El hombre del piano
La música no se detiene, ni sus dedos, ni el deseo. En medio del pub, bajo la mirada de todos, él decide que el mejor acompañamiento para esa melodía es su boca.
Esta es la historia de un sábado de no importa que mes y de un hombre sentado al piano de no importa que viejo café.
El pianista era guapo y el café un pub de ambiente. Había poco publico cuando entré y los chicos que había estaban ya ocupados. En parejitas o grupos aunque alguno me echó una jugosa mirada. Visto el panorama con mi copa me acerqué al piano apreciando la calidad del ejecutante. Apoyado en el instrumento relajado contemplaba sus dedos largos y finos acariciar las teclas y pensaba en lo que podrían hacer en mi polla.
Pero no sabia como entrar en contacto y no quería interrumpir los maravillosos sonidos. Notando mi interés me ofreció un sitio a su lado en el banco donde nuestros muslos se rozaban y mi mano se podía pasar en se rodilla sin protestas por su parte. Debido a lo avanzado de la hora las cosas se ponían calientes, los besos mas lascivos, alguna camiseta había desaparecido y algún pene asomaba de su encierro liberado por manos atrevidas.
Viendo que mis caricias eran bien recibidas me propuse averiguar si podía romper la concentración del músico. Avancé hasta su bragueta lento pero pero sin interrumpirme, ya estaba duro y seguía enlazando melodías sin errar una nota.
Dispuesto a subir el nivel me arrodillé entre sus muslos. Se la saqué del pantalón y empecé por lamer sus depilados huevos y pubis. Lamí su polla mirándolo a los ojos con lascivia. El seguía sin perder el ritmo. Nuestro doble espectáculo empezó a llamar la atención en el salón y a reunir un grupo a nuestro alrededor. Yo no era el único que tenía un pene el la boca y como mi músico intentaba mantener la concentración hasta lograr su semen en mi boca en ese momento se agachó y nos morreamos entre aplausos.
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