No deseeis la mujer de tu projimo... (1)
Carlos no puede ocultar su frustración: su cuerpo ya no responde, pero el de Irene arde con una necesidad que él ya no puede saciar. Mientras Alfredo escucha, la línea entre la amistad y el deseo se desdibuja en la oscuridad del bar, y la promesa de lo que Irene es capaz de hacer comienza a cobrar vida en su mente.
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