Xtories
Back to Feed

El ruido que se vuelve piel

Cada vez que el silencio se quiebra, siento cómo el ruido se adhiere a mis huesos como una segunda capa de piel. Ahora cierro los ojos y no escucho el mundo, solo siento cómo crece bajo mis uñas.

Casi por casualidad, Lucian y yo nos dejamos arrastrar a ese concierto de rock; Elio nos había regalado las entradas, creyendo que era una buena idea. El caso es que allí nos presentamos los dos, sin ser realmente seguidores de ese tipo de música. El concierto se celebraba en un pabellón de baloncesto, no muy grande por cierto, pero nos quedamos paralizados cuando al llegar a las puertas había una fila enorme de gente esperando. Había más expectación de la que cabría esperar... Tanto Lucian como yo, no habíamos acertado en los pronósticos del tipo de música y mucho menos con la gente que allí se congregaba. Casi todos chicos más jóvenes que nosotros, muy distintos en todos los sentidos, amantes de las motos, el rock, las litronas, alguna pastilla y, sin duda, bastante más violentos de lo que podíamos imaginar. Nada más llegar a la cola, uno de ellos hizo un comentario sobre mí: - Mira qué rubita, ¿está buena, eh? Me clavé las uñas en el brazo de Lucian, sabía que podía irritarse, pero muchas veces he intentado convencerle de que no se metiera en un lío por culpa de un simple comentario, pero lejos de hacerme caso, se enfrentó a aquel chico que no debía tener más de 17 años.

- ¿Qué te pasa a ti, gilipollas? -le dijo en tono amenazante, muy propio de su chulería. El chaval y los que estaban alrededor se rieron. Parecía inevitable que aquello acabase en bronca y volviendo a tomar a Lucian por el brazo, tiré de él hacia dentro del pabellón, intentando poner fin a lo que se avecinaba. Aún podían oírse las risas de aquellos chavales cuando desaparecíamos entre la gente, afortunadamente no pasó nada más. Yo le dije a Lucian que no hiciera tonterías, que sabía lo hombre que era y que no tenía que demostrármelo, que enfrentarse a esa gente traería problemas para él y nada más, así que sería mejor divertirnos y disfrutar del concierto. Al final pudimos entrar en el abarrotado pabellón en el que no cabía ni un alma más, estábamos tan apretados que podía olerse la humanidad y el calor se cortaba con cuchillo. Desde luego no encajábamos para nada en ese tumulto y yo ni siquiera iba vestida acorde a las circunstancias, ya que llevaba un vestido blanco corto en vez de haberme puesto unos vaqueros mucho más apropiados para ese tipo de eventos.

Total que el concierto comenzó entre ensordecedores gritos del líder del primer grupo que saltó al escenario, Vance, para goce de todos los jóvenes que allí se congregaban y que vitoreaban y saltaban al ritmo de la batería. No paraba de entrar más y más gente en aquel abarrotado local y cada vez estábamos más apretujados, podía notar como a mis espaldas alguno se apretaba a mí más de la cuenta aprovechando la situación, pero lejos de decirle nada a Lucian, intenté concentrarme en el concierto y disfrutar dentro de lo posible. El calor era sofocante y apenas se podía respirar entre el gentío. Para colmo, los chavales que estaban detrás nuestro se quitaron las camisas y cuando volví mi cabeza, estaba rodeada de torsos desnudos y sudorosos. El grupo, formado por seis o siete chicos, me miraban y se reían por mi cara de susto. El más cercano a mí, Kael, me sonrió y me ofreció dar un trago a su botella de cerveza que, con una forzada sonrisa, rechacé. Lucian estaba a mi lado y no me soltaba la mano, pero era ajeno a lo que pasaba a mi alrededor.

Cada vez me adaptaba mejor a la ensordecedora música cuando uno de los chicos del grupo me dijo al oído: - Oye, tienes un polvazo. Yo me hice la desentendida, no quería problemas, sabía lo celoso que se pondría Lucian y no le contesté. Pero él insistió: - Digo que estás muy buena... Volví a hacerme la sorda y dejar pasar aquellos comentarios como si no fueran conmigo. Pero como aquel chico no tenía bastante, colocó una de sus manos en mi culo y empezó a sobármelo descaradamente. Di un bote y Lucian me preguntó: - ¿Qué pasa? - Nada, nada.... En buena hora nos metimos en aquel lugar, pero ¿cómo no nos habíamos marchado cuando llegamos a la puerta? La mano del chaval volvió al ataque, me puse de costado y le dije con cara seria que se parase si no quería problemas. Aquello pareció divertirle aún más y se lo comentaba a sus amigos que reían a carcajadas... Volvió a comentarme al oído: - Te voy a follar bonita, te la voy a meter hasta el fondo... Me volví, puse mi cara lo más seria que pude y le contesté: - Párate ya, si no quieres que se lo diga a mi novio... ¿vale? A todo esto Lucian seguía de mi mano pero sin percatarse de nada, seguía mirando tranquilamente el concierto. - Díselo a tu novio, así aprenderá cómo se folla a una rubia como tú. - insistió mi acosador. Volví mi mirada hacia delante, más asustada que otra cosa, ya que imaginaba que como Lucian se diera cuenta de todo, aquello podía terminar en algo muy desagradable para nosotros, pues los chicos eran seis o siete... - Oye, ¿el culito lo tienes virgen? Otra vez hice oídos sordos.... - Me gustaría metértela por ese culito y que vieras cómo entra una polla de verdad....

