada que ver, y yo aún continuaba en la clínica dental a media jornada. Acabábamos de empezar a vivir en nuestro bonito hogar recién arreglado con mucho esfuerzo y la niña con 17 meses… aun amamantándola, pese a mí embarazo de 22 semanas. No podíamos pagar la casa con mi medio sueldo. Ante la desesperación estaba dispuesta a cualquier cosa… pero nunca pensé en la suerte de ese día. Fui al trabajo hablé con mi jefe sobre mi situación… preñada, con una niña y con mi esposo en el paro, le pedí un aumento de horas para poder cubrir los gastos. Accedió a pagarme un 25% más, pero sabía que no era suficiente. Cuando preparaba a un paciente, este me dijo haber escuchado y que él estaba viudo en una casa demasiado grande, si quería podría trasladarme con mi familia a cambio de colaborar en las tareas domésticas. Tras mucha deliberación con Zigor, vimos que era la mejor salida.

Le dijimos que nos quedaríamos por un gran periodo de tiempo mínimo para encontrar un trabajo y poder irnos a nuestra casa, Tomás solo nos dijo que nos quedáramos el tiempo que necesitáramos. Lo que observé, era que a pesar de ser un buen hombre, era algo pervertido. No me gustaba quedarme sola en su casa, porque le gustaba espiar y luego ponía excusas para decir que no se había dado cuenta que había alguien en la habitación. Según él, estaba acostumbrado a deambular por su casa libremente, y cuando tenía invitados lo olvidaba en ocasiones… Ahí fue donde me di cuenta que era un “viejo verde” (viejo verde se usa para un hombre mayor que le gusta seducir u hostigar a mujeres más jóvenes).

En ese tiempo, cuando me duchaba el subía por las escaleras del patio trasero que deban a una pequeña ventana del baño y me espiaba por ahí. Yo trataba de bañarme a espaldas de la ventana para que no pudiera verme, pero aun así mi trasero quedaba al aire con mi cuerpo mojado por la cálida lluvia que salía de la ducha. Incluso logré a escuchar ruidos detrás de la puerta de nuestra habitación cuando mi hija y yo hacíamos el amor. Yo estaba segura que el escuchaba detrás de la puerta mis gemidos y se excitaba con eso. Habíamos vuelto a aquel martirio de nuevo después de todo ese tiempo, cuando dejamos a mi familia.

Después de dejar nuestro hogar llegamos a la casa de Tomás. Mi esposo entró a la casa atiborrado de maletas pesadas y yo entré a la casa con mi hija en brazos. Tomás nos estaba esperando en el porche sentado en su mecedora. Era un viejo calvo. Le restaban algunos cabellos grises que rasuraba para quedar más agradable a la vista, y una barba que picaba al roce. Era muy delgado y fibroso… nada de la típica barriga de cervecera a esos años, pese a que le gustaba mucho tomar sus cervezas casi todos los días…, para mi sorpresa a pesar de su edad, nunca se había enfermado por eso. Su cuerpo funcionaba a la perfección y mi esposo me decía que aun salía con mujeres jóvenes… claro todo esto lo supimos después. La verdad no tenía ni idea de porque unas muchachas tan jóvenes les gustaría salir con alguien como él, si no fuera porque tuviera mucho dinero para encapricharlas. Su esposa había fallecido hace muchos años y él disfrutaba como un loco su vida de soltero. Mi esposo bajó las maletas y yo le di a cargar el bebé. Tomás se acercó de inmediato a mí y me estrujó entre sus brazos con intensidad

– ¿Cómo estás Julia? – Preguntó Tomás mientras seguía apretando mi pecho lactante contra el suyo.

– Muy bien, muchas gracias Tomás. ¿Qué tal le ha ido?

– ¿A mí?, pues no me puedo quejar hija, me siento estupendamente, estoy hecho un chaval.

– Lee veo que estas muy bien de salud – dijo mi esposo mientras palmeaba el hombro de Tomás con una mano y con la otra sostenía a mi hija.

