Xtories
DominaciónAug 2014

Esposas Perfectas S.L. (IV) - Despedida de soltero

El calor de la madera aún arde en mi piel mientras me arreglo para él; cada prenda que me pongo es un paso más hacia su dominio.

Escritor de Invierno13M vistas8.9· 22 votos
<p style="text-align: justify;">Este relato es la continuación de:</p> <p style="text-align: justify;">- Esposas Perfectas S.L. (I): <a href="www.todorelatos.com/relato/106761/">www.todorelatos.com/relato/106761/</a></p> <p style="text-align: justify;">- Esposas Perfectas S.L. (II) - Aprendiendo el arte de la doma: <a href="www.todorelatos.com/relato/107760/">www.todorelatos.com/relato/107760/</a></p> <p style="text-align: justify;">- Esposas Perfectas S.L. (III) - Propiedad a estrenar: <a href="www.todorelatos.com/relato/111624/">www.todorelatos.com/relato/111624/</a></p> <p style="text-align: justify;">El suave e hipnótico bamboleo de las nalgas de Lisa brillaba por su ausencia cuando entró en su cuarto dispuesta a</p> <p style="text-align: justify;">arreglarse para la fiesta. Su trasero, entrenado durante décadas, había logrado mantener el andar felino mientras</p> <p style="text-align: justify;">abandonaba el salón; pero sus pisadas flaquearon en cuanto el culo recién marcado dejó de sentir los ojos del macho</p> <p style="text-align: justify;">clavados en él. Era un hecho que conocía, una lección aprendida hacía tiempo: el cuero arde en la piel, pero la madera</p> <p style="text-align: justify;">penetra en la carne y la agarrotan. Tras una intensa sesión disciplinaria cada paso era una pequeña brasa sobre el</p> <p style="text-align: justify;">fuego que templaba su retaguardia.</p> <p style="text-align: justify;">La brisa colándose por la ventana refrescaba su piel agradecida, pero duraría poco: la fiesta iba a empezar</p> <p style="text-align: justify;">pronto y aún debían recorrer, paso a paso, el hoy larguísimo camino hasta el cercano club social. Tenía que</p> <p style="text-align: justify;">arreglarse: Sebastian esperaba, y un retraso recreándose en el alivio supondría echar más leña al fuego. Y nunca mejor</p> <p style="text-align: justify;">dicho.</p> <p style="text-align: justify;">El ligero vestido primaveral se deslizó sobre su cuerpo arremolinándose en torno a de sus tobillos. Las bragas</p> <p style="text-align: justify;">lo siguieron. Sujetador no llevaba: contrariamente a la mayoría de sus bien desarrolladas vecinas, lo escaso de sus</p> <p style="text-align: justify;">tetas lo convertía en innecesario e incluso desaconsejable. Se entretuvo en recoger y doblar la ropa usada antes de</p> <p style="text-align: justify;">empezar a rebuscar en su armario.</p> <p style="text-align: justify;">Su ropero era grande y olía a barniz; tenía dos espejos lacados en plata en el frontal y muchos más forrando</p> <p style="text-align: justify;">por completo el interior, donde una luz difusa lo impregnaba todo en cuanto se abría la puerta para saciar el hambre</p> <p style="text-align: justify;">femenina por un vestido favorecedor. La elegante esposa de un político milanés o la amante oficial de un abogado de la</p> <p style="text-align: justify;">City habrían matado por clavar sus garras esmaltadas en rosa furcia número 25 en aquel mueble. Sin embargo, Lisa aún</p> <p style="text-align: justify;">no se había acostumbrado a aquella imagen desoladora. En una antigua vida, el vestidor ocupaba dos habitaciones</p> <p style="text-align: justify;">contiguas con alfombras de lana y lámparas de araña de Murano. Hermann lo había ido llenando durante años con una</p> <p style="text-align: justify;">mezcla de alta costura, ropa casual y prendas deportivas de marca. A su difunto marido le gustaba resaltar la grupa de</p> <p style="text-align: justify;">su yegua con los mejores aperos, y no escatimaba en gastos.</p> <p style="text-align: justify;">Su magnífica colección de ropa fue donada a la beneficencia a la muerte de su esposo, del mismo modo que la</p> <p style="text-align: justify;">propia Lisa fue cedida a Sebastian para su uso y disfrute. Al fin y al cabo, las zorras negritas de alguna tribu del</p> <p style="text-align: justify;">culo de África también tenían derecho a vestirse de Channel para salir de caza por la selva.</p> <p style="text-align: justify;">La Sociedad le había permitido conservar un par de vestidos de luto, lencería negra de encaje y un conjunto</p> <p style="text-align: justify;">deportivo en licra, tan ceñido que rebelaba cada hendidura de su cuerpo. Hubo de paliar la escasez de vestuario</p> <p style="text-align: justify;">permaneciendo desnuda la mayor parte del tiempo. Las semanas que pasó en casa de Dimitri fueron las más molestas, con</p> <p style="text-align: justify;">una Sonya más arreglada de lo normal preguntándole constantemente si quería que pusiera la calefacción o si ya estaba</p> <p style="text-align: justify;">suficientemente caliente. Con Sebastian, en cambio, su breve periodo de desnudez fue más agradable, casi halagador,</p> <p style="text-align: justify;">con su nuevo hombre deleitándose en su cuerpo maduro y sobándole con firmeza los glúteos cada vez que ella pasaba a su</p> <p style="text-align: justify;">lado.</p> <p style="text-align: justify;">Sebastian había acabado proveyéndola de un surtido adecuado de vestidos de noche y casuales, junto con algún</p> <p style="text-align: justify;">que otro conjunto de putón. Lisa dejó en el armario los zapatos de tacón de andar por casa y se colocó unos altísimos</p> <p style="text-align: justify;">stilettos. Volviéndose de espaldas al espejo valoró el estado de su trasero. Su nuevo dueño había resultado ser un</p> <p style="text-align: justify;">administrador de disciplina metódico, y las líneas rojizas, bien definidas, adornaban su piel, perfectamente paralelas</p> <p style="text-align: justify;">desde el nacimiento de las nalgas hasta medio muslo.</p> <p style="text-align: justify;">Eligió un vestido ceñido, blanco para realzar sus volúmenes, y con la longitud justa para esconder las marcas.</p> <p style="text-align: justify;">No era esta una norma de La Sociedad, pues una esposa bien disciplinada era un orgullo, incluso una exigencia: los</p> <p style="text-align: justify;">miembros no tenían problema en demostrar que sus mujeres recibían la atención necesaria. No. En realidad era un código</p> <p style="text-align: justify;">no escrito del propio sector femenino, en tanto que las damas preferían no mostrar ante sus iguales en qué medida</p> <p style="text-align: justify;">debían ser merecedoras de las atenciones correctivas.</p> <p style="text-align: justify;">Como ropa interior, un tanga blanco, brasileño, que apenas alcanzaba a tapar su coño depilado y no se marcaría</p> <p style="text-align: justify;">a través de la tela. El vestido pasó con facilidad por sus hombros estrechos, pero las dificultades de costumbre</p> <p style="text-align: justify;">llegaron por debajo de la cintura. A base de tirones logró embutir sus nalgas en una tela suave que por momentos le</p> <p style="text-align: justify;">pareció papel de lija.</p> <p style="text-align: justify;">Sus posaderas volvieron a protestar cuanto se sentó frente al tocador. Se había acostumbrado a usar poco</p> <p style="text-align: justify;">maquillaje: pese a su edad, conservaba una piel tersa y recordaba de su juventud las poco agraciadas consecuencias de</p> <p style="text-align: justify;">un exceso de rímel cuando un atracón de carne la hacía llorar lágrimas negras. En lo que más tiempo empleó fue en</p> <p style="text-align: justify;">realzar con pincel el volumen de sus labios. Siempre le gustaba llevarlos apetecibles, pero los eventos sociales</p> <p style="text-align: justify;">requerían un exquisito cuidado de los detalles. Sabía que podría ser su última fiesta, que pronto la joven putita</p> <p style="text-align: justify;">sería la esposa y la desplazaría. Estaba dispuesta a despedirse de la vida social dejando el listón bien alto. Esposa</p> <p style="text-align: justify;">o no, su sucesora perdería en la comparación.</p> <p style="text-align: justify;">Había mucho de exposición en los eventos sociales, de valoración de las hembras por parte de los hombres y de</p> <p style="text-align: justify;">ellas mismas. Dejar en mal lugar a tu esposo delante de los vecinos ameritaba un castigo particularmente severo. En</p> <p style="text-align: justify;">algún momento, años atrás, uno de los miembros se planteó disciplinar a su pareja de manera preventiva y la práctica</p> <p style="text-align: justify;">se extendió con facilidad hasta convertirse en norma de facto. Por eso ahora Lisa no podía sentarse a gusto mientras</p> <p style="text-align: justify;">terminaba de maquillarse.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">"Mi esposo Dimitri y yo misma nos enorgullecemos en invitarle</p> <p style="text-align: justify;">a la despedida de soltero de nuestro vecino el Dr. Sebastian Sanz.</p> <p style="text-align: justify;">El evento tendrá lugar a las seis de la tarde en el club social.</p> <p style="text-align: justify;">Se recuerda a los caballeros que no necesitan vestir etiqueta y se</p> <p style="text-align: justify;">recomienda que sus acompañantes vengan adecuadamente disciplinadas.</p> <p style="text-align: justify;">att. Sonya Vodosliva"</p> <p style="text-align: justify;">Había llegado aquella misma mañana, entregada en mano por la propia anfitriona. Fiel a su papel como primera dama,</p> <p style="text-align: justify;">Sonya había salido a repartir personalmente las invitaciones. Dada la exigente vida laboral de los hombres, una</p> <p style="text-align: justify;">veintena no estaban disponibles para la despedida, aunque todos estarían el día de la boda.</p> <p style="text-align: justify;">Lisa no necesitó leer la pequeña nota en tipografía dorada que le tendía la sonriente noruega para saber de</p> <p style="text-align: justify;">qué se trataba.</p> <p style="text-align: justify;">—Tranquila —había dicho Sonya—, tú no tienes que venir.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Y por qué no tengo que ir?, si puede saberse.</p> <p style="text-align: justify;">—Cielo, no es tu primera despedida. Ya sabes que el homenajeado no lleva acompañante.</p> <p style="text-align: justify;">Era cierto. Los asistentes irían con sus esposas y lo normal en una despedida de soltero es que la novia no</p> <p style="text-align: justify;">estuviese invitada. Las otras mujeres agasajarían al novio antes de entregarse a los demás invitados. Unas veces lo</p> <p style="text-align: justify;">hacían en grupo; otras, una o dos chicas eran las elegidas. La imaginación se imponía y las ocurrencias variaban en</p> <p style="text-align: justify;">cada fiesta.</p> <p style="text-align: justify;">En una ocasión las colocaron contra la pared con los culos al aire y votaron cual había recibido la mejor</p> <p style="text-align: justify;">sesión de disciplina preventiva. Lisa recordaba las caderas de sus compañeras pegadas a las suyas y la multitud de</p> <p style="text-align: justify;">manos masculinas deslizándose sobre un mar de nalgas, pasando sin detenerse de un trasero al siguiente mientras hacían</p> <p style="text-align: justify;">comentarios expertos sobre su textura y suavidad. La ganadora fue una joven pelirroja que un par de años antes había</p> <p style="text-align: justify;">llegado a la comunidad con una actitud que se podría considerar, cuanto menos, insolente. Sin embargo, cuando su</p> <p style="text-align: justify;">esposo, lleno de orgullo, la cedió al homenajeado, la muchacha se abrió con facilidad, demostrando por qué había</p> <p style="text-align: justify;">ganado.</p> <p style="text-align: justify;">En otra ocasión pasó lo contrario, y fue el trasero más intacto el cedido al nuevo novio. Antes de</p> <p style="text-align: justify;">disfrutarlo, y por sugerencia del esposo, se procedió a una nueva sesión de disciplina para dejarlo en el estado</p> <p style="text-align: justify;">conveniente.