Sus palabras, cada vez más fuertes, estaban empezando a ponerme cachonda de verdad. Yo quería concentrarme en el concierto y olvidarme de todo, pero el chico continuaba una y otra vez. Para colmo, su mano volvía a sobarme el culo, pero esta vez apretujando mis posaderas con toda la cara del mundo. Le daba igual todo, seguramente de lo medio borracho que andaba ya. Yo no entendía muy bien qué pasaba dentro de mi cuerpo, pero lejos de rechazar a aquel extraño, sentía cierta sensación de gusto por sus palabras, por su atrevimiento, por sus caricias.... - Muñeca, debes tener el coño bien mojadito, ¿a qué sí? Lucian me miraba de vez en cuando y me sonreía, ajeno totalmente a la situación, ¡si tú supieras! - pensaba yo... El chico se apretujó contra mi cuerpo y podía notar su abultado paquete contra mi culo. Sus manos fueron subiendo de mi culo por mi cintura para llegar a mis pechos, que comenzó a acariciar por los costados, para luego tocarme las tetas a placer, primero suavemente y luego con más fuerza, hasta pellizcarme los pezones por encima de la tela del vestido. Como yo no llevaba sujetador, el contacto de sus manos contra mis tetas era delicioso para él y también, aunque me pesara, era delicioso para mí.

Intenté por todos los medios separarme de él: - Párate ya, cabrón.. - le corté quitándole las manos de encima bruscamente. Entre todo el lío, Lucian al fin se dio cuenta de que algo sucedía: - ¿Qué pasa? - No, nada, que me han empujado... - contesté quitando importancia al asunto para evitar males mayores. Lucian se volvió hacia los chicos: - Oye, tener cuidado, no molestéis ¿eh? El chico que estaba detrás de mí se envalentonó y también se encaró con mi novio. - ¿Qué dices, mamón de mierda? ¿Quieres ver cómo te pego dos hostias? Agarré fuertemente la mano de Lucian, porque sabía que iba a empezar un follón que se iba a descontrolar. A ver, venga, empieza, ¿a qué esperas? - se ponía todo gallito Lucian. - Déjalo cariño, por favor... solo me han empujado, sigamos viendo el concierto, no les hagas caso, por favor no te metas en líos. - me interpuse entre él y los chicos porque sabía que saldría mal parado, si es que siempre se lo digo que tiene la boca muy grande y luego no es consciente del peligro que corre.

Las aguas se calmaron, al menos momentáneamente, ya que el tipo volvió al ataque volviendo a susurrarme cosas al oído. - Lo que le pasa a tu novio es que no se le pincha, por eso te tiene desatendida, lo que tú necesitas es un buen rabo.... tenías que ver qué pedazo de polla tengo yo para darte... Yo tragaba saliva y esta vez ya no me volví para evitar que la cosa acabase en pelea. Yo ya no sabía qué hacer, si se lo decía a Lucian se podía armar un buen follón, si me callaba estaba a expensas de lo que me hiciera a aquel tipo... Era mejor no hacerles caso, así depondrían su actitud, pero.... ¡qué equivocada estaba! Otra vez mis tetas fueron rodeadas por sus potentes brazos, mientras seguía susurrándome al oído. - Verás qué polvo te voy a echar, vas a ver las estrellas, bomboncito.... Me volví hacia Lucian y le pedí que nos fuéramos de allí. Ahora no cariño - me contestó - va a salir un grupo muy bueno y cuando acabe nos vamos ¿vale? Estaba metida en un buen lío del que seguro no podría salir bien parada, hice de nuevo oídos sordos a todo lo que me decía aquel chico, pero él insistía una y otra vez. - Me gustas mucho rubita, tengo el rabo como una piedra, verás qué polvo te voy a echar... Entre sus frases y sus sobeteos a mis tetas, que cuando me las acarician como él lo estaba haciendo, toco fondo, ya no podía evitar sentirme cachonda y como mis pezones se ponían cada vez más duros. - Vaya tetas que tienes nena, casi no me caben en la mano, duras, redondas, como a mí me gustan...mmmmmm, vaya pezones más duros....

Cerré los ojos, pues el gusto me iba en aumento, los latidos de mi corazón se aceleraban y mi chochito empezaba a humedecerse, no podía evitarlo, quería que todo aquello acabase pero por otro lado deseaba que no tuviera fin. Tan abarrotado estaba aquel pabellón, que aunque Lucian mirase de vez en cuando, estábamos muy pegados y no podía ver nada de lo que sucedía. De vez en cuando yo le apretaba la mano ya que no podía tenerme casi en pie debido a las caricias que me estaba proporcionando aquel extraño. Las manos de aquel tipo volvieron a mi culo y siguieron con su labor de sobar y sobar sin cortarse un pelo, pero más allá llegó su atrevimiento cuando una de sus manos se introdujo por debajo de mi vestido y comenzó a acariciar la parte interna de mis muslos. Se me escapó un suspiro... - Mmmmm, qué muslos tienes, suaves, como terciopelo.... verás qué bien lo vamos a pasar... - volvió a susurrarme el muchacho. De pronto noté como hurgaba en mis braguitas, desde luego que se proponía quitármelas el muy cabrón, yo intentaba moverme para separarme de él, pero lo hacía con movimientos no muy descarados para que Lucian no se percatara de nada, si en algún momento les pillaba, la cosa acabaría en pelea. - Déjame quedarme con tus bragas bonita, al menos tendré un recuerdo tuyo ¿no? - me decía el tipo mientras seguía intentando bajármelas. Yo me resistía y me sostenía mis braguitas por encima del vestido con la mano que tenía libre, pues la otra estaba de la mano de mi chico. - Para ya, por favor... - suplicaba yo y poniéndole cara de pena. El tío seguía en su intento cada vez con más voluntad, metió sus dedos en mis caderas bajo mi vestido y tiraba de mis bragas hacia abajo mientras todos sus amigos parecía divertirse y se reían sin parar... La situación les debía parecer muy cómica, pero yo estaba asustada, aunque al mismo tiempo esa situación me provocaba un gusto tremendo, me odiaba a mí misma porque el placer me invadiese, pero era inevitable, ¡estaba atrapada! En el tira y afloja de bajarme las bragas, el tío lo hizo por última vez de un tirón que en el