– Sí hija, estoy más sano que un toro, pero pasar, no os quedéis aquí afuera que hace demasiado calor.

Entramos a su casa y el lugar lucía muy limpio para un hombre anciano y solo.

– Su casa luce muy bonita señor, debe de cansarse mucho limpiando todo el lugar usted solo – dije mientras admiraba el lugar tan pulcro.

– Bueno es que tengo a una muchacha que me ayuda, se llama María, pero todavía no llega, hoy va a venir un poco más tarde.

Ya me imaginaba que el viejo verde no podía hacer todo eso él solo. Pobre de la muchacha que le ayudara, estaría sufriendo todo el día de los acosos y manoseos del anciano a solas con él.

Preparé algo para comer con lo poco que tenía Tomás en el refrigerador, y comimos muy tranquilamente poniéndonos al día con él…, fue una charla moderadamente amena. Después de la comida llegó María la chica que le ayudaba a Tomás con la limpieza de su casa. Era una muchacha joven, no podía pasar de más de 19 años y con una figura muy bonita. La cara de Tomás se transformó al verla y la recibió con un beso. Pude percibir su incomodidad al instante, de acercarse a saludarla, pensé. Ella de inmediato se puso a los quehaceres del hogar y yo me senté en una mecedora de madera en el cuarto de las visitas.

Cuando tuve a mi primera hija, las tetas se me inflamaron mucho por la gran cantidad de leche que producían, aparte de lo grandes que las tengo. Constantemente me daban ganas de alimentarlo con tanta que leche que tenía, pero Zigor quedaba satisfecho con teta y media, y yo retenía toda esa leche acumulada en mis tetas. Cuando me duchaba solía ordeñarme yo sola para sacar aquella gran presión de mis ubres. Me senté en aquella mecedora tan cómoda y con mi hija en brazos me dispuse a darle de comer. Cuando terminé de hacerlo Tomás entró y me vio con el pecho de fuera. Yo puse en la cama a mi hija boca abajo y me guarde las mamas.

– El bebé ya ha crecido mucho – dijo mientras acariciaba su pequeña cabeza.

– Sí… ya está bastante grande – dije, bastante incómoda con la situación.

– Se ve que está muy bien alimentado, es bueno que le des pecho, eso los hace unos niños muy fuertes cuando crecen. La leche materna posee todos los nutrientes que necesita.

– Si claro –dije decididamente.

Mi hija comenzó a llorar, pero no soportaba las miradas pervertidas de Tomás sobre mi cuerpo así que ya no lo alimenté más…, mi hija lastimosamente tuvo que pagar las consecuencias. Lo arrullé un poco en el cuarto dándole palmaditas en la espalda hasta que eructó y se quedó completamente dormida. Mi Tomás no se separó de mí ni un solo instante. Mi esposo no quiso perder tiempo y se fue a buscar trabajo ese mismo día, a pesar de que se encontraba igual de cansado que yo. Se despidió de mí y se fue en el coche. Ahora tendría que pasar toda la tarde a solas con él.

– Estaba pensando Julia, que debes de estar muy dolorida del pecho.

– ¿Por qué lo dice señor Tomás? – Pregunté con curiosidad.

– Bueno he notado como te tocas los pechos aun después de amamantar a tu nena.

– Bueno si es que mis tetas producen mucha leche.

– ¡Lo sabía!, mi esposa tenía el mismo problema –dijo exaltado.

– No me diga, ¿Qué era lo que ella hacía para liberar la presión?

– Bueno, después de alimentar a mi hija me alimentaba a mí.

– ¿Usted bebía su leche materna? –pregunté sorprendida.

– Así es, la bebía hasta dejarla seca. Lo que mi hija no se tomaba lo hacía yo.

– Pues tal vez sirva, pero a mi esposo no le gusta la leche materna.

– Tal vez yo pueda ayudarte con eso Julia –dijo con una mirada profundamente pervertida.

– No creo señor, yo no podría dejarlo hacer eso, no es correcto –dije sabiendo que él iba a proponerme algo así de sucio.