</p> <p style="text-align: justify;">Hubo muchas más. A veces las agrupaban por raza; otras ofrecían al novio una selección multicultural, o una</p> <p style="text-align: justify;">combinación de juventud y madurez. En ocasiones le pedían a Hermann que llevara el material ginecológico. Una vez,</p> <p style="text-align: justify;">recrearon un antiguo espectáculo romano llevando a la fiesta un simio de buen tamaño. Y no fue la más extraña.</p> <p style="text-align: justify;">Estos recuerdos la invadían mientras se dirigía al despacho de Sebastian con la invitación en la mano. Cuando</p> <p style="text-align: justify;">atravesó la puerta, estaba decidida. Ningún socio había acudido a su propia despedida de soltero acompañado, pero</p> <p style="text-align: justify;">nunca un socio había dispuesto de una segunda hembra a la que poder llevar. Quizá se esperaba que Sebastian acudiera</p> <p style="text-align: justify;">solo, pero él no tenía por qué saberlo y, una vez allí, ningún vecino lo pondría en evidencia. Lisa iba a colarse en</p> <p style="text-align: justify;">su última fiesta sin estar siquiera invitada. En cuanto su nuevo dueño hubo leído la nota, la sonriente mujer plantada</p> <p style="text-align: justify;">delante de él se apresuró a tomar la iniciativa:</p> <p style="text-align: justify;">—¿A qué hora quieres que traiga la vara?</p> <p style="text-align: justify;">Después, el tiempo pasó rápido. Continuó sirviéndole como cada día mientras la proximidad de la fiesta agitaba</p> <p style="text-align: justify;">su corazón. A la hora señalada, se encontró inclinada sobre el escritorio, en una postura ya habitual. Con su cuerpo</p> <p style="text-align: justify;">desnudo pegado a la madera y las piernas juntas, rectas sobre los zapatos de tacón, exhibía ante Sebastian su culo en</p> <p style="text-align: justify;">pompa, una diana blanca y tersa donde descargar la simple aunque efectiva disciplina que asegurase el adecuado</p> <p style="text-align: justify;">comportamiento de la hembra durante la velada.</p> <p style="text-align: justify;">Hombre precavido, y cada vez más conocedor de la idiosincrasia de la comunidad, Sebastian se mostraba</p> <p style="text-align: justify;">partidario del "mejor que sobre a que falte". Esa tarde, la madera de avellano corto el aire con más frecuencia de la</p> <p style="text-align: justify;">habitual, con un silbido agudo que tensaba subconscientemente las nalgas de Lisa anticipando el relámpago de fuego que</p> <p style="text-align: justify;">iba a recorrer su cuerpo en cuanto la madera se clavara en la carne. La mujer aferraba con fuerza el borde de la mesa</p> <p style="text-align: justify;">mientras se mordía el labio intentando no gritar; aguantó hasta el final, con la espalda elegantemente arqueada y las</p> <p style="text-align: justify;">piernas firmes, exponiendo siempre su madura y sólida retaguardia en su máximo esplendor. Podría decirse que ganó</p> <p style="text-align: justify;">aquella batalla, pues el final lo marcó la propia vara al quebrarse, después de impactar por última vez contra la</p> <p style="text-align: justify;">carne.</p> <p style="text-align: justify;">Sebastian, poco experimentado en el arte de la doma, no había previsto aquella posibilidad y decidió dar por</p> <p style="text-align: justify;">terminada la sesión mandándola a arreglarse con sendas palmadas en las nalgas enrojecidas.</p> <p style="text-align: justify;">Ahora, Lisa se balanceaba sobre el asiento intentando aliviar el escozor mientras la vara quebrada descansaba</p> <p style="text-align: justify;">en el fondo de la papelera del despacho. Era la primera de muchas, y en el futuro, un Sebastian más precavido y con</p> <p style="text-align: justify;">dos hembras que mantener contaría con repuestos para no verse interrumpido por la falta de herramientas. El regalo</p> <p style="text-align: justify;">envenenado de la zorra noruega había sido lo bastante grueso y duro como para durar más de dos meses. La rama se había</p> <p style="text-align: justify;">vuelto más ligera al secarse, y el brillo de la corteza se había desgastado sobre la piel de Lisa; pero también se</p> <p style="text-align: justify;">había vuelto más rígida y rugosa y, al final, picaba tanto o más que al principio. Ahora, reseca, apagada y rota,</p> <p style="text-align: justify;">estaba tirada en la papelera mientras Lisa terminaba de maquillarse para acudir a una fiesta.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">Olía a azaleas; el jardín estaba plagado de ellas. En su nueva casa no existía el miedo a que un ladrón le robara todo</p> <p style="text-align: justify;">lo que tenía, ni a que un violador le quitara el resto. Por la ventana sólo se colaba la brisa. Candy podía sentirla</p> <p style="text-align: justify;">junto con el olor a vómito seco y saliva que se deslizaba por su pecho formando un charquito entre sus muslos</p> <p style="text-align: justify;">abiertos.</p> <p style="text-align: justify;">El día había empezado con un sobresalto, despertándose en la oscuridad con su macho encima. La lengua del</p> <p style="text-align: justify;">hombre se había colado entre los labios de la muchacha mientras su peso la aplastaba y la gruesa verga perforaba una</p> <p style="text-align: justify;">y otra vez, a ritmo lento pero profundo, las irritadas paredes de su coño.</p> <p style="text-align: justify;">El escozor entre las piernas había sido una constante desde que, una semana antes, Sebastian la convirtiera en</p> <p style="text-align: justify;">mujer. La había montado a diario y su ayudante también la había lamido con frecuencia por orden del médico. Todo esto,</p> <p style="text-align: justify;">unido a la depilación integral, era demasiado roce para una vulva juvenil acostumbrada únicamente a autoexploraciones</p> <p style="text-align: justify;">ocasionales.</p> <p style="text-align: justify;">Tras la cabalgata de primera hora, la mañana había continuado bajo la atenta mirada de la cuarentona,</p> <p style="text-align: justify;">realizando sus ya habituales ejercicios aeróbicos, con especial atención a piernas y glúteos. La comida había sido</p> <p style="text-align: justify;">excelente. Lo había sido desde que llegó, pero hoy Lisbeth parecía haberse empleado a fondo.</p> <p style="text-align: justify;">Por la tarde llegó su entrenamiento habitual de lo que Sebastian llamaba “el arte de la felación”; aunque la</p> <p style="text-align: justify;">primera vez, Lisbeth le había susurrado al oído:</p> <p style="text-align: justify;">—Significa que vas a aprender a comer poyas.</p> <p style="text-align: justify;">Desde que llegó, al menos una hora cada día, Candy había estado arrodillada delante de un soporte metálico</p> <p style="text-align: justify;">lleno de puntos de enganche. Lisbeth había ido colocando consoladores cada vez más grandes, a diferentes alturas, y</p> <p style="text-align: justify;">había permanecido a su lado mientras ella succionaba los falos de goma, agarrándola por la nuca y forzándola a tragar</p> <p style="text-align: justify;">cuando estimaba que no ponía el empeño suficiente.</p> <p style="text-align: justify;">Hoy era distinto. Lisbeth parecía acelerada. Había traído cuerda de cáñamo y ahora las manos de la muchacha</p> <p style="text-align: justify;">estaban atadas a la espalda y una lazada unía los muslos y los tobillos obligándola a permanecer de rodillas. Un nudo</p> <p style="text-align: justify;">enganchado a su pelo bajaba por la espalda y se colaba entre sus piernas antes de enrollarse a la cintura, forzándola</p> <p style="text-align: justify;">a permanecer derecha. Si bajaba la cabeza o se inclinaba hacia adelante, el rugoso cordaje se colaba en su ya</p> <p style="text-align: justify;">lastimada intimidad.</p> <p style="text-align: justify;">—Aprieta mucho —se había quejado la joven.</p> <p style="text-align: justify;">—Lo sé. Pero hoy no tengo tiempo para vigilar niñas. Vas a comer tu solita.</p> <p style="text-align: justify;">La vieja se había ido. Sin supervisión, Candy se cansó pronto de lamer plástico. Empezó a distraerse con el</p> <p style="text-align: justify;">canto de los pájaros y los silbidos apagados que llegaban del otro lado de la casa. Los estallidos, espaciados y</p> <p style="text-align: justify;">constantes, continuaron un buen rato y pararon de pronto. Después, una puerta que se habría y el sonido característico</p> <p style="text-align: justify;">de los tacones de Lisbeth, aunque algo diferente. A continuación el silencio, otra puerta y los tacones cada vez más</p> <p style="text-align: justify;">cerca. La joven volvió a reanudar su labor succionadora.</p> <p style="text-align: justify;">—Vaya. Te estas empleando a fondo, ¿verdad?</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth sonreía con un toque irónico. Se había maquillado y arreglado el pelo y llevaba un vestido blanco muy</p> <p style="text-align: justify;">ceñido. Bajo el brazo traía una caja de plástico y en la mano una especie de collar de perro con una cadena de apenas</p> <p style="text-align: justify;">un palmo. Dejó la caja sobre la mesa y colocó el collar en el cuello de Candy.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Puede desatarme las piernas? Las rodillas me duelen.</p> <p style="text-align: justify;">—Ya te acostumbraras, cielo. Vas a pasar arrodillada buena parte de tu vida.</p> <p style="text-align: justify;">Volvió a la caja y se puso a buscar en su interior. El sonido de objetos duros chocando entre sí llenó la sala</p> <p style="text-align: justify;">como unas maracas.</p> <p style="text-align: justify;">—Aquí hay algunos juguetes... de los que funcionan con batería. Ya los iras conociendo. Éste —la mujer sacó un</p> <p style="text-align: justify;">largo misil de plástico— puede programarse para que vibre a intervalos regulares o aleatorios. Ahora está en</p> <p style="text-align: justify;">aleatorio, para que sea menos aburrido.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth cogió el vibrador y se lo llevó a los labios. El grueso trozo de plástico entró en su garganta con</p> <p style="text-align: justify;">facilidad y salió empapado de saliva. La mujer lo sustituyó por el que estaba enganchado en el soporte y, agarrando a</p> <p style="text-align: justify;">Candy por la nuca, la empujó contra el instrumento. Entonces pulsó el interruptor.</p> <p style="text-align: justify;">Al principio no pasó nada, pero instantes después el aparato comenzó a dar sacudidas dentro de la boca de</p> <p style="text-align: justify;">Candy. Sintió primero la arcada y luego el sabor agrio subiendo por la garganta. Intentó echarse hacia atrás, sacar el</p> <p style="text-align: justify;">consolador de su boca, pero Lisbeth continuaba agarrándole la cabeza. El vómito escapó por la comisura de sus labios</p> <p style="text-align: justify;">abiertos mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.</p> <p style="text-align: justify;">La vibración cesó de pronto, mientras los últimos hilillos caían sobre el pecho desnudo de Candy. Lisbeth</p> <p style="text-align: justify;">enganchó la corta cadena del collar al soporte, obligando a la joven a permanecer con media verga de plástico alojada</p> <p style="text-align: justify;">en su boca.</p> <p style="text-align: justify;">—Así nos aseguramos de que no te distraerás de tu adiestramiento mientras estoy en la fiesta.</p> <p style="text-align: justify;">Un nuevo temblor volvió a provocarle arcadas. Candy intentó alejarse del vibrador, pero la cadena tensa hacía</p> <p style="text-align: justify;">que el collar se le apretara en torno al cuello.</p> <p style="text-align: justify;">—Ah mira. Este es muy divertido.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth había vuelto a rebuscar en la caja y sostenía un huevo metálico. Arrodillándose junto a la chica, le</p> <p style="text-align: justify;">separó los labios vaginales y las cuerdas que tenía incrustadas y comenzó a introducirlo.</p> <p style="text-align: justify;">—Se mete por aquí. Y también por el otro, pero ya llegaremos a eso. Y tranquila, que no se caerá. Las cuerdas</p> <p style="text-align: justify;">lo mantendrán en su sitio, ¿ves? Funciona con este mando a distancia.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth balanceaba el pequeño interruptor colgando de una cinta. Pulsó el único botón y al momento comenzó un</p> <p style="text-align: justify;">cosquilleo entre las piernas de Candy, que lanzó un gritito ahogado por el plástico que ocupaba su boca.