ATRAPADA EN EL CONCIERTO

Casi por casualidad, Lucian y yo habíamos acudido a este concierto de rock; Elio nos había regalado las entradas a través de un amigo. El caso es que allí nos presentamos los dos sin ser muy seguidores de ese tipo de música. El concierto se celebraba en un pabellón de baloncesto, no muy grande por cierto, pero nos quedamos muy sorprendidos cuando al llegar a las puertas había una fila enorme de gente esperando para entrar. Desde luego había más expectación de la que cabría esperar... Tanto Lucian como yo no habíamos acertado en los pronósticos del tipo de música y mucho menos con el tipo de gente que allí se congregaba. Casi todos eran chicos más jóvenes que nosotros, muy distintos en todos los sentidos, amantes de las motos, el rock, las litronas, alguna pastilla y seguro que bastante más violentos de lo que podíamos imaginar. Nada más llegar a la cola, uno de ellos hizo un comentario sobre mí: "Mira que rubita, ¿está buena, eh?". Me agarré fuertemente del brazo de Lucian; sabía que se podía irritar por eso, pero muchas veces he intentado convencerle de que no se metiera en un lío por culpa de un simple comentario sobre mí. Sin embargo, lejos de hacerme caso, se enfrentó a aquel chico que no debía tener más de 17 años.

—¿Qué te pasa a ti, gilipollas? —le dijo en tono amenazante, muy propio de su chulería.

El chaval y los que estaban alrededor se rieron. Parecía inevitable que aquello acabase en bronca y, volviendo a tomar a Lucian por el brazo, tiré de él hacia dentro del pabellón, intentando poner fin a lo que se avecinaba. Aún podían oírse las risas de aquellos chavales cuando desaparecíamos entre la gente; afortunadamente, no pasó nada más. Le dije a Lucian que no hiciera tonterías, que sabía lo hombre que era y que no tenía que demostrármelo; que enfrentarse a esa gente traería problemas para él y nada más, así que sería mejor divertirnos y disfrutar del concierto. Al final pudimos entrar en el abarrotado pabellón en el que no cabía ni un alma más. Estábamos tan apretados que podía olerse la humanidad y el calor se cortaba con cuchillo. Desde luego no encajábamos para nada en ese tumulto y yo ni siquiera iba vestida acorde a las circunstancias, ya que llevaba un vestido blanco corto en vez de haberme puesto unos vaqueros mucho más apropiados para ese tipo de eventos.

Total que el concierto comenzó entre ensordecedores gritos del líder del primer grupo, Vance, que saltó al escenario para goce de todos los jóvenes que allí se congregaban, los cuales vitoreaban y saltaban al ritmo de la batería. No paraba de entrar más y más gente en aquel abarrotado local y cada vez estábamos más apretujados. Podía notar como a mis espaldas alguno se apretaba a mí más de la cuenta aprovechando la situación, pero lejos de decirle nada a Lucian, intenté concentrarme en el concierto y disfrutar dentro de lo posible. El calor era sofocante y apenas se podía respirar entre el gentío. Para colmo, los chavales que estaban detrás nuestro se quitaron las camisas y, cuando volví la cabeza, estaba rodeada de torsos desnudos y sudorosos. El grupo, formado por seis o siete chicos, me miraban y se reían por mi cara de susto. El más cercano a mí, Kael, sonrió y me ofreció dar un trago a su botella de cerveza que, con una forzada sonrisa, rechacé.

Lucian estaba a mi lado y no me soltaba la mano, pero era ajeno a lo que pasaba a mi alrededor. Cada vez me adaptaba mejor a la ensordecedora música cuando uno de los chicos del grupo me dijo al oído: "Oye, tienes un polvazo...". Yo me hice la desentendida, no quería problemas, sabía lo celoso que se pondría Lucian y no le contesté. Pero él insistió: "Digo que estás muy buena...". Volví a hacerme la sorda y dejar pasar aquellos comentarios como si no fueran conmigo. Pero como aquel chico no tenía bastante, colocó una de sus manos en mi culo y empezó a sobármelo descaradamente. Di un bote y Lucian me preguntó: "¿Qué pasa?".

—Nada, nada... —respondí.

En buena hora nos metimos en aquel lugar, pero ¿cómo no nos habíamos marchado cuando llegamos a la puerta? La mano del chaval volvió al ataque. Me puse de costado y le dije con cara seria que se parase si no quería problemas. Aquello pareció divertirle aún más y se lo comentaba a sus amigos, que reían a carcajadas. Volvió a comentarme al oído: "Te voy a follar, bonita, te la voy a meter hasta el fondo...". Me volví, puse mi cara lo más seria que pude y le contesté: "Párate ya, si no quieres que se lo diga a mi novio... ¿vale?". A todo esto, Lucian seguía de mi mano, pero sin percatarse de nada, seguía mirando tranquilamente el concierto.

—Díselo a tu novio, así aprenderá cómo se folla a una rubia como tú —insistió mi acosador.

Volví mi mirada hacia delante, más asustada que otra cosa, ya que imaginaba que, como Lucian se diera cuenta de todo, aquello podía terminar en algo muy desagradable para nosotros, pues los chicos eran seis o siete.

—Oye, ¿el culito lo tienes virgen?

Otra vez hice oídos sordos. "Me gustaría metértela por ese culito y que vieras cómo entra una polla de verdad...". Sus palabras, cada vez más fuertes, estaban empezando a ponerme cachonda de verdad. Yo quería concentrarme en el concierto y olvidarlo todo, pero el chico continuaba una y otra vez. Para colmo, su mano volvía a sobarme el culo, pero esta vez apretujando mis posaderas con toda la cara del mundo; le daba igual todo, seguramente de lo medio borracho que andaba ya. Yo no entendía muy bien qué pasaba dentro de mi cuerpo, pero lejos de rechazar a aquel extraño, sentía cierta sensación de gusto por sus palabras, por su atrevimiento, por sus caricias.