– Anda Yuli, déjame ayudarte, yo sé que estas en un sufrimiento grande.

– Váyase por favor –dije rígidamente.

Mi Tomás se fue algo molesto y decepcionado por no haber logrado sus deseos. La presión de mis grandes tetas se hacía más grande conforme los minutos pasaban y me hacía pasar por un muy mal rato, la proposición absurda de aquel vejete ya no lo era tanto. María estaba en la lavandería en la parte de atrás de la casa tendiendo la ropa y algunas sabanas. Yo fui a tratar de ordeñarme en el baño pero la leche no salía parecía que mi pezón estaba obstruido, tal vez por algún calostro. Como una manera desesperada de remover mi dolor recurrí a Tomás. Fui a su habitación en la segunda planta de la casa y estaba viendo televisión mientras se fumaba un cigarrillo.

– ¿Qué es lo que necesitas Julia? – preguntó algo molesto.

– Necesito que me ayude con mi problema señor Tomás.

Le supliqué mientras sacaba lentamente cada una de mis pesadas tetas por encima de mi holgado escote. Al principio él no podía creer que eso realmente estuviera pasando. Lo digo porque se quedó inmóvil como por un minuto.

– ¿Me va a ayudar o no Tomás? – Espeté con muchos nervios.

– El resoplo con fuerza y se levantó de su cama… – No te preocupes Yuli, ahora hacemos que se quite ese dolor tan grande de pecho.

– ¿Qué era lo que usted hacía para ayudarle a su esposa? – Quise saber.

– Bueno primero, la masajeaba de esta forma – dijo mientras presionaba desde abajo mis tetas con ambas manos. Sus dedos pulgar e índice frotaban los pezones calentándolos

– ¡Uy, se siente muy bien, bastante relajante!

– Ya ves, tú déjame a mí, para eso está la familia, para cuidarnos entre nosotros.

Mi anfitrión se había convertido en parte de mi familia por arte de birlibirloque… y comenzó a darme un masaje muy terapéutico a la par que erótico. Sus delgados y arrugados dedos pasaban por encima de mis ubres hinchadas, haciéndome sentir los relieves de sus dedos con cada roce. Sus largas y esqueléticas manos se hundían entre la gran masa de mis tetas erizándome la piel con sus sensaciones viriles… ¡¡No podía evitar ser una adicta al sexo masculino!! Mordía un labio mientras él seguía frotando y acariciando mis tetas y pezones. Los apretaba y apretaba pero la leche no salía. Mi esposa también tenía calostros pero estos nada más salen chupándole fuerte, las succiones son lo más efectivo y rápido.

No me dio siquiera oportunidad de oponerme y comenzó a chuparme los pezones, lo hacía como un recién nacido sin clavarme la dentadura. A mí se me escapó un leve gemido mientras mordía mis labios para no volverlo a hacer. Tomás se dio cuenta de inmediato y apretó mis tetazas con ambas manos mientras se pasaba de succionar salvajemente uno y luego otro, y luego otro. Yo instintivamente lo tomé de su cabeza calva y lo acerqué con fuerza a mis ubres hinchadas de leche. El seguía succionando fuerte mis pezones, que ya se encontraban erectos y por fin salieron los calostros… los mamó de una y de la otra teta. Él los comió sin ningún problema y parecía saborearlos con placer. Mi alivio era inconmensurable, como cuando meas después de retenerte.

– Ahora si ya vamos a lo bueno, hay que sacar toda esa leche.

– Está bien, confió en usted – dije con una voz pequeña.

– Acuéstate en mi cama Yuli, es más cómodo para ti si estas recostada.

– Muy bien, solo por favor tenga cuidado, estoy muy sensible del pecho.

– Tú déjalo en mis manos hijita y relájate por completo…

– De acuerdo.

Yo me recosté con mi pecho al aire por encima de mi blusa y él me puso las manos por detrás.

– Vamos a quitar esto del camino –dijo mientras levantaba mi blusa por encima de mis hombros dejando mi torso completamente desnudo.