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Ves? Es fácil. En cuanto pulsas empieza a vibrar y a calentarse y sigue así hasta que vuelves a pulsar.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth anudó la cinta a la base del consolador. El único botón del pequeño mando quedó a una poya de</p> <p style="text-align: justify;">distancia de los labios de Candy.</p> <p style="text-align: justify;">—Ahora tengo que irme, cielo. Lo dejo encendido para que no te aburras. Es agradable, ¿verdad? Aunque dentro</p> <p style="text-align: justify;">de una hora o dos puede que se vuelva algo molesto. Si es así solo tienes que meterte todo el vibrador en la boca y</p> <p style="text-align: justify;">pulsar el botón con la barbilla. Quizá no lo logres, pero te aseguro que lo intentarás.</p> <p style="text-align: justify;">En ese momento Sebastian apareció en el salón y dirigió una mirada hacia las dos mujeres. Lisbeth se levantó</p> <p style="text-align: justify;">de inmediato, alisándose el vestido.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Lista?</p> <p style="text-align: justify;">—Claro, querido.</p> <p style="text-align: justify;">Echó a andar hacia su hombre, meneándose como una gata en celo ante los ojos de Candy. Se pegó a él mientras</p> <p style="text-align: justify;">se volvía de nuevo hacia Candy con una sonrisa. Sebastian deslizó una mano sobre el vestido de la mujer y agarró con</p> <p style="text-align: justify;">fuerza una de las soberbias nalgas. Un rictus de dolor cruzó durante un instante el rostro de Lisbeth y, aunque</p> <p style="text-align: justify;">Sebastian no pudo verlo, Candy sí.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">La perfecta anfitriona se deslizaba entre los invitados ofreciendo cócteles y canapés, interesándose por el trabajo de</p> <p style="text-align: justify;">los hombres y haciendo comentarios picantes acerca de los vestidos de las mujeres. Dimitri observaba desde la barra,</p> <p style="text-align: justify;">bebiendo vodka solo, directo de la botella, siguiendo la tradición rusa de no mancillar con hielo una bebida nacida</p> <p style="text-align: justify;">para entrar en calor. A su lado estaba François, el joven psicólogo canadiense, un tipo realmente curioso.</p> <p style="text-align: justify;">Dimitri era grande. Desde joven había advertido la tensión en los demás, un estado de alerta instintivo que se</p> <p style="text-align: justify;">da en todas las criaturas ante la presencia de un espécimen más poderoso. François, en cambio, siempre se mostraba</p> <p style="text-align: justify;">relajado. El muchacho parecía haber suprimido voluntariamente algunos instintos primarios al tiempo que realzaba</p> <p style="text-align: justify;">otros, todo ello bien oculto bajo una brillante capa de elevadas aptitudes intelectuales. Era, en esencia, un</p> <p style="text-align: justify;">narcisista incorregible que intentaba disimular su elevada opinión de sí mismo por el sencillo método de conseguir que</p> <p style="text-align: justify;">el resto del mundo la compartiera. A Dimitri le caía realmente bien.</p> <p style="text-align: justify;">—Mírala, viejo. Tu hembra sí que sabe moverse. No es capaz de dar tres pasos sin rozar con ese culazo a alguno</p> <p style="text-align: justify;">de tus vecinos.</p> <p style="text-align: justify;">—No seas malo, muchacho —dijo Dimitri—. Cuando posees una mujer alta y de buenas caderas tienes que aceptar</p> <p style="text-align: justify;">que los accidentes ocurren.</p> <p style="text-align: justify;">—Cuando ocurren con regularidad no son accidentes. A estas alturas deberías tenerla mejor enseñada… Si quieres</p> <p style="text-align: justify;">te echo una mano.</p> <p style="text-align: justify;">El ruso soltó una risita grave, apagada. Le encantaba el nivel de grosería que podía alcanzar el joven si se</p> <p style="text-align: justify;">le daba pie. La mayoría de sus vecinos no tenían tanta facilidad para esquivar los modales asociados a una educación</p> <p style="text-align: justify;">selecta. Volvió a dar un largo trago antes de fijar sus ojos claros en la neumática silueta de su esposa.</p> <p style="text-align: justify;">—La tengo enseñada, muchacho. La tengo muy bien enseñada —la voz de Dimitri llegaba desde lejos, desde la</p> <p style="text-align: justify;">distancia de los años—. Tendrías que haberla visto al principio. Esa niñita tímida. Aún la recuerdo chillando como una</p> <p style="text-align: justify;">cerda abierta en canal la primera vez que le partí el culo. Fue hace mucho; más o menos cuando el idiota de tu padre</p> <p style="text-align: justify;">se follaba a la que seguramente era su prima para acabar trayendo al mundo un mierdecilla arrogante.</p> <p style="text-align: justify;">—Sólo digo lo que veo, vejestorio. Parece que tu niñita tímida acabó aprendiendo algunas cosas por sí misma.</p> <p style="text-align: justify;">Fíjate ahora: se acerca a Johnson por la espalda; apoya una mano en el hombro y lo rodea mientras con la otra le</p> <p style="text-align: justify;">ofrece la copa. ¿Crees que es un accidente que le roce el brazo con las tetas? Supongo que sí, con unas ubres de ese</p> <p style="text-align: justify;">tamaño... Aunque no parece que se dé mucha prisa por quitarlas.</p> <p style="text-align: justify;">—Sonya tiene una admirable habilidad para invadir el espacio personal de los demás sin resultar agresiva.</p> <p style="text-align: justify;">—Desde luego tus invitados no parecen molestos...</p> <p style="text-align: justify;">—A veces, a las mujeres hay que soltarles las riendas, muchacho. Desarrollan mejor su talento natural. Aunque</p> <p style="text-align: justify;">admito que he tenido que corregir en más de una ocasión su exceso de celo.</p> <p style="text-align: justify;">François asentía mientras seguía a la mujer con la mirada. El socio japonés acababa de llegar junto con su</p> <p style="text-align: justify;">elegante esposa africana y Sonya se acercó a recibirlo.</p> <p style="text-align: justify;">—Con las chicas es distinta, ¿verdad? Fíjate como saluda a la mujer de Hatori: se acerca de frente, beso en la</p> <p style="text-align: justify;">boca con lengua y hace como que admira su vestido para poder sobarla bien. Y palmadita en el culo en plan camaradas;</p> <p style="text-align: justify;">la negrita casi pega un bote sobre los tacones.</p> <p style="text-align: justify;">—Una hembra alfa de nuestra manada. Si domas bien a la tuya, quizás algún día también lo sea.</p> <p style="text-align: justify;">—Oh, Ivanna tiene buenas cualidades, pero aún tengo que darle mucha caña para que aprenda —François dejó la</p> <p style="text-align: justify;">bebida sobre la barra y se volvió hacia el ruso—. Por cierto, viejo, voy a dejártela unos meses para que la mantengas</p> <p style="text-align: justify;">en forma. Salgo en dos días.</p> <p style="text-align: justify;">—¡Claro! Tu proyecto. ¿Ya es la fecha? Casi lo olvido. ¿Tienes todo lo que necesitas?</p> <p style="text-align: justify;">—Todo. Las instalaciones están listas y probadas.</p> <p style="text-align: justify;">—Mejor —el ruso resopló antes de dar un largo trago de vodka—. Nos hemos gastado una fortuna.</p> <p style="text-align: justify;">—Cierto. Pero piensa en todas las fuentes de ingreso posibles. En las películas. El canal de televisión. El</p> <p style="text-align: justify;">turismo exclusivo...</p> <p style="text-align: justify;">—Y las hembras.</p> <p style="text-align: justify;">—Y las hembras, por supuesto. Cuando vendes placer siempre tienes clientes.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">Los rusos suelen decir que el vodka es un peligroso enemigo y hay que acabar con él. Apoyado en la barra, Dimitri</p> <p style="text-align: justify;">seguía el dicho apurando la botella al tiempo que contemplaba el espectáculo que se exhibía ante sus ojos: una</p> <p style="text-align: justify;">exquisita muestra de belleza femenina, un puñado de hembras selectas arrodilladas ante sus dueños, con el culo en</p> <p style="text-align: justify;">pompa y la espalda grácilmente arqueada mientras las elegantes cabecitas entraban y salían a buen ritmo entre un</p> <p style="text-align: justify;">peludo bosque de piernas masculinas.</p> <p style="text-align: justify;">La manera en que una mujer se arrodilla, como baja la cabeza hasta ponerla frente a la verga de su macho, es</p> <p style="text-align: justify;">única. La mirada expectante mientras la boca empieza a llenarse de saliva, lubricando la entrada, es como una huella</p> <p style="text-align: justify;">dactilar: hace a cada mujer una propiedad exclusiva. Dos gemelas, idénticas, instruidas al mismo tiempo en el arte de</p> <p style="text-align: justify;">la felación por su madre o su dueño, se arrodillarán frente al hombre de un modo completamente distinto.</p> <p style="text-align: justify;">Algunas apoyan el peso sobre las rodillas; otras, sobre los talones. Las hay que permanecen acuclilladas y</p> <p style="text-align: justify;">otras que se sientan sobre los pies, bajando el culo hasta casi tocar el suelo y cargando toda la presión sobre los</p> <p style="text-align: justify;">muslos. Algunas mantienen la espalda recta, rígida. Otras la arquean, exponiendo sus pechos. Las más esbeltas y</p> <p style="text-align: justify;">flexibles saben contonearse al ritmo marcado por las irrupciones orales.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth, por ejemplo, mantenía las rodillas ligeramente separadas y los tobillos juntos. Dejaba caer su</p> <p style="text-align: justify;">espléndido trasero sobre los talones, que se incrustaban entre sus nalgas como el fino sillín de una bicicleta.</p> <p style="text-align: justify;">Sonya no participaba en esta ocasión, pero cuando le tocaba tragar se apoyaba sobre las rodillas, juntas, con</p> <p style="text-align: justify;">la espalda muy arqueada, exponiendo al aire el rotundo trasero con que la había dotado la madre naturaleza.</p> <p style="text-align: justify;">Fátima parecía una mecedora, desplazando el peso: la punta de los pies, las rodillas, las manos y otra vez</p> <p style="text-align: justify;">hacia atrás, balanceándose al compás de su hombre.</p> <p style="text-align: justify;">Las nalgas de Ivanna botaban contra el suelo entre los tobillos separados. La joven rusa solía mantener las</p> <p style="text-align: justify;">rodillas juntas y las manos a la espalda, mientras su elegante anatomía subía y bajaba con ese ritmo tan peculiar,</p> <p style="text-align: justify;">lento pero seguro.</p> <p style="text-align: justify;">Pamela era un caso aparte. La postura de la americana no era natural, sino aprendida. Dimitri la recordaba</p> <p style="text-align: justify;">años atrás, con los tobillos separados y apoyando cada nalga sobre un talón. Las espuelas habían corregido su postura</p> <p style="text-align: justify;">y ahora el culo rollizo se elevaba en el aire, más al alcance del látigo.</p> <p style="text-align: justify;">Precisamente Pamela había sido la primera en terminar, pero aún continuaba aprisionando entre sus labios</p> <p style="text-align: justify;">regordetes la verga napolitana de su esposo, que se recostaba satisfecho en el butacón mientras descargaba las últimas</p> <p style="text-align: justify;">gotas en la boquita obediente enganchada a su entrepierna.</p> <p style="text-align: justify;">Aquella californiana pecosa, pelirroja y suculenta, había entrado en La Sociedad con diecinueve años, lo que</p> <p style="text-align: justify;">la convertía en la novata más veterana. No era ningún secreto que La Sociedad, por regla general, tenía predilección</p> <p style="text-align: justify;">por bocados más tiernos y adaptables, por lo que la elección produjo algunas dudas en Dimitri, que se acentuaron en</p> <p style="text-align: justify;">cuanto conoció a la muchacha, con esa actitud engreída y condescendiente típica de las jóvenes yankis de clase alta.</p> <p style="text-align: justify;">Pero Carlo parecía satisfecho y pronto se demostró que el proceso de selección había vuelto a acertar.