—Muñeca, debes tener el coño bien mojadito, ¿a qué sí?

Lucian me miraba de vez en cuando y me sonreía, ajeno totalmente a la situación. "¡Si tú supieras!" —pensaba yo. El chico se apretujó contra mi cuerpo y podía notar su abultado paquete contra mi culo. Sus manos fueron subiendo de mi culo por mi cintura para llegar a mis pechos, que comenzó a acariciar por los costados, para luego tocarme las tetas a placer, primero suavemente y luego con más fuerza, hasta pellizcarme los pezones por encima de la tela del vestido. Como yo no llevaba sujetador, el contacto de sus manos contra mis tetas era delicioso para él y también, aunque me pesara, era delicioso para mí. Intenté por todos los medios separarme de él:

—Párate ya, cabrón... —le corté, quitándole las manos de encima bruscamente.

Entre todo el lío, Lucian al fin se dio cuenta de que algo sucedía: "¿Qué pasa?".

—No, nada, que me han empujado... —contesté, quitando importancia al asunto para evitar males mayores.

Lucian se volvió hacia los chicos: "Oye, tener cuidado, no molestéis, ¿eh?". El chico que estaba detrás de mí se envalentonó y también se encaró con mi novio.

—¿Qué dices, mamón de mierda? ¿Quieres ver cómo te pego dos hostias?

Agarré fuertemente la mano de Lucian, porque sabía que iba a empezar un follón que se iba a descontrolar.

—A ver, venga, empieza, ¿a qué esperas? —se ponía todo gallito Lucian.

—Déjalo, cariño, por favor... solo me han empujado, sigamos viendo el concierto, no les hagas caso, por favor no te metas en líos. —me interpuse entre él y los chicos, porque sabía que saldría mal parado. Si es que siempre se lo digo que tiene la boca muy grande y luego no es consciente del peligro que corre.

Las aguas se calmaron, al menos momentáneamente, ya que el tipo volvió al ataque volviendo a susurrarme cosas al oído. "Lo que le pasa a tu novio es que no se le pincha, por eso te tiene desatendida. Lo que tú necesitas es un buen rabo... tenías que ver qué pedazo de polla tengo yo para darte...". Yo tragaba saliva y esta vez ya no me volví para evitar que la cosa acabase en pelea. Ya no sabía qué hacer: si se lo decía a Lucian se podía armar un buen follón; si me callaba, estaba a expensas de lo que me hiciera a aquel tipo. Era mejor no hacerles caso, así depondrían su actitud, pero... ¡qué equivocada estaba!

Otra vez mis tetas fueron rodeadas por sus potentes brazos, mientras seguía susurrándome al oído. "Verás qué polvo te voy a echar, vas a ver las estrellas, bomboncito...". Me volví hacia Lucian y le pedí que nos fuéramos de allí.

—Ahora no, cariño —me contestó—. Va a salir un grupo muy bueno y cuando acabe nos vamos, ¿vale?

Estaba metida en un buen lío del que seguro no podría salir bien parada. Hice de nuevo oídos sordos a todo lo que me decía aquel chico, pero él insistía una y otra vez. "Me gustas mucho, rubita, tengo el rabo como una piedra, verás qué polvo te voy a echar...". Entre sus frases y sus sobeteos a mis tetas, que cuando me las acarician como él lo estaba haciendo tocan fondo, ya no podía evitar sentirme cachonda y cómo mis pezones se ponían cada vez más duros.

—Vaya tetas que tienes, nena, casi no me caben en la mano, duras, redondas, como a mí me gustan... Mmmmm, vaya pezones más duros...

Cerré los ojos, pues el gusto me iba en aumento, los latidos de mi corazón se aceleraban y mi chochito empezaba a humedecerse; no podía evitarlo, quería que todo aquello acabase, pero por otro lado deseaba que no tuviera fin. Tan abarrotado estaba aquel pabellón, que aunque Lucian mirase de vez en cuando, estábamos muy pegados y no podía ver nada de lo que sucedía. De vez en cuando yo le apretaba la mano, ya que no podía tenerme casi en pie debido a las caricias que me estaba proporcionando aquel extraño.

Las manos de aquel tipo volvieron a mi culo y siguieron con su labor de sobar y sobar sin cortarse un pelo, pero más allá llegó su atrevimiento cuando una de sus manos se introdujo por debajo de mi vestido y comenzó a acariciar la parte interna de mis muslos. Se me escapó un suspiro...

—Mmmmm, qué muslos tienes, suaves, como terciopelo... verás qué bien lo vamos a pasar... —volvió a susurrarme el muchacho.

De pronto noté cómo hurgaba en mis braguitas; desde luego que se proponía quitármelas, el muy cabrón. Yo intentaba moverme para separarme de él, pero lo hacía con movimientos no muy descarados para que Lucian no se percatara de nada. Si en algún momento les pillaba, la cosa acabaría en pelea.

—Déjame quedarme con tus bragas, bonita, al menos tendré un recuerdo tuyo, ¿no? —me decía el tipo mientras seguía intentando bajármelas.

Yo me resistía y me sostenía mis braguitas por encima del vestido con la mano que tenía libre, pues la otra estaba de la mano de mi chico.

—Para ya, por favor... —suplicaba yo, poniéndole cara de pena.

El tío seguía en su intento cada vez con más voluntad, metió sus dedos en mis caderas bajo mi vestido y tiraba de mis bragas hacia abajo, mientras todos sus amigos parecían divertirse y reían sin parar. La situación les debía parecer muy cómica, pero yo estaba asustada, aunque al mismo tiempo esa situación me provocaba un gusto tremendo. Me odiaba a mí misma porque el placer me invadiese, pero era inevitable. ¡Estaba atrapada!