Mi piel estaba bronceada por el sol de Roquetas y mis tetas se encontraban más blancas por la marca del sostén y la blusa. Tomás se recostó por encima de mí en la cama y pude sentir su camisa por encima de mi torso desnudo.

– Hace mucho calor aquí, me voy a quitar esto –dijo mientras se desabrochaba los botones de su camisa a cuadros

Cuando se la quitó pude sentir su piel sudorosa por encima de la mía y sin darme tiempo a reaccionar o sentir se abalanzó sobre mis tetas. Succionaba fuerte una tras otra haciéndome gemir… esta vez ya no podía contener los gemidos. – ¡Ahhhh, mmmm! – Dejaba salir sonidos de placer mientras el liberaba aquella pesada carga de mi ser. Pronto se empezaron a disparar grandes chorros por todos lados. Yo gemía por el placer de ser liberada de tanta presión mamaria, y el bebía cada gota como si fuera la más deliciosa bebida. Chupaba mi teta con la leche cayéndole por su barbilla, embadurnando su barba de tres días. Yo estaba experimentando como la sensibilidad de mis pezones llegaban a un terreno desconocido. El viejo sabía lo que se hacía y lo ejecutaba a las mil maravillas… lamio de arriba abajo mis tetas con su alocada lengua y pude sentir como de un segundo a otro me retorcía en un frenético y salvaje orgasmo.

Giré la cabeza a la derecha con ambos ojos cerrados, mientras arqueaba mi espalda y gruñía intensamente sujetando con mis manos fuertemente la cabeza de Tomás contra mis mamas satisfechas. Él pudo percatarse de mi pecado y sonrió mirándome a los ojos.

– Parece que tú necesitas otro tipo de ayuda Yuli…

Bajo mi falda mi coño estaba chorreando, y la levantó por completo, no llevaba ropa interior y el sonrió de nuevo al ver mi raja húmeda como una flor por el rocío de la mañana.

Después de succionar la leche materna de mis tetas, mi cuerpo demandaba, no, exigía sentir aún más placer. Tomás levantó mi falda y descubrió que mi ropa interior estaba ausente. No perdió tiempo y quitó de su camino lo más que pudo mi falda, para poder tener un panorama libre de lo que era mí pelada vulva. El vello lo había recortado un par de días antes y el olor de mi coño era sustancial debido a mi orgasmo. Sentí como Tomás olfateó a profundidad mi vagina extasiándose con tan erógeno olor, igual que un perro cazador tras su presa en la madriguera.

– No puedo creer lo rico que huele tu coñito – dijo mientras levantaba su cabeza por encima de la falda y me miraba saboreándose pasando la lengua entre sus arrugados labios.

– Por favor no se burle, estoy segura que debe de oler muy fuerte…

– Eso es imposible viniendo de una mujer tan hermosa… esa palabras son tonterías hijita, tienes todo el olor de una hembra en celo. ¡Como a los machos nos gusta!

– No diga esas cosas por favor, me da vergüenza con un hombre tan mayor…

– Ya sé que te gustan jovencitos como tu esposo, pero yo no soy tan mayor para follar a una buena hembra… Tengo un buen aguante y además conmigo puedes estar en confianza cariño, tu solo déjate llevar porque en esta casa te voy a consentir todo y más si quieres.

– Está bien, por favor hágame sentir bien… mi esposo con su situación está muy estresado y una tienes sus necesidades… con la niña y mis tetas súper productoras, con mi barriga llena de otro bebé y mi coño reclamando a un macho que lo riegue con su leche.