</p> <p style="text-align: justify;">El italiano siempre había sido un machista empedernido con una marcada preferencia por las mujeres dóciles,</p> <p style="text-align: justify;">pero con Pamela descubrió que disfrutaba más domando una que no lo fuese. Prefería marcarle el culo que follárselo.</p> <p style="text-align: justify;">Durante los primeros años de matrimonio, la energía que aplicó en pulir el carácter de su esposa rozaba los generosos</p> <p style="text-align: justify;">límites que La Sociedad consideraba adecuados. Con el tiempo, acabó superándolos ampliamente, sin que nadie se lo</p> <p style="text-align: justify;">criticara en vista del resultado obtenido.</p> <p style="text-align: justify;">Carlo seguía con devoción religiosa los numerosos consejos de su abuelo, un labriego y conductor de burros que</p> <p style="text-align: justify;">ganó dinero y respeto transportando en sus alforjas cartuchos de libertad rellenos de pólvora y plomo, las llaves que</p> <p style="text-align: justify;">abrieron las puertas de San Pedro a un buen puñado de sicarios del Duce. Con el tiempo, acabó siendo uno de los</p> <p style="text-align: justify;">mejores amigos de los amigos, lo que en Sicilia equivalía a pertenecer a una familia muy numerosa pero sin parentesco</p> <p style="text-align: justify;">entre sí.</p> <p style="text-align: justify;">El buen hombre solía decir, entre otras cosas, que el único hoyo de una mujer en el que no hay que meterse es</p> <p style="text-align: justify;">el de la tumba, y que si crees que a la mula la has apaleado demasiado, es que no la has apaleado suficiente. Treinta</p> <p style="text-align: justify;">años después de su muerte, sus enseñanzas aun dejaban huella en las ahora acogedoras carnes de una americana pecosa.</p> <p style="text-align: justify;">Pamela era, con diferencia, la esposa más odiada por el resto de mujeres. En esa camada de gatas en celo había</p> <p style="text-align: justify;">tiranteces, claro; viejas rencillas, rencores y rivalidades cortésmente disimuladas con ocasionales escarceos de</p> <p style="text-align: justify;">lesbianismo forzado. La propia Sonya, tan coqueta, tan directamente ambiciosa, provocaba el recelo y las envidias de</p> <p style="text-align: justify;">algunas veteranas. Con Pamela era distinto; no la envidiaban. En absoluto. De hecho, las mujeres no sintieron sino</p> <p style="text-align: justify;">lástima por la chica arrogante que llegó hace catorce años, pero abrigaban un rencor profundo hacia la hembra dócil y</p> <p style="text-align: justify;">bien templada en que se había convertido. Comparadas con Pamela, el resto eran tratadas con demasiada suavidad y los</p> <p style="text-align: justify;">hombres, inconscientemente, tendían a compensarlo siendo más estrictos con sus propias esposas. Para cualquier dama,</p> <p style="text-align: justify;">una visita social a casa del italiano, con la pelirroja moviéndose con cuidado mientras servía el café con la cabeza</p> <p style="text-align: justify;">gacha, significaba un par de semanas de estricta obediencia o severos correctivos, o generalmente de ambos. Las cosas</p> <p style="text-align: justify;">acababan volviendo a la normalidad, pero las huellas de rencor quedaban grabadas.</p> <p style="text-align: justify;">Sobre el butacón, los testículos descargados de Carlo daban fe de que el esfuerzo invertido en educar a su</p> <p style="text-align: justify;">esposa no había sido en vano. La mujer yacía desnuda, recostada de lado entre las piernas de su marido, con la mejilla</p> <p style="text-align: justify;">pecosa apoyada en el muslo del hombre que le acariciaba el pelo rojizo al tiempo que tomaba un trago de vino y</p> <p style="text-align: justify;">suspiraba satisfecho.</p> <p style="text-align: justify;">Dos butacas más allá, los jadeos ahogados de Takasuke indicaban que otra participante quedaba eliminada de la</p> <p style="text-align: justify;">primera ronda del juego. La enorme boca de la pantera africana engullía con facilidad la verga y los huevos del</p> <p style="text-align: justify;">japonés que, agarrando el pelo corto y rizado, descargaba con violencia en su interior.</p> <p style="text-align: justify;">Dimitri se entretenía adivinando quién sería el siguiente. Una tarea difícil, ya que dependía tanto de la</p> <p style="text-align: justify;">habilidad de la montura como del aguante del jinete. La motivación previa también influía, claro. Sobre todo en las</p> <p style="text-align: justify;">hembras jóvenes —las veteranas acostumbraban a rendir a un nivel más constante, independiente de lo mucho o poco que</p> <p style="text-align: justify;">las hubiesen azuzado—. Sin embargo, no era un factor tan determinante. Prueba de ello eran las dos primeras</p> <p style="text-align: justify;">eliminadas. Por detrás y por delante, desde los hombros hasta las pantorrillas, Pamela era un muestrario de los</p> <p style="text-align: justify;">efectos de una amplia variedad de herramientas disciplinarias. La generosa aplicación reciente de la vara se</p> <p style="text-align: justify;">superponía con huellas anteriores del látigo, la pala y lonjas de cuero de diferente grosor. La africana, que había</p> <p style="text-align: justify;">terminado unos instantes después, apenas presentaba unos pocos latigazos sobre la grácil espalda. Lo mismo ocurría con</p> <p style="text-align: justify;">las nalgas de la joven princesa árabe cuya cara sonriente recibía en aquel momento la semilla grumosa del viejo</p> <p style="text-align: justify;">Goldman.</p> <p style="text-align: justify;">Una a una, fueron quedando eliminadas conforme recibían el premio de unos hombres complacidos. Las restantes</p> <p style="text-align: justify;">continuaban, incansables en apariencia, aunque la tensión empezaba a notarse en la rigidez de las espaldas arqueadas.</p> <p style="text-align: justify;">La última, la ganadora, se clasificaría para la siguiente ronda. Por eso querían acabar lo antes posible.</p> <p style="text-align: justify;">Al final, todas las miradas estaban centradas en las tres últimas parejas. François intentaba mantener una</p> <p style="text-align: justify;">respiración pausada mientras la rubia cabellera de Ivanna se pegaba a su entrepierna en una succión prolongada. Con</p> <p style="text-align: justify;">poco más de dieciocho años, la esposa hindú de Johnny era la más joven de las asistentes. La muchacha había empezado</p> <p style="text-align: justify;">bien; su técnica no era mala y poseía una boquita pequeña, de piñón, con labios gruesos, perfectos para comer poyas;</p> <p style="text-align: justify;">pero se la notaba más nerviosa que las demás y, poco a poco, había ido decayendo. Al otro lado del salón, la verga de</p> <p style="text-align: justify;">buen calibre del homenajeado entraba con profundidad en la boca más veterana de las tres.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth había sido valiente —eso al menos tenía que reconocerlo— colándose con descaro en una fiesta a la que</p> <p style="text-align: justify;">no estaba invitada. La mujer, literalmente, se había jugado la piel con una baraja que sabía trucada. Debía estar</p> <p style="text-align: justify;">bastante segura de que los hombres no iban a poner reparos a su presencia. Al fin y al cabo, otro bonito trasero del</p> <p style="text-align: justify;">que disfrutar nunca había sido motivo de quejas. De las mujeres probablemente ni se preocupó, pues sabía por</p> <p style="text-align: justify;">experiencia que las hembras tenían bien marcados los límites de sus protestas.</p> <p style="text-align: justify;">Pero una cosa era colarse en la fiesta y otra muy distinta acabar siendo la protagonista. Por eso, la sombra</p> <p style="text-align: justify;">de la duda atravesaba la cabeza de la mujer tan profundamente como la verga de Sebastian. Dimitri la entendía</p> <p style="text-align: justify;">perfectamente. En las competiciones de La Sociedad, ninguna hembra demostraba ambición por la victoria. En ese aspecto</p> <p style="text-align: justify;">todas eran muy humildes.</p> <p style="text-align: justify;">Al ruso le habían chupado la poya más mujeres de las que le habían hablado. Sabía leer el lenguaje corporal de</p> <p style="text-align: justify;">la hembra mamadora, y el de Lisbeth lo conocía con creces. Hermann había sido un buen amigo, el primer veterano caído</p> <p style="text-align: justify;">de la vieja guardia. El propio Dimitri se había preocupado de mantener a su viuda bien cuidada mientras se decidía qué</p> <p style="text-align: justify;">hacer con ella.</p> <p style="text-align: justify;">El ojo experto detectaba arrepentimiento emanando de cada poro del cuerpo menudo de la polaca. Bajo la</p> <p style="text-align: justify;">elaborada mecánica, bajo la técnica pulida por años de succión, podía palparse la inseguridad. Sentía la tensión y la</p> <p style="text-align: justify;">rigidez, como zarpas heladas e invisibles aferradas a las macizas nalgas. A Lisbeth se le notaba en el culo.</p> <p style="text-align: justify;">Las hembras podían ser bocas obedientes, meros agujeros que cada macho perforaba a su manera; pero también</p> <p style="text-align: justify;">devoradoras, animales hambrientos que se abalanzaban sobre la verga buscando su comida. Cuando las dejabas hacer, cada</p> <p style="text-align: justify;">veterana tenía su ritmo, dentro y fuera, dentro y fuera, siguiendo su propia cadencia. El de Lisbeth estaba acelerado.</p> <p style="text-align: justify;">No mucho; lo justo para que Dimitri lo notara. La mujer sabía controlar sus ansias... pero era evidente que estaba</p> <p style="text-align: justify;">ansiosa.</p> <p style="text-align: justify;">Sebastian se recostaba en el butacón, aparentemente ajeno a las dudas de su boca de segunda mano. Se había</p> <p style="text-align: justify;">dejado caer, deslizándose sobre el suave cuero, y yacía relajado, con los ojos cerrados y las piernas abiertas. Entre</p> <p style="text-align: justify;">ellas, el cuerpo menudo y delgado bailaba como una serpiente al son de la flauta de su encantador.</p> <p style="text-align: justify;">No hacía falta un ojo experto para darse cuenta de que, de las tres candidatas, Lisbeth era la que más tiempo</p> <p style="text-align: justify;">había pasado de rodillas a lo largo de su vida. La felación es un arte difícil que nunca se termina de aprender.</p> <p style="text-align: justify;">Requiere más que una boca cálida y acogedora. Como muchas veteranas, Lisbeth sabía usar todo su cuerpo para comerse la</p> <p style="text-align: justify;">poya de su hombre.</p> <p style="text-align: justify;">La portentosa mitad inferior de la mujer aportaba el impulso firme para estampar la cara una y otra vez contra</p> <p style="text-align: justify;">la entrepierna del macho. Muchachas menos experimentadas se movían a base de cuello y hombros, pero en Lisbeth se</p> <p style="text-align: justify;">apreciaba la carne firme de sus cuartos traseros tensándose al compás de la succión, como una pantera a punto de</p> <p style="text-align: justify;">saltar sobre su presa. Su espalda no era tan rígida como otras, sino que aprovechaba su estrechez natural,</p> <p style="text-align: justify;">contoneándose con vida propia y transformando el impulso en suaves movimientos circulares, un baile entre los labios y</p> <p style="text-align: justify;">la verga que hacía cada paso distinto del anterior. Las manos se entrelazaban en la espalda, echando los hombros hacia</p> <p style="text-align: justify;">detrás y abriendo la garganta, para que la carne masculina pudiera adentrarse con suavidad en lo más profundo de ella.</p> <p style="text-align: justify;">Sebastian sonreía complacido, dejándose llevar por la agradable sensación de su verga buceando en un mar de</p> <p style="text-align: justify;">saliva caliente. La boca de la mujer le aprisionaba, poniendo a prueba su dureza. La lengua experta jugaba con el</p> <p style="text-align: justify;">tronco, bañándolo, dirigiendo su avance hacia el fondo acogedor donde hacía sonar la campanilla. Los labios carnosos,</p> <p style="text-align: justify;">rojo cerezo de Dior, se cerraban sobre la piel de Sebastian, sellándola, deslizándose con suavidad en un movimiento</p> <p style="text-align: justify;">ascendente, recogiendo los excesos de saliva y aumentando la succión.