En el tira y afloja de bajarme las bragas, el tío lo hizo por última vez de un tirón que en el forcejeo llegó a rasgar parte de la tela de la prenda. Eso pareció gustarle; así que, en vista de que bajarlas le resultaba difícil, lo que intentaba ahora era arrancármelas. Tiraba una y otra vez hacia él y mis braguitas iban rajándose cada vez más, las costuras iban cediendo y las braguitas se pegaban a mi piel. Al mismo tiempo, la tela se metía en mi coñito y eso me proporcionaba más gusto todavía. Siguió tirando y tirando, hasta que las rasgó por completo, llegando a hacerme daño, quedando prácticamente en una tira pegada a uno de mis muslos. Pero el chico dio un último tirón y al fin me las arrancó de cuajo, haciéndome tambalear hasta llegar a empujar al que tenía delante.

Lucian volvió a percatarse de algo, pero no entendía muy bien de qué iba todo aquello:

—¿Qué te pasa? —volvió a preguntarme...

—Nada, nada, que he tropezado —contesté, azarosamente.

Aquello tipo había conseguido arrancarme las bragas y ahora se las iban pasando entre todos, olisqueándolas como gatos en celo. Yo sentía cómo el aire fresquito se colaba por debajo de mi vestido, que era la única prenda que llevaba sobre mi piel. De nuevo aquel muchacho introdujo sus manos bajo mi vestido, subiendo por la parte exterior de mis muslos.

—Mmmmmm, qué caderitas, qué culo tan suave...

Yo cerraba los ojos y aquella sensación me tenía confundida; parecía todo un sueño, pero era real, demasiado real como para poderlo evitar.

—Lucian, por favor, vámonos —le supliqué de nuevo a mi novio.

—Espera un poco, media hora y nos vamos, ¿vale? Es que tengo mucho calor...

No me hacía caso. Estaba destinada a caer en las manos de aquellos desconocidos sin desearlo, ¿o realmente lo deseaba?

—¿Tienes calor, preciosa? —me decía el tío—. Yo voy a apagar ese fuego, verás...

Esta vez sus manos se metieron por la cara interna de mis muslos y comenzó a subir su mano, notaba su calor y su sudorosa mano ascendiendo centímetro a centímetro en mi piel. De pronto noté cómo uno de sus dedos llegó a mi sexo. Se detuvo, acarició mis ingles lentamente, hasta que su dedo acarició mi húmeda rajita, pudiendo captar mi calor. Volvió a mi oído y me dio un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja mientras me susurraba:

—Vaya... estas caliente, bien caliente y mojada, verás qué bien te entra mi dedo...

Se volvió a sus amigos: "Esta zorrita está que se funde...". Su dedo siguió jugando con mis ingles, con mis pelitos y de pronto se introdujo en mi vagina sin apenas dificultad; debía ser su dedo corazón, muy largo, por cierto. Fue inevitable que yo soltara un nuevo suspiro y un gemido casi inaudible. El vestido se me pegaba por el sudor y, con su mano libre, seguía palpando mi culo, mi cintura y a continuación volver a restregar sus dedazos entre mis tetas. Yo miraba de reojo a Lucian, pero no se daba cuenta de nada; pobrecillo... me estaban metiendo mano de lo lindo y él mirando al tendido como si nada.

El habilidoso dedo de aquel desconocido se introducía una y otra vez en mi coñito, proporcionándome un gusto tremendo.

—Vaya coñito tan estrecho, qué rico, qué rico... —me repetía una y otra vez al oído.

El tío dejó de tocarme de repente. Por un momento creía que todo había terminado, pero no era así; estaba hablando con sus amigos y preparando alguna otra estratagema. Efectivamente, hizo colocar a sus amigos tapando a Lucian para asegurarse de que no veía nada. Además, como la gente bailaba y saltaba, tropezábamos una y otra vez y aquello parecía formar parte del tumulto de gente.

El chaval volvió al ataque, pero esta vez no era su mano la que estaba entre mis muslos, era su aliento el que notaba en mi culo. Al principio cerré las piernas, pensaba que aquello había ido demasiado lejos y quería detenerlo, al menos en parte. Ya que cuando su lengua rozó mis glúteos creí morirme, pero más aún cuando con sus manos separaba mi culo y esa misma lengua exploraba mi agujerito posterior. Entonces sí que había perdido totalmente los papeles, estaba totalmente entregada. En un abrir y cerrar de ojos aquel chico estaba bajo mis piernas, chupándome lo más íntimo de mi cuerpo. Iba del culo a mi coño una y otra vez. Cuando su lengua rozó mi clítoris, un pequeño grito se escapó de mi garganta; afortunadamente parecía sordo, pues en el griterío de la gente apenas nadie lo oyó, y mucho menos Lucian que seguía agarrado de mi mano y moviéndose al ritmo de la música.

Otra vez aquella maravillosa lengua exploraba mi conejito. Instintivamente yo abría más mis piernas y la desconocida lengua continuaba jugando con mi clítoris hasta que inevitablemente me vino un orgasmo intenso y maravilloso. Tuve que apoyarme en el de delante que tampoco se enteraba de nada. El tipo salió de debajo de mi falda y volvió a chuparme en la oreja al tiempo que me decía.

—Mmmmm, qué coño más delicioso tienes... ¿Qué tal? Lo has pasado genial, ¿no? Ahora verás qué tengo una polla como una piedra, no como la de tu novio.

Levantó la parte de atrás de mi vestido y noté cómo algo duro y húmedo se metía entre mis muslos; sin duda el aparato era descomunal. Bajé mi mano libre y le agarré de la punta con mis dedos, comencé a jugar con esa maravilla de polla y la restregaba una y otra vez contra mi sexo. Nuestros jugos se mezclaban y él no dejaba de chuparme y morderme en el cuello. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué había llegado hasta allí...? No podía parar, estaba como una moto... Estaba cachondísima y deseosa de que aquel potente miembro se introdujera dentro de mí. Comencé a masturbarle con mi mano por debajo de mis piernas, notaba cómo su capullo sobresalía de mis dedos; él hacía movimientos hacia atrás y hacia delante para favorecer la maniobra. Yo no aguantaba más y él parecía que tampoco.