– No tienes que decírmelo dos veces querida… todos tu problemas se acabaron cuando entraste por la puerta de mi casa. Aquí tienes a tu macho

Volvió a meter su cabeza por debajo de mi falda y esta vez sus húmedos labios hicieron contacto con mi endurecido clítoris. Lo besó pellizcándolo con sus labios y estirándolo un poco, lo tengo tan grande que mis amantes gozan del clítoris muchísimo. Yo me mordí los labios mientras él seguía estirando levemente mis rosados labios vaginales. Lo suficiente para sentirlo y para no lastimarme. Mordía mis labios mientras el recorría con hábil y larga lengua cada rincón de mi vagina sin penetrarla. Mi cuerpo ansiaba ser perforada por su lengua, pero él me torturaba metiendo solo la punta, solo para provocarme. Su lengua se aproximaba peligrosamente a la entrada de mi túnel de placer pero no terminaba por atravesarlo, contorneaba la bocana sin hacer la incursión que mi lujuria esperaba.

– Por favor, no sea cruel, ya métamela señor – dije mientras le acariciaba la cabeza.

– ¡¿Yo sabía que te hacía tanta falta un hombre de verdad hijita?!

– Lo que pasa es que mi esposo no me satisface desde hace mucho tiempo, de hecho no creo que nunca me haya llegado a satisfacer por completo.

Mentí como una bellaca al tiempo que le pasaba mis dedos por su rostro, porque es lo que les pone a los machos, se sienten con derecho a colmar las necesidades de la hembra y te follan con más fuerza…y yo necesitaba a un semental poderoso que me atravesara con duros pollazos.

– ¿En enserio que mi hija no te llena? –Preguntó curioso Tomás.

– La verdad que tiene su polla muy chica y no dura mucho en la cama follándome. – Le aticé un poco más para que le subiera el nivel de testosterona hasta las nubes.

– No puede ser que un chico tan joven, no haya sabido ser un verdadero hombre con su esposa, y poder satisfacer a una verdadera hembra caliente como tú –dijo mientras volvía a bajar a mi vagina y esta vez metió su lengua dentro de mí.

Yo doblé mi espalda hacia atrás provocada por el inmenso placer que me dio al ser penetrada por aquella gran y húmeda lengua. Se movía como una serpiente curiosa dentro de una nueva cueva. Buscaba a su presa y yo me desvanecía y caía presa del placer hipnótico que aquella serpiente húmeda me provocaba. Elevé mi cintura para que tuviese mejor acceso a mi coño, y noté toda la lengua encajada en mi coño. Comencé a sentir la pasión que mi cuerpo hacia emerger de lo más profundo de mi ser. Aquella indomable pasión se desbordaba de mi piel, mis tetas, mi vagina y mi ano hacia Tomás. Aquel hombre tan mayor, me estaba haciendo sentir mujer después de mucho tiempo que no lo experimentaba con mi tío siendo una adolescente. Yo quería a mi hijo Zigor, pero la verdad, también me emocionaba mucho la idea de estar con otros machos como aquel. Nunca tenía la iniciativa de querer hacerme sexo oral, y cuando lo hacía era pésimo en ello. Hice las manos hacia atrás y quité el broché de mi falda. La retiré de mi cuerpo y la arrojé a un lado de la cama de Tomás. Esta vez lo tenía de frente y Tomás mamaba y mamaba mi coño mientras yo acariciaba dulcemente su cabeza sin dejar de morder mis labios y poner mis ojos en blanco.

– No pare por favor, no se detenga ahora que ya casi estoy llegando –dije mientras sacaba mi lengua y la saliva se escapaba de mi boca.

El no dijo nada y siguió succionando mis labios vaginales, mi clítoris cargado de deseo. Metió su dedo salvajemente en mi ano y yo grité.

– Dios mío que placer – Grité mientras encajaba las uñas en las sabanas casi a punto de desgarrarlas por completo.

Tomás introdujo su dedo en lo más profundo de mi esfínter y yo sentí como mi cuerpo era transportado al cielo. Su lengua giraba endemoniadamente en mi coño al mismo tiempo mientras yo subía como un ángel al cielo experimentando el más dulce y delicioso placer.

– Ya vi que te encanta que te coman el culo hijita, si lo hubiera salido antes me como tu mierdita desde el momento en que empecé a mamártela. – Dijo mientras se limpiaba los labios de los restos de su saliva y el jugo tan delicioso de mi vagina.