</p> <p style="text-align: justify;">Una vez arriba, Lisbeth se recreó saboreando la punta, que había empezado a latir presagiando una descarga</p> <p style="text-align: justify;">inminente. La boca descendió una vez más, hambrienta y desesperada, alojando completamente en su interior al hombre al</p> <p style="text-align: justify;">que ahora servía. Las lágrimas de alegría inundaron sus ojos cuando la buena mujer estampó la nariz contra el vientre</p> <p style="text-align: justify;">de Sebastian, tragando agradecida la descarga que el macho depositaba en el fondo de su garganta.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth permanecía en su sitio, con la verga perdiendo rigidez en su boca, cuando Sebastian abrió los ojos. El</p> <p style="text-align: justify;">hombre había vuelto de su viaje al placer de los labios femeninos con una sonrisa en los suyos. Acariciaba la delicada</p> <p style="text-align: justify;">cabeza mientras los ojos brillantes de la mujer buscaban los suyos en busca de aprobación. Dimitri se dio cuenta</p> <p style="text-align: justify;">entonces de que Sebastian había notado perfectamente la desesperación de su hembra. Quedaban dos.</p> <p style="text-align: justify;">La joven hindú poseía un rostro adorablemente aniñado y labios sabrosos. El cuerpo era pequeño, atlético; su</p> <p style="text-align: justify;">figura, agradable, con tetas simétricas, ni grandes ni pequeñas, y trasero firme. Destacaba más por su apariencia</p> <p style="text-align: justify;">exótica y su piel aceitunada que por otra cosa. Ivanna, en cambio, era digna del catálogo de Victoria’s Secret. Medio</p> <p style="text-align: justify;">nórdica y medio eslava, altísima, rubia y elegante, poseía una belleza fría y una extraña combinación de delgadez y</p> <p style="text-align: justify;">rotundidad. El cuerpo alargado, la cintura estrecha y los hombros pequeños, hacían resaltar aún más el trasero redondo</p> <p style="text-align: justify;">y esos pechos pálidos, densos y llenos. Sobre la grácil estructura que las soportaba, las ubres se erguían arrogantes,</p> <p style="text-align: justify;">con los pezones grandes y oscuros coronando su agradable forma de pera.</p> <p style="text-align: justify;">A simple vista el desafío parecía injusto. Ivanna iba camino de los treinta. Su experiencia prácticamente</p> <p style="text-align: justify;">cuadruplicaba a la de su rival. Y eso se notaba. La técnica y compostura de la yegua rubia de François eran muy</p> <p style="text-align: justify;">superiores. De hecho, en el cuerpo menudo de la joven hindú había empezado a aparecer un leve temblor después de la</p> <p style="text-align: justify;">eliminación de Lisbeth. Sin embargo, esta era una competición para montura y jinete. Y a François no le gustaba</p> <p style="text-align: justify;">perder.</p> <p style="text-align: justify;">Tenso, con el puño apretado y controlando la respiración, el hombre seguía firme en su asiento, aguantando los</p> <p style="text-align: justify;">intentos de su esposa por hacer que se derramara. Los envites de Ivanna eran lentos pero poderosos, siguiendo la</p> <p style="text-align: justify;">máxima de cuanto más tiempo dentro, mejor. Se tragaba la verga completa, hasta acariciar con el labio la bolsa de los</p> <p style="text-align: justify;">huevos. Entonces se mantenía así, con la carne de su hombre atravesada en la garganta mientras los segundos iban</p> <p style="text-align: justify;">pasando. Muchas hembras podían dar una docena de chupadas en el tiempo que Ivanna completaba una.</p> <p style="text-align: justify;">Dentro de la boca de la mujer la lengua se movía con una mezcla de suavidad y firmeza. Saboreaba la carne con</p> <p style="text-align: justify;">el gusto gourmet de una dama acostumbrada a platos selectos, recorriendo su forma, disfrutando la textura, al tiempo</p> <p style="text-align: justify;">que la garganta entrenada vibraba masajeando el glande.</p> <p style="text-align: justify;">Una de esas larguísimas degustaciones acababa de finalizar cuando el gruñido satisfecho de Johnny indicaba que</p> <p style="text-align: justify;">la competición ya tenía ganadora. Entre las piernas de su marido, la joven hindú lloraba y temblaba con la tensión</p> <p style="text-align: justify;">liberada mientras el fruto de su esfuerzo se escurría sin control por la comisura de sus labios. Sin duda, la muchacha</p> <p style="text-align: justify;">sabía que este pequeño fallo iba a suponer una reprimenda, pero no le importaba.</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna dejó de succionar. Su cuerpo permaneció inmóvil un par de segundos, con el glande de su hombre atrapado</p> <p style="text-align: justify;">entre los labios. Fue una pausa breve, casi imperceptible en la tranquilidad natural de sus movimientos, mientras su</p> <p style="text-align: justify;">mente asimilaba la victoria. Supuso el mayor lapso que la verga permaneció fuera de su boca. Enseguida reanudó su</p> <p style="text-align: justify;">labor.</p> <p style="text-align: justify;">Instantes después su marido le aferraba la cabeza con ambas manos y, empujando la pelvis contra su rostro, se</p> <p style="text-align: justify;">corría con un grito de triunfo.</p> <p style="text-align: justify;">François se dejó caer en el sillón lanzando un suspiro satisfecho. Ivanna continuaba entre sus piernas,</p> <p style="text-align: justify;">dejando impoluta la carne masculina, mientras el espeso sabor de la victoria se escurría lentamente por el fondo de su</p> <p style="text-align: justify;">garganta.</p> <p style="text-align: justify;">Mientras los invitados premiaban con un aplauso espontáneo a la ganadora, Dimitri, desde la barra, buscaba con</p> <p style="text-align: justify;">la mirada a su mujer. Sonya era la única hembra vestida. Durante esa primera ronda del juego se había dedicado a</p> <p style="text-align: justify;">pasear entre los butacones, animando a sus compañeras. La fértil imaginación de la noruega había ideado el</p> <p style="text-align: justify;">entretenimiento de esa noche. Los hombres lo habían aprobado y, además, le concedieron el honor de ser una de las dos</p> <p style="text-align: justify;">clasificadas para el segundo acto. Ahora conocía a su rival, y la sonrisa que habitualmente iluminaba su cara había</p> <p style="text-align: justify;">desaparecido.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">Briosas y flexibles, las yeguas cabalgaban una sobre la otra en un mar de luz blanca. Enlazadas en una postura</p> <p style="text-align: justify;">imposible para cualquier hombre, gemían y se restregaban sobre el altar que había visto correr la sangre de tantas de</p> <p style="text-align: justify;">sus hermanas. Al otro lado del espejo, en la oscuridad de los asientos dispuestos como un cine lujoso, los miembros se</p> <p style="text-align: justify;">recreaban en el espectáculo. Las perdedoras también estaban allí, algunas arrodilladas y otras en pie, atentas para el</p> <p style="text-align: justify;">caso de ser requeridas.</p> <p style="text-align: justify;">La veterana estaba encima de su rival, intentando imponer su dominio por la fuerza. Hembra alta y atlética,</p> <p style="text-align: justify;">acostumbraba a someter a otras mujeres con su cuerpo cuando disfrutaba de ellas. Sin embargo, su compañera era más</p> <p style="text-align: justify;">alta; la diferencia era escasa, pero existía. Ciertamente era más delgada, menos voluptuosa, sin el peso ni el temple</p> <p style="text-align: justify;">de la carne madura; pero poseía el empuje de la juventud y no se dejaba domar con facilidad.</p> <p style="text-align: justify;">Salvo por esas diferencias, las dos eran muy parecidas. El pelo de la veterana era castaño, de tonos</p> <p style="text-align: justify;">imprecisos que cambiaban con la luz; le daba un aspecto cálido frente a la fría belleza rubia de su rival. Pero ambas</p> <p style="text-align: justify;">eran altas y elegantes, de cuerpo firme y formas suaves, sin aristas. Ambas tenían grandes ojos claros y piel pálida.</p> <p style="text-align: justify;">Sobre todo, ambas destacaban por la generosidad de sus pechos.</p> <p style="text-align: justify;">Las ubres de Sonya eran sencillamente grandes. Grandes y jugosas, hechas para meter la cara entre ellas y para</p> <p style="text-align: justify;">alimentar al hambriento. Eran tetas para chupar.</p> <p style="text-align: justify;">Los pezones de Ivanna, altos y desafiantes, incitaban al mordisco. Los pechos eran más compactos, más firmes</p> <p style="text-align: justify;">que los de su rival. Eran grandes pero bastante más pequeños, manejables frente a la rotunda generosidad de Sonya. Los</p> <p style="text-align: justify;">hombros delgados y la fina espalda los hacían destacar espectacularmente. La mano se distraía con facilidad moldeando</p> <p style="text-align: justify;">su curvatura, sopesándolos, estrujándolos como la bocina de un coche antiguo.</p> <p style="text-align: justify;">Los pechos de Sonya se aplastaban contra los de Ivanna, pezón contra pezón, mientras introducía la lengua en</p> <p style="text-align: justify;">la boca de la joven ahogando sus jadeos. Ivanna contraatacaba, con la mano metida a presión entre los cuerpos pegados.</p> <p style="text-align: justify;">Había encontrado el clítoris maduro y lo retorcía clavándole las uñas.</p> <p style="text-align: justify;">Ambas se conocían perfectamente. Se conocían de un modo íntimo, físico. En lo más profundo de la mente de</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna estaba grabado el suave tacto del coño de Sonya, la húmeda calidez de su interior, el sabor de los gruesos</p> <p style="text-align: justify;">pezones en la lengua. La noruega había acariciado, había masajeado y besado cada centímetro del cuerpo de la joven más</p> <p style="text-align: justify;">veces de las que podía recordar. No eran pocas las mañanas que se habían despertado abrazadas, con el consentimiento</p> <p style="text-align: justify;">masculino y para su disfrute.</p> <p style="text-align: justify;">La joven sabía que su rival no era una flor delicada. Sonya necesitaba sensaciones fuertes, un trato rudo que</p> <p style="text-align: justify;">lograra superar el umbral de una piel acostumbrada a la severidad. La agarró por el pelo y tiró con fuerza hacia</p> <p style="text-align: justify;">arriba, separando sus labios de los de ella. El cuello de la noruega quedó expuesto, vulnerable. Los dientes de Ivanna</p> <p style="text-align: justify;">se apresuraron a clavarse en la carne tensa al tiempo que Sonya lanzaba un grito mezcla de placer y dolor.</p> <p style="text-align: justify;">Sonya respondió colocando una de sus piernas entre las piernas de su rival. Adentro y afuera, presionando, la</p> <p style="text-align: justify;">cálida piel se deslizaba sobre la sonrosada apertura de la joven. Sonya continuaba sin misericordia, aceleraba</p> <p style="text-align: justify;">aumentando el roce y el calor entre las piernas de Ivanna, a medida que la humedad iba empapando su muslo.</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna empezaba a estremecerse. Sentía el calor emanando de su coño que amenazaba con extenderse a todo su</p> <p style="text-align: justify;">cuerpo. A la desesperada, intentó un último ataque.</p> <p style="text-align: justify;">Al colarse entre sus piernas, la noruega había dejado sin defensa la misma zona que ahora atacaba en el cuerpo</p> <p style="text-align: justify;">de la joven. Ivanna golpeó con fuerza, lanzando el muslo contra el sendero entreabierto de la intimidad femenina. Su</p> <p style="text-align: justify;">propia mano, firmemente aferrada al clítoris de Sonya, hizo de yunque, clavándole las uñas en el pubis.