Mi primera vez con Alberto
El silencio del despacho se rompe con gemidos que no deberían ser escuchados. Cristina busca placer en la soledad, pero no está sola: una mirada la observa desde la sombra. Cuando los ojos se encuentran, la tentación es más fuerte que la prudencia profesional.
Cristina era una abogada a la que le había costado mucho llegar a ser respetada por sus compañeros de profesión; no solo por ser mujer en un mundo de hombres, sino también por su físico. Alta, con curvas, rubia, ojos verdes y unos labios que invitan al pecado.
Aquel día se había quedado a trabajar en el despacho, hasta tarde. Las horas habían pasado muy rápido y ya eran más de las diez. Estaba tensa por el juicio del día siguiente, así que decidió hacer un pequeño descanso.
Salió de su despacho para tomar un café en la máquina del pasillo, sabía que su secretaría guardaba algunas monedas en un cajón de su mesa, así que abrió el cajón para buscarlas. Rebuscó pero no las encontró, decidió abrir otro cajón, pero cual fue su sorpresa al ver lo que había en su interior…
Isabel con lo modosita que era, tenía en su mesa un vibrador. Cristina lo cogió, lo examinó y le dio al botón de encendido. Enseguida empezó a vibrar, Cristina lo miro curiosa, sonrió, abrió sus piernas, y lo apoyo sobre su coño, ya que no solía llevar ropa interior. Nunca había probado ningún juguete sexual, así que enseguida empezó a excitarse, su coño comenzó a mojarse, poco a poco acerco el vibrador hacía su raja, lo introdujo lentamente, hasta que estuvo completamente dentro de ella. Empezó a meterlo y sacarlo, mientras que no paraba de gemir. Su coño chorreaba, estaba totalmente fuera de si. Seguía metiendo y sacando el vibrador, se veía reflejada en el espejo del vestíbulo y eso la excitaba mas, de pie, apoyada en la mesa de Isabel, con la falda subida hasta la cintura, y fallándose a si misma.
Estaba tan concentrada en su imagen en el espejo, y en darse placer, que no se percató que el vigilante de seguridad la estaba observando.
Alberto, que así se llamaba el chico, estaba haciendo su ronda, cuando unos gritos de mujer le habían llamado la atención, subió hasta el despacho de abogados, y cual no fue su sorpresa, al encontrar a Cristina masturbándose. Comenzó a observarla cerca de la puerta, pero enseguida la polla se le puso dura. Se la sacó del pantalón y empezó a acariciarla. El liquido pre seminal, pronto le mojo la mano, cada vez estaba mas caliente. Cuando empezó a emitir unos gemiditos, Cristina giró la cabeza y lo vió. Él no podía parar de masturbarse, y ella estaba a mil. Lo miro y le dijo – ¿A qué esperas para follarme?. Alberto fue hacía ella la inclinó aun más sobre la mesa, le abrió las piernas, y la penetró, tan fuerte que entro toda dentro de una vez. Empezó a moverse rápido, cogiendo a Cristina por las caderas, bufaba como un animal en celo, eso excitó tanto a Cristina que enseguida de corrió, Alberto seguía fallándola, y ella volvió a correrse dos veces mas, de pronto el cuerpo del chico se puso tenso y la abogada noto como se le llenaba el coño de leche, quedaron los dos exhaustos. Cuando Alberto se hubo recuperado, saco su polla del coño y la guardo en su pantalón, miró a Cristina le sonrió y siguió haciendo su ronda. Ella decidió que ya era hora de volver a casa y así analizar lo que había pasado aquella noche.
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