La imagen que quedará grabada en tu mente
El restaurante está vacío, las luces están bajas y nadie los verá. Pero el riesgo no es lo que más excita; es la certeza de que cada gota de su placer quedará grabada en tu mente para siempre.
Después del trabajo habíamos quedado en vernos.
Yo tenía que cerrar el restaurante, pero como sabía que ibas a venir, le di salida a todo el personal un poco antes. Quería estar solo para cuando llegaras.
Cuando se fue el último empleado, me aseguré de cerrar todo. De bajar las luces para que a nadie se le ocurriera pensar que estábamos abiertos al publico.
Era un miércoles y la clientela nocturna de todos modos era muy baja.
Tu habías dado las excusas en tu casa, para estar fuera a estas horas en las que normalmente ya estabas con tu familia. Pero el deseo hoy podía más que nada
Los minutos pasaban lentamente y yo te esperaba.
Hasta que al fin, por la cámara pude ver tu camioneta blanca llegando por la parte de atrás del local. Me fui presuroso a abrir esa puerta.
Llegaste, nerviosa. Mirando a todos lados. No queríamos que nadie nos viera. Entraste como un rayo por la puerta y me pediste que cerrara rápido. Así lo hice
Al fin estabas aquí, yo tenía una botella de vino esperándote. El que te gustaba. Rojo. A tu temperatura ideal. Tomaste la copa y brindamos.
Mientras tomabas tu vino pude deleitarme con tu rostro. De verdad que eres hermosa. Tu pelo negro, liso, cayendo sobre tus hombros. Tus ojos brillantes,negros, siempre irradiando sensualidad. Tus mejillas redondas, aterciopeladas, con ese cutis delicado y esa piel tierna. Tus labios rojos, llenos, un poco húmedos por el vino y tu saliva. Tu barbilla, preciosa, terminando ese rostro angelical que bien le daba honor a tu nombre.
Me acerqué a ti y pude sentir tu aroma. Esa esencia que me volvía loco desde el primer día que te conocí. Era una mezcla de vainilla, coco y tu almizcle. Era embriagante.
Mis manos tomaron tu copa y la colocaron en la mesa. Y luego tomaron tu rostro y comencé a besarte. Suavemente al principio. Solo rozando tus labios con los míos. Pero poco a poco aceleramos el paso. Nuestros labios se abrieron y nuestras lenguas salieron a danzar. Nos abrazamos mas fuerte. Mis manos recorriendo tu espalda, desde tus hombros hasta tus nalgas y allí, apretaba fuerte.
Tu respiración ya estaba agitada. Poco a poco te baje al piso. Y te coloqué sobre el primer escalón de la escalera que separaba los niveles del comedor. El de más arriba. Así tus piernas caían sobre los otros dos. Me senté a tu lado y seguí besándote. Quitándole los botones a tu blusa. Hasta que quedaste sólo con tu brassier. Abajo tenías un pantalón de lycra, que también fue pronto a parar a un lado.
Allí estabas, en tu ropa interior en el piso de mi restaurante. Como el mejor manjar que se me podía ofrecer.
Seguí besando tus hombros, tu espalda, mientras desabrochaba tu brassier, el cual cayó en tu regazo, dejando al aire esos senos hermosos que me vuelven loco, con tus pezones marrones ya al máximo de erección, me lancé sobre ellos, hambriento y me metí uno a la boca, y lo lamí. Tu gemido salió profundo de ti. Te encantaba que te acariciara tus pezones. Era de tus zonas mas sensibles.
Seguía jugando con tus pezones, mordiéndolos cada vez mas duro. Mas fuerte. Tu ya me decías cosas. Me pedías más duro. Me pedías más rápido.
Mi mano llegó a tus piernas y sin mucho aviso se apoderaron de tu sexo sobre tu panty. Lo agarré todo y apreté. Enseguida noté tu humedad sobre la tela. Estabas empapada.
Hoy no teníamos mucho tiempo, tiempo, ese enemigo eterno de los amantes, ese enemigo que siempre has odiado.
Así que me hinque entre tus piernas y elimine tu panty. Allí frente a mi se abría tu sexo ardiente. Cubierto por esa maraña de vellos que me encantaban. Esos vellos negros estaban empapados ya. Se notaban las gotas de tus jugos caer por ellos.
Me acerqué a tu sexo y aspire, aspire hasta el fondo ese olor de hembra que me embriagaba, esa esencia de mujer en celo que salía solo cuando estabas en mis brazos.
Y sin darte tiempo a pensar me metí todo tu sexo en la boca, así empapado y caliente. Lo abarqué todo con mis labios y mi lengua salió a gozarlo. Lo recorría de arriba a abajo con mi lengua, mojándolo aún más, tus vellos me hacían cosquillas por toda la cara y eso me enervaba más.
Lamía como un poseído. Como si el más delicioso elixir estuviera saliendo de tu sexo, y así era. Tus jugos eran una delicia. Salados y de una textura única. Impregnando mi lengua con tu ser.
Tus gritos eran ininteligibles. Tus manos empujando mi rostro mas adentro de tu sexo. Ya mi lengua estaba toda dentro de ti.
Seguí lamiendo y chupando. Cada vez más rápido. Tu respiración seguía acelerando. Sabía que estabas por venirte. Y no pare. Lo quería en mi boca. Quería que explotarás en mi lengua.
Tu voz se perdía en medio de tus gemidos. Ya estabas por explotar. Sentía tus jugos desbordarse por tu sexo y caer en mi boca sin parar.
Hasta que tu cuerpo se arqueó completamente y explotaste en un orgasmo bestial. Lleno de humedad. Expulsabas chorros y chorros de jugos de tu sexo. Tus vellos estaban anegados. Tus labios abiertos. Tu clitoris expuesto. Mi lengua estaba aún adentro pegada a tus paredes. Lamiendo. Recogiendo todo tu orgasmo líquido y degustándolo.
En ese instante vi que me mirabas. Vi que está imagen de mi boca pegada a tu sexo, disfrutando cada gota al máximo iba a quedar grabada en tu memoria. Y me encantó.
Sabía que cada vez, de ahora en adelante, por el resto de tu vida, cuando pensarás en quien te ha sabido disfrutar al máximo como hembra, solo mi imagen vendrá a tu mente.
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