Marián
Solo eran dos conocidos que se cruzaron en la calle, pero el calor de julio y la confianza acumulada encendieron una chispa imparable. En la privacidad de su piso, las barreras sociales se derrumbaron para dar paso a un juego de piercings, apuestas y placer sin límites. ¿Qué pasa cuando la curiosidad se encuentra con la lujuria reprimida?
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