El club de las primeras veces
A sus 18 años, el contacto con Juan encendió una curiosidad que nunca antes había sentido. Entre besos que prometían más y caricias que desafiaban la inocencia, descubrió que el placer podía ser tan intenso como el miedo a perderla. Esta es la historia de cómo dejó de ser virgen, no por obligación, sino por deseo propio.
Querido lector, antes que nada, debo presentarme, aunque mi nombre es irrelevante, quiero que conozcas un poco de mi, soy una mujer de 36 años que le encanta escribir y leer, que disfruta de su libertad, soy una mujer del siglo XXI y moderna, aunque no significa que no quiera algo más.
Todo esto es para que comprendas que si bien, esto se llama "el club de las primeras veces ", no está siempre relacionado a perder la virginidad, si no a aquellas primeras veces que he conocido a un hombre que ha significado algo, dicho esto espero que me acompañes y disfrutes mis palabras, tanto como yo disfruto escribiendo.
Juan
Cuando tenía 18 años, conocí a Juan en una fiesta, el tenía 22, y senti un escalofrío cuando nuestras miradas se encontraron, no me gustó en el sentido estricto de la palabra, pero sentí una atracción que me puso la piel de gallina, que no me permitió poner atención a nadie más, el se acercó a mí y comenzamos a charlar sobre las mil banalidades que suelen importar a esa edad, bailamos y quedamos en llamarnos
Un día al salir de clases, lo vi sonriendo en la cancela del colegio,con un punto de malicia que me encanto,esa sonrisa decía muchísimo más que cualquier palabra que pudiera decir, se ofreció a llevarme a casa y acepte, estaba trabajando fuera de la ciudad y solo podía estar los fines de semana, por eso habían pasado varios días, desde que nos conocimos,yo le dije que estaba preparando mi acceso a la universidad, así que entre semana, solía estar bastante ocupada, además de ayudar a mis padres en su negocio, y de la academia de baile, en la que estaba apuntada y que muchas veces quería mandar a tomar por saco, la trivialidad apareció como es común cuando el nerviosismo nos domina, hasta que cogiendo mi barbilla y con un casto beso en la nariz, me pregunto si quería ser su novia.
Antes de él, solo había tenido un novio, con el que no avance más allá de besos fugaces, y le dije que si, sin saber que me esperaría, pero con todas las ganas de averiguarlo.
Charlamos toda la tarde, y nos reímos mucho, pero esa misma tarde tenía que volver a trabajar, ya que ese día había sido fiesta en la ciudad donde residía y por eso estaba conmigo, pero tendría que irse esa misma noche, no quería dejarle ir, y cuando nos despedimos, el beso que me dio me dejó temblando, su boca cubrió la mia en un gesto de absoluta sensualidad,mientras sus manos posadas en mi cintura, ejercían una deliciosa presión que me inclinaba hacia el.
Cuando entre a casa, sentía un calor en mi interior que ahora sé que era excitación, me metí a la ducha y por primera vez en mi vida, me toque de manera sexual, buscando placer e imaginando que era el quien me hacía sentir eso.
El sábado volvía y ese día yo estaba exultante de felicidad, mis padres solían irse a la casa de mis abuelos los fines de semana para ayudarles, y me dejaba sola con mi hermano, el cual al tener 4 años más que yo, apenas pisaba la casa, así que sabía que estaría sola y eso me excitaba más.
Cuando tocó mi puerta, abrí, y sin pensarlome lancé a sus brazos, el sentimiento que me habia provocado en el primer beso, se triplicó con este y sin separarme de su boca, lo lleve a mi habitación, se sento en mi cama y yo encima de él. Antes de Juan, nadie habia entrado en mi dormitorio, nadie me había tocado y jamás había sentido la humedad que ahora mojaba mis bragas.