Yo lo sujete de nuevo de la cabeza…. – Dele rápido Tomás, quiero correrme ya.

El comenzó a penetrarme con su lengua en coño mientras metía sus dedos en mi ano hacia adentro y hacia arriba. Sus dedos eran mágicos y expertos. Los movía de una manera especial. Tocaba partes de mi interior que disfrutaban de su roce de una manera inigualable. Llevo sus dedos a la parte superior rugosa de mi conducto vaginal, y yo no podía creer el placer desplegado en esa situación. Pude sentir como mi coño se humedecía mucho más y todo mi cuerpo se estremecía… ya no pude contenerme.

– ¡Me voy a correr Tomás, no pare que me chorreo!

– Échame tu juguito en mi boca chiquilla –dijo mientras sacaba su lengua diciendo “ah”.

Yo sentí como mi cuerpo se retorcía y mis labios dejaban salir mi lengua de nuevo, en una expresión de completo abandono de mi cordura. Solo reflejaba el placer tan bestial que estaba experimentando con la maestría de aquel viejo… debía de replantearme lo de follar solo con jovencitos, estos maduros sabían encontrar el punto “G” con facilidad pasmosa.

– ¡Joda a su puta madre, tómeselo todo! – Dije mientras frotaba mi clítoris furiosamente y dejaba salir mi eyaculación en la boca de Tomás.

Abrió la boca muy grande para recibir aquel manantial de placer sellando mi coño con sus labios, y poder saborearlo llenando sus papilas gustativas de su erógeno sabor. Yo gruñía como un animal en celo mientras terminaba de eyacular convulsionando mi cuerpo como si fuera el cuerpo de una mujer exorcizándose. Completamente sin control sobre sus instintos. Mi orgasmo fluyo fuera de mi cuerpo, hasta la última gota lo abandono por completo. El viejo bebió todo lo que pudo caer en su boca y bufo levantándose y limpiándose la cara, los restos de mi orgasmo.

– Ahora si vas a saber lo que es un macho hijita… – dijo desabrochándose con mucho apuro su pantalón.

Su ropa interior descendió y la prisión de algodón que detenía a su bestia cedió enteramente. Una bestia gorda y salvaje salió de su ropa interior. No debía de medir más de 17 o 18 cm, pero de tan gorda parecía más corta… debía de ser tan gruesa como una lata de Coca-Cola.

– Ven hijita, dale un besito a mi compadre…. – Dijo compadre refiriéndose a su polla.

Me acerqué a él lentamente mirándolo fijamente a los ojos y recorriendo la cama como una gata hambrienta de un macho. Él se masturbo un poco haciendo crecer aún más su polla, que para ser vieja no había necesitado de ninguna pastillita azul para llenar de sangre la gran cantidad de fibras cavernosas que tendría. Él estaba sentado en la cama y yo lo empujé para que se recostara.

– Le voy a dar una mamada cubana que la va a seguir disfrutando hasta que se muera –dije mientras tomaba su duro y grueso miembro sin poder cerrar completamente mi mano.

– Pues déjame ver que tal lo haces nena. Con tus grandes tetas y mi verga, estoy deseoso.

– No se vaya a correr rápido, cuando le doy mamadas a mi esposo no dura ni dos minutos.

– Tu marido es un poco hombre para ti, estas frente a un macho chiquilla, tu dale con todo que yo te aguanto bien firme.

– Conste que se lo advertí, eh.

– Tú no te detengas por nada.

Me acerqué a su ingle y mis tetas las dejé caer sobre su pollón erecto. El peso de ellos lo sintió y suaves como algodones acariciaron su mástil, haciéndolo retorcerse un poco. Sus huevos también eran enormes, eran dos grande bolas colgando de un escroto gigante… a los viejos les crece desmesuradamente los cojones y eso me gustaba… son suaves y duros a la vez.

– No se vaya a correr así de rápido señor –dije mientras me sonreía un poco.

– Eso no fue nada hijita.

