Diálogos 01: de cornudo
Él se arrodilla con vergüenza, pero ella no pide perdón: pide sumisión. Mientras el amante la toma, la mujer observa cómo su esposo se humilla, descubriendo que la verdadera pasión no está en el acto, sino en el control absoluto sobre quien ama.
- Pero bueno, vamos a ver… ¿No era lo que querías?
- Sí… pero
- ¿Pero qué?
- Pues… que me da vergüenza.
- Vergüenza, vergüenza…
-…
- Esto no me lo puedes hacer.
- Ya…
- Mira que yo estaba tan tranquila con mi vida, y tuviste que empeñarte, y ahora, cuando le cojo el gusto…
- Lo siento…
- ¡Ni lo siento ni cojones cariño! ¡Vamos, de rodillas!
- Claro… Como quieras…
- Anda, amor ¿Tanto te cuesta darme este gusto?
- No… Si es que…
- ¿Vés? Ya se la has sacado. Ahora abre la boquita… Así… Muy bien, cielo.
-…
- Si vieras lo caliente que me pones…
-…
- Chúpasela, mi amor… Así… No me dirás que no te gusta…
- No… si no es que…
- ¡Cállate, cornudo, y chupa! Muy bien…
-...
- Si no hay más que verte, tonto, si parece que te va a estallar la pollita…
-…
- Esto te lo podrías haber imaginado ¿No? Hombre, yo no sabía gran cosa de esto, pero tú… ¿No me dirás que tú no sabías lo pequeñita que la tenías?
-…
- Así… Muy bien… Mama fuerte ahora, cariño… Así… Como si fuera un biberón…
-…
- ¡Mariconazo! ¡Trágatela! ¡Tragate todo!… Cornudo cabrón… Cómo me pone verte así, mi vida, hecho una mariconcita…
-…
- No pares ahora, cielo. Sigue chupando, que no se le ablande… Estoy como una perra…
-…
- Muy bien! ¿No quieres verlo? ¿No quieres ver cómo me folla?
- Sí…
- Mira… Mira cómo estoy…
- Empapada…
- Caliente como una zorra… Vamos, machote… Métemela… Asíiiiiii….
-…
- Oye… Y esto… ¿Cómo…?
- Cosas del idiota este… Empezó un día… Ahhhhh… Que si… Uffff… ¡Qué polla tienes, cariño! ¡No te… pares…!
- ¿Te gusta?
- ¿Bromeas? ¿Has visto la mierdita que tiene mi pobre?
- Sí, la verdad…
- Yo estaba tan contentaaaa… No conocía a otro, y me parecía tan normal. Y este se puso pesado, que si así introduciríamos novedades… Que… Ahhhh… que si… la rutina…
- ¿Y te buscó a otro?
- Sí… Empezó que si un trío, que si tal… Pero, a la hora de la verdad… Se quedó mirando, el muy ceeeeerdooo… Uffffff… Meneándosela como un mono…
- ¡Joder!
- Y yo… Bueno… Cuando vi aquello… Me parecía que no me iba a caber… Como la tuya… O mayor… No pares… No pares… Ahhhhhhhhhh… Sigueeeeeee…
- ¿Y te aficionaste?
- Al principio me cabreaba… Le veía tan ridículo…
- ¿Y luego?
- Pues, ese mismo día, por la noche, ya solos… Me puse a gritarle, a llamarla cornudo, y maricón…
- ¿Y qué hizo?
- Ni te lo imaginas…
- Cuéntamelo…
- Se le puso tiesa otra vez… Y empezó a meneársela. Aquí mismo, en la cama… Yo le llamaba cabrón, y él se la pelaba… ¡Empuja fuerte! ¡¡¡¡Fóllame asíiiii!!!
- ¿Sin decir nada?
- Nada. Me miraba, y se la sacudía… Hasta empecé a pegarle, de lo mosqueada que estaba…
- ¿Y seguía?
- Se corrió como un idiota… ¡Así… asíiiiiiiiii…! ¡Dámela…! ¡Toda….!… ¡Asíiiiiiiiii…!
- Anda, maricóncita, no te quedes ahí como un pasmarote. Pon un par de copas deprisita, sin mucha floritura, que tienes trabajo.
- Bueno, ¿Y tú?
- Pues a mí… La verdad es que me dio un puntito verle así, tan apocado…
- Y te aficionaste, claro.