</p> <p style="text-align: justify;">Sonya lanzó un gruñido. Y luego otro. Y otro. Los leves quejidos de placer se sucedían mientras el muslo de</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna continuaba golpeando su intimidad como un mazo. La propia Sonya respondía aumentando la presión entre las</p> <p style="text-align: justify;">piernas de la joven. Las yeguas habían tomado posiciones y continuaban galopando desbocadas en el último sprint hacia</p> <p style="text-align: justify;">la meta.</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna fue la primera en sentir la sacudida. La ola de calor nació en su bajo vientre y se propagó como un</p> <p style="text-align: justify;">chispazo eléctrico recorriendo su espalda. Los dientes, clavados en la carne de su rival, aumentaron la presión en un</p> <p style="text-align: justify;">intento por ahogar el aullido satisfecho de la derrota que empezaba a formarse en su garganta. Podía sentir en los</p> <p style="text-align: justify;">labios el pulso firme y regular latiendo en el cuello de Sonya. En ese preciso instante, la noruega empezó a</p> <p style="text-align: justify;">estremecerse.</p> <p style="text-align: justify;">Sonya ni siquiera intentó frenar el largo gemido de placer. El grito de guerra de la hembra satisfecha brotó</p> <p style="text-align: justify;">de su boca abierta como un torrente interminable mientras, con los ojos cerrados, se recreaba en las sensaciones del</p> <p style="text-align: justify;">orgasmo. La intensa melodía retumbando en la habitación fue el gatillo que terminó de disparar a Ivanna. Los gemidos</p> <p style="text-align: justify;">de la rusa, amortiguados por el cuello de Sonya, se perdieron entre el largo aullido de la veterana. Sus convulsiones</p> <p style="text-align: justify;">quedaron disimuladas, aplastadas bajo el peso de la carne madura.</p> <p style="text-align: justify;">En la sala contigua, los espectadores empezaron a aplaudir otra excelente actuación. Todos, excepto Dimitri,</p> <p style="text-align: justify;">que apretaba con fuerza la botella de vodka y contemplaba la escena con ojos de hielo.</p> <p style="text-align: justify;">A la vista de los jueces, Sonya había sido la primera en caer. Ivanna había ganado. Su elegante cuerpo se</p> <p style="text-align: justify;">entregaría al homenajeado para que disfrutara de una de sus últimas noches de soltería. Para ella sería sólo un rato,</p> <p style="text-align: justify;">una poya más visitando sus agujeros antes de poder descansar.</p> <p style="text-align: justify;">A Sonya le aguardaba una noche más larga. La perdedora iba a recibir las atenciones del resto de invitados.</p> <p style="text-align: justify;">Debía complacerlos a todos, uno a uno o varios a la vez, las veces que fueran necesarias hasta que cada hombre hubiese</p> <p style="text-align: justify;">quedado completamente satisfecho. Nadie tenía prisa. La maratón amenazaba con prolongarse hasta bien entrada la</p> <p style="text-align: justify;">madrugada, o más allá.</p> <p style="text-align: justify;">Terminado el concurso, las dos mujeres permanecían inmóviles, echadas una sobre la otra, recobrando el aliento</p> <p style="text-align: justify;">sobre la cama de la habitación blanca. Ivanna levantó la vista hasta los ojos claros de Sonya. La mujer besó sus</p> <p style="text-align: justify;">labios con suavidad y empezó a acariciarle el pelo.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Por qué?</p> <p style="text-align: justify;">La pregunta fue apenas un susurro, un leve movimiento de los labios de Ivanna. Era una conversación intima de</p> <p style="text-align: justify;">la que no quería que nadie se enterara.</p> <p style="text-align: justify;">—Porque te quiero, mi vida.</p> <p style="text-align: justify;">Sonya la miraba con ternura, como tantas veces a lo largo de su vida. Era una hembra superior, un manantial de</p> <p style="text-align: justify;">sexo convertido en carne de mujer y moldeado por los hombres. Conocía el amor femenino mejor que ninguna otra. Ivanna</p> <p style="text-align: justify;">había intentado competir de igual a igual, limpiamente, aun sabiendo que no estaba a la altura. Pero Sonya no la había</p> <p style="text-align: justify;">dejado perder.</p> <p style="text-align: justify;">Sentía el peso de la mentira sobre sus pezones aplastados. El cuerpo de la noruega seguía tenso por el placer</p> <p style="text-align: justify;">interrumpido. El desahogo frustrado vibraba en su interior. Sonya era una actriz consumada, con décadas de</p> <p style="text-align: justify;">experiencia, pero no podía engañarse a sí misma.</p> <p style="text-align: justify;">La joven devolvió el beso a los labios carnosos que se le ofrecían. Los ojos le brillaban por el llanto</p> <p style="text-align: justify;">contenido. La voz susurrante sonaba entrecortada.</p> <p style="text-align: justify;">—Te quiero... mamá</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">Vista desde fuera, se podría pensar que la pequeña comunidad era un organismo heterogéneo, una amalgama de razas,</p> <p style="text-align: justify;">culturas y clases conviviendo en armonía en el sueño húmedo de un hippy colocado. Como un anuncio de Benetton o el</p> <p style="text-align: justify;">reparto políticamente correcto de una teleserie americana actual. Sin embargo, la realidad era distinta.</p> <p style="text-align: justify;">Los hombres eran mayoritariamente caucásicos, con antepasados europeos, desde nórdicos hasta latinos. También</p> <p style="text-align: justify;">asiáticos, sobre todo japoneses y surcoreanos. Sólo había un árabe. Y dos negros que, de hecho, eran norteamericanos.</p> <p style="text-align: justify;">No era racismo: estaban muy por encima de los odios que las maquinaciones políticas habían imbuido en la plebe.</p> <p style="text-align: justify;">Tampoco cuestión de dinero: ni un dictador africano ni un rico heredero serían invitados, jamás. Era la propia</p> <p style="text-align: justify;">injusticia del mundo. Los miembros eran hombres hechos a sí mismos, que habían dejado huella a base de talento. Se</p> <p style="text-align: justify;">necesita una educación accesible y un entorno con pocos prejuicios para que un genio desarrolle su potencial. No todas</p> <p style="text-align: justify;">las culturas reunían esas condiciones.</p> <p style="text-align: justify;">El caso de las mujeres era distinto. Las había altas y bajas; rubias, morenas y pelirrojas; de todos los</p> <p style="text-align: justify;">colores posibles. Pero todas eran hermosas, todas cálidas y acogedoras. Abundaban, por supuesto, los pechos grandes y</p> <p style="text-align: justify;">simétricos, los culos firmes y las piernas bien torneadas.</p> <p style="text-align: justify;">La belleza de las monturas contrastaba con el físico desigual de los jinetes. Eran, por lo general, veinte,</p> <p style="text-align: justify;">treinta o hasta cuarenta años mayores que sus esposas. Altos y bajos, gordos y delgados, calvos muchos de ellos. Había</p> <p style="text-align: justify;">algún adonis bien formado y unos cuantos galanes maduros. Y frente a la habitualmente generosa dotación de las</p> <p style="text-align: justify;">hembras, los miembros de los miembros exhibían variedad de tamaños y grosores.</p> <p style="text-align: justify;">Los que mejor había conocido Ivanna a lo largo de su corta existencia habían sido espléndidos. El primero era</p> <p style="text-align: justify;">precisamente el que le dio la vida. La verga de su padre era la más larga que había visto, y una de las más gruesas.</p> <p style="text-align: justify;">Había cincelado su imagen de la masculinidad mientras la pequeña niñita se iba desarrollando hasta convertirse en una</p> <p style="text-align: justify;">apetecible muchacha. ¿Cuántas veces había visto a su madre arrodillada como una sacerdotisa pagana ante el altar de la</p> <p style="text-align: justify;">gran serpiente? ¿Cuántas la había visto conteniendo un grito mientras el inmenso tubo de carne rusa se habría paso por</p> <p style="text-align: justify;">sus entrañas?</p> <p style="text-align: justify;">La primera vez con su marido cualquier otra chica se habría asustado ante el tamaño de aquel monstruo, pero a</p> <p style="text-align: justify;">ella le pareció normal. François no tenía nada que envidiar a su padre en cuanto a grosor; incluso parecía más dura</p> <p style="text-align: justify;">que la vieja verga rusa. Pero era visiblemente más corta. Nada que pudiera impresionarla tras una vida en casa de su</p> <p style="text-align: justify;">padre.</p> <p style="text-align: justify;">El nuevo miembro de La Sociedad también pertenecía al grupo de los bien dotados. Sebastian la había ensartado</p> <p style="text-align: justify;">de golpe, abriéndole el culo sin delicadeza. Estaba acostumbrada. El tremendo ardor que acompañaba a las</p> <p style="text-align: justify;">introducciones bruscas era una sensación que conocía bien, pero aun así había acabado mordiendo el suave lino blanco</p> <p style="text-align: justify;">para ahogar un grito mientras su ano forzado se tensaba sin estar preparado para ello. Al menos, el hombre había</p> <p style="text-align: justify;">tenido la delicadeza de escupir en el agujero antes de perforarlo.</p> <p style="text-align: justify;">Ivanna estaba a gatas, con la cara hundida en el colchón y el culo ofrecido en alto, sobre uno de los extremos</p> <p style="text-align: justify;">del camastro donde un rato antes su madre había impartido una lección de cómo fingir un orgasmo. En el otro extremo,</p> <p style="text-align: justify;">también a gatas y en pompa, la perdedora atendía por primera vez al primero de la larga lista de machos que iban a</p> <p style="text-align: justify;">montarla esa noche.</p> <p style="text-align: justify;">***</p> <p style="text-align: justify;">Empezaba a amanecer cuando Sonya llegó al bosquecillo. Podía sentir el frescor del rocío bajo los pies descalzos.</p> <p style="text-align: justify;">Llevaba los Manolo's en la mano, consciente de que sería totalmente incapaz de usar tacones.</p> <p style="text-align: justify;">Apenas podía andar. Cada paso inseguro acalambraba sus piernas agarrotadas. La espalda le dolía después de</p> <p style="text-align: justify;">tantas horas de postura forzada. La brisa de la mañana, por lo general agradable, le quemaba al introducirse por su</p> <p style="text-align: justify;">ano abierto. Sentía el flujo grumoso escurriéndose por sus muslos y el rímel y el pintalabios corridos sobre la cara.</p> <p style="text-align: justify;">La habían limpiado, claro. Varias veces a lo largo de la noche. Unos cuantos manguerazos directamente en el coño y en</p> <p style="text-align: justify;">el culo para desatascarle las cañerías antes de volver a llenarlas. Pero cuando se cansaron la dejaron tal cual</p> <p style="text-align: justify;">estaba, abierta y rellena como un pastel de crema.</p> <p style="text-align: justify;">Había cierta ironía en los gustos masculinos, y esta noche Sonya había podido comprobarlo una vez más. Por un</p> <p style="text-align: justify;">lado estaba el hecho de que la sodomía atraía más, precisamente, a los machos mejor dotados. Por otro, que eran los de</p> <p style="text-align: justify;">mayor aguante los que más se animaban a repetir. Algunos socios la habían montado dos o tres veces, probando sus</p> <p style="text-align: justify;">agujeros a conveniencia. Otros, especialmente los jóvenes, no se habían conformado con tan poco. Que una vieja yegua</p> <p style="text-align: justify;">como ella recibiera tantas atenciones no dejaba de ser halagador.</p> <p style="text-align: justify;">Su hija se había comportado admirablemente. La imagen de su pequeña arrodillada, con la grupa bien arriba y la</p> <p style="text-align: justify;">espalda arqueada, tan grácil, tan elegante, la habían llenado de orgullo. Había mantenido el culo en alto, en su</p> <p style="text-align: justify;">sitio, mientras la pelvis del hombre lo martilleaba con energía una y otra vez. Ni una queja había salido de los</p> <p style="text-align: justify;">labios de su niña, aunque al principio pensó que iba a destrozar el colchón a mordiscos.