Aprisione con mis grandes ubres su gran verga, y la hice desaparecer por completo. Visita el "rincón de las palabras encendidas" en mi perfil si deseas leer muchos más relatos como este. Mis enormes tetas apenas y dejaban salir su polla por encima de mi línea de escote. Su pollón era muy gordo pero no pasaba de los 18 cm. Podía sentir él puso de su tranca bombeando al horondo glande, mientras yo apretaba mis glándulas mamarias haciéndolas subir y bajar despacio. A propósito veía sus reacciones al hacerlo. Tomás solo cerraba con fuerza sus ojos tratando se distraer la mente, pensando en otras cosas para poder soportar aquel dulce martirio que mis tetas le daban, ya calmadas por su boca de tan severa hinchazón láctea. Dejé caer un gran chorro de saliva en medio de mi escote y baño su pollón por completo cayendo primero en todo su glande. Después de haberlo liberado un poco para que la saliva recorriera todo el tronco, volví a atraparlo entre la suave prisión de mis gigantescas y voluminosas tetas. Volví a subir y bajar con ellos apasionadamente. Segundo a segundo incrementaba mi ritmo mientras el rechinaba sus dientes y apretaba las sábanas como si fuera a desgarrarlas.

Me agaché un poco y comencé a chuparle la cabeza del cipote al tiempo que subía y bajaba repetidamente mis tetas. La leche salía de mis pezones como dos pequeñas fuentes, la usaba como un dulce lubricante para su endurecido falo. Mi lengua esta vez, era la que se portaba traviesa recorriendo su glande salvajemente. Podía saborear su sabor acre y el dulzor del pre eyaculación que desesperadamente salía de la uretra anunciando la próxima venida de su cálida y espesa leche. De esas pesadas pelotas, debía de salir una gran cantidad de lefa.

– ¡Ya no puedo aguantar más hijita, me voy a correr! No pares PUTA…. – Dijo cerrando los ojos fuertes y dejando escapar gemidos pequeños.

– No han pasado ni cinco minutos, pensé que un viejo podía durar mucho más que mi esposo. – Dije burlándome un poco de él.

– Estoy un poco desentrenado… ¡¡Yo soy mucho más hombre que… él!! – Dijo mientras se le escapaba su leche involuntariamente bañando mis pechos por completo.

– ¡Puta perra de mierda! –gritó mientras su semen se derrochaba sobre mis tetas y cara.

– Vaya que se corrió Tomás, no aguantó mucho que digamos –dije mientras me reía pícaramente – Aunque hay que reconocer que sus huevos iban bien cargados…

– ¡¡Dios mío, Julia, que buena cubana me hiciste chiquilla, nunca había sentido algo así!!

– Bueno los hombres que me han disfrutado a parte de mi esposo, gozan muchísimo.

– ¿Cuántos hombres han disfrutado de tus bondades…? – Preguntó curioso. – Pensaba que eras más decente.

– ¡¿No entiendo por qué se molesta usted?! Está teniendo sexo conmigo sabiendo que estoy casada, con una niña y con otro de camino…. ¡¿Quién es aquí el pervertido?!

– Una cosa es que yo me folle a la hembra a quien le doy mi casa, y otra muy distinta que te entregues a otros como una puta. A parte de que los machos tenemos derecho de cubrir a las hembras que acogemos, y tú deberías saber que esto es en pago a mi generosidad.

Dijo mientras me abofeteaba de manera fuerte y humillante. Yo caí en la cama y él se masturbo un poco, me sentí más excitada que humillada, me gustaba el trato dominante de aquel macho.

– Te voy a enseñar a respetar a tu marido y a ser complaciente con tu hospitalario protector, puta de mierda. A la hembras como tú sé cómo hay que tratarlas… mi esposa fue la mejor zorra sumisa que he tenido… la eduqué a base de pollazos, como haré contigo.

Dijo mientras ponía su polla erecta de nuevo. La furia y molestia podían verse reflejados en su rostro… ese tipo tenía la testosterona por las nubes y no se podía hacer nada por contenerla, a excepción de dejarte dominar sumisamente.