- Fue más que aficionarme. Empecé a follarme a todo lo que se meneaba ¿Sabes que todavía no he visto una tan pequeñita?
- Sí, la verdad es que da pena.
- Pero lo mejor fue cuando me dijo que le daba vergüenza ¡Vergüenza, el hijo de puta! Ese fue el primer día que le hice comerse una polla. Anda, cielo, pónsela dura a mi amigo…
- ¿Te gusta verlo?
- Me pone a mil. Y a él también, no te creas. Se hace la estrecha por que le da corte, y siempre hace como que se resiste. Debe ser por mantener la dignidad ¡La dignidad, imagínate! Pero mira… Mira cómo le babea mientras mama…
- La verdad es que es un artista.
- Es lo único que sabe hacer bien.
- Pero… ¿Y luego? ¿Te lo follas?
- Ni de coña. Yo ya de cornudos maricones no quiero saber nada. Luego, si se porta bien, le dejo que se la menee. A veces, si el galán quiere, hago que le folle.
- ¿Que le den por culo?
- Claro ¿Quieres?
- No, no… Gracias…
- El muy maricón, lloriquea como una nenita, y se resiste como si le fuera en ello la vida, pero ¿Sabes? Se corre…
- ¿Cuando le dan?
Como una perra, sin tocarse ni nada. En cuanto le dan un par de envites, se corre a chorros, el muy maricón… Y lloriquea, que si le da vergüenza, que si cómo le hago eso…
- Hijo de puta…
- Y otras veces nada.
- ¿Nada?
- Nada: a dormir si puede con la pollita como un canto. Me pone putearle un poco. ¡Huy, galán! ¡Vuelves a estar encendido!
- Te voy a partir en dos.
- ¿Seguro?
- Hasta que pidas socorro.
- ¡Qué machote!
- Date la vuelta, putita.
- ¿Por detrás? ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh!!!
- Tú lo que necesitas es un macho…
- O… cientos… Dame… así… Hazme… daño… ¡Asíiiii! ¡Cabróoooon!
- Dile que te lo toque…
- Vamos, cornudito ¿No has… oído?
- Haz que se corra, maricón.
- ¡Eh!
- ¿Qué pasa?
- Que solo le insulto yo.
- ¡Huy la ostia!
- Tú folla, cielo, y no andes pensando, que no se te da bien…
- ¡Me… me...!
- No, cielo, en el culo no…
-…
- Así,… Dámela… Así…
- ¿Quieres otra vez?
- Si me la chupa…
- Anda, ve a lavarte…
- ¿Y tú?
- ¿Yo?
- ¿Tú no…?
- Ah, no cielo. A mi me da no sé qué. Me dan arcadas, no creas que no he probado, pero no podía ni con la de el cabrón este.
- ¡Vaya!
- ¿No te gusta qué te la chupe él?
- Ahhhhh…. No… Si… Uffff…
- Es un chupapollas de primera. Tú déjate ir, y verás.
- ¡Jooooodeeeeer!
- ¿Fuerte?
- Parece… que me quiera… chupar… la sangreeeee….
- Así, bonito, dájete ir…
- ¡Ahhhh…! ¡Ahhhhhhhhh…!
- Dásela, cariño. Dale lechita a mi mariconcita. Así. Muy bien…
- Uffffff…
- No me canso de verlo.
- Bueno, cielo, pues te vistes y te marchas. Ya nos veremos.
- ¿Pero?
- No, aquí solo dormimos nosotros.
- ¿Y él?
- ¿El?
- Que si no…
- ¿Quieres verlo?
- Sí…
- ¡Vaya, vaya…!
- ¡Oye!
- Anda, vamos a vestirnos. Es mejor vestidos. Le da muchísima vergüenza.
-…
- ¿De pie?
- Claro. Y mirándonos. Ten cuidado que salpica.
- ¿Desde ahí?
- Hace más de un mes que no se corre…
- ¡Joder! ¡Hijo de puta!
- Anda, guapo, márchate, que quiero que me lo coma y no me apetece que lo veas ¿Por que tú…?
- A mi no me la levanta ni una grúa ya.
- Sal sin hacer mucho ruido por la escalera, cielo. En el recibidor tienes tu dinero.
- Bueno, pues muchas gracias. Ya sabes: si quieres otra vez...
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