—Quiero metértela, quiero follarte, vas a ver cómo entra un hierro candente en ese agujerito...

La posición casi no lo permitía, ya que los dos estábamos de pie y yo tampoco podía inclinarme mucho hacia delante, pues ni había espacio y podía resultar sospechoso para Lucian. En cambio, deseaba con todas mis fuerzas que me follaran, lo necesitaba... Seguimos jugando; yo con mis dedos acariciaba su glande y los pliegues de la piel de su impresionante polla, él me mordía en el cuello y apretaba su pelvis contra mi culo. El contacto de su piel contra la mía era impresionante. Nuestras respiraciones iban en aumento y nuestro gusto también. El tío volvió a susurrarme.

—Te la tengo que meter, te tengo que follar, aunque sea lo último que haga en mi vida...

Eso me encendía aún más y se me ocurrió la brillante idea de decirle a Lucian: "Cariño, tengo que ir al lavabo, no me aguanto...".

—¿Ahora? Pero si no vas a poder llegar, esto está a tope —me contestó.

—Es que no me aguanto...

—Vale, te acompaño.

—No, no, ya voy yo sola, sigue viendo el concierto, así iré corriendo, no te preocupes.

—¿Sola?

—Sí, sí, no te preocupes...

Así fue como me pude librar por un momento de él; estaba fuera de mis cabales, me estaba comportando como una chiquilla, pero no me importaba nada ni nadie. Quería sentir aquella polla dentro de mí, así que me di la vuelta, tomé de la mano a aquel tío que me había puesto tan caliente y salimos corriendo entre el gentío hacia los baños. Sus amigos nos acompañaron, pues no querían perdérselo. Nos costó lo suyo abrirnos camino entre tanta gente, pero al fin lo conseguimos. Yo estaba como una moto y no me importaban nada los golpes y roces que nos dábamos al pasar entre tanta gente.

Al fin llegamos a los servicios; los de las chicas estaban completos y había fila. Entramos en el servicio de los hombres y tan solo había dos chicos. Mi acompañante les dijo algo que les hizo salir de allí sin rechistar, y sus amigos hicieron guardia en la puerta para que nadie nos molestase. Allí mismo, en el centro de aquel maloliente lugar, comenzó a meterme mano por todos lados, esta vez sin ningún impedimento y yo naturalmente me dejé hacer. Nos besamos como dos condenados, jugando con nuestras bocas y nuestras lenguas; su mano se metía bajo mi vestido y acariciaba los pelitos de mi pubis, luego su dedo jugaba con mis labios vaginales...

—Fóllame, fóllame... —le rogué.

Abrimos la puerta de uno de los urinarios y, a pesar de estar mugriento, no me importó lo más mínimo. Estaba tan deseosa de ser poseída por aquel extraño que no me importaba nada. El tío se bajó los pantalones hasta los tobillos, quedando desnudo frente a mí. Me encantó ver su torso desnudo y sudoroso, su polla completamente en erección y una cara de vicio fuera de lo normal. Empezó a desabotonarme el vestido; lo hacía con tanta rudeza que me arrancó dos botones. Tuve que terminar yo de quitármelo para evitar salir medio desnuda de allí. Lentamente me solté todos los botones de mi pequeño vestido hasta quedarme completamente desnuda frente a aquel desconocido y sus cinco amigos que estaban a las puertas de ese pequeño recinto para no perderse detalle.

—Ostras, tía, qué buena estás... qué pedazo de cuerpo... —repetían todos.

El tipo se quedó mirándome de arriba abajo, admirando mi desnudez. Su polla apuntaba al techo y yo la deseaba tener dentro de mí cuanto antes. Le entregué el vestido a uno de sus amigos y me agaché frente a su polla. Comencé a jugar con ella, la tomé por su base con mi mano y con mi lengua subía y bajaba por su parte externa; él cerraba los ojos y yo le sonreía...

—Como me pones, pedazo de puta...

Sus palabras podían sonar de lo más groseras en otro momento, pero a mí me encantaba oírlas; realmente me sentía como una puta y en ese momento lo era... Seguí jugando una y otra vez con su erguida polla hasta que me suplicó que me la metiera en la boca. No le hice sufrir mucho más y empecé a hacerle una mamada monumental; aquel enorme instrumento desaparecía dentro de mi boca hasta llegar a mi garganta y mi cabeza subía y bajaba una y otra vez... De vez en cuando me la sacaba de la boca para observarle y dedicarle una maliciosa sonrisa.

—Sigue, zorra, sigue... que te gusta comértela... qué bien lo haces...

Seguí un buen rato dale que te pego comiéndome aquel enorme falo, recreándome con él, hasta que el tío se sentó sobre la taza del water y me dijo:

—Ahora súbite aquí, muñeca, que vas a ver lo que es tener una polla bien adentro.

Obedecí como una niña buena, me incorporé, me di la vuelta dándole la espalda y abriendo mis piernas todo lo que pude, al tiempo que me agarraba a las paredes de ese habitáculo. Me senté sobre aquel excitado muchacho, agarré la punta de su miembro con mis dedos y lo orienté hacia mi coñito. Primero lo pasé de arriba abajo por mis labios vaginales y mi cuerpo se estremecía por esa sensación de gusto que no podía detener. De un golpe me senté sobre él, sintiendo cómo se metía centímetro a centímetro dentro de mí. El gusto era increíble...

—Ahhhh, Dios, qué gusto... —gemía yo.