– No voy a dejar que una mujer tan hermosa, se comporte como una ramera asquerosa.

Tomás masturbaba su polla mientras bufaba de ira y de pasión. Se mezclaban en su ser como un coctel preparado por un barman. Con violencia y agitación se movían dentro de él. No dejaba de ver mi cuerpo y rechinar sus dientes deseando poder clavarlos en mis tetas…, que sudados parecían dos melones bañados en agua.

– Voy a enseñarte a respetar a tu marido cabrona, ya nunca te vas a acostar con nadie que no sea de tu familia, madre hija de tu puta.

– Usted está haciendo lo mismo, está traicionando a mi esposo de la misma manera.

– Todos saben que es deber de una huésped, servir a su anfitrión en todos aspectos, y mantenerlo satisfecho en la cama es uno de ellos.

– Eso no es verdad, tal cosa no existe – dije molesta. – Usted se ofreció generoso sin ningún tipo de condiciones de compartir la cama

– ¡¿Acaso no conoces el derecho de pernada…?! “…Todo señor tiene derecho sobre sus súbditas” Por eso Tú vas a hacer lo que yo te ordene cabrona, te callas la boca y obedeces. Y no grites, porque te va a escuchar la muchacha que me viene a ayudar, y vas a arruinar lo que tengo con esa putita – dijo furioso.

– ¡¿No puedo creer que se esté aprovechando de esa muchacha también de 18 años….?!

– Ella lo disfruta, además le doy dinero para que pueda ayudar a su madre con sus tratamientos médicos. En la vida todo servicio se paga de alguna manera…es un intercambio, este puede ser en dinero o en especie, y ella prefiere el dinero a cobrarme en especie…pero nunca es suficiente, por eso hacer trabajos extra en casa… ¡No te imaginas el gusto que da correrme dentro de su coño cada vez que me la follo!

Dejó de hablar y me dio otra bofetada. Yo traté de levantarme para irme de la habitación pero me agarró del cabello, casi haciéndome tropezar y caer.

– ¿A dónde crees que vas hijita? Tú me vas a satisfacer hasta que me canse… y ya te digo que tras la primer corrida, tengo mucho aguante ¡Mi nabo no está aún satisfecho del todo!

Se acercaba tanto a mí que podía sentir su aliento en mi mejilla. Se aproximó lo suficiente para lamer mi rostro asquerosamente y yo me quede inmóvil.

– Sabes delicioso, el sabor de tu sudor es increíblemente dulce.

– Ya déjeme ir por favor.

Me volvió a tomar del cabello y me arrojó de nuevo a la cama. Esta vez yo caí boca abajo y él se me echó encima rápidamente sin darme oportunidad siquiera de poder levantarme. Empujó mi cabeza hacia la colcha encima del colchón, elevó con sus brazos mi culo y finalmente quedé a cuatro patas sobre la cama… se posiciono detrás de mí trasero acomodándose de manera conveniente para poder clavarme hasta el último centímetro de su gruesa verga. Podía sentir su polla frotando ambos glúteos. Su pre eyaculación salía sin parar y dejaba muy húmedo mi culo. El bufaba dejando salir en cada respiración la lujuria contenida en su caliente masculinidad. Por fin pude sentir como me tomaba. – Mmmm – gimió Tomás mientras la cabeza de su glande hacia una entrada triunfal por mi coño. Yo gruñí por la molestia, y él con cada empujón que daba, golpeaba mi trasero haciéndolo sonar fuerte, y abría mi conducto uterino cada vez más. Notaba la paredes de mi vagina ceder ante el inmenso tronco de diámetro bestial, llenaba mi coño como nadie hasta entonces…pensé por un momento que me reventaría el útero.

– ¡De Puta madre Yuli, estás bien apretada! ¡Cómo se ve que tu marido no te da verga muy seguida!

Él no, pero muchos otros me han dado mucho mejor que usted. Su polla es una miseria en comparación con los hombres con los que me he acostado – dije de manera retadora.

CONTINÚA...