Mi segunda virginidad
Magdalena creía haber olvidado el fuego de la juventud, pero la penumbra de la sala y el contacto con el cuerpo de Pablo encendieron algo que no sabía que dormía. No era solo curiosidad; era una necesidad de sentirse poseída, de ser 'visitada' de nuevo por una virilidad que la aterraba y la atraía por igual. Esta vez, no habría marcha atrás.
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