</p> <p style="text-align: justify;">Su rajita aguantó con menos problemas. La nena incluso se permitió algún gemido mientras pegaba sus tetas</p> <p style="text-align: justify;">estupendas contra el torso del macho. Y su cara... Puso esa expresión pícara de hembra necesitada de sexo que tan bien</p> <p style="text-align: justify;">había aprendido de la madre que la parió. Sebastian no aguantó demasiado en el cálido y apretado coño de su pequeña.</p> <p style="text-align: justify;">La boca siempre había sido el punto fuerte de Ivi. Desde pequeña le enseñó cómo debía mirar hacia arriba, con</p> <p style="text-align: justify;">esos ojos abiertos e inocentes que a un hombre le gusta ver cuando le chupan la poya. Sus amorosos dedos maternales</p> <p style="text-align: justify;">enseñaron pronto a la muchacha a controlar las arcadas. Arrodillada ante el nuevo socio, con la verga atravesada en la</p> <p style="text-align: justify;">garganta mientras el hombre la agarraba del pelo, su hija parecía más una veterana que una de las jóvenes.</p> <p style="text-align: justify;">Ivi le había dedicado una última mirada de cariño antes de abandonar la habitación blanca, dejando tras de sí</p> <p style="text-align: justify;">a un Sebastian cansado pero satisfecho. Pero para el homenajeado la fiesta no había acabado aún.</p> <p style="text-align: justify;">—Oye, Seb. Espero que te hayas guardado algo. Aun tienes que catar a la vieja —había dicho François mientras</p> <p style="text-align: justify;">disfrutaba su primera parada en el culo de Sonya.</p> <p style="text-align: justify;">El médico acabaría animándose. La fiesta continuó, sus ilustres pelotas tuvieron tiempo de recargarse y, ya de</p> <p style="text-align: justify;">madrugada, acabó compartiendo montura con el yerno de Sonya, que iba ya por la tercera ronda.</p> <p style="text-align: justify;">Y entre medias, las ocurrencias variadas que el alcohol y cierta monotonía incitaban en la mente de los</p> <p style="text-align: justify;">hombres: sesiones regulares de azotes a mano para animarla, pruebas variadas de introducción de objetos, escenas</p> <p style="text-align: justify;">lésbicas con algunas de las esposas presentes... Había descubierto que los enemas de champagne y whisky escoces</p> <p style="text-align: justify;">también producen embriaguez. Y estaba casi segura de que en algún momento de la madrugada, un premio nobel de</p> <p style="text-align: justify;">literatura borracho había escrito un relato corto sobre sus nalgas usando su ano abierto como punto y final.</p> <p style="text-align: justify;">Había salido del club tambaleándose, con sus orificios en carne viva. A cada paso parecía como si un hierro</p> <p style="text-align: justify;">candente se le metiera en las entrañas. Le dolía la espalda. Le dolía la cabeza. Le dolía la mandíbula y tenía la boca</p> <p style="text-align: justify;">seca. Irónicamente, la embriaguez rectal la había mareado, lo que no ayudó en la difícil tarea de llegar a casa.</p> <p style="text-align: justify;">Dimitri estaba en el jardín, fumando en la oscuridad. Esperándola.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Aún estás despierto, amor mío?</p> <p style="text-align: justify;">El gigante tardó en contestar. Siguió fumando, con esos ojos claros, escrutadores, clavados en ella.</p> <p style="text-align: justify;">—El juego es el juego, Sonya. No me gustan los tramposos.</p> <p style="text-align: justify;">—¿A qué te refieres? —preguntó ella, aunque lo sabía perfectamente.</p> <p style="text-align: justify;">De nuevo otra pausa, un suspiro largo y cansado del ruso.</p> <p style="text-align: justify;">—Mujer... no empeores la situación. Tú me perteneces. No me importa cederte a mis amigos, y puedo aceptar una</p> <p style="text-align: justify;">derrota justa... pero no soporto las trampas.</p> <p style="text-align: justify;">—Es mi niñita, Dimitri —replicó Sonya mientras las lágrimas empezaban a correr por sus mejillas.</p> <p style="text-align: justify;">—Es una mujer. Es de François. Que él se ocupe de mantener a su esposa como es debido. Yo me ocuparé de la</p> <p style="text-align: justify;">mía.</p> <p style="text-align: justify;">El ruso dio otra calada a su habano y añadió:</p> <p style="text-align: justify;">—Te aseguro que no volverás a hacer algo así.</p> <p style="text-align: justify;">Por eso ahora Sonya estaba en el bosquecillo. Había sido una dolorosa caminata desde su casa, y aún quedaba la</p> <p style="text-align: justify;">vuelta. La mujer contemplaba su árbol favorito, el viejo avellano que plantara cuando era poco más que una niña.</p> <p style="text-align: justify;">Buscaba la rama adecuada, una particularmente larga y gruesa, mucho más de lo habitual.</p> <p style="text-align: justify;">En casi cuarenta años de matrimonio Dimitri le había aplicado unos pocos correctivos particularmente severos.</p> <p style="text-align: justify;">Los recordaba todos en detalle. El primero fue a los doce años de casada, cuando la conducta rebelde y altiva de la</p> <p style="text-align: justify;">muchacha ya no podía achacarse a la inexperiencia de la juventud. El último, seis años atrás, cuando una riña con otra</p> <p style="text-align: justify;">veterana la llevó a insultar al marido de esta.</p> <p style="text-align: justify;">Sabía lo que le esperaba. Dimitri la tumbaría bocabajo, desnuda sobre la cama del sótano. Le pondría un cojín</p> <p style="text-align: justify;">mullido bajo la pelvis, para dejarle el culo bien expuesto. Usaría las correas para inmovilizarla, porque en ocasiones</p> <p style="text-align: justify;">como esta ella no podía aguantar la posición por sí misma. El castigo en sí sería duro, unos minutos interminables con</p> <p style="text-align: justify;">la vara subiendo y bajando con fuerza, dejando en cada viaje una marca profunda grabada sobre la piel. Dimitri</p> <p style="text-align: justify;">empezaría en el nacimiento de las nalgas e iría bajando, poco a poco, macerando su carne hasta casi llegar a las</p> <p style="text-align: justify;">rodillas. Ella gritaría, claro. Y suplicaría y lloraría y moquearía y le daría un ataque de hipo. Tendría tiempo de</p> <p style="text-align: justify;">sobra para hacer muchas cosas. Dimitri se lo tomaría con calma, dejándola degustar cada azote antes de pasar al</p> <p style="text-align: justify;">siguiente. En algún momento, la zurra acabaría. Después vendría el resto.</p> <p style="text-align: justify;">Sabía por experiencia que iba a estar tres o cuatro días sin poder andar, tumbada bocabajo sin levantarse de</p> <p style="text-align: justify;">aquella cama. Cuatro días con su retaguardia ardiente latiendo con pulso propio, meando en una cuña un líquido rosa</p> <p style="text-align: justify;">que escocería como ácido. Lo peor serían las curas, el algodón cogido con pinzas y empapado en antiinflamatorio,</p> <p style="text-align: justify;">restregándose como papel de lija sobre su piel marcada. Dimitri solía delegar estas tareas de enfermería en alguna de</p> <p style="text-align: justify;">las esposas de sus amigos, lo que no hacía sino empeorar la situación.</p> <p style="text-align: justify;">Por supuesto, debería seguir complaciendo a su hombre. Y tumbada inmóvil bocabajo, la forma de hacerlo era</p> <p style="text-align: justify;">bastante evidente. Se emplearía a fondo, como buena esposa. Al fin y al cabo, su estado no le evitaría nuevos castigos</p> <p style="text-align: justify;">si era merecedora de ellos.</p> <p style="text-align: justify;">Mientras acariciaba la larga y gruesa vara que había elegido, echó cuentas. En total serían unos minutos</p> <p style="text-align: justify;">interminables de castigo, tres o cuatro días sin poder moverse y unos cuantos más moviéndose con dificultad, dos o</p> <p style="text-align: justify;">tres semanas sin sentarse y puede que un par de meses hasta que las marcas hubiesen desaparecido por completo. Y con</p> <p style="text-align: justify;">todo, volvería a hacerlo por su pequeña. Lo único que lamentaba era no fingir mejor un orgasmo.</p> <p style="text-align: justify;">Empezó a cortar la vara. Había llevado una sierra de mano japonesa, porque a partir de ciertos grosores se</p> <p style="text-align: justify;">requieren herramientas adecuadas. No oyó el ruido a su espalda. Cuando se volvió dispuesta a marcharse se topó con el</p> <p style="text-align: justify;">delgado y sonriente rostro de Lisbeth.</p> <p style="text-align: justify;">—Buenos días, Lisa.</p> <p style="text-align: justify;">La mujer se acercó al árbol y empezó a acariciar las ramas rojizas antes de responder.</p> <p style="text-align: justify;">—¿Qué tal estas, Sonya? —preguntó—. Tienes mala cara. Se te ha corrido el pintalabios. A tu edad no deberías</p> <p style="text-align: justify;">trasnochar tanto.</p> <p style="text-align: justify;">—Las mujeres casadas tenemos ciertas obligaciones, cielo. Supongo que lo recuerdas.</p> <p style="text-align: justify;">—Por supuesto —la sonrisa de Lisbeth se ensanchó—. ¿Eso es una vara o es que necesitas leña?</p> <p style="text-align: justify;">—Una vara. ¿Quieres que te ayude a elegir una? —se ofreció Sonya.</p> <p style="text-align: justify;">—Gracias, querida. La última que elegiste fue más que suficiente.</p> <p style="text-align: justify;">—Espero no haberme excedido, cielo. Llévate una más fina. Seguro que a Sebastian le parece bien.</p> <p style="text-align: justify;">—Puede que sí, pero no quiero ponérselo tan fácil a esa zorrita sudaca que le habéis comprado.</p> <p style="text-align: justify;">—Sí... Las esposas de verdad son un engorro.</p> <p style="text-align: justify;">—Desde luego.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth permaneció un momento en silencio, mordiéndose el labio mientras recorría la maltrecha anatomía de</p> <p style="text-align: justify;">Sonya con la mirada. Miraba con descaro el peinado deshecho, el rímel y el pintalabios corridos, los zapatos en la</p> <p style="text-align: justify;">mano, las rodillas amoratadas… finalmente centró la vista en la rama que sostenía Sonya.</p> <p style="text-align: justify;">—Supongo que tu gran actuación no convenció a Dimitri.</p> <p style="text-align: justify;">—Eso parece. Y supongo que Sebastian se dio cuenta de que no deberías haber ido a la fiesta.</p> <p style="text-align: justify;">—Pero fui.</p> <p style="text-align: justify;">Lisbeth agarró una de las ramas del árbol y tiró con fuerza, arrancándola de cuajo. La hizo silbar en el aire,</p> <p style="text-align: justify;">sopesándola.</p> <p style="text-align: justify;">—Esta servirá —susurró—. En fin, querida. Vuelvo a mi casa. No debemos hacer esperar a nuestros hombres. Sobre</p> <p style="text-align: justify;">todo tú.</p> <p style="text-align: justify;">Y empezó a marcharse. Antes de internarse en el sendero se volvió una última vez.</p> <p style="text-align: justify;">—Sabes, Sonya: creo que me pasaré por tu casa más tarde. Tu esposo necesitará una mujer se ocupe de atenderte</p> <p style="text-align: justify;">los próximos días.</p> <p style="text-align: justify;">—No es necesario que te molestes —dijo Sonya.</p> <p style="text-align: justify;">—Oh, no es molestia, querida. Al fin y al cabo, se supone que soy la ayudante del médico de la comunidad.</p> <p style="text-align: justify;">—Eres muy amable.</p> <p style="text-align: justify;">—Es lo mínimo que te mereces. Siempre has sido tan atenta conmigo...</p> <p style="text-align: justify;">Y se fue. A Lisbeth le aguardaba un hombre enfadado, aunque no tanto como el que esperaba a Sonya. La polaca</p> <p style="text-align: justify;">se perdió por el sendero, con su vestido blanco ceñido a las caderas brillando bajo las primeras luces del día. Las</p> <p style="text-align: justify;">sólidas nalgas de Lisa bailaban con su suave e hipnótico bamboleo, consciente de que, para ellas, la fiesta aún no</p> <p style="text-align: justify;">había terminado.</p> <p style="text-align: justify;">- continuara-</p> <p style="text-align: justify;">## Agradezco por anticipado cualquier comentario, crítica, mail o voto. Si lo deseas puedes contactarme en</p> <p style="text-align: justify;">[email protected]</p> <p style="text-align: justify;">## Para otros relatos mios:</p> <p style="text-align: justify;"><a>https://www.todorelatos.com/perfil/1426436/</a></p>