Empecé a cabalgar sobre aquel poderoso miembro, viéndolo desaparecer dentro de mi chochito. Parecía increíble que aquello entrase con tanta facilidad, pero yo estaba tan cachonda y tan mojada que me entraba de todo... El chico me apretujaba las caderas, marcando el ritmo de nuestro encuentro, y yo me dejaba llevar por esa corriente eléctrica que recorría cada nervio de mi cuerpo, sintiéndome por fin libre, aunque fuera en la oscuridad de un baño de concierto.

El forcejeo fue violento, rasgando la tela de mi prenda hasta que la sensación de frío se hizo insoportable. Kael parecía disfrutar de mi resistencia, tirando una y otra vez mientras mis bragas cedían, quedando en tiras pegadas a mi piel. Sentí cómo la tela se metía, un roce húmedo que me confundía, mezclando el dolor con una extraña vibración. Él dio un último tirón y me las arrancó, dejándome tambalear contra el hombro de quien tenía delante. Lucian se volvió, confundido, sin entender el caos. - ¿Qué te pasa? - preguntó. - Nada, que he tropezado - mentí, con la voz temblorosa, sintiendo cómo el aire del concierto se colaba por debajo de mi vestido, la única barrera que me quedaba. Kael y sus amigos se pasaban la prenda, olfateándola como si fuera un trofeo. Kael introdujo sus manos bajo la tela, subiendo por mis muslos. - Mmm, qué caderitas... - susurró. Cerré los ojos, confundida entre el sueño y la realidad, mi mente divagando en una niebla inestable. - Lucian, por favor, vámonos - supliqué, buscando su mano pero él estaba ajeno. - Espera media hora, hace mucho calor... - respondió, ajeno a todo. ¿Deseaba esto? No sabía, sentía que el control se escapaba de mis manos. - ¿Tienes calor, preciosa? - preguntó Kael. Sus manos bajaron a la parte interna de mis muslos, ascendiendo con sudor, calientes y pesadas. Un dedo llegó a mi sexo, acariciando lentamente hasta encontrar mi humedad. Me mordió el lóbulo. - Estás caliente, bien caliente... - susurró, acercando su boca a mi oído. Volvió hacia sus amigos, donde Vance, el líder, observaba con una sonrisa cruel. - Esta zorrita se funde. Su dedo jugó con mis ingles y se introdujo sin dificultad. Sentí un gemido que apenas salía, un sonido ahogado. El vestido se pegaba al sudor, su otra mano palpaba mi culo y mis tetas. Miré a Lucian, pero él miraba al escenario, perdido en la música. Pobrecillo... Me penetraba con un dedo hábil, repetía una y otra vez al oído que era estrecho y rico. De pronto se detuvo, hablaba con sus amigos, preparando una estratagema. Hizo que los demás taparan a Lucian. La gente bailaba, tropezábamos, era parte del caos. Kael volvió, pero esta vez era su aliento lo que notaba en mi culo. Cerré las piernas, pensaba que era demasiado, pero cuando su lengua rozó mis glúteos, sentí que me moría de miedo y placer. Separó mis nalgas y su lengua exploró mi agujerito posterior. Perdí los papeles. En un abrir y cerrar de ojos, Kael estaba bajo mi falda, chupándome lo íntimo. Iba del culo al coño, cuando su lengua rozó mi clítoris, un grito escapó, pero el ruido del concierto lo tragó. Lucian seguía agarrado de mi mano, moviéndose al ritmo. Su lengua exploró de nuevo, instintivamente abrí más mis piernas. Un orgasmo intenso y maravilloso me invadió. Tuve que apoyarme en el de delante. Kael salió y volvió a chupar mi oreja. - Qué coño más delicioso tienes... - dijo. - Ahora verás que tengo una piedra... Levantó la parte de atrás de mi vestido. Sentí algo duro y húmedo entre mis muslos. Bajé mi mano libre y le agarré, jugando con esa maravilla, restregándola contra mi sexo. Nuestros jugos se mezclaban, él chupaba y mordía mi cuello. ¿Qué me pasaba? No podía parar. Estaba como una moto, un fuego que quemaba. Quise que me follara, lo necesitaba. Masturbé su miembro con mis dedos debajo de mis piernas, él hacía movimientos para favorecer la maniobra. - Quiero metértela... - susurró. La posición era difícil, de pie, Lucian cerca. Deseaba con todas mis fuerzas, sentía que me desmoronaba. Siguió jugando, acariciaba su glande, él mordía mi cuello, apretaba su pelvis contra mi culo. Nuestras respiraciones aumentaban. - Te la tengo que meter... - susurró. Se me ocurrió la idea brillante: - Cariño, tengo que ir al lavabo... - ¿Ahora? - ¿No me aguanto... - Vale, te acompaño. - No, sola. - ¿Sola? - Sí. Me liberé un momento, fuera de mis cabales. Me di la vuelta, tomé de la mano a Kael y corrimos entre la gente. Sus amigos nos seguían, no querían perdérselo. Abrirnos camino fue difícil, golpes y roces, pero no importaban. Al fin llegamos a los servicios. Los de chicas llenos, fila. Entramos a los de hombres, solo dos chicos. Kael les dijo algo y salieron. Sus amigos hicieron guardia. Allí, en el centro maloliente, Kael me tomó de la mano por todos lados. Nos besamos como condenados, jugando con lenguas. Su mano bajo mi vestido, tocó mi pubis, jugó con mis labios vaginales. - Fóllame - rogué. Abrimos un urinario, mugriento pero no importaba. Kael se bajó los pantalones, desnudo, sudoroso, cara de vicio. Desabotonó mi vestido con rudeza, me arrancó dos botones. Yo terminé de quitármelo, quedando desnuda frente a él y sus amigos que esperaban. - Ostras tía, qué buena estás... - repetían. Elio, uno de los amigos, tomó mi vestido. Kael me miró de arriba abajo. Su miembro apuntaba al techo. Me agaché frente a su