Sus manos en mi cadera, no se movían más allá y me daba la opción a retirarme en cualquier momento, yo sin embargo no podía pensar en estar más cerca de el, y quería besarlo más y que el me tocará hasta que no pudiera más, cogí una de sus manos y la lleve por debajo de la ropa, y la deje en uno de mis pechos, me vio a los ojos y me dijo que alzará las manos, me quitó la camiseta que llevaba y me quedé en sujetador, luego paso por detrás las manos y me lo desató también, nadie me había visto así, y sentí una pizca de vergüenza que se disolvió cuando su boca cogió uno de mis pezones y comenzó a chuparlo, yo sentía como si lava saliera de mi cuerpo, y comencé a moverme, buscando una fricción que calmara la ansiedad que sentía en mis piernas.
Fue mi primera experiencia sexual, por qué queridos amigos, el sexo también son caricias y emociones, y yo ese día perdí mucha parte de mi inocencia, despojada de mi sujetador, quedaba en un pantalón corto y unas braguitas, me dijo que me sentara en la cama y el se puso de rodillas frente a mí, comenzó a besarme las piernas y a subir despacio hasta llegar de nuevo a mi boca,me pregunto si era virgen, le respondí que si, me preguntó qué pensaría de mi, si el primer día solos, lo invitaba a mi habitación y me dejaba tocar de esa manera, pero todos eso se desvaneció cuando lentamente desabrochó el pantalón y me lo quito junto con las bragas, nunca fue dominante, sabía que si decía basta el pararía, pero no quería hacerlo, quería saber que más podría pasar, su boca bajo hacia mi cuello, hacia mis pechos,paso por mi estómago, y llego a a mi vientre, donde como un depredador, esperaba cualquier señal que yo le diera para atacarme en un juego que yo estaba más que preparada para empezar, me hizo flexionar las rodillas y quedar completamente expuesta ante el, y con mucho cuidado un dedo empezo a acariciarme, sentía como una humedad ya familiar, bajaba por mis rodillas, y delataba mi gozo, entonces su boca tan astuta y libertina me demostró que el sexo oral siempre sería mi perdición, en la cama de mi juventud, inclusive de mi infancia, un sábado por la mañana, tuve mi primer orgasmo.
Durante 18 meses, no pasamos de masturbación mutua, sexo oral y besos, el siempre me decía que quería que yo estuviera segura y que no me arrepintiera de algo, cosa absurda por qué hacíamos cosas suficientemente sexuales para que nadie me considerara ingenua en lo absoluto, y no dimos el siguiente paso hasta que su madre falleció, no lo planeamos, pero luego del funeral y del entierro, estábamos solos en su casa, era hijo único y su padre había fallecido cuando era pequeño, no lloraba más, aunque si veia en sus ojos esa tristeza que da la ausencia de un padre, estabamos en el sofá y sin decir nada me besó, nuestros besos jamás eran inocentes, por qué siempre terminabamos en una mamada para que el se corriera, o masturbándome para que yo lo hiciera, pero esta vez, y durante mucho rato, solo estuvimos besándonos, y cuando note que su polla estaba dura, sin pensarlo me puse de pie, me quite la ropa y me senté encima suya, el me miraba sin decir nada y lentamente se introdujo dentro de mi, yo llevaba el ritmo, cuando una tímida resistencia apareció, el con un dedo comenzó a acariciar mi clítoris y está quedó atrapada en el placer que sentía, cuando abrí los ojos, estaba totalmente llena de el, y siguiendo mi intuición, comencé a moverme de adelante hacia atrás, friccionando nuestros cuerpos, sus manos apretaban mis nalgas y las mías en su pecho hacían de palanca para que hubiera más profundidad en mis movimientos,yo llevaba años tomando la píldora por problemas hormonales, así que ambos sabíamos que no pasaría nada, pero el, siempre tan preocupado, me dijo que tenía miedo de correrse dentro, yo le respondí besándolo y aumentando el ritmo de cadera, mi orgasmo llegó, al tiempo que el suyo, y dejando atrás mi virginidad, y comenzando de manera oficial mi vida sexual.
Sobra decir que no seguimos juntos, con el tiempo el vendió la casa de su madre y en su trabajo lo enviaron fuera del país una temporada, por mi parte comencé la universidad en otra comúnidad autónoma y nuestros caminos tomaron ritmos totalmente distintos, pero a día de hoy, no puedo si no recordar con una sonrisa pícara, que el primer miembro del club de las primeras veces fue el maravilloso Juan.
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