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Characters

Lisa

protagonist

Mujer madura de 40 años con curvas suaves y una piel tersa que pide ser admirada. Me excita la disciplina bien llevada y la energía de un hombre que sabe tomar el control sin perder la elegancia. Busco a alguien con quien explorar el placer bajo reglas claras, donde cada mirada y cada toque cuenten una historia de sumisión y deseo. Mi vibe es sofisticada, juguetona y con esa chispa de quien ya sabe lo que quiere.

Sebastian

secondary

Joven médico de 30 años con presencia imponente y una mirada que analiza antes de actuar. Transmite una energía metódica y dominante, con manos firmes que prometen control y precisión. Su vibe es de quien está aprendiendo a domar pero ya sabe exactamente qué quiere y cómo conseguirlo. Parecería un buen lío para quien disfruta de la tensión entre la disciplina y el deseo desbordado.

Sonya

secondary

Mujer alta y de caderas amplias con una elegancia natural que domina cualquier habitación. Su energía es alfa, juguetona y con esa confianza de quien sabe moverse entre los hombres sin perder el control. Transmite una vibra de sofisticación peligrosa y placer sin límites. Ideal para quien busca una conexión intensa, donde la seducción y el juego de poder se dan la mano.

Candy

secondary

Chica joven de rasgos frescos y cuerpo en flor que irradia una inocencia vulnerable pero con ganas de aprender. Su energía es pura sumisión y curiosidad, con esa chispa de quien está descubriendo su propio deseo bajo guía experta. Transmite una vibra delicada y receptiva, perfecta para quien disfruta moldear y guiar el placer paso a paso. Un perfil ideal para conexiones donde la paciencia y la enseñanza se convierten en el mayor atractivo.

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  • Relato #111624Numeración (IV) y texto que indica continuación de la serie, listando explícitamente los capítulos I, II y III (ID 111624).