polla. La tomé por la base, con mi lengua subía y bajaba. Él cerraba los ojos, yo sonreía. - Como me pones, puta... - sus palabras podían ser groseras, pero me encantaban. Me sentía así. Seguí jugando hasta que me suplicó que me la metiera en la boca. Empecé a hacerle una mamada monumental, aquel enorme instrumento desaparecía en mi boca, mi cabeza subía y bajaba. Lo sacaba de vez en cuando para observarle y sonreír. - Sigue zorra... - dijo. Seguí un buen rato, dale que te pego, recreándome. Kael se sentó sobre la taza del water. - Ahora súbitete aquí, muñeca... Obedecí como una niña buena, me di la vuelta, abriendo mis piernas, agarrándome a las paredes. Me senté sobre él, orienté su miembro hacia mi coño, lo pasé por mis labios. Un golpe, me senté sobre él. El gusto era increíble. - Ahhh, Dios... - gemí. Empecé a cabalgar sobre aquel poderoso miembro, viéndolo desaparecer dentro de mi chochito. Entraba con facilidad, estaba tan cachonda y mojada. El chico me apretujaba las tetas mientras su pelvis se movía hacia atrás para intentar atravesarme con su caliente daga. Nuestros cuerpos sudaban, lenguas enredadas, fundidos en un magnífico polvo. - Toma, toma, toma... - repetía mientras me penetraba. Mis músculos se apretaban contra su miembro, mis manos aferradas a las paredes. Sus amigos nos jaleaban, se masturbaban delante, la vista era espectacular. Kael seguía follando con maestría, arqueándose, clavándome bruscamente. - Sí, fóllame... - gritaba yo. El espectáculo era increíble, no solo se masturbaban, acariciaban mis muslos, tetas, coño. Cerraba los ojos, intentaba sentir todas las caricias. No pude aguantar más, fuertes resoplidos, un orgasmo en medio de jadeos. En pocos segundos, rodeada por los seis chicos. Uno me follaba, otro chupaba mis tetas, otros muslos, pies... Qué gozada. - Uff, ufff... - resoplaba el que estaba debajo, penetrándome hasta las entrañas. El muchacho destrozaba, sus músculos tensos, mordiendo mi cuello. Miraba hacia abajo, viendo su preciosa polla desaparecer. De pronto frenó, última embestida, se corrió abundantemente dentro de mí. - Qué polvo, qué bien follas... - repetía. Giré mi cabeza, seguí besándole mientras él permanecía inmóvil, sintiendo los coletazos. No quería que acabase, necesitaba más. Kael me agarró por las axilas, nos separamos. - Joder como folla esta tía, ir pasando por taquilla que os va a destrozar... Se sentaron uno por uno en la taza del water, yo sobre cada uno. El primero, segundo, tercero, cuarto y quinto. Gozaba más y más, polvos salvajes. Mientras uno follaba, otros acariciaban, mordían, besaban. Vance, el líder, jaleaba: - Follarla bien, darle caña... Se animaban más, yo en la gloria. - No pares, esa puta no tiene bastante... - repetía Kael. Así terminaron todos agotados, incluida yo. Músculos agarrotados, sexo irritado, quería más. Follar a lo salvaje. Mis pensamientos parecían leídos por Kael. - Verás bonita, ahora te voy a meter este pollón por el culo... Me asusté, apenas lo intenté con Lucian, pero quería el reto. Pobrecita, me había convertido en muñeca. Me hizo tumbarme boca abajo sobre la taza, manos en la pared. Escupió sobre sus dedos, restregó saliva por mi estrecho culito. Primero un dedo, luego dos, hasta tres, mi agujerito se dilataba. Colocó su glande entre mis posaderas, forzó la entrada suavemente. La cabeza entró por completo. Chillaba, dolor punzante, pero poco a poco mi esfínter se relajaba, convirtiendo dolor en gusto. Metía solo la punta, agarrándome por las caderas. Apretaba para que centímetro a centímetro se colara. Mis gritos debían ser ensordecedores, pero la música del concierto los tapaba. - Bien bonita, ahora vas a ver... - me dijo. Agarró mi pelo, tiró hacia él, golpeó, acabó de meter todo su aparato en mi dolorido culito. Perdí la noción del tiempo, quizás el conocimiento. Dolores y escozores desaparecieron, experimentando un gusto desconocido. Espalda arqueada, caderas moviéndose al compás. Veía las estrellas. - Sigue cabrón, sigue... - repetía. Él seguía, bombando, tirando de mi pelo. Vello de punta, escalofrío, llegué a no sentir mis dedos, cara ardiendo. Orgasmo diferente, gemí fuertemente, grité, dije cosas sin sentido, insulté, el orgasmo invadió de cabeza a pies. Increíble. Kael se corrió casi al mismo tiempo que yo, hasta que sus piernas no le sostuvieron y cayó sobre mi espalda sudorosa. Sus amigos quisieron probar, uno por uno terminaron de destrozar el culo con sus largas, cortas, gruesas y estrechas pollas. Me dejaron tirada allí, sin despedirse, riéndose, jactándose. Mi cabeza daba vueltas, me sentía mal, sudorosa, sucia por dentro y fuera, desnuda sobre aquel asqueroso water después de ser follada y sodomizada por seis chavales, sin haberlo buscado. Comprendí que había caído en la trampa del placer, sin darme cuenta. Sentía remordimientos, pero recordaba el gusto. Experiencia inolvidable. Me puse mi vestido sobre mi desnudo y sucio cuerpo. Volví en busca de Lucian, pero ya no estaba. Supongo que buscándome por los servicios de chicas, entre el gentío no podíamos encontrarnos. Salí a la calle, andando con vista ida, perdida, desorientada. Como si hubiera vivido un terremoto. Hasta que llegué a casa y me metí en la bañera, me di cuenta de lo sucedido realmente.

Based on Atrapada en el concierto by Lydia